¿Y por qué no iba a ganar?

Ya no hay lugar para el des­velo. Pen­sar que ella no iba a ganar solo podía caber en el cere­bro de alguien que hace años vive en el extran­jero ale­jado de nues­tras incó­mo­das reali­da­des o de aque­llos que, viviendo acá, pasan plá­ci­da­mente sus días en una nube de fla­tos. No bus­que­mos más los miles de boli­via­nos o para­gua­yos traí­dos de con­tra­bando, que los hubo, deje­mos por un momento las fan­ta­sía de los DNI tru­chos, que los hubo, los pla­nes tra­ba­jar, los LCD a pre­cio de saldo y tan­tas otras excu­sas que no alcan­zan a expli­car un cruel Vil­ca­pu­gio. Por supuesto que bus­car cul­pa­bles en la opo­si­ción es una estu­pi­dez. Noso­tros somos los únicos cul­pa­bles por­que a sabien­das le entre­ga­mos, desde hace vein­tio­cho años, a una cáfila de seres de una peque­ñez inima­gi­na­ble el des­tino de nues­tra Nación. Nos pusi­mos a su altura y no qui­si­mos acep­tar, por pura como­di­dad, que no podía­mos espe­rar de ellos más que lo que su bajeza les per­mi­tía maquinar.

La ver­dad es muy dis­tinta y dolo­rosa. De todas las expli­ca­cio­nes leí­das sobre el desas­tre y sus cau­sas nin­guna llega al meo­llo de la cues­tión por­que bien den­tro de ella está ínsito nues­tro fra­caso sig­nado por vein­tio­cho años de indi­fe­ren­cia, cobar­día, y falta de com­pro­miso. Por­que esta no es una derrota más en una elec­ción pro­ducto de estra­te­gias elec­to­ra­les ras­tre­ras basa­das en com­prar y ven­der con­cien­cias, este es un desas­tre gene­ra­cio­nal que habre­mos de pagar muy caro.

Desde 1983 a hoy, se incor­po­ra­ron 12,5 millo­nes de argen­ti­nos a la masa de votan­tes. Estos argen­ti­nos son los hijos y nie­tos de nues­tra gene­ra­ción, una gene­ra­ción de la que solo puede decirse que vivió su juven­tud de plaza en plaza sin impor­tar la ban­dera que fla­meaba. Así llenó la plaza, pri­mero con “el tío” y des­pués con Perón — Perón, y luego de pedir cadal­sos y fusi­la­mien­tos salió a aplau­dir a Videla un 24 de marzo, para en el ‘83 lle­nar la misma plaza el 2 de abril. Cinco años des­pués, ya más gran­des, mas desen­can­ta­dos, Tuvie­ron que lle­varse de la barba al mismo lugar repi­tiendo un inú­til camino de Damasco para escu­char a un inepto – el ini­cia­dor de la farsa de los dere­chos huma­nos — decir: “La casa está en orden, feli­ces pascuas”

Esos 12,5 millo­nes de argen­ti­nos que han ido entrando en el cir­cuito elec­to­ral son los mis­mos que ante nues­tra incu­ria, desde 1983 y desde el jar­dín de infan­tes se les endosó la idea que en la Argen­tina “moderna” no hay pre­mios ni cas­ti­gos y que nada mejor para ser un ciu­da­dano que haber sido un trans­gre­sor impe­ni­tente, que la ban­dera podía ser lle­vada por cual­quiera mien­tras fuera sim­pá­tico, y que el maes­tros era uno más de la banda, todo esto apo­yado por la exal­ta­ción de la indis­ci­plina como pauta edu­ca­cio­nal para que cre­cie­ran en el des­pre­cio a las jerar­quías y a los valo­res que hasta ese momento habían tenido vigen­cia. No solo el aula, tam­bién los even­tos cul­tu­ra­les y los logre­ros polí­ti­cos enca­ra­ma­dos en un poder rega­lado cum­plie­ron con su come­tido de ir for­mando gene­ra­cio­nes de inanes a las que les metie­ron en la cabeza que todo era rela­tivo y que la ver­dad no exis­tía como tal, ase­gu­rando que la única sal­va­ción posi­ble no era aque­lla de sal­varse con todos, por­que pri­mero estaba uno y su pro­ve­cho más allá de ñoñe­rías mora­les. ¡Pobre chi­cos!, que podían apren­der si les tocó de todo, desde un inser­vi­ble que nunca supo, quiso o pudo, hasta un esta­fa­dor que sen­ten­ciaba que “nunca nos iba a defraudar”.

