Educación sostenible

El Colum­nista Invi­tado de Hoy : Anto­nio Florido

Colo­car el atri­buto “sos­te­ni­ble” a cual­quier cate­go­ría con­cep­tual resulta dar por sen­tado que aque­llo que se cali­fica debe ser “sos­te­nido”, pues de lo con­tra­rio cae­ría hasta la sima más pro­funda. Ocu­rre con el desa­rro­llo, con la eco­no­mía, y ahora noso­tros lo pedi­mos para la educación.

Con desa­rro­llo sos­te­ni­ble los polí­ti­cos más cer­ca­nos a pos­tu­ras radi­ca­les de izquier­das han gozado la opor­tu­ni­dad de sen­tirse legi­ti­ma­dos a la vez que han decla­rado la gue­rra a los empre­sa­rios para que con­ta­mi­nen menos. Han con­se­guido tam­bién que muchas per­so­nas se sien­tan mal por el sim­ple hecho de con­su­mir pro­duc­tos fabri­ca­dos en empre­sas efi­cien­tes desde el punto de vista téc­nico y com­pe­ten­cial. Con la cer­ti­dum­bre de que al socaire de dicha legi­ti­mi­dad la clase diri­gente segui­ría sin­tién­dose pro­te­gida, die­ron un paso más y comen­za­ron a cul­par al ciu­da­dano de todo lo que a jui­cio de los más puros de la polí­tica era malo, vil, impuro, desecha­ble, abo­mi­na­ble. Con la cam­paña con­tra los fuma­do­res alcan­za­ron cotas cer­ca­nas al clí­max y, sin­tién­dose endio­sa­dos, comen­za­ron a prohi­bir y a fabri­car dere­chos como sólo la izquierda más vul­gar sabe hacerlo.

Como todo lo que se hace sin mesura y sin sen­tido común, la izquierda, los rojos, los sal­va­do­res del mundo, come­tie­ron erro­res mayúscu­los, como por ejem­plo que hoy sea un dere­cho ase­si­nar a un nonato con un futuro envi­dia­ble y una vida por delante al amparo del Estado, y no ten­ga­mos dere­cho a fumar­nos un ciga­rri­llo mien­tras almor­za­mos en un restaurante.

Pasó el tiempo y a los socia­lis­tos se les ocu­rrió que como ya no fumá­ba­mos y no corría­mos por la auto­vía, ahora lo que tocaba era vol­ver a inven­tar. Y a un lis­ti­llo o a un memo igno­rante, que para el caso es lo mismo, se le ocu­rrió lo de eco­no­mía sostenible.

El colmo de los dis­pa­ra­tes. En una eco­no­mía cada vez más com­pe­ti­tiva, cada día más inter­na­cio­na­li­zada, con mer­ca­dos más dis­per­sos y des­lo­ca­li­za­dos, con una divi­sión inter­na­cio­nal del tra­bajo sin paran­gón en la his­to­ria eco­nó­mica uni­ver­sal cono­cida, ahora viene el pre­si­dente de nues­tro gobierno y le dice a los empre­sa­rios que racio­na­li­cen y diri­jan sus cuen­tas de resul­ta­dos a la sos­te­ni­bi­li­dad. Claro está que el empre­sa­rio, pequeño o grande, le mirará de sos­layo con una son­risa como diciendo, “¿será lerdo?”.

Y noso­tros nos pre­gun­ta­mos al hilo de lo dicho por qué no una edu­ca­ción sostenible.

Sos­te­ner la Edu­ca­ción de este país es nece­sa­rio a la vista de los infor­mes inter­na­cio­na­les ela­bo­ra­dos por ins­ti­tu­cio­nes poco sos­pe­cho­sas. Que somos de los últi­mos en la mayo­ría de los ítems que estos infor­mes eva­lúan no es una sor­presa, lle­va­mos años así. Por tanto, abo­gue­mos por una edu­ca­ción sos­te­ni­ble que res­pete la capa­ci­dad de deci­sión de los padres para matri­cu­lar a sus hijos y para deci­dir lo que deben o no deben estu­diar. Defen­da­mos una Edu­ca­ción sos­te­ni­ble en la que los niña­tos que van a dar la lata al ins­ti­tuto reci­ban la aten­ción nece­sa­ria con medios mate­ria­les, tem­po­ra­les y huma­nos ade­cua­dos y no se dedi­quen a macha­car la ilu­sión de los alum­nos que van para algo más que para pasear la mochila. Haga­mos de la Edu­ca­ción un marco donde los pro­fe­sio­na­les se sien­tan reco­no­ci­dos humana, social y eco­nó­mi­ca­mente, donde nin­gún pro­fe­sor se tenga que dar de baja por pro­ble­mas de ansie­dad o depre­sión. Haga­mos que la Edu­ca­ción se sos­tenga por los pila­res de la cul­tura y el saber, erra­di­cando a todos los moji­ga­tos que se dedi­can a impar­tir cur­sos de ton­te­rías a pro­fe­so­res ador­mi­la­dos, por el sólo obje­tivo de dejar la tiza y meter la cabeza adonde sea con tal de no sufrir más en las aulas.

No cree­mos que sea un dis­pa­rate lo que pedi­mos. Desa­rro­llo sos­te­ni­ble, eco­no­mía sos­te­ni­ble, edu­ca­ción sos­te­ni­ble. Al final, si no esta­mos aten­tos, el Estado nos va a con­ver­tir en ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas sos­te­ni­bles. Al tiempo. Vale.

Autor: Antonio Florido Lozano

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