Yo, o el Apocalipsis.

Las ambi­cio­nes hege­mó­ni­cas de Fidel Cas­tro situa­ron al mundo al borde de una con­fla­gra­ción nuclear en octu­bre de 1962.
Cuba se había colo­cado en el cen­tro de la Gue­rra Fría, no por pre­sión del gobierno de Washing­ton, sino por deci­sión del lide­razgo cubano.

La sub­ver­sión cas­trista se había exten­dido a toda Amé­rica y la crea­ción de orga­nis­mos como el ICAP, la cons­ti­tu­ción en la isla de cam­pa­men­tos gue­rri­lle­ros para extran­je­ros y el for­ta­le­ci­miento del ser­vi­cio exte­rior, fun­da­men­tal­mente con agen­tes de inte­li­gen­cia, daban fe de las inten­cio­nes del cas­trismo de pro­mo­ver e implan­tar en todo el hemis­fe­rio el pro­yecto polí­tico que se había impuesto en la isla.

Por su parte, Nikita Krus­chev, jefe del Krem­lin, deseoso de exten­der el comu­nismo a todo el orbe, vio en Fidel Cas­tro un aliado vital e inicio una polí­tica de sub­si­dios eco­nó­mi­cos para garan­ti­zar el res­paldo del dés­pota insu­lar en todos sus pla­nes de expan­sión.
Pero la sumi­sión de Cas­tro a Moscú, no fue como con­se­cuen­cia de la ayuda eco­nó­mica. El dic­ta­dor con­vir­tió a Cuba en una base de cohe­tes con capa­ci­dad nuclear y con­dujo al mundo al borde de una con­fla­gra­ción ató­mica, por­que rea­li­zaba el sueño supremo de un dic­ta­dor mesiá­nico, situarse en una posi­ción cimera de poder, a la vez que se con­ver­tía en la pesa­di­lla más ator­men­ta­dora de la Casa Blanca.

La falta de escrú­pu­los de Cas­tro y sus ambi­cio­nes, no cono­cían lími­tes. Había deci­dido por tal de ocu­par una posi­ción clave en la polí­tica mun­dial, sin con­sul­tarlo con el pue­blo, arries­garlo todo, inclu­yendo la sobre viven­cia de los habi­tan­tes de la isla.

Él fre­nesí des­truc­tivo del dic­ta­dor cubano llegó a tal paro­xismo que escri­bió Nikita Krus­chev, en el momento mas álgido de la crisis:

Si el segundo esce­na­rio es imple­men­tado y los impe­ria­lis­tas inva­den a Cuba con el obje­tivo de ocu­parla, el peli­gro que esa polí­tica agre­siva repre­senta para la huma­ni­dad es tan grande que tras tener lugar ese hecho la Unión Sovié­tica no debe nunca per­mi­tir cir­cuns­tan­cia alguna en que los impe­ria­lis­tas pue­dan ser los pri­me­ros en lan­zar un ata­que nuclear con­tra ella……Le mani­fiesto lo ante­rior por­que yo creo que la agre­si­vi­dad de los impe­ria­lis­tas es extre­ma­da­mente peli­grosa y que si ellos de hecho lle­van a cabo el acto bru­tal de inva­dir a Cuba en vio­la­ción de la ley y la moral inter­na­cio­nal, ese sería el momento para eli­mi­nar tal peli­gro de una vez y para siem­pre a tra­vés de un acto de legí­tima defensa, y aun­que se tra­ta­ría de una solu­ción dura y terri­ble no hay otra alternativa”.

El paci­fista Ernesto Gue­vara viajó al frente de una dele­ga­ción mili­tar por segunda vez a Moscú, tam­bién la inte­graba Emi­lio Ara­go­nés, para ini­ciar con­ver­sa­cio­nes sobre el esta­ble­ci­mien­tos de armas nuclea­res en Cuba. Pos­te­rior­mente visitó la URSS, Raúl Cas­tro quien dio los toques fina­les al acuerdo, por supuesto con la total anuen­cia de su her­mano Fidel.

Krus­chev y Cas­tro acor­da­ron, junto con sus res­pec­ti­vos jefes mili­ta­res y polí­ti­cos situar en Cuba vein­ti­cua­tro misi­les R-12 de alcance medio, que podían lle­gar hasta 1.690 kiló­me­tros, y die­ci­séis misi­les inter­me­dios R-14, con un alcance 3.380 kiló­me­tros. El plan esta­ble­cía des­pla­zar en la isla unos cua­renta y cua­tro mil efec­ti­vos mili­ta­res, varios miles de tra­ba­ja­do­res civi­les y una base naval sovié­tica para bar­cos de super­fi­cie y sub­ma­ri­nos capa­ces de por­tar misi­les nucleares.

En los momen­tos deter­mi­nan­tes de la cri­sis se esta­ble­ció, según varios infor­mes, que los sovié­ti­cos habían logrado lle­var a Cuba un total de 162 oji­vas nuclea­res, entre ellas cerca de 100 del tipo tác­tico. Pos­te­rior­mente han sur­gido ver­sio­nes de que las fuer­zas sovié­ti­cas usa­rían en prin­ci­pio las oji­vas tác­ti­cas en caso de que se pro­du­jera un des­em­barco esta­dou­ni­dense en la isla.

Esta­dos Uni­dos detecta las bases y misi­les entre los días 14 y 15 de octu­bre. El 22 el pre­si­dente John F. Ken­nedy se dirige a la nación y anun­cia la grave situa­ción que se enfrenta. Ordena un blo­queo naval a Cuba, el 27 una bate­ría de cohe­tes anti­aé­reos ope­rada por sovié­ti­cos, no por cuba­nos como gus­taba decir la mito­lo­gía cas­trista, derribó un avión U2, cau­sando la muerte de su piloto, Rudolph Anderson.

Se inició un duro pro­ceso de nego­cia­cio­nes. Fuer­tes ten­sio­nes, intere­ses nacio­na­les, egos per­so­na­les un coc­tel explo­sivo y peli­groso en el que el futuro de la huma­ni­dad estaba en juego.

Ken­nedy y Krus­chev, inde­pen­dien­te­mente de las valo­ra­cio­nes his­tó­ri­cas que merez­can cada uno, acor­da­ron con­cluir la cri­sis, sin embargo, Fidel Cas­tro en La Habana, insis­tió en la con­fron­ta­ción, acuso a Krus­chev de trai­dor, rechazo la ins­pec­ción de una dele­ga­ción de Nacio­nes Uni­das in sito.

En resu­men, hizo todo lo posi­ble por­que la cri­sis se pro­lon­gara, para que la des­con­fianza obli­gara a actuar a uno de los pro­ta­go­nis­tas. El que­ría el fin. El Apo­ca­lip­sis, si él dejaba de ser el árbi­tro de la humanidad.

Autor: Pedro Corzo

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Un comentario en “Yo, o el Apocalipsis.”  

  1. 1 laz

    real­mente lo que logro fue un pacto de inmu­ni­dad para el bar­budo tro­pi­cal hiciera lo que deseara. saludos

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