La Tierra es plana

La gene­ra­li­dad de los que se han dedi­cado a estu­diar el aspecto jurí­dico del pro­ceso de reor­ga­ni­za­ción polí­tica del mundo coin­cide en que se está a mitad de camino entre el Dere­cho Inter­na­cio­nal y el Dere­cho Cons­ti­tu­cio­nal. Esto por­que la orga­ni­za­ción supra­na­cio­nal, que como ya hemos dicho no es un Estado, ejerce pode­res sobe­ra­nos sobre los miem­bros que la inte­gran. Esto, se puede encon­trar una apro­xi­ma­ción a la orga­ni­za­ción federal.

En cual­quier caso se aborda el tema desde dife­ren­tes ángu­los y si algu­nos insis­ten en “fede­ra­lismo fun­cio­nal” otros hablan de cons­truc­ción fede­ral sobre un plano par­ti­cu­lar, mien­tras otros nie­gan al Dere­cho la posi­bi­li­dad de cons­truir fór­mu­las polí­ti­cas refi­rién­dose al pro­ceso que des­cri­bi­mos como una sim­ple forma de coope­ra­ción administrativa.

La biblio­gra­fía sobre el tema es muy amplia. Lo que que­re­mos bre­ve­mente des­ta­car es que al mundo jurí­dico no se le ha esca­pado lo que sucede y que las pala­bras “supra­na­cio­nal”, “meta­na­cio­nal”, “cons­truc­ción fede­ral sobre un plano par­ti­cu­lar” y muchí­si­mas más van cons­tru­yendo todo el entra­mado jurí­dico que habrá de pre­si­dir el mundo nuevo que crece ante nues­tros ojos. La sepa­ra­ción purista entre polí­tica y Dere­cho que algu­nos auto­res esta­ble­cen carece de sen­tido. Para ello basta refe­rirse a los padres fun­da­do­res de los pri­me­ros inten­tos de uni­dad euro­pea, espe­cí­fi­ca­mente a Kon­rad Ade­nauer, que siem­pre fija­ron en lo supra­na­cio­nal un antí­doto con­tra los nacio­na­lis­mos, con­tra el con­cepto de sobe­ra­nía y con­tra el ego­tismo, enten­diendo esta última pala­bra “como un sen­ti­miento exa­ge­rado de la pro­pia per­so­na­li­dad”. Esto es, en la con­cep­ción ori­gi­nal de avance hacia lo supra­na­cio­nal había un ele­mento y un pro­pó­sito polí­tico claro deri­vado de las cau­sas que lle­va­ron al segundo gran con­flicto mun­dial. Si ese pro­pó­sito polí­tico no hubiese exis­tido obvia­mente no exis­ti­ría la dis­cu­sión jurí­dica sobre el marco legal para envol­ver lo que esta­mos viendo.

Admi­ta­mos que la dis­cu­sión bien puede con­ti­nuar en el campo de la epis­te­mo­lo­gía jurí­dica, pero siem­pre toda forma naciente debe par­tir del terri­to­rio de la onto­lo­gía, esto es, del campo de la filo­so­fía del Dere­cho. Las nue­vas for­mas de orga­ni­za­ción polí­tica requie­ren, cier­ta­mente, de un marco jurí­dico y ese marco se ha ido cons­tru­yendo para­le­la­mente a la mate­ria­li­za­ción de las for­mas polí­ti­cas. Las for­mas polí­ti­cas nacien­tes han impuesto la nece­si­dad del envol­to­rio jurí­dico. Bas­ta­ría, pienso, con hablar de Dere­cho Supra­na­cio­nal. O tal vez recu­rrir a una expre­sión del soció­logo e his­to­ria­dor de las Cien­cias Socia­les Imma­nuel Wallers­tein (“El moderno sis­tema mun­dial”), cono­cido por sus polé­mi­cas opi­nio­nes sobre el fin del capi­ta­lismo y tomarle pres­tada, de manera pro­vi­sio­nal, su frase de “inven­tar nue­vas for­mas de escri­bir la his­to­ria”. O, para mos­trar otra cara que, al fin y al cabo nos con­duce siem­pre al terri­to­rio de la ima­gi­na­ción crea­tiva como vía de com­pren­der al mundo nuevo, al super­op­ti­mista Tho­mas Fried­man y recor­dar con él que el mundo dejó de ser redondo (“La tie­rra es plana”)

Autor: Teódulo López Meléndez

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