La teoría de ningún demonio

La muerte de Sábato reac­tua­liza una cues­tión, no digo una dis­cu­sión por­que en reali­dad nos ron­dan los dog­mas obli­ga­to­rios. Se dice que Sábato fue el crea­dor de la “teo­ría de los dos demo­nios” por­que en el pró­logo de la expli­ca­ción ofi­cial sobre la gue­rra sucia ini­ciaba el relato afir­mando que “durante la década del ‘70, la Argen­tina fue con­vul­sio­nada por un terror que pro­ve­nía tanto desde la extrema dere­cha como de la extrema izquierda“. Des­pués la nueva doc­trina ofi­cial kir­ch­ne­rista se ocupó de esta­ble­cer que “es pre­ciso dejar cla­ra­mente esta­ble­cido, por­que lo requiere la cons­truc­ción del futuro sobre bases fir­mes, que es inacep­ta­ble pre­ten­der jus­ti­fi­car el terro­rismo de Estado como una suerte de juego de vio­len­cias con­tra­pues­tas como si fuera posi­ble bus­car una sime­tría jus­ti­fi­ca­to­ria en la acción de par­ti­cu­la­res frente al apar­ta­miento de los fines pro­pios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables“.

Sábato, en nom­bre del Estado Argen­tino, no jus­ti­fi­caba de nin­guna manera al terro­rismo del Estado Argen­tino como lo afirma el Estado Argen­tino en la era Kir­ch­ner. Solo ponía en el mismo con­texto his­tó­rico dos posi­cio­na­mien­tos que pre­ten­dían jus­ti­fi­car la vio­len­cia. Una jus­ti­fi­ca­ción hubiera sido afir­mar que “los terro­ris­tas de extrema izquierda obli­ga­ron a reac­cio­nar a los vio­len­tos de extrema dere­cha”. Pero no dice nada al res­pecto, ape­nas afirma que el país estaba lleno de vio­len­tos. Si él no lo decía enton­ces la idea estaba en la cabeza de sus crí­ti­cos que enten­dían que el sólo hecho de afir­mar que exis­tía una vio­len­cia de la extrema izquierda y otra de la extrema dere­cha jus­ti­fi­caba la repre­sión ile­gal hecha por el pro­pio Estado en nom­bre de la segunda con­tra la primera.

El Estado Argen­tino K reac­ciona con­tra un hecho que con­si­dera incul­pa­to­rio para una fac­ción, no con­tra argu­mento alguno en ese sen­tido que alguien haya esgri­mido. No es una “teo­ría” lo que molesta a la nueva ver­dad obli­ga­to­ria del Estado Argen­tino (y van…) sino que no se jus­ti­fi­que la vio­len­cia de una deter­mi­nada fac­ción. La reedi­ción de la ver­dad his­tó­rica ofi­cial ni siquiera con­tra­dice lo que señala Sábato, uno y otro párrafo podrían con­vi­vir, pero el pro­pó­sito no es aven­tar jus­ti­fi­ca­cio­nes de forma alguna de terror, sino reivin­di­car la vio­len­cia de extrema izquierda y dejar claro que lo que nunca más debe haber en el país es vio­len­cia de extrema dere­cha. Lo que opo­nen a una supuesta “teo­ría de los dos demo­nios” es la “teo­ría de unos ánge­les de izquierda con­tra unos demo­nios de derecha”.

No hace falta siquiera infe­rirlo lógi­ca­mente, Bona­fini, Car­lotto y el Estado Argen­tino con los Kir­ch­ner reivin­di­can al terro­rismo seten­tista como “libe­ra­dor” e “idea­lista”. El nuevo pro­blema de este gali­ma­tías es que si lo terri­ble es nada más que cuando el Estado ejerce el terror, ahora esta­mos en otro momento de este lindo estado que estuvo atrás de todo, en el que jus­ti­fica al terro­rismo “pri­vado”, es decir, lo ha con­ver­tido en pro­pio, lo ha esta­ti­zado ¿Qué hace­mos ahora con un Estado Argen­tino que ha incor­po­rado al terro­rismo seten­tista “pri­vado” esta­ti­zán­dolo con más entu­siasmo que a las AFJP? Ahora que indem­niza ata­can­tes de cuar­te­les y no solo dam­ni­fi­ca­dos por repre­sión ile­gal, que idea­liza a miem­bros de Mon­to­ne­ros o Erp pero no invo­cando inocen­cia, que sería lícito, sino vis­tiendo de heroi­ci­dad accio­nes y per­te­nen­cias delez­na­bles? ¿No está el Estado Argen­tino vol­viendo a ponerse del lado del terror?

Nos vemos envuel­tos en dis­cu­sio­nes esté­ri­les por­que somos mani­pu­la­dos por las dis­tin­tas ver­sio­nes ofi­cia­les sobre los mis­mos temas. Unos dirán que eran todos malos, otros tra­tan de luchar por obli­gar­nos a pen­sar que unos eran bue­nos y otros eran malos. Todos mien­ten desde el momento en que se quiere impo­ner un pedes­tal moral desde el cual per­se­guir a los enemi­gos. En todas estas situa­cio­nes el Estado Argen­tino mane­jado por dife­ren­tes fac­cio­nes actúa de modo ile­gal por­que no se con­duce por nor­mas obje­ti­vas apli­ca­bles a todos en sus polí­ti­cas de repre­sión, sea del terro­rismo o del ejer­ci­cio ile­gal de la repre­sión. Para que exis­tan lo que hoy se entiende como dere­chos huma­nos la vio­len­cia debe ser des­car­tada y solo usarse de los modos y con las garan­tías esta­ble­ci­das para dete­ner a la violencia.

