Lo Aprendido y Las Infalibles Verdades

Un buen libro no es aquel que piensa por ti, sino aquel que te hace pensar.

James McCosh

***********

Muchos se jac­tan de lo que saben, pero a mí me deleita lo que he aprendido.

Mis maes­tros no fue­ron los únicos que me edu­ca­ron, fue la reali­dad quien me ilus­tró, la reali­dad me civi­lizó y me hizo inde­pen­diente, puliendo en mi mente el deter­mi­nismo oscuro y oculto tras las ense­ñan­zas vicia­das de oscu­ran­tismo (esa forma tene­brosa para ocul­tar la vacui­dad y que con­si­dera a la gente inte­lec­tual­mente inca­paz de cono­cer los hechos y la ver­dad sobre los gobier­nos y sus acto­res). Así, se fue borrando de mi pen­sa­miento lo rela­tivo y se poten­ció en mis sen­ti­dos lo real, dejando total­mente de lado lo fic­ti­cio e ilu­so­rio, lo mez­quino y obse­cuente, lo egoísta y clientélico.

Saber no sig­ni­fica com­pren­der, enten­der y mucho menos vis­lum­brar el futuro.  Apren­der repre­senta estar siem­pre en con­tacto con la reali­dad, lo que sumado a lo con­sa­bido puede ayu­dar­nos a dis­tin­guir los mati­ces que repre­sen­tan los colo­res del esce­na­rio y del con­texto en que vivimos.

La ver­dad es uno de los temas cen­tra­les de la teo­ría del cono­ci­miento. En la filo­so­fía pla­tó­nica, la ver­dad era el reco­no­ci­miento de la idea. El aris­to­te­lismo impuso el cri­te­rio de la ver­dad vin­cu­lando el jui­cio con el objeto, con­cep­ción acep­tada por la esco­lás­tica y pro­lon­gada incluso en el pen­sa­miento kantiano.

Para el mar­xismo, la ver­dad es el resul­tado de la corre­la­ción entre la acti­vi­dad humana y unas acti­tu­des de trans­for­ma­ción del pro­ceso his­tó­rico. Para las corrien­tes exis­ten­cia­lis­tas, la ver­dad con­siste en el des­ve­la­miento de la reali­dad autén­tica, el ser en con­tra­po­si­ción con la apariencia.

Exis­ten ver­da­des vie­jas y ver­da­des nue­vas; hay ver­da­des cen­tra­les y ver­da­des superficiales.

Las vie­jas son aque­llas que fue­ron tales en deter­mi­nado momento his­tó­rico y sos­te­ni­das por la reali­dad del momento, luego suplan­ta­das por ver­da­des nue­vas naci­das como con­se­cuen­cia de una situa­ción y un con­texto dis­tinto y actua­li­za­das al ins­tante con­creto del reloj de la historia.

No obs­tante, la ver­dad cen­tral es aque­lla que se sos­tiene a tra­vés del tiempo en con­traste con las ver­da­des super­fi­cia­les o sim­ples sofis­mas, tan en boga en este tran­si­to­rio y per­verso presente.

Muchos son los que pre­ten­den ser due­ños de la ver­dad al momento de pos­tu­larse como poten­cial can­di­dato o ejer­cer su apoyo a deter­mi­nada can­di­da­tura. Para ello, si les resulta nece­sa­rio y con­ve­niente trans­for­mar una evi­den­cia en una men­tira, lo hacen con total des­par­pajo y naturalidad.

Y se dicen polí­ti­cos… Con­fun­den el objeto de la polí­tica, ésta debe ser uti­li­zada para trans­for­mar la reali­dad cir­cun­dante y no para des­vir­tuar la reali­dad dominante.

Este pen­sa­miento negli­gente pos­terga la solu­ción de los con­flic­tos, pues estos polí­ti­cos que viven con buena con­cien­cia por mala memo­ria, poseen una ceguera par­cial y selec­tiva que atenta con­tra ese pro­ta­go­nismo y com­pro­miso adqui­rido en su momento, cuando eran sim­ples aspi­ran­tes o postulantes.

Estos per­so­na­jes que mien­ten, enga­ñan, difa­man…, en defi­ni­tiva, no hacen otra cosa más que aten­tar con­tra las ver­da­des centrales.

En ese afán de demos­trar lo que en reali­dad no son, come­ten des­li­ces que los mues­tran como inde­fi­ni­dos e inciertos.

En el juego de las “ros­cas”, pac­tos, enro­ques y com­po­nen­das, se jun­tan la Biblia con el cale­fón, el dere­cho con el trai­dor, el que “labura” con el ladrón; resul­tan más creí­bles los embus­te­ros que los evi­den­tes y claros.

La mayo­ría de nues­tra clase polí­tica resulta un cam­ba­la­che de sofis­tas, de embau­ca­do­res y de caó­ti­cos petar­dis­tas de nues­tra cruel realidad.

Son muy pocos los que ante una reali­dad, basán­dose en la ver­dad cen­tral, pro­mue­ven o inten­tan lle­gar al cam­bio con hones­ti­dad, capa­ci­dad, racio­na­bi­li­dad y vir­tu­des verdaderas.

(*) El autor es el Direc­tor de Cró­nica y Aná­li­sis Perió­dico On line y Comi­sa­rio Ins­pec­tor (R.A.) de la Poli­cía de la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires.

Autor: Juan de Dios González (*)

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


No hay comentarios en “Lo Aprendido y Las Infalibles Verdades”  

Deje un comentario