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Preguntas Sobre Pearl Harbor
Dentro de dos días se cumplirán 115 años de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales en Punta Brava y me sentía con deseos de desarrollar un trabajo sobre esa fecha luctuosa. Sin embargo, ese tema lo he tratado extensamente en ocasiones anteriores.
También sucede que en la misma fecha se cumplirán 70 años de la operación aeronaval japonesa contra la base norteamericana de Pearl Harbor, al sur de Honolulu en la isla de Oahu, Archipiélago de Hawaii. De ese ataque que forzara la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, históricamente existe todavía mucha “tela por donde cortar”. Sin entrar en detalles minuciosos que necesitarían mucho más espacio que los límites de este artículo, trataré de cubrir brevemente dos interrogantes que a mi juicio se han contestado adecuadamente durante estos casi tres cuartos de siglo.
La primera tenía implicaciones políticas y conspirativas. Aunque es un hecho indisputado que los servicios de criptografía de la Armada norteamericana bajo los auspicios del genial Comandante Joseph J. Rochefort lograran descifrar el código japonés, este logro no resultó en ventaja hasta 1942, poco antes de la batalla de Midway, contribuyendo a la decisiva victoria norteamericana en esa acción y haciendo posible más tarde la localización y muerte del Almirante Yamamoto, operación que cubrí hace años en otro artículo.
No existe la menor evidencia de que en diciembre de 1941 el secreto ya hubiera sido enteramente resuelto por Rochefort y sus subalternos en el sótano del edificio de la administración del Distrito 14 de la Marina Norteamericana en Pearl Harbor, al que Rochefort llamaba “la mazmorra”. Aún en el remotísimo caso de haberlo sido, dadas las características inmutables de la burocracia oficial, no existe la menor posibilidad de que estos datos hubieran estado ya al alcance del Presidente Roosevelt en diciembre del 41.
De joven, un servidor de los lectores se impresionó con el libro “Feu du ciel” (Fuego del cielo) escrito por Pierre Closterman, un político francés seguidor de DeGaulle que fuera as de la “Royal Air Force” durante la Segunda Guerra Mundial, habiendo derribado entre treinta y cuarenta aviones enemigos en la famosa “Batalla de Inglaterra”. De acuerdo a Closterman, Roosevelt sabía no solamente que Estados Unidos sería atacado por Japón, sino cómo y cuándo y que esto se reflejaría en la laxitud y absurda disposición de fuerzas del Almirante Kimmel, comandante en jefe de la flota norteamericana del Pacífico y del General Short, a cargo de todas las fuerzas terrestres y aéreas del Ejército Norteamericano en Hawaii de 1941.
Pamplinas. Desde que aprendí algo sobre como funciona la política doméstica de los Estados Unidos, Frankin D. Roosevelt no ha sido santo de mi devoción. Sin embargo, eso no me hace comulgar con ruedas de molino, ni prestar ridícula atención a charlatanes.
Hay otra pregunta que sí tiene verdadera importancia histórica. Cuando juzgamos las acciones por los resultados, es preciso llegar a la conclusión de que el ataque a Pearl Harbor, desde el punto de vista estratégico, fue un solemne fracaso. Es cierto que las dos incursiones de bombarderos y torpederos hicieron estragos fatales en “battleship row” en la Isla de Ford y que la operación resutó en una total sorpresa a un costo mínimo en pérdidas niponas. También fue un notable éxito de sicología y propaganda para las siguientes ofensivas del “Sol Naciente”, no sólo contra los norteamericanos en las Filipinas, sino contra los británicos en Malasia y los holandeses en el archipiélago de Indonesia. Se había establecido el mito de la superioridad de las armas del emperador sobre el enemigo euroamericano.
Sin embargo, los múltiples tanques de combustible de Pearl, vitales a las futuras operaciones norteamericanas en el Pacífico, quedaron virtualmente intactos y otro tanto podemos afirmar sobre sus eficientes instalaciones para reacondicionamiento y reparación de unidades navales. Los portaaviones del Tío Samuel, uno de los objetivos más codiciados del jefe de la flota japonesa en esa acción, Vice Almirante Chuichi Nagumo, ese día estaban fuera de Oahu, fracaso tremendo de la inteligencia nipona.
De acuerdo a la película de Hollywood “Tora, Tora, Tora”, pretenso docudrama sobre los acontecimientos de Pearl Harbor y Washington en diciembre de 1941, el Comandante Mitsuo Fuchida, líder del primer grupo atacante y una de los principales actores en el drama de Pearl Harbor, discutió con sus superiores la necesidad de un tercer ataque. Esto ha sido enfáticamente negado por el entonces jefe de Fuchida, Comandante Minouru Genda. Genda fue el piloto más notable en las fuerzas armadas del Japón antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Sobreviviendo la guerra, Genda se convertiría en jefe de la Fuerza Aérea japonesa al resurgir ésta en 1955.
Cuando Fuchida fuera interrogado por oficiales norteamericanos en octubre de 1945, el líder del primer ataque en Pearl Harbor no mencionó nada sobre su supuesta demanda por una misión adicional para destruir los tanques de combustible y demás instalaciones del puerto. Por el contrario, en esa oportunidad Fuchida declaró que el hundimiento de cuatro acorazados marcó el éxito de la misión, tal como lo concibieran anticipadamente los mentores de Nagumo, Yamamoto incluído.
A diferencia del teatro de guerra europeo, donde los acorazados se usaron con dudosa efectividad en bombardeos previos al establecimiento de cinco cabezas de playa en Normandía, unidades similares a las hundidas en Pearl Harbor de nada sirvieron a los objetivos bélicos del Pacífico, salvo el Acorazado Missouri que en la bahía de Tokio aceptara la incondicional rendición japonesa.
Fuente: Hugo J. Byrne
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