La suma del poder

El Colum­nista Invi­tado de hoy: Mar­celo Ostria  Trigo

En 1835, el gene­ral argen­tino Juan Manuel de Rosas fue inves­tido con la suma del poder polí­tico que le fuera otor­gado por la legis­la­tura. Esto incluía la facul­tad irres­tricta de ejer­cer los tres pode­res del Estado –según se dijo– para “con­ser­var, defen­der y pro­te­ger la reli­gión cató­lica” y para “sos­te­ner la causa nacio­nal de la fede­ra­ción”. Lo curioso es que ese poder fue rati­fi­cado en comi­cios popu­la­res, con 9.713 votos a favor y siete en con­tra, con­so­li­dando en el mando de la nación al que iba a ser uno de los tira­nos más temi­dos en His­pa­noa­mé­rica, hasta su caída en 1852.

La suma del poder polí­tico, que se con­cen­tra en una per­sona, aún está vigente. Con fre­cuen­cia esto se esconde tras cir­cuns­tan­cia­les mayo­rías y con leyes que con­sa­gran esta ano­ma­lía de la demo­cra­cia. Desde Rosas en Argen­tina y Mel­ga­rejo en Boli­via, los tiem­pos han cam­biado, pero no los méto­dos. Se sigue jus­ti­fi­cando la suma del poder–hay que repe­tirlo– por un supuesto con­senso ciu­da­dano que acepta el some­ti­miento del pue­blo a la volun­tad capri­chosa del cau­di­llo. Y así, nace otra figura exe­cra­ble: la del culto a la per­so­na­li­dad, la del ‘jefe’, atri­bu­yén­dole todas las vir­tu­des y jus­ti­fi­cando todos sus yerros.

Pero muchos somos impe­ni­ten­tes opti­mis­tas y auda­ces en el empeño de que vuelva la sen­sa­tez. Cree­mos que, pasa­das las fies­tas de fin de año, que siem­pre des­pier­tan espe­ran­zas, llega el tiempo pro­pi­cio para la refle­xión y para actuar con rea­lismo. Los bue­nos deseos que com­par­ti­mos requie­ren, para que se cum­plan, de con­di­cio­nes favo­ra­bles y de un pro­pó­sito de enmienda.

Que se pro­duzca esa rec­ti­fi­ca­ción depende de la con­ducta que sigan en ade­lante los que ahora tie­nen en sus manos ese amplio poder de deci­sión, es decir, una reno­vada suma del poder polí­tico a tra­vés de una sólida mayo­ría ofi­cial en el Par­la­mento, de la pau­la­tina cap­tura de las gober­na­cio­nes, del pre­do­mi­nio abru­ma­dor en los orga­nis­mos de con­trol público, de la subor­di­na­ción total de los orga­nis­mos arma­dos y, final­mente, de una pecu­liar admi­nis­tra­ción de jus­ti­cia recién con­for­mada. Estos son los ele­men­tos de esa suma del poder.

Habrá que tomar con­cien­cia de lo errada que es la jus­ti­fi­ca­ción de que el mando polí­tico irres­tricto es indis­pen­sa­ble para trans­for­mar las estruc­tu­ras del Estado; que, sin el poder omní­modo, corre­ría ries­gos el manido ‘pro­ceso de cam­bio’ para lle­var ade­lante una curiosa revo­lu­ción lla­mada cul­tu­ral; que la tor­peza y arbi­tra­rie­dad son parte de un plan de ‘des­co­lo­ni­za­ción’ que, en reali­dad, solo nos está ais­lando de la socie­dad inter­na­cio­nal que –quié­rase o no– está glo­ba­li­zada; que todo esto nos está lle­vando a tomar par­tido en favor de dic­ta­du­ras teo­crá­ti­cas, como la de los aya­to­lás ira­níes, y de las otras que están urdiendo eter­ni­zarse en el poder, y que ya han con­se­guido, como Hugo Chá­vez, esa omi­nosa suma del poder que se empeña en reeditar.

No son muchas las medi­das para devol­ver la sen­sa­tez y la con­fianza: el aban­dono de la sober­bia que se mani­fiesta en la impo­si­ción y dejar la creen­cia de que quie­nes seña­lan erro­res y pro­po­nen cami­nos polí­ti­cos dis­tin­tos son enemi­gos del pue­blo. Es más: hay que acep­tar que el poder eterno es una qui­mera y que “la alter­nan­cia fecunda el suelo de la demo­cra­cia”, ya que ésta –la demo­cra­cia– “es el peor sis­tema de gobierno dise­ñado por el hom­bre, excepto todos los demás” (Wins­ton L. S. Churchill).

