Vejez y Juventud

Se puede ser muy joven y al mismo tiempo muy viejo. Me estoy refi­riendo a jóve­nes en tér­mi­nos de edad cro­no­ló­gica. A vie­jos digo por­que a pesar de ser jóve­nes, pare­cen estar casi ter­mi­na­dos. Es como aqué­llos que ya sien­ten “asfi­xia total “, que casi no pue­den res­pi­rar. Son aque­llos que ama­ne­cen can­sa­dos y sin casi ganas de vivir.

Nadie puede modi­fi­car las eda­des “cro­no­ló­gi­cas” por­que el tiempo pasa y nadie lo puede dete­ner. Nadie, ni aún el mas pode­roso de la tie­rra. Si pode­mos mejo­rar nues­tra cali­dad de vida, pero dete­ner el camino de la ado­les­cen­cia, la juven­tud, la madu­rez, la ancia­ni­dad, nadie ni el más pode­roso de la tierra.

Con la juven­tud se man­tie­nen las ven­ta­jas com­pa­ra­ti­vas que da la fuerza natu­ral, pro­ducto de está última en rela­ción al des­gaste que pro­duce con el tiempo el cuerpo en sus órga­nos vita­les. Es como un auto que usa­mos, si lo hace­mos bien el auto se man­tiene mejor, y sino el auto deviene siendo un auto viejo.

Pese a todo lo dicho debe­mos refle­xio­nar que la vejez en tér­mi­nos “cro­no­ló­gi­cos” no es defi­ni­ti­va­mente sinó­nimo de que la juven­tud ter­minó en cuanto sólo es “viejo” aquél que no se puede adap­tar a los tiem­pos moder­nos que le tocan vivir. Hay quie­nes man­tie­nen siem­pre viva la espe­ranza de vida en su cora­zón resi­den pro­yec­tos, resi­den ilu­sio­nes, reside la capa­ci­dad de lucha. La vida parece casi infi­nita y casi pier­den con­cien­cia de ello. Vejez y Juventud

Tengo ami­gos que no son pre­ci­sa­mente muy jóve­nes y hasta podría­mos decir que man­tie­nen viva la espe­ranza como si la “llama votiva” estu­viera pren­dida todo el tiempo. Son incan­sa­bles, lucha­do­res, se adap­tan a los tiem­pos moder­nos. No son vie­jos como he dicho, son solo “vie­jos cro­no­ló­gi­cos” que por su fuerza y su coraje trans­for­man la reali­dad en una lucha incansable.

Man­tie­nen viva la espe­ranza y toda la fuerza de la juven­tud. Gra­cias a muchos de ellos sigo firme en la lucha y firme en el com­bate dia­rio. Gra­cias a ellos casi ni des­canso, por­que me impri­men un grado de fuerza “interna” que no tiene lími­tes en el tiempo y puedo decir que casi pierdo noción del día y de la noche. Gra­cias a esos “sabios con­se­je­ros” mi vida se ha trans­for­mado en algo muy dife­rente y mi pro­yec­ción en la vida ha supe­rado los lími­tes que yo mismo ima­giné que eran posibles.

Autor: Dr. Francisco Bénard

Abogado Periodista

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