La tentación de las soluciones mágicas
Reforma del sistema monetario mundial:
¿Utopía o falso debate?

El Colum­nista Invi­tado de Hoy: Pablo López Herrera

“El sabio sabe que ignora.”

Con­fu­cio

¿Una pro­puesta oportuna?

El 24 de octu­bre de 2011 la Pon­ti­fi­cia Comi­sión “Jus­ti­tia et Pax”, publica la Nota: “Por una reforma del sis­tema finan­ciero y mone­ta­rio inter­na­cio­nal en la pers­pec­tiva de una auto­ri­dad pública con com­pe­ten­cia uni­ver­sal” y brinda una con­fe­ren­cia de prensa para la pre­sen­ta­ción de la Nota.

I

La Comi­sión no es muy anti­gua. Fue ins­ti­tuida en 1967 por el Papa Pablo VI y tuvo su man­dato defi­ni­tivo en diciem­bre de 1976.

II

El docu­mento de Jus­ti­cia y Paz ha resul­tado muy opor­tuno para obli­gar al lai­cado a inte­rro­garse sobre los pro­ble­mas de la inte­gra­ción eco­nó­mica glo­bal y a for­marse en la Doc­trina Social de la Igle­sia. En cuanto a la reforma, vivi­mos una época en Europa, en la que el intento de uni­fi­ca­ción a una escala menor está siendo puesto a dura prueba, y los resul­ta­dos obte­ni­dos mues­tran las difi­cul­ta­des que plan­tean las asi­me­trías de las con­duc­tas arrai­ga­das en paí­ses de muy dife­ren­tes per­fi­les com­pe­ti­ti­vos, cos­tos de pro­duc­ción y con­duc­tas públi­cas. Pero tam­bién los enor­mes desa­fíos que se pre­sen­tan al inten­tar cierta homo­ge­nei­dad en la apli­ca­ción de polí­ti­cas, aún cuando éstas hayan sido acep­ta­das cuando se con­formó la inte­gra­ción monetaria

III

Las refle­xio­nes que siguen están basa­das en cer­te­zas acu­mu­la­das en un cuarto de siglo de acti­vi­dad en el mundo de las finan­zas y de casi medio siglo de segui­miento gene­ral de la eco­no­mía mun­dial de quien escribe. Res­pon­den a un espí­ritu orde­nado a la bús­queda de la ver­dad. Y no debe­rían con­te­ner razo­na­mien­tos con­tes­ta­ta­rios res­pecto de las jerar­quías ecle­siás­ti­cas, sino más bien a los aspec­tos opi­na­bles, en pleno aca­ta­miento externo e interno a la Doc­trina Cató­lica y a las ver­da­des de la fe.

El pro­blema es que la liber­tad supone elec­ción, y la elec­ción supone dis­cer­ni­miento, para lai­cos y con­sa­gra­dos. Y en mate­rias opi­na­bles, como la del mejor sis­tema mone­ta­rio posi­ble, el pen­sa­miento utó­pico tam­bién podría ves­tirse con sotana.

IV

Algu­nos pro­ble­mas que con­ven­dría con­si­de­rar para pro­fun­di­zar el análisis:

• ¿Exis­ten solu­cio­nes inte­gra­les para resol­ver pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de alta complejidad?

• ¿Qué fun­ción podría desem­pe­ñar efi­caz­mente un sis­tema finan­ciero global?

• ¿Por qué parece darse menos impor­tan­cia en medios reli­gio­sos al fac­tor moral en el pro­ceso de crea­ción o des­truc­ción de riqueza que a las téc­ni­cas de inge­nie­ría social?

• ¿Cuál es el ver­da­dero papel del estado en la crea­ción y en la dis­tri­bu­ción de la riqueza?

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• ¿Está el ambiente polí­tico como para come­ter gran­des imprudencias?

• ¿Tie­nen las finan­zas carac­te­rís­ti­cas pecu­lia­res que las hacen dife­ren­tes res­pecto de otras acti­vi­da­des económicas?

• ¿Ten­dría sen­tido bus­car for­mas de eva­lua­ción de los cri­te­rios mora­les para tomar mejo­res deci­sio­nes económicas?

¿Exis­ten solu­cio­nes inte­gra­les para resol­ver pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de alta complejidad?

Los pro­ble­mas com­ple­jos rara vez se solu­cio­nan a par­tir de pro­pues­tas sim­ples. La com­ple­ji­dad no es atrac­tiva, y el mani­queísmo es una ten­ta­ción de todos los tiem­pos. Casi siem­pre es más agra­da­ble ele­gir el lado de los jus­tos y los bue­nos (las víc­ti­mas), antes que a los arbi­tra­rios los malos (los vic­ti­ma­rios). Los pri­me­ros hoy foca­li­zan sus ideas y ener­gías en defen­der la dis­tri­bu­ción esta­tal de los recur­sos y de la riqueza, en luchar con­tra la des­nu­tri­ción con pro­gra­mas del tipo “ham­bre cero”, con­tra la pobreza con pro­yec­tos como “pobreza cero”, por la sus­ten­ta­bi­li­dad ali­men­ta­ria y labo­ral, por la eli­mi­na­ción de las enfer­me­da­des “evi­ta­bles”, por la pro­tec­ción ambien­tal, y por la con­ti­nua amplia­ción de los dere­chos huma­nos, polí­ti­cos y socia­les. Frente a ellos, se ali­nean los vic­ti­ma­rios, egoís­tas, acu­mu­la­do­res del poder sin fin y sin medida, aca­pa­ra­do­res de los recur­sos y de la riqueza con­cen­trada, insen­si­bles a las nece­si­da­des bási­cas insa­tis­fe­chas y a la pro­pa­ga­ción del ham­bre y de las epi­de­mias, des­truc­to­res del empleo a tra­vés de su reem­plazo por la tec­no­lo­gía, acti­vos agen­tes tóxi­cos del medio ambiente, y acti­vos lucha­do­res para la res­tric­ción de los dere­chos huma­nos, polí­ti­cos y sociales.