Si se com­pren­diera parte de lo que se requiere para ase­gu­rar a liber­tad, no habría más ‘ilu­mi­na­dos’ y el futuro sería prometedor.

Pero, ¿no será todo esto pedir peras al olmo?

Autor: Marcelo Ostria Trigo

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4 Comentarios en “La suma del poder”  

  1. 1 JOAQUIN

    NO SE PUEDE juz­gar el pasado con men­ta­li­dad del pre­sente. Rosas advir­tió que para impo­ner orden en el país, comen­zando por Bue­nos Aires, des­pués de los des­a­gui­sa­dos come­ti­dos por la incom­pe­tente ges­tión riva­da­viana y la revuelta decem­brina con el imper­do­na­ble fusi­la­miento de Dorrego, había que apli­car “mano dura” y tener ple­nos pode­res. Por eso no sólo exi­gió el voto uná­nime de la Legis­la­tura sino tam­bién el de la ciu­da­da­nía. Sin duda que el Res­tau­ra­dor con­si­guió su pro­pó­sito, lo cual está demos­trado el hecho de que a su caída se pudo plas­mar la orga­ni­za­ción nacio­nal con la Cons­ti­tu­ción alber­diana, aun­que es nece­sa­rio reco­no­cer y recor­dar que las gue­rra civi­les se exten­die­ron como por treinta años más. Los detrac­to­res de Rosas sue­len olvi­darse de que el gene­ral San Mar­tín le legó su sable en el punto ter­cero de su tes­ta­mento. Por algo habrá sido. Con res­pecto a la frase de Chur­chill sobre la demo­cra­cia, frase muy repe­tida últi­ma­mente, les diré, mis que­ri­dos “fili­pi­po­nes” (como decía Pepe Arias en sus monó­lo­gos), que el mismo Chur­chill, en 1938, antes de comen­zar la gue­rra, tam­bién se “mandó” una ala­banza para Hitler, diciendo, pala­bras más o menos, que “ojalá Ingla­te­rra, en un momento de cri­sis, tuviera un líder como Adolfo Hitler”. Esta frase está men­cio­nada en la pelí­cula “El jui­cio de Nurem­berg” y la pro­nun­cia el defen­sor de los magis­tra­dos ale­ma­nes some­ti­dos a jui­cio, pro­ta­go­ni­zado, dicho defen­sor, por al actor Maxi­mi­lian Schell.

  2. 2 walter maida

    Qué las­tima que este escri­tor boli­viano no sea fiel a la his­to­ria argen­tina, sería más pru­dente si –como ase­sor pre­si­den­cial del país her­mano– dijera o comen­tara la his­to­ria de su país, las rela­cio­nes exte­rio­res de Evo Mora­les, el apoyo a la pro­duc­ción de cacaína y el falaz intento de seme­jar la cocaína a la leche, por su supues­tos bene­fi­cios nutri­ti­vos. sin dejar, claro está de expli­car la his­to­ria polí­tica de los Ban­zer, Paz Estens­soro y tan­tos dic­ta­do­res que tuvo Boli­via como pri­me­ros man­da­ta­rios.
    Por­que con­ven­ga­mos que su par­cial mirada sobre uno de los más gran­des defen­so­res del fede­ra­lismo (aun­que sur­gido de los terra­te­nien­tes bonae­ren­ses) Rosas ha sido un líder natu­ral y con mucho más coraje que los ase­si­nos y entre­ga­do­res del Ché Gue­vara (gue­rri­lero que no res­peto como lucha­dor social), los per­ma­nen­tes ata­ques a las etnias boli­via­nas, las matan­zas de indí­ge­nas, y la locura del actual pre­si­dente boli­viano, genu­flexo ante Chá­vez y pre­ten­dido “pala­dín” de la lucha reivin­di­ca­to­ria de sus pue­blos ori­gi­na­les; pero apren­diz de dic­ta­dor, iluso útil de las locu­ras del expro­pia­dor que ase­sina todos los días a Simón Bolí­var, por­que en su nom­bre ha ses­gado la liber­tad de expre­sión, se alía con el régi­men iraní: fac­to­ría de gue­rri­lle­ros y res­pon­sa­ble pre­sunto de la vola­dura de la Amia en Argen­tina. Como se apre­cia, con cuánta lige­reza le con­viene hablar de Rosas, sin res­pe­tar lo his­tó­ri­ca­mente com­pro­bado. Todo, igno­rando que San Mar­tín, quien lide­rara la gesta eman­ci­pa­dora de Amé­rica, le legara su sable corvo, jus­ta­mente por­que, a raíz de la suma del poder público, supo defen­der y derro­tar las aspi­ra­cio­nes impe­ria­lista de fran­ce­ses e ingle­ses. Sr. Trigo qué fér­til sería su tra­bajo si –al menos– reco­rriera el Archivo Gene­ral de la Nación (en Argen­tina, claro está). Aguardo pues, que un día su pluma se afi­nase en des­cri­bir la heroica con­ducta patria de los Dorrego, Rosas, y tan­tos cau­di­llos que con­tri­bu­ye­ron a la crea­ción de una Nación que hoy –mer­ced a este gobierno– sojuzga al pue­blo, y en eso, her­mando con sus com­pa­trio­tas, quie­nes huyen de su país a bus­car hori­zon­tes de tra­bajo y paz, que la pro­pia La Paz le niega. Gra­cias por per­mi­tirme disen­tir, sin espe­rar ser aca­llado como lo haría el “maes­tro” Cha­vez, junto al silen­cio de Evo Morales.

