¿Benefician a la gente las reelecciones?

A esta altura de los hechos, parece que­dar claro que el famoso “modelo” polí­tico tan pre­go­nado por el matri­mo­nio Kir­ch­ner, con­sis­tió y sigue con­sis­tiendo en la eter­ni­za­ción en el poder. A ser hones­tos, no han sido los pri­me­ros en aspi­rar a per­pe­tuarse al mando. El fun­da­dor de su par­tido y ex-presidente, J.D.Perón, impulsó la reforma cons­ti­tu­cio­nal (que final­mente logró) con ese mismo pro­pó­sito en 1949. Más tarde, otro pre­si­dente (Raúl Alfon­sín) de otro par­tido (Unión Cívica Radi­cal) intentó refor­mar nue­va­mente la cons­ti­tu­ción con el mismo obje­tivo (reele­girse inde­fi­ni­da­mente). Feliz­mente, su inten­tona no pros­peró. Sin embargo, algu­nos años más tarde, un nuevo pre­si­dente (Car­los Menem, del mismo par­tido pero­nista, en alianza con Alfon­sín para tal pro­pó­sito) logró la tan ansiada reforma, la que le per­mi­tió haber sido reele­gido por un segundo periodo con­se­cu­tivo. La Sra. Kir­ch­ner, siguiendo esta misma línea de sus pre­de­ce­so­res, intenta, como ellos, eter­ni­zarse en el poder. Aun­que el caso de esta mujer ofrece dife­ren­cias nota­bles con las de los anteriores.

En efecto, la Sra. Kir­ch­ner sucede en el gobierno a su esposo, Nés­tor Kir­ch­ner, sin embargo, durante el gobierno de este, sólo a algún des­pis­tado pudo habér­sele esca­pado que su esposa co-ejercía el mando con aquel, natu­ral­mente en un segundo plano, pero a nadie se le podría esca­par que esta señora se desem­pe­ñaba como una vice­pre­si­dente de facto, ya que se nece­sita ser extre­ma­da­mente dis­traído para creer que un pusi­lá­nime como Daniel Scioli (el enton­ces vice­pre­si­dente for­mal) tuvo algún tipo de influen­cia sobre Nés­tor Kir­ch­ner o su con­sejo fuera reque­rido por este para algún acto de gobierno. Todo lo cual, indica a las cla­ras que, lo correcto es hablar de tres gobier­nos “Kir­ch­ner”. Pri­mero, el ini­ciado en 2003 del matri­mo­nio en forma con­junta (el marido como pre­si­dente legal y su mujer como vice­pre­si­dente de facto, con un vice­pre­si­dente for­mal (Scioli) pero en los hechos, polí­ti­ca­mente inope­rante) y un segundo gobierno de la Sra. Kir­ch­ner suce­diendo al de su esposo. Por lo tanto, si esta mujer fuera reelecta en las pró­xi­mas elec­cio­nes, el veni­dero ven­dría a ser su ter­cer gobierno (aun­que for­mal­mente se le con­si­dere el “segundo”).

La cons­tante en todos los casos men­cio­na­dos es que los anhe­los reelec­cio­nis­tas inten­tan jus­ti­fi­carse invo­cando repe­ti­ti­va­mente la pala­bra “demo­cra­cia”, tan bas­tar­deada ésta como lo está. Enton­ces, cabe pre­gun­tarse ¿es de la esen­cia de la demo­cra­cia la per­pe­tua­ción de los mis­mos per­so­na­jes o de sus cón­yu­ges, fami­lia­res o ami­gos, inde­fi­ni­da­mente en la cús­pide del poder? Y desde un punto de vista prác­tico, si no fuera así, ¿es de todos modos con­ve­niente per­mi­tir que así ocu­rriera? Cree­mos, como tuvi­mos opor­tu­ni­dad de expo­ner en otra parte, que la res­puesta no puede ser sino nega­tiva. Desde una pers­pec­tiva de una demo­cra­cia de tipo repu­bli­cano, que ven­dría a ser, más o menos, la que pre­ten­de­ría tener la Argen­tina (a juz­gar –al menos– por lo que dice su actual texto cons­ti­tu­cio­nal), con­si­de­ra­mos que la esen­cia de la misma es (debe­ría serlo, mejor dicho) la limi­ta­ción del poder, limi­ta­ción que no sola­mente enten­de­mos como la típica divi­sión hori­zon­tal de pode­res, la que esti­ma­mos nece­sa­ria pero insu­fi­ciente, sino que juz­ga­mos indis­pen­sa­ble la limi­ta­ción tem­po­ral del poder. Claro que, men­cio­nar­les la pala­bra limi­ta­ción a los dés­po­tas que hemos citado más arriba, es objeto de anatema para ellos y sus segui­do­res. Sin embargo, si lo que pre­ten­de­mos es seguir decla­mando por una demo­cra­cia repu­bli­cana (que pen­sa­mos– ya no tene­mos desde larga data), con­si­de­ra­mos que debe­mos acep­tar el con­cepto de limi­ta­ción tem­po­ral del poder e inte­grarlo al de divi­sión del poder.