A una per­sona o grupo que se ubi­que en el lugar de los “débi­les” se le hace rela­ti­va­mente fácil y poco exi­gente hacer plan­teos que gene­ren adhe­sio­nes y loas públi­cas, aun­que le sea impo­si­ble demos­trar cómo se va a rea­li­zar lo que se pro­mete. Es dema­gó­gico afir­mar a priori que los cos­tos deben ser asu­mi­dos por los “fuer­tes”, dando por sen­tado que los deben y pue­den asu­mir por ser fuer­tes y por ser los “res­pon­sa­bles” de los males del mundo, sin ana­li­zar en pro­fun­di­dad y téc­ni­ca­mente como será posi­ble hacerlo. Es dema­gó­gico afir­mar que a los “débi­les”, su debi­li­dad los exime de pagar las con­se­cuen­cias de su irra­cio­na­li­dad y de sus libres elec­cio­nes, sin sepa­rar las ver­da­de­ras víc­ti­mas de los res­pon­sa­bles corrup­tos y “podri­dos” y sin sepa­rar las nece­si­da­des de base de lo que es accesorio.

Con res­pecto al desa­rro­llo de un mer­cado finan­ciero libre y ético una ten­ta­ción en la que se puede caer fácil­mente es demo­ni­zar en seguida al mer­cado como si fuera un sujeto cons­ciente y el resto del mundo estu­viera for­mado y gober­nado por ánge­les, o –desde el punto de vista de “los mer­ca­dos– abo­gar por un frío efi­cien­tismo y des­pre­ciar el fac­tor moral como si este fuera una varia­ble a no tener en cuenta. Las solu­cio­nes mági­cas pue­den sur­gir fácil­mente de un lado y del otro.

A los humil­des, la his­to­ria les puede ense­ñar, siem­pre que quie­ran apren­der. ¿Qué fun­ción podría desem­pe­ñar efi­caz­mente un sis­tema finan­ciero glo­bal? Los gobier­nos “casi” glo­ba­les y los sis­te­mas mone­ta­rios no son inven­cio­nes moder­nas. El Impe­rio Romano, pro­vocó y dis­frutó de las deli­cias de la infla­ción con suce­si­vas mone­das que reem­pla­za­ban a las ante­rio­res por otras de menor título, hasta que ter­mi­na­ron ambos: gobierno glo­bal y sis­tema monetario.

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Cabe pre­gun­tarse si al foca­li­zar la aten­ción en un aspecto tan ins­tru­men­tal se está con­tri­bu­yendo a una solu­ción efec­tiva, o se está des­viando invo­lun­ta­ria­mente la aten­ción acerca de por lo menos nueve ver­da­de­ras pla­gas que arra­san a la huma­ni­dad, que con­tri­bu­yen hoy al ale­ja­miento en masa de la ver­dad y de la sen­sa­tez –tam­bién en el tema que esta­mos tra­tando– y que afec­tan simul­tá­nea­mente y de lleno en la vida de la socie­dad glo­bal como son la secu­la­ri­za­ción, el rela­ti­vismo, el lai­cismo, el racio­na­lismo, las hege­mo­nías cul­tu­ra­les, el posi­ti­vismo, la des­na­tu­ra­li­za­ción del len­guaje, la pér­dida de con­vic­cio­nes comu­nes uni­ver­sa­les de sen­tido común y la sen­ti­men­ta­li­za­ción de la socie­dad. Para un mundo en el que estas pla­gas for­man parte de su cul­tura corriente, es difí­cil el tra­ta­miento obje­tivo de los gran­des temas ins­tru­men­ta­les. Final­mente, las cla­ras dis­po­si­cio­nes pro­pues­tas en la Nota y en su pre­sen­ta­ción, no entran en el bagaje de cono­ci­mien­tos de la gran mayo­ría de los pro­pios cató­li­cos, que usual­mente no las ana­li­zan ni des­me­nu­zan en lo que pue­dan tener de opi­na­bles. Si se toman como argu­men­tos de “auto­ri­dad” las reco­men­da­cio­nes, ¿no podrían pro­du­cir –segu­ra­mente de modo invo­lun­ta­rio– efec­tos simi­la­res a los de un cle­ri­ca­lismo del que al mismo tiempo tra­ta­mos de desprendernos?.

V

Arnold Kling des­cribe en “Las impli­ca­cio­nes polí­ti­cas de igno­rar nues­tra pro­pia igno­ran­cia” dos defec­tos huma­nos que afec­tan a las polí­ti­cas públi­cas: la arro­gan­cia cog­ni­tiva, por la que cada uno cree que su mapa del mundo es más pre­ciso que lo que real­mente es, y la igno­ran­cia radi­cal, que nos es impuesta por la misma reali­dad de los fenó­me­nos socia­les com­ple­jos, para la dis­po­ne­mos de mapas muy impre­ci­sos. vi “El mito más grande es que la regu­la­ción es un pro­blema uni­di­men­sio­nal, en el que la elec­ción es “más” o “menos”. A par­tir de este mito, la única con­clu­sión razo­na­ble a la cri­sis finan­ciera es que tene­mos que pasar el dial de “menos “a” más”. La reali­dad es que la regu­la­ción finan­ciera es un pro­blema com­plejo. De hecho, muchas polí­ti­cas de regu­la­ción fue­ron los prin­ci­pa­les con­tri­bu­yen­tes a la cri­sis. Con­ti­nuar el camino sin exa­mi­nar o cues­tio­nar las polí­ti­cas del pasado, par­ti­cu­lar­mente en las áreas de vivienda yde la regu­la­ción del capi­tal ban­ca­rio, impide apren­der las lec­cio­nes de la historia.”vii Enten­der la natu­ra­leza de los fenó­me­nos mone­ta­rios resulta esen­cial para juz­gar lo bueno y conveniente.

