Cambiar… ¡Pero Para Cambiar!

Habién­dose ini­ciado la segunda década del siglo XXI, nos encon­tra­mos con el mundo divi­dido en dos, tres, o qui­zás cua­tro influ­yen­tes orien­ta­cio­nes ideo­ló­gi­cas que con­ti­núan sem­brando muerte, pobreza y alte­ra­cio­nes mora­les. El pade­ci­miento de millo­nes de seres huma­nos se man­tiene por intere­ses de con­so­li­da­dos cen­tros polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos, agre­gán­dose la voca­ción de domi­nio de otras poten­cias en agre­siva emergencia.

La mayo­ría de los pobla­do­res del mundo igno­ran el tipo de deci­sio­nes que adop­tan sus pro­pias diri­gen­cias. Las con­fu­sas noti­cias y opi­nio­nes perio­dís­ti­cas pro­du­ci­das por la “glo­ba­li­za­ción”, el “inter­na­cio­na­lismo” y los oli­go­po­lios loca­les de medios de comu­ni­ca­ción posi­bi­li­tan la inten­cio­nada des­in­for­ma­ción: de esta manera el público desorien­tado toma cono­ci­miento de con­ti­nua­das gue­rras (Afga­nis­tán, Oriente Medio, África) escan­da­lo­sas ope­ra­cio­nes frau­du­len­tas de cor­po­ra­cio­nes y empre­sas pri­va­das, con­sul­to­ras y gru­pos de audi­to­res que desde Esta­dos Uni­dos de Amé­rica con sus esta­fas impac­ta­ron al “mundo glo­bal” (el empo­rio ener­gé­tico Enro y el grupo Ander­sen) ade­más de adver­tir las dife­ri­das con­se­cuen­cias del des­ca­la­bro euro­peo ini­ciado por el grupo Parmalat.

Los frau­des con fon­dos de inver­sión de Ber­nard Madoff, las con­se­cuen­tes quie­bras ban­ca­rias y sus “con­ve­nien­tes sal­va­ta­jes” a cargo de pro­pios comi­tés de ban­que­ros (Reserva Fede­ral de Esta­dos Uni­dos de Amé­rica y Banco Cen­tral Euro­peo) com­ple­tan el pano­rama, sin poder omi­tirse las vir­tua­les ban­ca­rro­tas de Esta­dos vul­ne­ra­bles como Gre­cia, Irlanda y España.

Tam­bién coti­dia­na­mente se deve­lan varia­das for­mas de dolos y frau­des elec­to­ra­les en Amé­rica his­pana, lle­gando a per­ci­birse la fata­li­dad de ile­gí­tima subor­di­na­ción para dema­sia­dos seres huma­nos enaje­na­dos de los bene­fi­cios de la liber­tad y la res­pon­sa­bi­li­dad cívica.

A pesar de todos estos des­pro­pó­si­tos, se insiste en hacer creer que la inter­ven­ción popu­lar elec­to­ral orienta el sen­tido de la polí­tica y con des­ver­güenza se pre­tende deno­mi­narla “demo­cra­cia”. Así las pobla­cio­nes se con­vier­ten en segui­do­ras de “ver­da­de­ras men­ti­ras” que lle­gan a admi­tir como “con­ve­nien­tes ver­da­des”, sin con­cien­cia de las con­se­cuen­cias de sus extra­via­das interpretaciones.

En La Argen­tina hay quie­nes toda­vía creen que jus­ti­cia social es “dis­tri­bu­ción comu­nista” y en un esfuerzo pro­pa­gan­dís­tico por no ate­mo­ri­zar a des­pre­ve­ni­dos se la pre­senta como socia­lismo siglo XXI o “pro­gre­sismo”. La fina­li­dad per­se­guida es con­ven­cer al elec­to­rado inge­nuo de la nece­si­dad de sus­ti­tuir al gobierno del pue­blo (demo­cra­cia) por una “dic­ta­dura del pro­gre­sismo”; amorfa con­duc­ción polí­tica que trans­grede la forma de gobierno “repre­sen­ta­tiva repu­bli­cana fede­ral” esta­ble­cida por la vigente Cons­ti­tu­ción Nacio­nal. Sin duda el paso siguiente con­sis­tirá en ins­ta­lar la opi­nión que favo­rezca una “reforma cons­ti­tu­cio­nal progresista”.

