La importancia del voto negativo

Lo que lla­ma­re­mos voto nega­tivo en este título, son en reali­dad, varias cosas que reci­ben deno­mi­na­cio­nes dife­ren­tes. En ellas encua­dra­re­mos el lla­mado voto en blanco, el voto nulo, el anu­la­ble, y el ausen­tismo elec­to­ral (no pre­sen­tarse a votar) entre los más importantes.

En paí­ses como Argen­tina, el voto nega­tivo cons­ti­tuye una suma­to­ria impor­tante (alre­de­dor de un 25 % por elec­ción, o más) si tene­mos en cuenta que los can­di­da­tos que más votos obtie­nen –en pro­me­dio his­tó­rico– ron­dan entre el 30 % y el 45 %. Tam­bién, en paí­ses como la Argen­tina, la clase polí­tica (o para mejor decir, la casta polí­tica) se las ha arre­glado para que los votos nega­ti­vos no se con­ta­bi­li­cen en el escru­ti­nio final, con lo cual, en los hechos, los votos nega­ti­vos vie­nen a ser como votos “inexis­ten­tes”. Con­si­de­ra­mos que esto es un error, aun­que en el fondo, nos parece más bien una picar­día de la casta polí­tica, sobre todo de aque­lla casta polí­tica que se rasga las ves­ti­du­ras cla­mando defen­der la “democracia”.

Indu­da­ble­mente, el voto nega­tivo es una forma o modo de expre­sar una deci­sión (en este caso, de rechazo hacia los can­di­da­tos, y en espe­cial, res­pecto de los de mayo­res posi­bi­li­da­des de ganar). Si por demo­cra­cia enten­de­mos, ya sea el gobierno del pue­blo, ya sea el de la mayo­ría, resulta tam­bién indis­cu­ti­ble que todas las deci­sio­nes cuen­tan, incluso aque­llas que expre­san un rechazo hacia los can­di­da­tos en oferta. En con­clu­sión, sos­te­ne­mos que los votos nega­ti­vos deben compu­tarse en el recuento final de las elec­cio­nes. Y así como los votos posi­ti­vos deben sumarse, los nega­ti­vos deben res­tarse, como sus pro­pias deno­mi­na­cio­nes lo indi­can con cla­ri­dad. Pero ¿cuándo y a quie­nes se le deben res­tar los votos nega­ti­vos? El espí­ritu de jus­ti­cia y demo­cra­cia nos indica que los votos nega­ti­vos deben res­tarse a aque­llos can­di­da­tos que hubie­ren obte­nido votos posi­ti­vos por una cifra mayor a la del total de los votos nega­ti­vos. De tal suerte que, si un can­di­dato lograre, por ejem­plo, el 50 % de los votos posi­ti­vos, en tanto que los votos nega­ti­vos tota­li­za­ren el 24 % del padrón elec­to­ral, estos últi­mos debe­rían res­tarse a los posi­ti­vos, de modo tal que, el resul­tado final del can­di­dato en cues­tión ven­dría a ser, des­pués de la ope­ra­ción ante­di­cha: 50–24=26. Es decir un 26 % como resul­tado final. Si por caso, dos can­di­da­tos obtu­vie­ren por­cen­ta­jes mayo­res al del total de los votos nega­ti­vos, en este supuesto, pen­sa­mos que debe­rían divi­dirse estos últi­mos por dos y res­tarse a los posi­ti­vos de cada uno de esos candidatos.

Por supuesto que los polí­ti­cos pro­tes­ta­rán ante un meca­nismo como este, con el con­sa­bido estri­bi­llo de que, si se adopta este sis­tema, enton­ces sería difí­cil –por no decir casi impo­si­ble– que cual­quier can­di­dato alcan­zare el 40 % o 45 % que exige la Cons­ti­tu­ción de la Nación Argen­tina para ser ungido pre­si­dente de la nación. Ante esta obje­ción cabe pre­gun­tar­les a estos seño­res ¿por qué clase de “demo­cra­cia” abo­gan? ¿Por una en la que se con­sulte la volun­tad de todo el pue­blo, inclu­yendo a la de los disi­den­tes con los can­di­da­tos en oferta? O en cam­bio ¿están defen­diendo una oli­gar­quía? (recor­de­mos que la defi­ni­ción de oli­gar­quía es gobierno de pocos). Por­que inten­tar pros­cri­bir o decla­rar “inexis­ten­tes” los votos nega­ti­vos, siendo de per­so­nas que figu­ran en el padrón elec­to­ral implica, cla­ra­mente, una pros­crip­ción a una franja nume­rosa de ciu­da­da­nos en con­di­cio­nes de votar. Esta pros­crip­ción, reduce –claro está- la can­ti­dad sig­ni­fi­ca­tiva de votos, con lo que el pue­blo gobierna menos que si estu­viera en una genuina demo­cra­cia, ante lo cual habría que sin­ce­rarse y dejar de hablar de “demo­cra­cia” y pasar a hablar de oli­gar­quía (gobierno de unos pocos). Pues bien, el sis­tema que se niega a con­ta­bi­li­zar los votos nega­ti­vos es indu­da­ble­mente un sis­tema oli­gár­quico. Nada tiene de democrático.