VIII

Vivi­mos en una época de la com­ple­ji­dad y de cam­bio ace­le­rado. Vivi­mos en un mundo con­vul­sio­nado donde reina la con­fu­sión. Las pro­pues­tas para resol­ver pro­ble­mas tan espe­cí­fi­cos y com­ple­jos al mismo tiempo debe­rían estar ins­pi­ra­das por la pru­den­cia, para no agre­gar aún más confusión.

En la dis­tri­bu­ción de los bie­nes, los esta­dos no son neu­tra­les: ¿Por qué se les reclama a las agen­cias de cali­fi­ca­ción más efi­cien­cia y trans­pa­ren­cia en la medi­ción del riesgo que asu­men los ban­cos, y menos seve­ri­dad para juz­gar a la deuda sobe­rana o al riesgo de los paí­ses? ¿Por qué en tiem­pos de bonanza se usa ale­gre­mente a los ban­cos para finan­ciar los esta­dos y en tiem­pos de rigor estos se con­vier­ten en usu­re­ros sin pie­dad? ¿Por qué se quiere apro­ve­char el sis­tema de mer­cado y de pre­cios libres solo cuando nos con­viene, y se decide por las regu­la­cio­nes y pre­cios “suge­ri­dos” en otro momento? ¿Cam­bian las leyes de la eco­no­mía según el momento del ciclo en que nos encon­tra­mos, o según la con­ve­nien­cia de los gobernantes?

Los con­cep­tos uni­ver­sa­les que fue­ron cla­ros durante mucho tiempo ahora ya no lo son más. Hoy hasta el len­guaje sig­ni­fica cosas dife­ren­tes aún para per­so­nas que viven bajo el mismo techo y en la misma fami­lia. Cuando habla­mos de las nor­mas bási­cas y eter­nas de com­por­ta­miento del hom­bre, de su natu­ra­leza –y de la reali­dad misma– ya no esta­mos de acuerdo en que sean obje­ti­va­mente las mis­mas y cada uno pre­tende tener razón a igual título que los demás.

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A los comu­nes mor­ta­les hoy nos cuesta man­te­ner la cohe­ren­cia per­so­nal de nues­tras con­vic­cio­nes y nues­tras vidas con­cre­tas, lo que es nece­sa­rio para el impres­cin­di­ble man­te­ni­miento de una fe firme e incon­mo­vi­ble en las ver­da­des eter­nas e inmu­ta­bles, últi­mas y tras­cen­den­tes. Debe­mos cui­dar que esa cohe­ren­cia tam­bién incluya los cono­ci­mien­tos téc­ni­cos cien­tí­fi­cos –bien fun­da­dos– en todo aque­llo que es mate­ria de opi­nión. En las mate­rias opi­na­bles, tam­bién existe la ver­dad y el error, y no todas las opi­nio­nes valen lo mismo…

¿Por qué parece darse menos impor­tan­cia en medios reli­gio­sos al fac­tor moral en el pro­ceso de crea­ción o des­truc­ción de riqueza que a las téc­ni­cas de inge­nie­ría social?

Nos pre­gun­ta­mos si es posi­ble juz­gar con sufi­ciente “auto­ri­dad” en algu­nos de los pro­ble­mas de alta com­ple­ji­dad téc­nica y “suje­tos a opi­nión”, sin abor­dar a fondo el “fac­tor moral”, y trans­mi­tir la ima­gen de que con cierta faci­li­dad sería posi­ble resol­ver los problemas.

Nos pre­gun­ta­mos si no se puede correr el riesgo de caer en terre­nos pan­ta­no­sos, por la super­fi­cia­li­dad y sim­pli­fi­ca­ción al abor­dar estos temas, y agre­gar final­mente pro­ble­mas adi­cio­na­les a las difi­cul­ta­des téc­ni­cas ori­gi­na­das en la pro­pia natu­ra­leza de las cues­tio­nes a las que se debe agre­gar la velo­ci­dad de los cam­bios y la com­ple­ji­dad de la his­to­ria contemporánea.

Nos pre­gun­ta­mos si los con­se­jos y orien­ta­cio­nes en una mate­ria tan opi­na­ble como la reforma del sis­tema finan­ciero o de la con­for­ma­ción de una auto­ri­dad mun­dial no son secun­da­rios res­pecto a las nor­mas éticas bási­cas que no cum­plen los gobier­nos y polí­ti­cos que a dia­rio com­pran ale­gre­mente volun­ta­des y votos con el dinero que piden pres­tado por miles de millo­nes de euros o de dóla­res en ese mer­cado finan­ciero que vili­pen­dian a la hora de pagar la factura.