  3. 3 Santiago Antonio Grimalt Gómez

    Libro LA CALUM­NIA
    SAN­TIAGO ANTO­NIO GRI­MALT GÓMEZ
    TOMO I (extracto, prohi­bida su repro­duc­ción total y/o par­cial)
    Impreso en Argen­tina — Prin­ted in Argen­tina
    ISBN: 978–987-05–4245-2
    Fecha de cata­lo­ga­ción: 17/04/2008

    NUES­TRO ESPEJO
    INTRO­DUC­CIÓN
    Para­fra­seando a Sebas­tián Haff­ner.
    Haff­ner (1907–1999) un ber­li­nés que huyendo de los nazis, pues se reco­no­cía víc­tima de ellos, se exi­lió en Ingla­te­rra en 1938. A su muerte, entre sus docu­men­tos fue­ron halla­dos unos apun­tes des­co­no­ci­dos con­clui­dos en 1939. Des­pués de sesenta años de ano­ni­mato fue edi­tado por la edi­to­rial Des­tino, Bar­ce­lona, 2001 con el título His­to­ria de un ale­mán, memo­rias 1914–1939. Esta des­ta­cada obra de Haff­ner, en poco tiempo se trans­formó en manual indis­pen­sa­ble para enten­der el com­por­ta­miento escla­vista que poco a poco se apo­dera de una Repú­blica, que por último se somete sin volun­tad pro­pia, acep­tando con total con­des­cen­den­cia una dic­ta­dura que la tira­niza.
    A esta con­ducta masiva la llamo irra­cio­na­li­dad colec­tiva.
    “La his­to­ria que va a ser rela­tada a con­ti­nua­ción –con estas pala­bras aborda Haff­ner el pri­mer capí­tulo– versa sobre una espe­cie de duelo. Se trata del duelo entre dos con­trin­can­tes muy desigua­les: un Estado tre­men­da­mente pode­roso, fuerte y des­pia­dado, y un indi­vi­duo par­ti­cu­lar, (nues­tro espejo) pequeño, anó­nimo y des­co­no­cido. Este duelo no se desa­rro­lla en el campo de lo que común­mente se con­si­dera la polí­tica; el par­ti­cu­lar no es, en modo alguno,
    un polí­tico ni mucho menos un cons­pi­ra­dor o un “enemigo público”. Está en todo momento a la defen­siva. No pre­tende más que sal­va­guar­dar aque­llo que, mal que bien, con­si­dera su pro­pia per­so­na­li­dad, su pro­pia vida y su honor per­so­nal. Todo ello es ata­cado sin cesar por el Estado en que vive y con el que lidia nues­tro par­ti­cu­lar, por medio de medios bru­ta­les, si bien
    algo torpes”.