Como en toda dic­ta­dura ese “pro­gre­sismo” nece­sita desin­te­grar la libre volun­tad ciu­da­dana, para lo cual pro­voca, esti­mula y favo­rece cual­quier con­tra­dic­ción social, pro­po­niendo luego solu­cio­narla mediante “el modelo”. “Modelo” que no es más que un pro­grama de polí­tica eco­nó­mica ajeno a todo pro­yecto a favor del bien común: impro­vi­sa­ción, opor­tu­nismo, clien­te­lismo, ami­guismo, com­pli­ci­da­des y anu­la­ción ope­ra­tiva de las ins­ti­tu­cio­nes. Nada dife­rente a lo desde siem­pre padecido.

El reparto “de miga­jas” hace a la super­vi­ven­cia del régi­men y en eso emplea sus recur­sos y ener­gías, devas­tando la “cosa pública” (Repú­blica) por la vora­ci­dad de diri­gen­tes, muchos secua­ces y dema­sia­dos mise­ra­bles que acos­tum­bran vivir de los recur­sos fis­ca­les. La con­tra­par­tida exi­gida por quie­nes “par­ten y repar­ten” es la dis­po­ni­bi­li­dad de una masa de mani­fes­tan­tes para gri­tar, aplau­dir y vivar según la “par­ti­tura” que se les pro­por­cione y votar en con­se­cuen­cia. Poco dife­rente a lo ya dema­siado conocido.

Luego de muchos años poco ha cam­biado: diri­gen­tes embau­ca­do­res del pue­blo, finan­cis­tas tima­do­res, acti­vis­tas de supues­tos dere­chos huma­nos e incluso mis­ti­fi­ca­do­res reli­gio­sos a pesar de sopor­tar algu­nos con­tra­tiem­pos ines­pe­ra­dos con­ti­núan “orde­ñando la vaca”, en tanto la gente sufre una “anar­quía pro­vo­cada” que obliga a pre­ver sin esta­bi­li­dad lo que cual­quier socie­dad evo­lu­cio­nada dis­fruta como proyecto.

Los ciu­da­da­nos sen­sa­tos saben de la prio­ri­dad vital que implica la segu­ri­dad per­so­nal, la pro­pie­dad de los bie­nes, la volun­tad de pro­duc­ción, la liber­tad eco­nó­mica, la posi­bi­li­dad de pro­yec­tos per­so­na­les líci­tos, el some­ti­miento del Estado al Dere­cho (Estado de dere­cho) ade­más de la limi­ta­ción de la vora­ci­dad fis­cal inclu­yendo la per­versa infla­ción y los esta­fa­do­res pro­ce­di­mien­tos ofi­cia­les para encu­brirla. Todo esto está pau­tado en nues­tro texto cons­ti­tu­cio­nal, por lo cual no se trata de “recla­ma­das uto­pías” sino de pre­cep­tos obli­ga­to­rios para su cum­pli­miento por las auto­ri­da­des y dere­chos garan­ti­za­dos para los ciudadanos.

Si gober­nan­tes y fun­cio­na­rios del Estado son inca­pa­ces de estos logros como impres­cin­di­ble cam­bio, deben ser rele­va­dos: la lucha por la exis­ten­cia de quie­nes desean una socie­dad exi­tosa no puede menos que exigirlo.

Este artículo fue publi­cado con ante­rio­ri­dad y está rees­crito para La His­to­ria Paralela.

Autor: Lic. Claudio Valdez

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Un comentario en “Cambiar… ¡Pero Para Cambiar!”  

  1. 1 lalerda

    Quie­nes son capa­ces de renun­ciar a la liber­tad esen­cial a cam­bio de una pequeña segu­ri­dad tran­si­to­ria, no son mere­ce­do­res ni de la liber­tad ni de la seguridad”.

    Ben­ja­min Franklin

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