IX

En efecto. Una cosa es la jus­ti­cia y la ética, y otra la codi­cia por los bie­nes aje­nos. ¿No sería una buena y exi­gente con­tri­bu­ción la de dar prio­ri­dad a difun­dir hasta el har­tazgo la impor­tan­cia del cum­pli­miento de los man­da­mien­tos que más tie­nen que ver con la acti­vi­dad eco­nó­mica como “No roba­rás” y “No codi­cia­rás los bie­nes aje­nos”, y pre­di­car todas las reper­cu­sio­nes posi­ti­vas que su cum­pli­miento aca­rrea­ría a los res­pon­sa­bles de gobier­nos loca­les, regio­na­les, nacio­na­les e internacionales?

En un artículo reciente sobre el libro de Jörg Guido Hüls­mann, “La ética de la pro­duc­ción de la moneda”x, se ana­li­zan pro­ble­mas éticos los sis­te­mas mone­ta­rios, y explica cla­ra­mente que “la situa­ción mone­ta­ria actual no solo es pro­di­gio­sa­mente inefi­caz, sino que, más grave toda­vía, es pro­fun­da­mente inmo­ral”. Y que cuando se le da “más poder de com­pra a tal cate­go­ría de per­so­nas” y esa “mejo­ría del poder adqui­si­tivo solo se puede hacer en detri­mento de otra cate­go­ría, en buen fran­cés eso se llama robo”

XI

¿Cree­mos real­mente en la liber­tad y en la sub­si­dia­rie­dad? Es nece­sa­rio con­fiar más en la liber­tad que en la coac­ción. ¿Por qué vamos a con­fiar en las obras de cari­dad –obli­ga­to­rias moral­mente– al espí­ritu del don volun­ta­rio y de la cola­bo­ra­ción a par­tir de la ini­cia­tiva per­so­nal y del ejem­plo, y en otros temas tan opi­na­bles nos ten­ta­mos con la uto­pía de una “auctoritas”

XII

muy difí­cil de encon­trar en la prác­tica y en nor­mas regu­la­to­rias y coer­ci­ti­vas cuya efi­ca­cia supuesta no esta­mos en con­di­cio­nes –no ya de pro­bar– sino sim­ple­mente de estu­diar por no estar en el terreno de nues­tra espe­cia­li­dad y expe­rien­cia? Para muchos, tal vez la con­clu­sión más impor­tante con­sista en acep­tar la pro­puesta de Con­fu­cio, que sugiere “antes de ini­ciar la labor de cam­biar el mundo, dar tres vuel­tas por la pro­pia casa”, y tra­ba­jar allí.

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En momen­tos de cri­sis eco­nó­mica, tal vez debié­ra­mos com­por­tar­nos como peque­ños bar­cos de una flo­ti­lla en la tor­menta y nave­gar sepa­ra­dos unos de otros, para nave­gar con mayor sol­tura y más segu­ros de no coli­sio­nar. Qui­zás un coman­dante sabio que diri­giera nues­tra flota humana, refor­za­ría los prin­ci­pios bási­cos de la nave­ga­ción en mares difí­ci­les, y deja­ría en liber­tad al capi­tán de cada barco para adap­tar su manio­bra a las cir­cuns­tan­cias par­ti­cu­la­res que en dis­tin­tos luga­res del mar son dife­ren­tes y pue­den cam­biar a gran velo­ci­dad, haciendo difí­cil –si no impo­si­ble– la con­duc­ción cen­tra­li­zada de la flota, que espe­rará tiem­pos de calma para reunirse otra vez. En este con­texto, la crea­ción de una auto­ri­dad eco­nó­mica mun­dial y la crea­ción de un sis­tema mone­ta­rio glo­bal, pare­ce­rían con­tri­buir a con­ver­tir en pla­ne­ta­rio un pro­blema que se pre­senta y se debe­ría resol­ver a escala local.

La sub­si­dia­rie­dad es buena entre otras cosas, para evi­tar que las cri­sis loca­les se con­vier­tan en uni­ver­sa­les, con los mis­mos prin­ci­pios y por las mis­mas razo­nes por las que tam­bién la sub­si­dia­rie­dad es buena para la crea­ción y la dis­tri­bu­ción de la riqueza.

XIII

Y una vez más, el fac­tor moral: decía recien­te­mente Bene­dicto XVI, que “la cri­sis puede y debe ser un aci­cate para refle­xio­nar sobre la exis­ten­cia humana y la impor­tan­cia de su dimen­sión ética, antes que sobre los meca­nis­mos que gobier­nan la vida eco­nó­mica: no solo para inten­tar encau­zar las par­tes indi­vi­dua­les o las eco­no­mías nacio­na­les, sino para dar nue­vas reglas que ase­gu­ren a todos la posi­bi­li­dad de vivir dig­na­mente y desa­rro­llar sus capa­ci­da­des en bien de toda la comunidad.”

XIV

¿Cuál es el ver­da­dero papel del estado en la crea­ción y en la dis­tri­bu­ción de la riqueza? El estado favo­rece la crea­ción o la des­truc­ción de la riqueza. La his­to­ria mues­tra que es más fácil, armó­nica y sos­te­ni­ble la acti­vi­dad eco­nó­mica y la crea­ción de riqueza cuando las acti­vi­da­des se dan entre per­so­nas, empre­sas y paí­ses que tie­nen en su com­por­ta­miento comer­cial una tra­di­ción en la prác­tica de las vir­tu­des, cuando se res­peta un marco legal, cuando se pro­cura la inte­gra­ción del comer­cio en la socie­dad glo­bal, cuando los paí­ses desa­rro­llan capa­ci­da­des para ope­rar sis­te­mas eco­nó­mi­cos com­ple­jos, cuando se da una fuerte par­ti­ci­pa­ción en la acti­vi­dad de los agen­tes eco­nó­mi­cos pri­va­dos, cuando la menor dis­tri­bu­ción de riqueza se efec­túa por parte de los esta­dos y la mayor entre los mis­mos par­ti­cu­la­res, cuando hay un ambiente de con­cor­dia y paz inte­rior, cuando se pro­voca la atrac­ción de inver­sio­nes, cuando hay mayor res­pon­sa­bi­li­dad de los empre­sa­rios, cuando la con­duc­ción social pro­viene de un poder mode­rado y en un ambiente desregulado.

