La “Izquierda Insolente” Insiste

Así, como “izquierda inso­lente”, cali­ficó un viejo polí­tico ya falle­cido al mar­xismo crio­llo que inter­ve­nía desde hacía más de setenta años en La Argen­tina. Se refe­ría al atre­vi­miento ofen­sivo e insul­tante mediante pala­bras y accio­nes rea­li­za­das desde enton­ces por esta fac­ción polí­tica, empe­ci­nada en acce­der a los Pode­res del Estado de cual­quier modo y a cual­quier costo.

Este atre­vi­miento los con­dujo a empe­ñarse con insen­sa­tez en lucha gue­rri­llera y ata­ques terro­ris­tas con­tra las fuer­zas arma­das de la nación. En esas ins­tan­cias resul­ta­ron diez­ma­dos por las orga­ni­za­cio­nes cons­ti­tu­cio­na­les fede­ra­les. Con pos­te­rio­ri­dad, por el accio­nar ope­ra­cio­nal de las “fuer­zas arma­das” de suce­si­vos gobier­nos “de facto” se llegó a ani­qui­lar aquel deli­rio bélico insurreccional.

No obs­tante, las agre­sio­nes sedi­cio­sas come­ti­das y la anar­quía pro­vo­cada oca­sio­na­ron irre­pa­ra­ble daño que hicie­ron colap­sar la capa­ci­dad polí­tica del gobierno elec­to­ral de la época, debiendo ser rele­vado por el poder mili­tar de sus pro­pios pre­to­ria­nos. Aquel trá­gico tiempo pasó y sobre­vino la “demo­cra­cia repa­ra­dora”, como enton­ces quiso ser entendida.

Las madres” ense­ña­ron a pegarle a las maes­tras y “los hijos” apren­die­ron a agre­dir a quie­nes se les ocu­rriera. La inso­len­cia se tras­ladó al resto de la socie­dad mediante la inten­cio­nada pro­pa­ga­ción de macha­co­nes, repug­nan­tes y estú­pi­dos pro­gra­mas de opi­nión perio­dís­tica y entre­te­ni­miento mediá­tico. Así fue lle­gán­dose a lo que resul­tando “inca­li­fi­ca­ble como demo­cra­cia” pre­fi­rió pro­mo­cio­narse como “pro­gre­sismo”. El con­cepto lite­ral de “demo­cra­cia” fue abu­sado hasta el har­tazgo, bus­cando jus­ti­fi­car, racio­na­li­zar o ala­bar hechos que no pue­den ser expli­ca­dos más que como impú­dico bandidaje.

Cierto es que, salvo el gobierno de La Alianza y su rejunta de inú­ti­les diri­gen­tes, todos sabían que en nues­tro país siem­pre fue posi­ble solu­cio­nar cual­quier pro­blema debido a sus abun­dan­tes recur­sos. Apro­ve­chando esta situa­ción, pronto se reor­ga­nizó una dili­gente “aso­cia­ción” entre “vivi­llos” y “pro­gres” que desde hacía dos déca­das venían “nego­ciado” sus posi­cio­nes y mutuos bene­fi­cios ampa­rán­dose en “la demo­cra­cia”, que toda­vía con hipo­cre­sía dicen representar.

Para ellos el resul­tado fue coro­nado por el éxito al lograr neu­tra­li­zar el orden polí­tico repu­bli­cano y apo­de­rarse de cuan­tio­sos recur­sos del país para emplear­los a exclu­siva dis­cre­ción y con­ve­nien­cia per­so­nal, como siem­pre a costa de incre­men­tar expo­nen­cial­mente la des­pro­por­cio­nada deuda pública que debe­rán pagar las futu­ras gene­ra­cio­nes de argen­ti­nos. ¡Todo viento en popa!; hacia la tempestad.

Esta “aso­cia­ción” no ceja ni ante “el tem­po­ral” que se ave­cina. ¡Claro!, ya están embar­ca­dos e inten­ta­rán “capearlo” aún lle­vando la nave al nau­fra­gio. La con­sa­bida inso­len­cia, ahora aso­ciada a mul­ti­pli­ca­das trans­gre­sio­nes ins­ti­tu­cio­na­les y delic­ti­vas cono­ci­das públi­ca­mente, tor­nan impres­cin­di­ble la per­pe­tua­ción en el per­ver­tido poder esta­tal; caso con­tra­rio paga­rán muy caro sus dis­pa­ra­tes polí­ti­cos y codi­cias personales.

Supo­niendo como cierto aque­llo de que “jun­tos somos más” muchos entu­sias­tas ilu­sos con­tra­cul­tu­ra­les fes­te­ja­ron los des­pro­pó­si­tos, omi­tiendo pres­tar aten­ción a la ple­ga­ria que clama madu­rez humana para “acep­tar lo que no se puede cam­biar, valor para cam­biar lo que resulte posi­ble y, sobre todo, sabi­du­ría para poder diferenciarlo”.

La acción polí­tica inme­diata ten­drá que apren­der a acep­tar lo que no se puede cam­biar. El pue­blo siem­pre lo supo; solo los inso­len­tes diri­gen­tes se esfuer­zan por negarlo e inten­tan enga­ñar a una ciu­da­da­nía que por con­ve­nien­cias parece con­ti­nuar soportando.

Este artículo fue publi­cado con ante­rio­ri­dad y está rees­crito para La His­to­ria Paralela.

Bue­nos Aires, 27 de junio de 2011.

Autor: Lic. Claudio Valdez

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