¿Real­mente nunca alcan­za­ría el piso mínimo de votos nin­gún can­di­dato con este sis­tema? Cree­mos que con un régi­men de vuel­tas suce­si­vas, alguno de los can­di­da­tos no ten­dría mayo­res difi­cul­ta­des en obte­nerlo. Una posi­ble reforma cons­ti­tu­cio­nal debiera con­tem­plarlo, por­que posi­ble­mente no fuera sufi­ciente una segunda vuelta, y se nece­si­ta­rían más de dos. Es decir, las nece­sa­rias hasta que alguno de los dos can­di­da­tos más vota­dos obten­gan el piso mínimo de votos exi­gi­dos, pero, eso sí, siem­pre con­ta­bi­li­zando (res­tán­do­los) los votos nega­ti­vos, que irían dis­mi­nu­yendo pau­la­ti­na­mente cuan­tas mayo­res ron­das elec­to­ra­les se fue­ren suce­diendo. La meta debe­ría ser lograr que gane un can­di­dato ver­da­de­ra­mente repre­sen­ta­tivo de la volun­tad de una mayo­ría genuina, la que siem­pre será resul­tante de la dife­ren­cia entre los votos posi­ti­vos y los nega­ti­vos. Insis­ti­mos en esto si lo que que­re­mos es esta­ble­cer una autén­tica demo­cra­cia repre­sen­ta­tiva y par­ti­ci­pa­tiva. Ello implica abrir la posi­bi­li­dad de inter­ven­ción a los votos nega­ti­vos y no pros­cri­bir­los como se hace actual­mente, en el sólo inte­rés de una casta polí­tica que busca achi­car el mer­cado elec­to­ral para tener un coto de caza de votos cautivos.

El pro­ce­di­miento que aquí suge­ri­mos per­mite solu­cio­nar de cuajo varios pro­ble­mas que viene arras­trando el sis­tema elec­to­ral argen­tino, y que pese a haber demos­trado su inuti­li­dad, toda­vía se man­tie­nen, por ejem­plo el del mal lla­mado voto “obli­ga­to­rio”. Los altos por­cen­ta­jes de ausen­tismo elec­to­ral que, elec­ción tras elec­ción, se regis­tran en forma cre­ciente, prue­ban aca­ba­da­mente, de una vez y para siem­pre, lo absurdo de man­te­ner for­mal­mente una obli­ga­ción de votar a la que lite­ral­mente casi un ter­cio del padrón jamás presta aten­ción. El voto “obli­ga­to­rio” ya no asusta a nadie y, ade­más, Argen­tina es uno de los pocos paí­ses que lo man­tiene. Para­dó­ji­ca­mente, es una “ins­ti­tu­ción” de ins­pi­ra­ción fas­cista y ser­vía a orga­ni­za­cio­nes de este tipo (o afi­nes) para con­tro­lar cuá­les miem­bros de la fac­ción, efec­ti­va­mente con­cu­rrían o no a votar “al Jefe” (por lo gene­ral, el único can­di­dato dis­po­ni­ble). Fue muy empleado por los regí­me­nes de par­tido único (mal lla­ma­dos popu­la­res). Los soviets de la URSS lo uti­li­za­ban. Que Argen­tina con­serve este anacro­nismo del tota­li­ta­rismo mas ran­cio habla mucho de la ideo­lo­gía de nues­tros polí­ti­cos cuando defien­den la vigen­cia del voto “obli­ga­to­rio”.
El sis­tema que pro­po­ne­mos tam­bién solu­ciona de modo defi­ni­tivo el eterno pro­blema al que se enfrenta el votante argen­tino (y posi­ble­mente el de otros paí­ses): el de verse obli­gado a votar al can­di­dato que le des­agrada menos para evi­tar que gane el que le repugna mas. Compu­tando el voto nega­tivo como lo que es (nega­tivo) el sufra­gante no se verá nue­va­mente jamás ante dicho dilema.

Autor: Gabriel Boragina ©

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7 Comentarios en “La importancia del voto negativo”  

  1. 1 Victor Otto

    Esti­mado Señor Bora­gina:
    Desde hace mucho que com­parto su idea, negada hasta el paro­xismo por la por Usted lla­mada “Casta Poli­tica” y Yo defino como “COR­PO­RA­CION POLI­TICA PARA EL LATRO­CI­NIO”, la cual empezo a ges­tarse en 1916; reci­bio un “envion” impor­tante en 1947 y a estas altu­ras es tan “inde­cente” que acepta como “Pre­si­dente de la Nacion Argen­tina” a un ignoto Gober­na­dor de Pro­vin­cia con un 8 % de cau­dal elec­to­ral pro­pio, quien aplica sos­te­nido por sus “com­pin­ches”, el “clien­tismo” que lo man­tuvo en el poder pro­vin­cial por años, lla­man­dolo “modelo”.
    Mi “defi­ni­cion” y cer­teza, nace de un tramo de un discurso.…“NINGUNA COR­PO­RA­CION HARA NADA QUE ANULE SU RAZON DE SER”…; pro­nun­ciada en 1876 en la Camara de los Lores, Lon­dres.
    Un saludo apreciado.