Cua­tro carac­te­rís­ti­cas –que van mucho más allá del sis­tema mone­ta­rio y que aumen­tan el campo de refle­xión y de acción– incen­ti­van la riqueza de los paí­ses: la liber­tad eco­nó­mica, la trans­pa­ren­cia, la vigen­cia de demo­cra­cias dig­nas de ese nom­bre y la prensa libre. Liber­tad eco­nó­mica El Índice de Liber­tad Eco­nó­mica es un informe anual publi­cado por The Wall Street Jour­nal y la Heri­tage Foundation

XV

. El índice de liber­tad eco­nó­mica está basado en las cali­fi­ca­cio­nes de 10 fac­to­res espe­cí­fi­cos: liber­tad comer­cial, liber­tad de comer­cio, liber­tad fis­cal, tamaño del sec­tor esta­tal, liber­tad mone­ta­ria, liber­tad de inver­sión, liber­tad finan­ciera, dere­chos de pro­pie­dad, liber­tad frente a la corrup­ción y liber­tad labo­ral. Abarca 183 países.

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Algu­nas con­clu­sio­nes mues­tran que los paí­ses más ricos son, en pro­me­dio, más libres. Así, Hong Kong, Aus­tra­lia, Nueva Zelanda, Esta­dos Uni­dos, Canadá, Dina­marca, los Paí­ses Bajos, Irlanda mues­tran una corre­la­ción entre la medida con­ven­cio­nal de bie­nes­tar eco­nó­mico y el Índice de Liber­tad Eco­nó­mica. La rela­ción entre liber­tad eco­nó­mica y la igual­dad de ingre­sos tam­bién es intere­sante: los paí­ses más libres son más igua­les en pro­me­dio. Muchos de los paí­ses con mayo­res nive­les de liber­tad eco­nó­mica se encuen­tran tam­bién entre los que tie­nen nive­les más altos de la igual­dad eco­nó­mica, como Sue­cia, Dina­marca, Japón y Fin­lan­dia. Los paí­ses donde hay desigual­dad como Boli­via, Bra­sil, Ecua­dor y Argen­tina, tie­nen bajos nive­les rela­ti­vos de liber­tad eco­nó­mica, aun­que tam­bién hay que seña­lar que los Esta­dos Uni­dos, el Reino Unido y Sin­ga­pur, que tie­nen tam­bién altos nive­les de liber­tad eco­nó­mica, junto con nive­les rela­ti­va­mente altos de desigual­dad, aun­que es dife­rente lo que define la pobreza en cada país.

Trans­pa­ren­cia

Trans­pa­ren­cia Inter­na­cio­nal (TI) tam­bién rea­liza un Índice de Per­cep­ción de la Corrup­ción (IPC)

XVI

y cla­si­fica los paí­ses de acuerdo a la per­cep­ción de la corrup­ción en el sec­tor público que tam­bién es una fuente de ideas prác­ti­cas para pro­mo­ver una acti­vi­dad eco­nó­mica con pau­tas mora­les, con foca­li­za­ción en los pro­ble­mas par­ti­cu­la­res de cada región. Ver­da­dera democracia

The Eco­no­mist rea­liza un estu­dio exhaus­tivo de la demo­cra­cia en el mundo, xvii cuyos resul­ta­dos per­mi­ten la eva­lua­ción de los paí­ses, que se cla­si­fi­can de acuerdo a varia­bles como los pro­ce­sos elec­to­ra­les, el plu­ra­lismo, el fun­cio­na­miento de los gobier­nos, la par­ti­ci­pa­ción polí­tica, la cul­tura polí­tica, la rea­li­za­ción de elec­cio­nes libres y “lea­les” con votan­tes libres y segu­ros sea cual fuere su elec­ción, la inde­pen­den­cia o suje­ción de los gobier­nos a pode­res exter­nos y capa­ci­dad de imple­men­tar las polí­ti­cas, en demo­cra­cias ple­nas, demo­cra­cias defec­tuo­sas, regí­me­nes híbri­dos o regí­me­nes auto­ri­ta­rios. Las demo­cra­cias ple­nas, las demo­cra­cias defec­tuo­sas y los regí­me­nes híbri­dos se con­si­de­ran demo­cra­cias. Las nacio­nes auto­ri­ta­rias se con­si­de­ran dic­ta­du­ras. Las cali­fi­ca­cio­nes toman en con­si­de­ra­ción las liber­ta­des civi­les, la rea­li­za­ción de las elec­cio­nes, la liber­tad de los medios de comu­ni­ca­ción, la par­ti­ci­pa­ción, la opi­nión pública, el fun­cio­na­miento del gobierno, la corrup­ción y la esta­bi­li­dad. El Indice 2011 señana como demo­cra­cias ple­nas fun­da­men­tal­mente a las radi­ca­das en Europa Occi­den­tal y Nor­te­amé­rica: Noruega, Islan­dia, Dina­marca, Sue­cia, Nueva Zelanda, Aus­tra­lia, Suiza, Canadá, Fin­lan­dia y Holanda. En el otro extremo, los regí­me­nes auto­ri­ta­rios se ubi­can fun­da­men­tal­mente en el África Sub­saha­riana, Oriente Medio y África del Norte: Siria, Irán, Repú­blica Cen­troa­fri­cana, Ara­bia Sau­dita, Gui­nea Ecua­to­rial, Myan­mar ( Bir­ma­nia ), Uzbe­kis­tán, Turk­me­nis­tán, Chad, Corea del Norte.

