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CLETO
No despectivo, sino cariñoso, éste fue el sobrenombre del último vicepresidente argentino, el mendocino Julio César Cleto Cobos. En 2008, al primer toro que ingresó en la exposición de la Sociedad Rural Argentina, en Palermo, se lo bautizó “Cleto”, como muestra de agradecimiento de la gente del campo a ese presidente nato del Senado que emitió su voto “no positivo” a la circular 125. Dicho proyecto era un engendro confiscatorio de los ingresos agropecuarios, inventado por Néstor Kirchner ante la necesidad de “caja”; contrariarlo le costó al ingeniero Cobos ser considerado el enemigo número uno del gobierno.
Tal vez lo que más molestó a la soberbia kirchnerista fue la negativa del ex presidente a convalidar con su voto lo que consideraba incorrecto. A partir de ese momento se habló del vicepresidente, figura hasta entonces casi ignorada por la ciudadanía, como de un “doble traidor”. Por un lado, el partido Radical lo había expulsado de sus filas por aceptar integrar la dupla electoral con Cristina Fernández, es decir, por aliarse con el archienemigo partido Peronista. Por otro, los kirchneristas decidieron que tener convicciones –y por ende opiniones propias− violaba el “pacto” supuestamente acordado al integrar la fórmula presidencial con un extrapartidario.
Lo cierto es que Cleto nos ha dado a los argentinos una lección de señorío y buenos modales, aunque muchos lectores de esta columna puedan no estar de acuerdo. Con su aire tranquilo y conciliador y su permanente media sonrisa, el ex vicepresidente no se inmutó ante la catarata de críticas recibidas por parte de todos los sectores políticos desde aquel fatídico día de julio de 2008. Tampoco contestó agravios ni se rebajó a insultar a ningún compatriota, como lo hizo con él el ex terrorista Horacio Verbitsky.
Finalmente, se fue en silencio, sin estridencias, como los grandes. Habiendo cumplido el mandato que le otorgaron los votantes, y entendiendo que la política es un servicio a la comunidad y una obligación de respeto a la ciudadanía, estuvo al lado de la presidente en el acto de re-asunción de la misma, el pasado 10 de diciembre, a pesar de los desplantes que le propinó la señora y de los improperios que le dedicara el grupo de La Cámpora, llevado al Congreso ex profeso para humillarlo.
Su trayectoria será recordada por su hidalguía, equilibrio y espíritu de concertación, diametralmente opuesto al ánimo de crispación, enfrentamiento y mezquindad, que ha caracterizado a la gestión kirchnerista en los últimos ocho años.
Fuente: www. laargentinaqueyoquiero. blogspot.com
Autor: © Raquel E. Consigli y Horacio Martínez Paz
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