Actos Dignos-Actos Indignos

Epi­so­dios públi­cos vivi­dos en nues­tro país en los últi­mos días, nos han exhi­bido ejem­plos de dig­ni­dad y de indig­ni­dad, mere­ce­do­res de ser resal­ta­dos. Un ejem­plo de dig­ni­dad super­la­tiva fue la brin­dada por la ciu­da­da­nía fut­bo­lera, la que por abru­ma­dora mayo­ría mani­festó su rechazo por el dema­gó­gico pro­yecto de “ascenso para todos”.

Este engen­dro lan­zado desde el ofi­cia­lismo con el erró­neo sueño de cose­char votos a cua­tro manos, en com­pli­ci­dad con la dic­ta­dura feu­dal y here­di­ta­ria de la diri­gen­cia de AFA, debió ser abor­tado con ribe­tes de ridículo, frente a una pos­tura admi­ra­ble de los sim­pa­ti­zan­tes de todos los clu­bes invo­lu­cra­dos, quie­nes envia­ron un rotundo men­saje: “los par­ti­dos se ganan en la can­cha”. Lo que sig­ni­fica decir. “que­re­mos la socie­dad de la meritocracia”.

No es un dato menor. El ejem­plo indigno pro­viene nada menos que de un Juez de la Corte Suprema. Cada quien ten­drá su opi­nión, pre­sen­ti­miento o intui­ción, res­pecto al grado de vin­cu­la­ción del Dr. Zaf­fa­roni con los pros­tí­bu­los que ope­ran en depar­ta­men­tos de su pro­pie­dad, pero lo cierto es, con razón o sin razón, que de haberse expuesto al comen­ta­rio social, trans­fi­riendo las lógi­cas dudas al cuerpo al que per­te­nece, que es nada menos que el encar­gado de impar­tir jus­ti­cia suprema, es motivo sufi­ciente para dar un paso al cos­tado y que las inves­ti­ga­cio­nes sigan su curso. El no haberse apar­tado, des­co­no­ciendo que el cargo esta por encima de la per­sona, es una acti­tud poco digna. No es un dato menor.

Para com­ple­tar el cua­dro vale la pena resal­tar tam­bién la dig­ni­dad de la ciu­da­da­nía de la Ciu­dad de Bue­nos Aires y de la pro­vin­cia de Santa Fe. Frente a un abierto intento de extor­sión eco­nó­mica por parte de la Pre­si­denta de la Nación, (“si votan a nues­tro can­di­dato, ten­drán ayuda para obras”) envia­ron a tra­vés del voto, un emo­tivo men­saje de dig­ni­dad, ante­po­niendo valo­res por encima de los arbi­tra­rios, abu­si­vos y dis­cri­mi­na­to­rios mane­jos de “la caja” por parte del eje­cu­tivo nacional.

Autor: Gustavo Colla

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