Liber­tad de prensa

Final­mente, el Índice de Liber­tad de Prensa es una cla­si­fi­ca­ción anual de paí­ses com­pi­lada y publi­cada por Repor­te­ros sin Fron­te­rasx­viii. Los paí­ses que se des­ta­can en las mejo­res posi­cio­nes son Fin­lan­dia, Islan­dia, Paí­ses Bajos, Noruega, Sue­cia, Suiza, Aus­tria, Nueva Zelanda, Esto­nia e Irlanda. Y los que van más a la zaga son Laos, Ruanda, Yemen, Repú­blica Popu­lar de China (con­ti­nen­tal sola­mente) Sudán Siria, Irán, Turk­me­nis­tán, Corea del Norte y Eritrea.

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En un aná­li­sis com­bi­nado de estos sis­te­mas de medi­ción es fácil corro­bo­rar que hay mode­los cul­tu­ra­les y com­por­ta­mien­tos colec­ti­vos que natu­ral­mente gene­ran cli­mas de crea­ción y dis­tri­bu­ción de riqueza y otros que no. Y resulta difí­cil ima­gi­nar que un gobierno mun­dial y un sis­tema mone­ta­rio uni­fi­cado podrían trans­for­mar esas cul­tu­ras. Desde un punto de vista ecle­sial, parece más impor­tante poner el acento en obe­de­cer las indi­ca­cio­nes del Papa Bene­dicto XVI, quién recor­daba hace poco que espe­cial­mente en el mundo de la eco­no­mía y del tra­bajo, es nece­sa­rio lle­var el amor y la soli­da­ri­dad a los demás a tra­vés “de una rela­ción intensa con Dios, una escu­cha cons­tante de su Pala­bra, una exis­ten­cia nutrida de la Euca­ris­tía”. “No olvi­déis la impor­tan­cia de hacer cre­cer esta dimen­sión espi­ri­tual en vues­tro com­pro­miso de res­puesta a los dia­rios desa­fíos y urgen­cias socia­les, para con­ti­nuar tra­ba­jando en la lógica de la eco­no­mía de la gra­tui­dad, para pro­mo­ver un con­sumo res­pon­sa­ble y sobrio”. Inver­sa­mente, es fácil encon­trar socie­da­des cuyos esta­dos y gobier­nos con­tri­bu­yen efi­caz­mente a la des­truc­ción de la riqueza. En ellas es fácil obser­var la exis­ten­cia de prác­ti­cas comer­cia­les corrup­tas, visio­nes estre­chas y loca­lis­tas, des­con­fianza hacia los agen­tes eco­nó­mi­cos, prác­ti­cas gene­ra­li­za­das de dis­tri­bu­cio­nismo, esta­dos (nacio­na­les, regio­na­les y muni­ci­pa­les) sobre­di­men­sio­na­dos, bús­que­das sis­te­má­ti­cas y gene­ra­li­za­das de chi­vos expia­to­rios ante la menor exis­ten­cia de pro­ble­mas de difí­cil solu­ción, ambien­tes hos­ti­les ten­dien­tes a la expul­sión de capi­ta­les –fun­da­men­tal­mente las inver­sio­nes directas-, abuso y dis­cre­cio­na­li­dad de los pode­res polí­ti­cos, poca diver­si­fi­ca­ción de la acti­vi­dad pro­duc­tiva y comer­cial … y des­pre­cio por el valor de la pro­pia moneda. En este último aspecto, resulta ejem­pli­fi­ca­dor cons­ta­tar que desde 1968 hasta 1982, El Dow Jones fue ani­qui­lado en un 70 % por la inflación.

XIX

La ins­tau­ra­ción del comu­nismo y del nazismo fue acom­pa­ñada en un caso por la des­truc­ción cons­ciente del apa­rato de pro­duc­ción, y en el otro por la intro­duc­ción de todas las defor­ma­cio­nes posi­bles del sis­tema eco­nó­mico. La fun­ción de los esta­dos y gobier­nos debe­ría ser más faci­li­tar la gene­ra­ción de mar­cos lega­les y polí­ti­cos que faci­li­ten y esti­mu­len la crea­ción de riqueza, que con­cen­trarse en una “redis­tri­bu­ción” que se atri­bu­yen como fun­ción pro­pia y a la que se dan con el cora­zón ale­gre e irres­pon­sa­ble. La fun­ción de “redis­tri­bu­ción” como apro­pia­ción de la renta, es un hecho que la socie­dad no debe­ría acep­tar y tole­rar lige­ra­mente, y mucho menos cuando se acom­paña de corrup­ción y arbi­tra­rie­dad en la uti­li­za­ción de los recursos.

La fun­ción del estado debe apun­tar pri­mero y prin­ci­pal­mente a favo­re­cer la crea­ción de riqueza. Y para que los paí­ses pue­dan crear riqueza, es más impor­tante la moral que los sistemas.