No hay dere­chos huma­nos (y voy a dejar de lado las pre­ci­sio­nes res­pecto al tér­mino) si no existe una doc­trina per­ma­nente que excluya el uso de la vio­len­cia y esta­blezca el modo de dete­nerla cuando se desata. Un estado que no com­bate al terro­rismo deja de jus­ti­fi­carse a sí mismo. Un estado que se con­vierte en ini­cia­dor de la vio­len­cia tam­bién. Un estado que ensalza al terro­rismo es un estado terro­rista. Un estado lega­lista no es el “estado de los bue­nos com­ba­tiendo a los malos”, por­que lo único que tiene que hacer es excluir la vio­len­cia sea de los “bue­nos” o de los “malos”. Un estado que dis­cri­mina la vio­len­cia según haya sido ejer­cida por ánge­les o demo­nios, defi­ni­dos de ante­mano como tales y no por sus actos, es un estado fun­da­men­ta­lista que poco tiene que ver con cual­quier idea lógica de dere­chos humanos.

En la doc­trina legal de un estado civi­li­zado no hay ánge­les ni demo­nios. Hay nor­mas igua­les para todos que no se pue­den trans­gre­dir. Cri­mi­nal es el que comete crí­me­nes. Los actos no cam­bian su valor de acuerdo a quie­nes los reali­cen. La teo­ría debe­ría ser la de nin­gún demo­nio. Quién haya come­tido crí­me­nes los debe pagar, sea que los haya hecho por sus pro­pios fines o en nom­bre del cum­pli­miento de su misión pública. Los crí­me­nes de unos no hacen bue­nos a los otros. Pero eso es válido en ambos sen­ti­dos, si no es así el Estado Argen­tino vuelve a iden­ti­fi­carse con el terror.

Un estado lega­lista no es mís­tico, ha excluido el mis­ti­cismo como método inqui­si­dor. Por eso la “teo­ría de los dos demo­nios” que no per­te­nece a Sábato sino a sus crí­ti­cos, no es la res­puesta válida a la “teo­ría de los idea­lis­tas masa­cra­dos por la dere­cha”. En reali­dad opera en el mismo plano tri­bal y sal­vaje. Lo único supe­ra­dor a los demo­nios, bru­jas, sapos y cule­bras es la ley y la Cons­ti­tu­ción, que unos vio­la­ban y otros direc­ta­mente com­ba­tían. El marco obje­tivo legal es lo pri­mero que hay que defi­nir antes de seña­lar a los cri­mi­na­les, no al revés.

En lugar de eso el Estado Argen­tino sigue siendo un estado ile­gal y arbi­tra­rio cuyos agen­tes ahora jus­ti­fi­can y pro­te­gen de todo jui­cio al terro­rismo que en ese enton­ces estaba del otro lado del mos­tra­dor. En actua­li­dad tam­bién en todo caso hay un “apar­ta­miento de los fines pro­pios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables”.

Fuente: No me parece

Autor: José Benegas

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2 Comentarios en “La teoría de ningún demonio”  

  1. 1 Jorge Fernández

    Bene­gas, como siem­pre muy preciso.

    Me gus­ta­ría dejar en claro que el enfren­ta­miento al terro­rismo de la izmierda lati­noa­me­ri­cana no solo fué apo­yada por la extrema dere­cha y/o la sim­ple dere­cha, sinó por todos los ciu­da­da­nos nor­ma­les, con­cien­tes y no extremistas.

    Otra cosa fué luego la toma del poder por las FFAA pro­mo­vida, ase­so­rada y apo­yada por todos los polí­ti­cos inú­ti­les, inca­pa­ces y fal­tos de patrio­tismo y coraje para lide­rar el enfrentamiento.

    Aten­ta­mente

  2. 2 Gunther Prien

    Hay que enten­der cabal­mente la natu­ra­leza de la gue­rra revo­lu­cio­na­ria y el nivel de desa­rro­llo que tenía en Argen­tina para poder juz­gar la con­tra­rre­vo­lu­ción de la decada del 70.
    Otros medios no hubie­ran sido efi­ca­ces. Sal­vando dis­tan­cias tiempo y con­texto, cabe hacer una analo­gía con las bom­bas de Naga­saki e Hiros­hima: El cálculo de bajas hecho por el Comando nor­te­ame­ri­cano si empleaba méto­dos con­ven­cio­na­les era de 1.000.000 de hom­bres de su pro­pias FFAA, sin citar las bajas japo­ne­sas. Luego la deci­sión de emplear o no la bomba ató­mica que pro­du­ci­ria 200.000 muer­tos civi­les al enemigo…que es lo correcto den­tro de la tra­ge­dia? Se cam­bia la muerte de un hijo por un número incierto de muer­tes del enemigo?

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