Atrasando El Reloj De La Historia

En el período que trans­cu­rre entre el Con­greso de Tucu­mán y la bata­lla de Case­ros, una de las figu­ras que sobre­sa­len en la his­to­ria argen­tina es, sin dudas, la de Juan Manuel de Rosas. Habiendo con­so­li­dado un cierto pres­ti­gio como estan­ciero y mili­tar, en 1829 la Legis­la­tura de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires lo nom­bra gober­na­dor, con­fi­rién­dole el título de “Res­tau­ra­dor de las Leyes” y las facul­ta­des extra­or­di­na­rias, que con­serva hasta el fin de su man­dato en 1832.

Luego de un lapso en el que se ocupa en per­se­guir a los indios y recu­pe­rar gran­des exten­sio­nes de tie­rras que luego son repar­ti­das entre parien­tes, ami­gos y cola­bo­ra­do­res, en 1835, aumen­tada aún más su influen­cia entre la pobla­ción urbana y rural, Rosas vuelve a asu­mir la gober­na­ción de la pro­vin­cia más pode­rosa, aun­que esta vez lo hace, no sola­mente con facul­ta­des extra­or­di­na­rias, sino con la suma del poder público.

Durante los 17 años en que se pro­longa su segundo gobierno, no hubo en el país nin­guna auto­ri­dad por sobre la suya. Con todo el poder polí­tico (hasta el de las rela­cio­nes exte­rio­res) y eco­nó­mico del terri­to­rio (en par­ti­cu­lar la aduana de Bue­nos Aires) en sus manos, Rosas se dedicó a cons­truir un régi­men des­pó­tico, en el que se per­si­guió impla­ca­ble­mente a la opo­si­ción y a la prensa no adicta, y se asfi­xia­ron las liber­ta­des indi­vi­dua­les, impo­nién­dose el culto irres­tricto a su persona.

Des­tro­nado por Urquiza en Case­ros (1852), Rosas huye a Ingla­te­rra donde pasa los últi­mos 25 años de su vida. El país, mien­tras tanto, retoma el camino de su orga­ni­za­ción y con­voca al Con­greso Cons­ti­tu­yente de Santa Fe, que nos lega en 1853 nues­tra Ley Fundamental.

A fin de sub­sa­nar los erro­res del pasado y para evi­tar que se repi­tie­ran en el futuro, los dipu­tados pro­vin­cia­les redac­tan el sabio artículo 29, que ha sobre­vi­vido intacto hasta nues­tros días, a pesar de los suce­si­vos cam­bios que ha expe­ri­men­tado la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal. En él se esta­blece que ni el Con­greso nacio­nal ni las Legis­la­tu­ras pro­vin­cia­les podrán con­fe­rir a ciu­da­dano alguno facul­ta­des extra­or­di­na­rias o la suma del poder público, so pena de ser con­si­de­ra­dos “infa­mes trai­do­res a la Patria”.

Ade­más, para impe­dir los males deri­va­dos de la eter­ni­za­ción en el poder, los cons­ti­tu­yen­tes de 1853 deter­mi­na­ron que “el pre­si­dente y vice­pre­si­dente duran en sus empleos el tér­mino de seis años; y no pue­den ser reele­gi­dos sino con inter­valo de un período”, recor­dando de esta forma, ade­más, la cali­dad de las fun­cio­nes que desem­pe­ñan los miem­bros del Ejecutivo.

Los pre­cep­tos cons­ti­tu­cio­na­les no se res­pe­ta­ron, pues el siglo XX ha sido tes­tigo de varias ins­tan­cias en que la Ley Fun­da­men­tal del país ha sido modi­fi­cada y hasta vio­lada. La ges­tión kir­ch­ne­rista no ha sido la excep­ción, ya que en 2008 el Con­greso de la Nación otorgó a la pri­mera man­da­ta­ria facul­ta­des espe­cia­les que le fue­ron reno­va­das al año siguiente, entre ellas las de ins­ti­tuir dere­chos de expor­ta­ción, facul­tad pri­va­tiva del poder legislativo.

Sin embargo, lo más lla­ma­tivo de esta regre­sión his­tó­rica es que el pasado 23 de octu­bre ha sido la pro­pia ciu­da­da­nía la que, a tra­vés de las urnas, ha con­fe­rido a Cris­tina Fer­nán­dez la suma del poder público.

Este atra­sar más de un siglo y medio el reloj de la his­to­ria –aun­que ahora se realice con visos de “legi­ti­mi­dad”– es tan peli­groso como des­co­no­cer una y otra vez el artículo 16 de nues­tra Carta Magna, que dis­pone que la ido­nei­dad es el único requi­sito para ocu­par car­gos públicos.

Esta norma no parece regir para los minis­tros del gabi­nete nacio­nal y mucho menos para el vice­pre­si­dente electo, Amado Bou­dou, que, a todas luces, ha sido selec­cio­nado para que por los pró­xi­mos cua­tro años el ili­mi­tado poder de la pre­si­dente no sufra recor­tes de nin­gún tipo –espe­cial­mente en el Con­greso–, como suce­dió en el pasado durante el man­dato de Julio Cobos.

Fuente: http://www.laargentinaqueyoquiero.blogspot.com/

Autor: © Raquel E. Consigli y
Horacio Martínez Paz

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Un comentario en “Atrasando El Reloj De La Historia”  

  1. 1 Julio Martín Méndez Peralta Ramos

    Adhiero total­mente lo expre­sado en esta nota. Espero que como dicen que la his­to­ria se repite, ojalá esta pesa­di­lla se acabe de una vez como ocu­rrió en 1852.

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