El cri­te­rio por el cual los esta­dos pue­den gas­tar e inver­tir hasta donde llega su capa­ci­dad de endeu­da­miento con el solo límite de la capa­ci­dad de absor­ción de deuda de los mer­ca­dos ha eli­mi­nado el sano cri­te­rio de bús­queda del equi­li­brio eco­nó­mico, que se ha sus­ti­tuido por la obse­sión por el cre­ci­miento a cual­quier costo y como único camino.

Si de algún modo u otro, no hay absor­ción mone­ta­ria real, la pro­gre­sión expo­nen­cial de la crea­ción de moneda no puede ser acom­pa­ñada por la expan­sión a ritmo simi­lar de una genuina expan­sión de la crea­ción e inter­cam­bio de bie­nes y ser­vi­cios, ter­mi­nando el des­equi­li­brio en una coli­sión mayor. La moderna inven­ción de la macro­eco­no­mía sepa­rada de la micro­eco­no­mía –por medirse ambas con sis­te­mas de reglas y prin­ci­pios con­ta­bles inde­pen­dien­tes– favo­rece la falsa divi­sión entre lo público como un área “noble” sujeta a las leyes del altruismo y la “jus­ti­cia social” y lo privado

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como el reino de la codi­cia, del indi­vi­dua­lismo, y como el lugar donde reina la avi­dez por la riqueza y el poder del dinero. Como si los gobier­nos no hicie­ran uso y abuso del poder del dinero, más el poder de crea­ción mone­ta­ria y como si los buró­cra­tas fue­ran espí­ri­tus ange­li­ca­les y desinteresados.

Des­pués de todo, la “eco­no­mía”, al modo de “las ver­da­des en si” de Pla­tón, no existe. No tiene exis­ten­cia real (“en sí”). Lo que sí existe por el con­tra­rio es la acción humana fun­da­men­tal­mente eco­nó­mica o con efec­tos y aspec­tos eco­nó­mi­cos. Existe tam­bién la par­ti­ci­pa­ción del hom­bre en la crea­ción de riqueza, como empre­sa­rio o tra­ba­ja­dor. Esta acción humana “eco­nó­mica” tam­bién está agi­tada por corrien­tes desen­fre­na­das que la atra­vie­san en todos los sen­ti­dos. La acti­vi­dad finan­ciera, no es ni demo­nio ni sal­va­dor ¿debe­mos demo­ni­zarla de algún modo y gene­rar un chivo expiatorio?

Para ter­mi­nar, cabría men­cio­nar a título de ejem­plo otros pro­ble­mas eco­nó­mi­cos que difi­cul­ta­rían la idea de orga­nis­mos supra­na­cio­na­les de gobierno:

• La medi­ción de la riqueza de las empre­sas a tra­vés de la valua­ción bur­sá­til no es correcta, y menos en momen­tos de alta vola­ti­li­dad de accio­nes y de bonos. Las empre­sas valen lo que se paga por ellas en el momento de su venta.

• A veces la riqueza apa­rente no es uti­li­za­ble. Ganan­cias con­ta­bles no sig­ni­fica ganan­cias disponibles.

• Las teo­rías de cre­ci­miento, valga la redun­dan­cia, solo sir­ven cuando hay cre­ci­miento, teniendo en cuenta la inexis­ten­cia –en tér­mi­nos sig­ni­fi­ca­ti­vos– de paí­ses que se pre­pa­ren en momen­tos de expan­sión para los momen­tos de recesión.

• La finan­cia­ción de gas­tos corrien­tes por los esta­dos parece haber mos­trado ya los lími­tes de un endeu­da­miento cró­nico y sis­te­má­tico. Lo mismo sucede con la reno­va­ción auto­má­tica de cré­di­tos ven­ci­dos, que ha reem­pla­zado a la can­ce­la­ción genuina de deuda.

• La con­ta­bi­li­dad crea­tiva y el ocul­ta­miento de la expo­si­ción de ries­gos, son fac­to­res que hacen difí­cil la com­pa­ra­ción de las dife­ren­tes eco­no­mías y los acuer­dos polí­ti­cos nece­sa­rios para una coope­ra­ción fruc­tí­fera y real­mente justa.

• La pro­li­fe­ra­ción de dere­chos huma­nos que requie­ren apor­tes de capi­tal muy sig­ni­fi­ca­ti­vos res­pecto del pro­ducto de los paí­ses, sin tener en cuenta las obli­ga­cio­nes que corres­pon­den a los titu­la­res de esos dere­chos, y sin tener muy claro a quie­nes corres­pon­den las obli­ga­cio­nes que son su con­tra­par­tida (en el tiempo y en el espa­cio), pue­den gene­ran expec­ta­ti­vas difí­ci­les de cum­plir y mayor divi­sión y odio por no lle­gar a ser satisfechas.

Decía Vaclav Havel que “el enemigo no es un demo­nio malo­liente ni el sis­tema todo­po­de­roso, sino nues­tra ser­vi­dum­bre volun­ta­ria, esa afi­ción tan común a cerrar los ojos y dor­mir tran­qui­los, suceda lo que suceda.”

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¿Está el ambiente polí­tico como para come­ter gran­des impru­den­cias? La situa­ción polí­tica en todo el mundo difi­culta cada vez más el logro de amplios con­sen­sos populares…

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Como un fenó­meno par­ti­cu­lar –de con­se­cuen­cias impre­vi­si­bles– a tener en cuenta por su pro­fun­di­dad y capa­ci­dad de movi­li­za­ción tam­bién glo­bal, esta­mos asis­tiendo a des­equi­li­brios pro­vo­ca­dos en la uti­li­za­ción polí­tica de la indig­na­ción con­tra “enemi­gos sistemáticos”

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En Gre­cia, en España, en Norte Amé­rica, en los paí­ses del Norte de África, sur­gen movi­mien­tos de “indig­na­dos” por diver­sas cau­sas que se cons­ti­tu­yen en “comu­nas” de base, en meca­nis­mos de “demo­cra­cia directa” cuyas deman­das son impo­si­bles de satis­fa­cer en el marco de la polí­tica repu­bli­cana clásica.

