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La Racionalidad De Los Pueblos
Los recientes fenómenos electorales de La Argentina y España confirmaron y rechazaron respectivamente a gobiernos de similares tendencias ideológicas, asentados en la perversión cultural, inmoralidad política y despropósitos económicos. Estos regímenes, en el colmo de la hipocresía, pretenden ser reconocidos como generadores de progreso y de superadores “modelos” por sus demagógicas tolerancias al bandidaje de la llamada “protesta social” en instancias de crisis global, gobiernos fallidos y Estados inviables. Omiten que si hubiesen desempeñado el poder político con eficiencia y apego constitucional, los problemas por “cuestiones sociales” no hubiesen escalado a la categoría de conflicto y hasta con capacidad habrían sido solucionados.
Podría creerse que los éxitos electorales de los “progresistas” en La Argentina y de los “conservadores” en España, se ajustan a los aciertos y desaciertos de los gobiernos en cuestión. En verdad ni siquiera los “sueños ideológicos” compartidos, las avideces de mercaderes y las estafas a la fe pública fueron causa de las decisiones del electorado, como es sabido que tampoco en anteriores oportunidades importaron. Una inmediata apreciación demuestra que los electores por mayoría respondieron en forma intuitiva según “ensayo-error” (conducta psíquica compensatoria a la falta de conocimientos precisos). En ambos casos se impuso el típico comportamiento “de masas”, sin otra atención que la inmediatez, ignorándose la lógica de cualquier proyecto e incluso la validez de las promesas esbozadas, prefiriéndose la aceptación ingenua o cómplice hasta de burdas mentiras. Orientaciones políticas, fundamentos económicos y valoraciones culturales fueron reemplazadas por inciertas expectativas de mejoramiento material, quedando en evidencia las tribulaciones de la gente por la creciente miseria, la expansión de la pobreza y el temor a sostenidas y renovadas crisis.
Con mayoría de ciudadanos timoratos, corruptibles y habituados al asistencialismo de oportunidad, los gobernantes disponen de dóciles voluntades mientras puedan distribuir prebendas, “regalos” y cebos. El peligro de “las fieras” (las masas no califican de otro modo) es que son implacables cuando se acaban los cebos. Aún las “fieras domadas” que son “asistidas por el hombre”, si pueden, sacian su apetito hasta “alimentándose del hombre”: la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las actuales “primavera árabe” y crisis europea son válidas demostraciones de sus brutales requerimientos.
Aquello de que “los pueblos avanzan con sus dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes” pareciera ser confirmado fenómeno. Precisamente esta es la disposición de las masas: avanzar, marchando aunque sea sin saber hacia donde y la más de las veces ignorando “para qué”.
Suelen perseguir ilusiones, por cierto irrealizables, empleando tiempo, espacio y esfuerzos vitales desmesurados movidos por exagerada emocionalidad, siempre ineficaz para permitir acertados logros. Las crisis y tragedias consecuentes obligan a recomenzar el derrotero por “la supervivencia” (suprema racionalidad de los pueblos, que no tiene garantía de éxito): son muchas las civilizaciones y culturas que desaparecieron del planeta dejando solo “testigos mudos” de su existencia, que con empeño los arqueólogos intentan expresar.
A modo de conclusión vale que la inteligencia y responsabilidad de los gobernantes es causa y garantía de posibilidad, radicando en ellas la concreta supervivencia de los pueblos. Pareciera que ciudadanos sensatos de “un lejano país” entendieron que es tiempo de “barajar y dar de nuevo” en busca de una fortuna que viene manifestándose esquiva. Así, desde siempre, algunos pueblos del mundo supieron orientar su marcha hacia un posible más venturoso porvenir, en tanto la miseria moral y material de muchos otros los condena a consentidas futuras formas de esclavitud.
Domingo Faustino Sarmiento (1811–1888) quien fuera Presidente de la Nación Argentina y multifacético intelectual supo comprender: “Los pueblos no tienen un carácter activo en los sucesos. Sufren, pagan y esperan”.
¡Los argentinos continúan esperando!.
Autor: Lic. Claudio Valdez
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