La guerra en Libia

Los últi­mos vien­tos que soplan por las tie­rras de Libia vie­nen infla­ma­dos de tor­ti­ce­ras fór­mu­las inter­na­cio­na­lis­tas. Ya no se usan ideas simi­la­res a las de la extinta Socie­dad de Nacio­nes, con la plé­yade de inte­lec­tua­les a favor de un diá­logo insulso e inefi­caz, ampa­ra­dos o legi­ti­ma­dos por el grupo del Comité de Coope­ra­ción Inte­lec­tual; tam­poco flo­re­cen los aro­mas del rea­lismo polí­tico, cuando se defen­día la supre­ma­cía de una nación en el marco inter­na­cio­nal, defen­sora y garante del orden impuesto y casi por todos deseado. Han pasado los tiem­pos de la gue­rra fría y de las fór­mu­las con­ci­lia­do­ras. Ahora toca el turno, ya desde comien­zos de los noventa, de mirar hacia la ONU y de pedirle como favor que con­si­de­ren tener a bien reunirse para deci­dir lo que todo el mundo ya ha deman­dado: la actua­ción efi­caz y directa con­tra aque­llos regí­me­nes dic­ta­to­ria­les que tra­tan a sus pue­blos como si el tiempo no hubiese pasado.

Lo hemos visto dos veces en Irak. La región cen­troeu­ro­pea lo vivió igual­mente. Ahora le toca el turno a los libios. Se busca una excusa. Dicha excusa se adorna con la capa de legi­ti­mi­dad que otor­gan las reso­lu­cio­nes del Con­sejo Gene­ral de las Nacio­nes Uni­das, que más que reso­lu­cio­nes podría­mos lla­mar inde­ci­sio­nes. De tal manera que la Inde­ci­sión 1973 de las Nacio­nes Uni­das “auto­riza a los Esta­dos miem­bros a tomar todas las medi­das nece­sa­rias para pro­te­ger a los civi­les, y las áreas habi­ta­das por civi­les, en Libia, inclu­yendo, a tal fin, el esta­ble­ci­miento de una zona de exclu­sión aérea”. Se arguye, ade­más, la “res­pon­sa­bi­li­dad de pro­te­ger”. Nues­tro pre­si­dente dijo recien­te­mente que: “la comu­ni­dad inter­na­cio­nal, a tra­vés de su más alta ins­tan­cia, ha sabido estar a la altura de sus res­pon­sa­bi­li­da­des para hacer frente a un hecho siem­pre grave: en este caso, el empleo de la fuerza con­tra la pobla­ción civil por parte de las auto­ri­da­des libias, mediante ata­ques gene­ra­li­za­dos y sis­te­má­ti­cos a la misma”. Añade a esto nues­tro ínclito gober­nante que las actua­cio­nes de la OTAN se rea­li­zan en el marco de una “misión humanitaria”.

No caben más men­ti­ras ni más sar­casmo. Si no supié­se­mos la boca que lanza estas pala­bras diría­mos que no damos cré­dito a lo que oímos. Nadie se cree nada de lo que está pasando. ¿Por qué ha tar­dado tanto tiempo en pro­du­cirse la acción sobre las fuer­zas mili­ta­res libias?, nos pode­mos pre­gun­tar. ¿Cuá­les son los ver­da­de­ros intere­ses de estos ata­ques des­con­cer­ta­dos, sin mando único y sin coor­di­na­ción? ¿Qué espe­ran los esta­dou­ni­den­ses sacar de esta situa­ción? ¿De ver­dad alguien cree que a algún país, a algún man­da­ta­rio, le intere­san cier­ta­mente los des­ti­nos de los libios? ¿O todo es por el petróleo?

Y yendo para otro sitio, ¿por qué se empeña el pre­si­dente Zapa­tero en ven­der que las accio­nes son huma­ni­ta­rias? ¿Es acaso, esto, el comienzo de su afa­mada Alianza de las Civilizaciones?

Yo no sé, pero la corriente que en estos últi­mos meses corre por los paí­ses del medio oriente, o el oriente cer­cano (cer­cano a noso­tros, claro) es más rápida que los pro­pios pen­sa­mien­tos sobre la misma. Desde la dis­tan­cia da gusto pen­sar que son los ciu­da­da­nos, lo que los polí­ti­cos lla­man la socie­dad civil, los sufri­do­res y los que ya no aguan­tan más una situa­ción de penu­ria y de secues­tro. Secues­tro de su pro­pia liber­tad, de su cul­tura, de sus ideas, de sus per­so­nas y de sus des­ti­nos. Es hora ya de que los dic­ta­do­res cai­gan, de que los pue­blos se mue­van y avan­cen en la dis­pa­ra­tada his­to­ria de las civi­li­za­cio­nes, para que ellos mis­mos, con su pro­pio esfuerzo, encuen­tren la senda que mejor les con­venga. ¿Es ver­dad que la gue­rra es la par­tera de la His­to­ria? Yo creo que no y que lo único cierto en este mundo de glo­ba­li­za­cio­nes es el dolor humano y la sole­dad, el sufri­miento y el arduo tra­bajo de levan­tarse todos los días sabiendo que no tie­nes a nadie que te pise el cue­llo. Con saber aque­llo, basta; con evi­tar esto, me con­formo. Vale.

Autor: Antonio Florido Lozano

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Un comentario en “La guerra en Libia”  

  1. 1 Juan Pueblo

    Esta bien que los dica­to­res cai­gan, pero tam­bien hay que dejar que sean los mis­mos pue­blos los que deci­dan su futuro. No seguir con esa mal­dita forma de meterse en las deci­sio­nes de todo el mundo y me refiero a esa mal­dita poli­tica Expan­sio­nista de los mal­di­tos Grin­gos que no des­apro­ve­chan nin­guna excusa para lle­var la muerte y nego­ciar con la mal­dita gue­rra y hacien­dose millo­na­rios ven­diendo su armas y sus bon­bas inte­li­gen­tes, usted cree que si no tuvie­ran esas excu­sas quien les com­pra­ria esas armas, yo con­si­dero que estos mal­di­tos grin­gos son los mayo­res terro­ris­tas del mundo.

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