Esos 12, 5 millo­nes de argen­ti­nos que han ido entrando en el cir­cuito elec­to­ral sopor­ta­ron desde la niñez y ante nues­tra negli­gen­cia un lavado de cere­bro los con­vir­tió en pue­ri­les repe­ti­do­res de con­sig­nas. Como manera de lograr estos obje­ti­vos se los ato­sigó con visio­nes ses­ga­das de la his­to­ria reciente donde las Fuer­zas Arma­das y de Segu­ri­dad no repre­sen­ta­ban otra cosa que repre­sión, donde el con­cepto de Igle­sia se asi­mi­laba a una pan­di­lla de pedó­fi­los y que des­truir a ambas era la esen­cia de una nueva nación. Como corres­pon­día a la exi­güi­dad de nues­tra valen­tía per­ma­ne­ci­mos calla­dos, una vez más, ante las inicuas men­ti­ras con­ta­das una y mil veces por los rufia­nes de los dere­chos huma­nos intere­sa­dos en armar su nego­cio al mismo tiempo que demo­lían a las ins­ti­tu­cio­nes que de alguna manera, aun­que más no sea por su for­ma­ción, podrían impe­dirle el logro de sus objetivos.

Y tam­bién de esto, de las Fuer­zas Arma­das y de Segu­ri­dad y de su con­tri­bu­ción a la deba­cle nacio­nal debe­mos hablar, por­que sabe­do­res sus jefes – coe­tá­neos nues­tros — en que nalga los mor­de­ría el perro, se borra­ron. Como se borró tam­bién la Igle­sia, más preo­cu­pada por­que su jerar­quía con­serve las canon­jías de sub­se­cre­ta­rios de estado que en for­mar a la juven­tud y enfren­tar con la fuerza que da la Ver­dad el aborto, los matri­mo­nios entre espe­cies o la rela­ja­ción de las cos­tum­bres fomen­ta­das por “pro­pios” y ajenos.

Esos 12,5 millo­nes de argen­ti­nos que han ido entrando en el cir­cuito elec­to­ral han hecho lo que hicie­ron por­que jamás nos moles­ta­mos en for­mar­los. Hoy nos ate­rra ver­los votar en fun­ción de sus con­ve­nien­cias y olvi­dando las pau­tas éticas que alguna vez inten­ta­mos, mal, incul­car­les. Estos son los mis­mos a los que nada les supi­mos decir cuando fue­ron com­pra­dos con la supre­sión del Ser­vi­cio Mili­tar a par­tir de una infa­mia urdida desde el poder, son quie­nes, junto a noso­tros, sin haberlo votado — por­que en la Argen­tina cual­quier des­qui­ciado gana una elec­ción aun­que luego todos juran que a ese jamás lo vota­ron — le dimos la reelec­ción a un cana­lla que nos endilgó la nece­si­dad de ven­derle alma y culo a quie­nes eran nues­tros enemi­gos mien­tras su pro­pa­ganda des­mal­vi­ni­za­dora dejaba que lo mejor que tuvo la Argen­tina en todo el siglo XX — los 10.000 héroes de Mal­vi­nas — fue­ran mani­pu­la­dos como moles­tos recuer­dos que en nada bene­fi­cia­rían a la estú­pida repú­blica del uno a uno.

Esta es nues­tra reali­dad, la reali­dad de los argen­ti­nos que nos hemos lle­nado la boca con pala­bras que en otro lugar y con otra socie­dad tie­nen sig­ni­fi­cado: Patrio­tismo, Honor, Leal­tad, Prin­ci­pios, Valo­res Éticos, pero que acá solo tie­nen el sonido que les da la época en que se dicen. Noso­tros los guia­mos en el voto. En vein­tio­cho años les ense­ña­mos a ele­gir al menos malo o lo que más nos con­ve­nía en lugar de alzar­nos con alti­vez y gri­tar­les en la cara a quie­nes usu­fruc­tua­ban nues­tra desidia que ellos no mere­cían mane­jar una tie­rra como esta. Este es el resultado.

Autor: José Luis Milia

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3 Comentarios en “¿Y por qué no iba a ganar?”  

  1. 1 lalerda

    Mahatma Gandhi

    Mañana tal vez ten­ga­mos que sen­tar­nos frente a nues­tros hijos y decir­les que fui­mos derro­ta­dos. Pero no podre­mos mirar­los a los ojos y decir­les que viven así por­que no nos ani­ma­mos a pelear.“
    ¡VIVA LA PATRIA LIBRE DE CORRUPTOS!!!!!!!

  2. 2 Matilde del Carmen Masats

    Sr Luis Melia : GANO EL FRAUDE.…

  3. 3 lalerda

    ¡Cui­dado seño­res votantes!!!!!Todo puede pasar en Argen­tina… Toda­vía esta­mos a tiempo… Lle­ve­mos el VOTO EN EL BOL­SI­LLO! es la opor­tu­ni­dad para no legar a ésto:
    “En Ruma­nia la Secu­ri­tate, man­tuvo un firme con­trol sobre la liber­tad de expre­sión y los medios de comu­ni­ca­ción y no toleró la exis­ten­cia alguna de opo­si­ción. Esto se inten­si­ficó en los años 80. Ade­más, Ceauşescu ins­ti­tuyó un culto a su per­sona, dán­dose a sí mismo el título de con­du­că­tor (con­duc­tor), teniendo tam­bién un cetro hecho para él.(lean la his­to­ria de éste dic­ta­dor y su mujer y veran las coincidencias…

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