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Reconciliación
El Columnista Invitado de Hoy: Pedro Corzo
Con frecuencia y satisfacción se escucha la palabra “reconciliación’’ y es que es fundamental el ejercicio de una relación armónica, de una unión de voluntades que pueda disipar o extinguir los motivos que causaron un conflicto.
Hay que tener presente que la reconciliación solo se produce como consecuencia de la ruptura de un acuerdo.
Pero siempre uno puede preguntarse ¿es posible una reconciliación real, un reencuentro sincero más allá de los hechos que causaron la pugna? ¿Pueden sinceramente, la víctima y el abusador tolerarse, trabajar juntos, construir un futuro juntos? ¿La víctima tendrá capacidad de perdón?, ( sin referencia a la comprensión u olvido) y en el victimario, ¿habrá desaparecido su inclinación al abuso, el desprecio a los derechos de su prójimo?
La víctima no responde a un patrón físico, pero sí de conducta y moral. Víctima puede ser cualquiera. Los derechos y la existencia misma de la víctima pueden ser anulados o extinguidos. Pero la víctima puede ser un vencedor moral, siempre y cuando su formación, su acción de vida, responda a patrones éticos y no circunstanciales.
Sin embargo, hay que tener presente que en toda sociedad de violencia política hay víctimas que se pueden calificar de condición activa. Los individuos que se oponen a la opresión de manera militante y recurren a la fuerza para lograr el cese de la opresión oficial. Estos individuos también pueden llegar a cometer crímenes, violar los derechos de sus victimarios. ¿Dejó este individuo de ser víctima por el hecho de su rebelión?.¿Su acción violatoria lo iguala con el victimario de oficio?.
El victimario al igual que su victima tampoco tiene señales que lo identifiquen. Su moral y conducta pueden estar integrados a una sociedad estable y confundirse con la víctima. Pero la condición de victimario emerge en cultivo favorable, en un medio que estimule su actuación. El victimario es un depredador y los límites de su depredación pueden ser ignorados por el mismo. El victimario puede actuar por su propia inclinación o responder a una institución o gobierno. El victimario oficial, el que medra en una sociedad sin derechos, disfruta de impunidad para sus crímenes. Una sociedad represiva incentiva a la organización de los ruines y al envilecimiento de la misma.
El victimario, como ente aislado en una sociedad de derecho, puede afectar al individuo o a una parte de la comunidad pero no al conjunto de ésta. El abuso institucionalizado, sistematizado, es el que crea la crisis y puede aterrorizar a una sociedad en su totalidad.
La reconciliación es una avenida de dos vías. Una voluntad de todas las partes. El torturador debe aceptar sus crímenes. El sectario admitir que persiguió, acosó y discriminó al que no pensaba y actuaba como él. La reconciliación no puede provenir solo de la víctima. No es un deseo unilateral del que fue sacrificado y que de nuevo, en virtud de su conciencia cívica, o por falta de memoria histórica, hace dejación de su derecho individual o colectivo a la justicia.
El victimario debe hacer conciencia de que sus crímenes estaban más allá de la idea misma que decía defender. Admitir sus excesos puede ser una garantía de que en el futuro no incurra en pasados abusos, aunque las circunstancias para ello le fueran favorables.
Por su parte la reconciliación trasciende los conceptos de victoria o derrota. En ella no hay espacio para vencedores o vencidos. La reconciliación es una avenencia ético-moral, un sincero acto de contrición en el que pueda fundamentarse la nueva sociedad si las víctimas y victimarios hacen dejación de sus rencores los primeros, y de sus crueldades los últimos.
Pero dentro del concepto de reconciliación, no tiene que estar implícita la impunidad. La ausencia de sanción puede producir en la victima sentimientos de frustración y la impunidad hacer más agresivo al criminal que no acepta su responsabilidad. El cuestionamiento de si una reconciliación debe implicar “punto final” a la historia criminal de los victimarios más destacados, es un factor que inquieta a cualquiera que medite sobre el tema.
La señalización del fin o la continuidad del proceso, es parte fundamental de la idea de la reconciliación. Una sociedad que no sancione el crimen se encuentra cimentada en la arbitrariedad y por lo tanto propensa a nuevas crisis sociales o políticas. El nuevo Estado de derecho debe fundamentarse en el conocimiento mas profundo del pasado y en la aplicación de sanciones contra los que violentaron los derechos del individuo.
Autor: Pedro Corzo
Periodista de Radio Martí
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Manuel Belgrano (uno de los fundadores de La Argentina) expresó: “Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza; es preciso contenerla y pedir a Dios que la destierre, porque de no, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad”.
El 20 de junio de 1820, conciente de los conflictos irresueltos, falleció en Buenos Aires exclamando ¡Ay, patria mía!. Los hispanoamericanos continuamos en el siglo XXI sin querer comprender.
Seguramente las circunstancias, no demasiadas lejanas, obligarán a entenderlo.