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Orientados Por “El Caos”
El Columnista Invitado de Hoy: Lic. Claudio Valdez
Los antiguos griegos sabían que “el caos” entendido como confusión y desorden es transitorio, en tanto el ordenado y armonioso “cosmos” finalmente impera en el mundo humano y en el resto del universo. La alteración de los fenómenos siderales y terrestres reacomodan el funcionamiento del planeta y sus habitantes aprendieron a soportarlo desde hace milenios. Antropólogos y otros científicos sociales al referirse a los primitivos hombres suelen hablar de “la noche de los tiempos”, en alusión a épocas en que aquellos se hallaban sumidos en “la oscuridad”: metáfora referida a la extrema limitación de conocimientos (Platón, pensador de la antigua Grecia, calificaba como “luz” al fenómeno intelectual por el cual el hombre accedía al saber y lograba atesorar conocimientos).
De ese modo fue posible para el hombre superar “la caverna” y mediante propia realización cultural instalarse en “la polis” (Ciudad-Estado) gozando del comercio, gobierno, tribunales, religión, ciencia, deporte, arte y educación, entre otros beneficios. El mundo clásico demostró que el progreso resultó a partir de interpretar “el cosmos”, orden que también impone sus misteriosas leyes tanto para la vida personal como para el fenómeno social. Poetas y pensadores se propusieron descifrarlas desde sus antiguas obras literarias, filosóficas e históricas que legaron a la humanidad.
Platón en su “República” cuestiona los modos de vida de su época, expresando: “… o si los demás viven en paz dedicarse uno a la guerra, si la paz no le place; y el que pueda uno, por otra parte, ser gobernante y juez cuando se le antoje, aunque exista una ley que le prohíba desempeñar ambas funciones, ¿no son todas ésas, a primera vista, condiciones de vida maravillosamente agradables?”. Continúa más adelante: “¿Y no te parece exquisita la benevolencia con que se trata a ciertos condenados?. ¿O no has visto nunca en este sistema de gobierno a individuos condenados a muerte o al destierro que permanecen, sin embargo, en la ciudad y se pasean por todos lados… ?”. Califica, en consecuencia, a esta forma de gobierno como “encantadora, anárquica y pintoresca, que establece una especie de igualdad tanto entre los iguales como entre los desiguales”; ¿quizás estaría explicando La Argentina de nuestras últimas décadas y no la democracia de entonces?.
Sin duda sus apreciaciones sociopolíticas resultan de validez universal y atenderlas ahorraría las penosas consecuencias de ese tipo de “fiesta contracultural”. Concluye que al querer evitarse el despotismo de los hombres libres, el pueblo “cae en el fuego del despotismo de los esclavos y cambia una libertad excesiva y desordenada por la más cruel y la más amarga de las esclavitudes: la esclavitud bajo los esclavos”.
El caos social, siempre transitorio, orienta hacia otro orden que por experiencia sabemos termina conculcando la mayoría de las libertades. En nuestro país por causa de malos gobernantes, bandidos depredadores y demasiados negligentes ciudadanos volvemos a habitar en peligrosa oscuridad. Cerrar los ojos a los logros morales y materiales de los pueblos que se sobrepusieron a la corrupción política, económica y cultural solo puede restar posibilidades para la necesaria recuperación de nuestra gente.
En momentos críticos de la antigua Roma, Marco Tulio Cicerón les recordaba a aquellos patricios: “Así, pues, antes de nuestro propio tiempo, las costumbres de nuestros antepasados produjeron hombres excelentes, y hombres eminentes preservaron nuestras antiguas costumbres y las instituciones de sus mayores”. ¡Les recordó “La República”!.
Este artículo fue publicado con anterioridad y está reescrito para La Historia Paralela.
Buenos Aires, 18 de julio de 2011
Autor: Lic. Claudio Valdez
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