    Denun­ciando cómo los nazis afian­za­dos, sin opo­si­ción, al asu­mir todas las áreas
    y due­ños abso­lu­tos hasta de las men­tes ale­ma­nas, Haf­ner ins­cri­bió: “La situa­ción de los ale­ma­nes no nazis, durante el verano de 1933, fue cier­ta­mente una de las más difí­ci­les en las que se pueda encon­trar un ser humano: un estado de some­ti­miento total. Todos los baluar­tes ins­ti­tu­cio­na­les habían caído; era impo­si­ble ya cual­quier tipo de resis­ten­cia colec­tiva y la opo­si­ción indi­vi­dual era una espe­cie de sui­ci­dio. Los nazis nos tenían com­ple­ta­mente en sus manos. Y, al mismo tiempo, todos los días nos ins­ta­ban no ya a ren­dir­nos, sino a pasar­nos al bando con­tra­rio. Bas­taba un ligero pacto con el dia­blo para dejar de
    per­te­ne­cer al bando de los pri­sio­ne­ros y per­se­gui­dos y pasar a for­mar parte
    del grupo de los ven­ce­do­res y per­se­gui­do­res”.
    Los ale­ma­nes apren­die­ron la grave lec­ción y rec­ti­fi­ca­ron su rumbo.
    Noso­tros, la ciu­da­da­nía argen­tina ¿cómo nos hemos com­por­tado, frente a nues­tros suce­si­vos dema­go­gos de turno?
    Des­co­no­ci­mos total­mente la expe­rien­cia y en base a la repe­ti­ción de las mis­mas
    men­ti­ras, se las ha acep­tado como ver­da­des abso­lu­tas y bajo ese manto del
    pre­ten­dido olvido colec­tivo, que­re­mos repe­tir la gra­ve­dad en que nos encon­trá­ba­mos a media­dos de 1955.
    Quie­ren repe­tirla, por­que sería exce­lente para los sub­yu­ga­dos que esas fala­cias
    se con­vir­tie­ran en ver­da­des.
    Vale decir la cul­tura de la escla­vi­tud con­ver­tida en socie­dad libre
    —¿Por qué ese espí­ritu pro­clive a la escla­vi­tud sub­yuga y acom­paña hasta hoy,
    a tan­tos de mis con­ciu­da­da­nos, trans­for­ma­dos y lis­tos para ser uti­li­za­dos por
    el futuro sal­va­dor cacique?

  4. 4 Eduardo Palacios Molina

    Toda­vía el pue­blo argen­tino no ha podido ver los fru­tos de la demo­cra­cia. Esta­mos lla­mando demo­cra­cia los gobier­nos civi­les, que son ava­sa­lla­do­res o tal vez menos en algu­nos casos que los gobier­nos mili­ta­res. A don Juan Manuel de Rozas los comer­cian­tes de Bue­nos Ayres lo vota­ron, por­que se reque­ría un orden que per­mi­tiera comer­ciar y com­ba­tir el ban­di­daje. Carente de auto­ri­dad la época reque­ría de un gobierno fuerte​.Se come­tie­ron dema­sia­das injus­ti­cias durante su man­dato y ase­si­na­tos de argen­ti­nos ilus­tres que pudie­ron evi­tarse. La dis­cre­cio­na­li­dad de la mazorca y el régi­men de terror, fue­ron una señal de bar​ba​rie​.La excusa de defen­der al cato­li­cismo y de impo­ner sus cin­tas rojas a quie­nes la mazorca se le anto­jara, asi como dego­llar a los que estu­vie­ran más a mano, nada tiene que ver con la defensa del catolicismo.Imponer su ima­gen en los alta­res de las Igle­sias fue un acto blas­femo. Dejar que sus adu­lo­nes hicie­ran de caba­llos para tirar de su carroza, un acto bochor­noso. Es muy cierto que los par­ti­da­rios de la san­grienta Revo­lu­ción Fran­cesa y de sus inmo­ra­les filó­so­fos, eran vio­len­tos, y tam­poco crea­ban un clima de paz y de res­peto a la fe cató­lica. José Manuel Estrada, pro­fe­sor, cató­lico mili­tante mani­festó su más apa­sio­nado anatema a Rozas. cuando tuvo que hablar como Rec­tor del Cole­gio Nacio­nal Cen­tral de Bue­nos Aires advir­tiendo su mons­truo­si­dad.
    No fue el defen­sor de la sobe­ra­nía nacio­nal. No debe­mos olvi­dar que murió en el Reino Unido que lo cobijó y le brindó su pro­tec­cion, cuando este ya se había apo­de­rado de las Islas Mal­vi­nas. San Mar­tín , lo hizo en Fran­cia. La oferta del sable corvo, fue una señal que San Mar­tín no que­ría ensu­ciar su sable con la san­gre de argen­ti­nos y un gesto de repu­dio a la gue­rra civil que se había decla­rado en las Pro­vin­cias Uni­das del Río de la Plata, de ahí que el Liber­ta­dor no quizo des­em­bar­car de la nave en que lo había traido de España.

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