- May 2012
- April 2012
- March 2012
- February 2012
- January 2012
- December 2011
- November 2011
- October 2011
- September 2011
- August 2011
- July 2011
- June 2011
- May 2011
- April 2011
- March 2011
- December 2010
- June 2010
- May 2010
- April 2010
- March 2010
- February 2010
- January 2010
- December 2009
- November 2009
- October 2009
- September 2009
- August 2009
- July 2009
- June 2009
- May 2009
- April 2009
- March 2009
- February 2009
- January 2009
- December 2008
- November 2008
- October 2008
- September 2008
- August 2008
- July 2008
- June 2008
- May 2008
- April 2008
- March 2008
- February 2008
- January 2008
- December 2007
- November 2007
- October 2007
- September 2007
- August 2007
- July 2007
- June 2007
- May 2007
- April 2007
- March 2007
- February 2007
- January 2007
- December 2006
- November 2006
- October 2006
- September 2006
- August 2006
- July 2006
- June 2006
- May 2006
Linchar no es justicia
Si dudas, lo justo y decoroso es respetar la dignidad del individuo y sus derechos, mas allá de la conducta y depredaciones en las que pueda haber incurrido el sujeto.
La muerte de Muanmar Gadafi en mano de sus propios captores y los evidentes abusos de que fue objeto, se aprecian en los videos mostrados, merece el repudio de todos los que están a favor de respetar la dignidad humana.
No es equitativo demandar que se respeten los derechos y no hacerlo cuando se accede a la fuerza, y se está en capacidad de restablecer las prerrogativas que fueron conculcadas.
Las razias, persecuciones y asesinatos en masa son acciones propias de dictadores y no de quienes se les oponen. No se deben repetir los crímenes de los déspotas y sus esbirros, ni justificar los excesos, esgrimiendo los abusos en los que ellos incurrieron.
En una palabra, no debe haber licencia para un crimen, pero tampoco es apropiado responsabilizar del asesinato del dictador al Consejo Nacional de Transición Libio y en consecuencia, evaluar esa entidad como incapaz de conducir al país al establecimiento de un estado de derecho
Las severas críticas al Consejo Nacional de Transición no son objetivas porque mas allá de las condiciones morales que asistan a sus dirigentes, sería mucho más que un milagro que ellos logren imponer en unos pocos días, menos aun en plena guerra cuando fue muerto Kaddafi, su autoridad sobre facciones que a través los meses del conflicto demostraron en muchas ocasiones que el denominador común que los identificaba era el asesino asesinado.
Militares estadounidenses capturaron a Saddam Hussein y le respetaron la vida. Fue enjuiciado y ajusticiado después de un debido proceso, pero no se puede asegurar que eso mismo hubiera ocurrido si facciones iraquíes contrarias a Hussein lo hubieran capturado.
Numerosos analistas y representantes de organismos internacionales rechazan con sólidos argumentos el asesinato de Kaddafi y sus partidarios, que de victimarios pasaron a víctimas, porque al parecer consideran que las injusticias padecidas les facultaba convertirse en abusadores, lo que inicia una peligrosa espiral de violencia, porque el odio solo cosecha odio y la venganza genera nuevos vengadores.
Pero la conciencia de esta espiral de abusos debería alertar a la comunidad internacional a ser más responsable en sus relaciones con regímenes que violan sistemáticamente los derechos de sus ciudadanos.
Las personas con responsabilidades políticas, influencia internacional, junta a los organismos internacionales y gobiernos, deberían darse cuenta que la mejor manera para evitar crímenes, es que no haya asesinos en masa gobernando naciones.
Si los compromisos morales tuvieran más importancias en las relaciones entre los gobiernos que los intereses económicos o las conveniencias ideológicas, déspotas como fueron Saddam Hussein, Muanmar Kaddafi, o siguen siendo Mahmud Ahmadineyad, Bachar al Asad, Ali Abdullah Saleh, Hugo Chávez y los hermanos Castro, por no hacer esta lista demasiado larga, no estarían gobernando.
El asesinato de Gadafi está contra el derecho, pero cómo se sentirían los libios cuando leyeron en el informe del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas del año 2010 que decía en una de sus partes. ” En el diálogo interactivo formularon declaraciones 46 delegaciones. Varias de ellas encomiaron a la Jamahiriya Árabe Libia por la preparación y presentación de su informe nacional, y destacaron el amplio proceso de consultas con los interesados en la fase de preparación. Varias delegaciones asimismo observaron con satisfacción el compromiso del país de respetar los derechos humanos sobre el terreno”.
Un informe de Amnistía Internacional refiere que varios gobiernos europeos, entre ellos España, Alemania, Bélgica, Francia, Italia y Reino Unido, concedieron licencias de suministro de armas, munición y equipos al Gobierno de Gadafi a partir del año 2005. Entre ellas bombas de racimo. Otro importante suministrador de armas a Libia fue Rusia.
Occidente al parecer estuvo dispuesto a olvidar el atentado al avión de PanAm sobre Lockerbie, los otros atentados que auspicio, y el desarrollo de armas biológicas, químicas y nucleares por renunciar a esa gestión, pero los libios nunca pudieron olvidar los numerosos asesinatos que ordeno ni las personas ahorcadas en plazas públicas.
El primer paso para evitar el asesinato de un dictador, es impedir que detenten el poder. Si se estableciera un compromiso de no callar, denunciar y no bendecir a cambio de favores, los abusos de los déspotas, el mundo se vería libre del horror de que un grupo de ciudadanos se tome la justicia por su mano como ocurrió en Libia.
Autor: Pedro Corzo
Link Rss para esta publicación
Link permanente al articulo
Enviar a un amigo


















No hay comentarios en “Linchar no es justicia”
Porfavor espere...
Deje un comentario