EL Culebrón

Es el nom­bre que dan en España a lo que noso­tros lla­ma­mos tele­tea­tros o tele­no­ve­las, aun­que en el caso argen­tino podría tra­tarse tam­bién de un “reality show” o tal vez de una come­dia dra­má­tica de múl­ti­ples enredos.

El argu­mento, que ya vivi­mos en los 70, se cen­tra en una rica viuda “doliente” que maneja una gran empresa (el país) y, mien­tras se pinta las uñas y ensaya dife­ren­tes mohi­nes frente al espejo recor­dando a su difunto y admi­rado esposo, se debate en inter­mi­na­bles tri­bu­la­cio­nes del tipo “ser o no-ser”, ya que los cor­te­sa­nos, como en toda la his­to­ria de la huma­ni­dad, luchan a brazo par­tido para obte­ner los favo­res de la doña, que no su cora­zón, y com­par­tir o adue­ñarse del poder.

La enlu­tada viuda, pro­ta­go­nista de la serie, no ter­mina de deci­dirse entre el can­di­dato joven y ale­gre o el más añoso y “seguro”. Las esce­nas, por demás repe­ti­das –por momen­tos melo­dra­má­ti­cas, otras pasionales-, impor­tan los con­sa­bi­dos e inter­mi­na­bles par­la­men­tos a los subor­di­na­dos e inclu­yen –llo­ri­queo va son­ri­sita viene-, a per­so­na­jes de todos los ran­gos socio-económcios, des­nu­dando la cruda reali­dad de la “casa” (el país) y el omi­noso futuro, en caso de que la mujer pode­rosa sufra algún percance.

Los pre­sun­tos “ami­gos” de la viuda (cré­dito interno y externo), entre­tanto, se man­tie­nen expec­tan­tes, aten­tos a sus pasos y pró­xi­mos a dar el salto, en caso de que hubiera alguna heren­cia por cobrar o bien mue­ble o inmue­ble que reclamar.

A los habi­tan­tes de la hacienda (el pue­blo del país) se los intenta man­te­ner en la igno­ran­cia de lo que real­mente sucede y, en caso de que alguno des­cu­bra el secreto de la viuda (sus monu­men­ta­les enga­ños), se lo soborna o se lo cas­tiga, a fin de doble­garlo por la plata o por la fuerza. Lo impor­tante es que los chis­mes sobre la cri­sis domés­tica no trasciendan.

En este cule­brón, que tiene pro­yec­ta­dos apa­sio­nan­tes capí­tu­los que se irán deve­lando durante los pró­xi­mos cua­tro años en todos los tele­vi­so­res del país (sean plas­mas o no), inter­ven­drán tam­bién los fami­lia­res direc­tos de la viuda: su hijo (el direc­tor y guio­nista), su hija y su cuñada (copro­ta­go­nis­tas) y un nutrido elenco de “estre­llas del sép­timo arte”, que nos deja­rán boquia­bier­tos y exte­nua­dos con sus bri­llan­tes actuaciones.

El insos­pe­chado final, que que­dará abierto para los suce­so­res de la indis­cu­tida pro­ta­go­nista de la tira, y que nadie se anima a ade­lan­tar, será la “bomba” que hará de esta tele­no­vela la más recor­dada en la his­to­ria de los cule­bro­nes nacionales

Adver­ten­cia: los per­so­na­jes y las situa­cio­nes des­crip­tos en este texto están toma­dos de la reali­dad y no son pro­ducto de fic­ción alguna.

Fuente: La Argentina Que Yo Quiero

Autor: Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz

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