  2. 2 Lic. Claudio Valdez

    Para la demo­cra­cia el voto siem­pre es impor­tante, razón demás si se trata de “voto nega­tivo” por­que expresa una cru­cial volun­tad: la de no nomi­nar a nin­gún candidato.

    Tre­menda deci­sión de renun­cia­miento ciu­da­dano, con segu­ri­dad fun­dada en des­con­fianza, falta de cre­di­bi­li­dad en la capa­ci­dad de rea­li­za­ción y hones­ti­dad de las pro­pues­tas, sus omi­sio­nes o la mera per­so­na­li­dad de los candidateados.

    Sin duda que esta volun­tad no debe ser con­cul­cada por el sis­tema que pre­tende ser cali­fi­cado como demo­cra­cia (gobierno de la volun­tad popu­lar). El modo en que debe inci­dir en los resul­ta­dos puede ser cues­tión de opi­nión, debate y nece­sa­rio acuerdo polí­tico, pero no compu­tarla como “voto válido” cons­ti­tuye otro modo de fraude: fraude preelectoral.

  3. 3 Gabriel Boragina

    Esti­ma­dos Víc­tor y Clau­dio:
    Muchí­si­mas gra­cias por vues­tras opi­nio­nes, las que com­parto y apre­cio.
    Cor­dia­les salu­dos.
    Gabriel

  4. 4 Dario

    Como siem­pre …claro y honesto.
    Res­cato espe­cial­mente los con­cep­tos sobre la con­tra­dic­ción del “voto obli­ga­to­rio”.
    Una incohe­ren­cia más del sis­tema que pre­sume de con­tem­plar las minorías.

    Que me dice de la gente que, como yo, piensa que la demo­cra­cia es el sis­tema más per­verso y con­tra­rio a la liber­tad que la huma­ni­dad a cono­cido en toda su his­to­ria.
    Fun­da­men­tar lo que afirmo deman­da­ría un extenso ensayo (tal vez lo haga… cuando tenga ganas).

    De cual­quier modo voy a opi­nar sobre esta cosa loca que lla­man democracia.

    Creo que la obli­ga­to­rie­dad del voto está deli­be­ra­da­mente impuesta para sos­te­ner el sis­tema que la gente rechaza por intui­ción y des­con­fía por experiencia.

    La obli­ga­to­rie­dad auto­riza a pen­sar que: los votos “en blanco”, “impug­na­dos deli­be­ra­da­mente” y los que como yo no asis­ti­mos a votar; suma­dos a los que votan “el menos malo para cum­plir”: suma­rian mayo­ría. Y según la for­mula de Don Bora­gina; los votos nega­ti­vos supe­ra­rían a los positivos.

    Para fina­li­zar; pro­pongo como, Don Bora­gina, un perfeccionamiento:

    Sor­tear con los boli­lle­ros de la Lote­ría Nacio­nal, los can­di­da­tos “auto-propuestos”.
    Con este sis­tema ten­dría­mos pro­ba­bi­li­dad de encon­trar hones­tos y bue­nos gober­nan­tes. Si así no fuera sería “mala suerte” y nadie ten­dría la culpa.

    Con el sis­tema actual la pro­ba­bi­li­dad de que el can­di­dato de cual­quier par­tido sea un hom­bre probo y capaz; es nula por dos motivos:

    a) De la orga­ni­za­ción par­ti­da­ria nada bueno puede salir. Cada pel­daño en la esca­lera de los par­ti­dos sig­ni­fica acep­tar la corrup­ción y asu­mir com­pro­mi­sos que luego deben pagarse (entre otras cosas).
    b) El pue­blo siem­pre se equi­voca; cuando acierta es por error.

    ¿Parece loco?.
    Estoy seguro que mi pro­puesta gana­ría en una encuesta y cer­ti­fi­ca­ría que tengo razón en el punto b.

  5. 5 Jaimito

    MUY BUENO EL ARTÍCULO. ES VER­DAD, EL VOTO NEGA­TIVO DEBE SER RES­PE­TADO COMO LOS VOTOS POSI­TI­VOS. EL VOTO NEGA­TIVO TIENE UN SIG­NI­FI­CADO QUE LOS POLÍ­TI­COS NO QUIE­REN VER. NO LES CON­VIENE QUE SE SEPAN NI LAS CAN­TI­DA­DES DE ESAS EXPRE­SIO­NES, POR ESO PROHI­BEN SU PUBLI­CA­CIÓN. ESTO NO ES DEMO­CRA­CIA NI ES NADA, ES UNA PARODIA.

  6. 6 Gabriel Boragina

    Gra­cias Darío y Jai­mito por vues­tras opi­nio­nes.
    Darío: intere­sante tu idea. Es para pen­sar. Pro­meto hacerlo.
    Salu­dos a los dos.
    Gabriel.

  7. 7 Dario

    Supongo que es un chiste !!!

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