¿Obtie­nen alguna ven­taja los pue­blos con las reelec­cio­nes inde­fi­ni­das? Indu­da­ble­mente tam­poco. ¿Por qué? Por varias razo­nes. Entre ellas: el poder polí­tico no es otra cosa que un medio o tram­po­lín por el cual se llega al poder eco­nó­mico. El acceso al gobierno otorga al gober­nante la facul­tad de dic­tar leyes impo­si­ti­vas o regu­la­to­rias de la eco­no­mía, de las cua­les la fun­da­men­tal es la de crear dinero, mediante la emi­sión mone­ta­ria, lo que le otorga un con­trol casi omni­com­pren­sivo sobre el total de las vidas de los ciu­da­da­nos que, a par­tir de allí, pasan a con­ver­tirse en súb­di­tos. Los impues­tos y la infla­ción (que es otro impuesto encu­bierto) no son otra cosa que trans­fe­ren­cias de dinero de los bol­si­llos de la gente a los de los buró­cra­tas. El o la pre­si­dente de un país, no es otra cosa que un Gran Buró­crata, o en otras pala­bras, El Jefe de Todos los Buró­cra­tas de un país. Sus ingre­sos son los egre­sos que sufren sus súb­di­tos. En la medida que un pre­si­dente es reele­gido inde­fi­ni­da­mente siente en su inte­rior que su poder se expande tam­bién inde­fi­ni­da­mente, y en ese sen­tido ten­derá a com­por­tarse como tal, ampliando su poder todo lo que le sea posi­ble. Como la polí­tica es un juego de suma cero (lo que gana A, lo pierde B) todo poder que gana un pre­si­dente es un poder que pierde el que lo vota (si *B* vota a *A*, en reali­dad *B* esta cedién­dole parte su poder a *A*. El voto de B será una cuota del poder de A. El poder de A será el resul­tado de la suma­to­ria de todos los votos que obtenga). Esto es así por­que a par­tir de ese momento el poder cedido no será ejer­cido por el cedente sino por el cesio­na­rio, de tal suerte que toda cesión de poder implica una pér­dida para quien lo cede y una ganan­cia para quien lo recibe. El can­di­dato gana­dor lo sabe y –a no dudarlo– estará dis­puesto a uti­li­zar todo ese poder ganado y cedido por sus votan­tes en su pro­pio favor, por­que sabe que sus votan­tes ya no tie­nen ese poder (al menos hasta los pró­xi­mos comicios).

En este punto, recor­de­mos la sen­ten­cia de Lord Acton: “El poder tiende a corrom­per. El poder abso­luto corrompe abso­lu­ta­mente”. Esta sen­ten­cia, según nos enseña la his­to­ria, se ha cum­plido en todo tiempo y lugar en forma inexo­ra­ble. La expe­rien­cia his­tó­rica tam­bién nos ha ins­truido que todo polí­tico que aspira al poder, una vez que lo logra se fija como meta siguiente a obte­ner pre­ci­sa­mente ese poder abso­luto, pero ¿por qué? Por­que recor­de­mos que el poder polí­tico sólo es un medio que uti­li­zan los polí­ti­cos para obte­ner poder eco­nó­mico. Y existe un axioma básico de la eco­no­mía que nos informa que “los recur­sos son esca­sos y las nece­si­da­des son ili­mi­ta­das”. Las reelec­cio­nes inde­fi­ni­das poten­cian super­la­ti­va­mente todo este pro­ceso. El juego de suma cero se repite en cada reelec­ción: los reelec­tos ganan cada vez más y los votan­tes cada vez menos. Y así ad infinutum.

Autor: Gabriel Boragina ©

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2 Comentarios en “¿Benefician a la gente las reelecciones?”  

  1. 1 Dario

    Mag­ni­fico!!!

  2. 2 Gabriel Boragina

    Gra­cias Darío.
    Te mando un abrazo.
    Gabriel

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