El ele­mento común de los indig­na­dos, lo cons­ti­tuye el “sujeto humano” enco­le­ri­zado por cual­quier razón, pre­sen­tado como si res­pon­diera y estu­viera inte­grado a una corriente mun­dial, aun­que los fac­to­res des­en­ca­de­nan­tes sean dife­ren­tes y des­co­nec­ta­dos: gobier­nos dic­ta­to­ria­les o arbi­tra­rios, fuer­zas polí­ti­cas adver­sa­rias entre sí, gru­pos domi­nan­tes, el poder finan­ciero, el pro­pio “sis­tema polí­tico” inca­paz de plan­tear solu­cio­nes, sec­to­res o gru­pos reli­gio­sos ele­gi­dos a gusto del indig­nado de turno, la ener­gía nuclear, la desigual­dad social…

Y aun­que los “indig­na­dos del mundo uni­dos” solo ten­gan en común la “indig­na­ción”, ese carác­ter genera la idea de una corriente mun­dial, como la “bús­queda de una expe­rien­cia colec­tiva” de solidaridad.

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El gran pro­blema polí­tico aquí, es que se está logrando que la mez­cla de pro­ble­mas, luchas y con­flic­tos –en gene­ral tan dife­ren­tes y des­co­nec­ta­dos entre sí– lle­gan a gene­rar a tra­vés del sis­tema mun­dial de comu­ni­ca­ción, la ima­gen de un movi­miento uni­ver­sal vir­tual de masas, una “pro­testa uni­fi­cada en la diver­si­dad” con­tra el orden cons­ti­tuido, que encuen­tra su expre­sión en un sujeto uni­ver­sal que pro­testa. Es sig­ni­fi­ca­tiva la desig­na­ción del “pro­tes­ter” como la per­sona del año por el semi­na­rio TIME,

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igno­rando las ver­da­de­ras fuer­zas que se mue­ven por debajo de la superficie

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, como se igno­ra­ron en su momento las fuer­zas que se movían cuando se derrocó al Sha de Iran, que final­mente toma­ron el poder sin pro­du­cir la espe­rada y ansiada demo­cra­cia… ¿Por qué ahora debe­ría de ser diferente?

En el artículo que escri­ben para Le Monde Gene­viève Azam, Etienne Bali­bar, Tho­mas Coutrot, Domi­ni­que Méda e Yves Sin­to­mer, “Con­tra el dis­curso domi­nante sobre la deuda pública” encon­tra­mos un ejem­plo de intento de fabri­car y de orien­tar la indig­na­ción en el sen­tido expuesto: “Los ciu­da­da­nos no quie­ren más ser los “jugue­tes en manos de los ban­cos y de los polí­ti­cos”, como dicen los espa­ño­les “indig­na­dos”. Quie­ren poder pesar sobre su futuro, hacer pla­nes para sus hijos, dete­ner la degra­da­ción social y eco­ló­gica que los indigna. Frente a la sor­dera de las élites, es nece­sa­ria una insu­rrec­ción demo­crá­tica tanto en Europa como en otros luga­res como los Esta­dos Uni­dos, el mundo árabe, Rusia… Se trata de rein­ven­tar la demo­cra­cia en el ámbito polí­tico, a tra­vés del uso intenso de los meca­nis­mos de demo­cra­cia directa (ini­cia­ti­vas ciu­da­da­nas, refe­rén­dums revo­ca­to­rios… ) y de la demo­cra­cia deli­be­ra­tiva (con­fe­ren­cias cívi­cas, segunda Sala ele­gida alea­to­ria­mente… ). Se trata tam­bién de ampliar el campo eco­nó­mico, empe­zando por el sis­tema ban­ca­rio, cuyo inmi­nente res­cate con los fon­dos públi­cos debe ser la opor­tu­ni­dad para colo­carlo bajo el con­trol no de Bercy o Bru­se­las, sino de la socie­dad civil. El hori­zonte parece blo­queado por causa de sus deu­das: libe­ré­moslo rein­ven­tando nues­tra democracia.”

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Otro ejem­plo de poli­ti­za­ción de una nece­si­dad genuina que sirve actual­mente como argu­mento para una igle­sia ideo­lo­gi­zada, son los movi­mien­tos de los “sin tie­rra”. Estos, por defi­ni­ción, entra­rían de lleno como los des­ti­na­ta­rios pri­ma­rios de polí­ti­cas ins­pi­ra­das en “la opción pre­fe­ren­cial por los pobres”.

Pues bien, una “nueva” teo­lo­gía de la libe­ra­ción se está pro­pa­gando y ejer­ciendo su nociva y pér­fida influen­cia, par­ti­cu­lar­mente en Amé­rica Latina, donde tan­tos estra­gos pro­voco la ver­sión ante­rior. Los des­ti­na­ta­rios de la ayuda son uti­li­za­dos como fuerza de cho­que polí­tica y como canal de trans­mi­sión de un reno­vado marxismo-catolicismo. Víc­tor Pavón se refiere al caso para­guayo, donde “con pre­me­di­ta­ción y mal­sana ale­vo­sía delin­cuen­cial, los car­pe­ros y sus pro­mo­to­res desde el gobierno trans­gre­den no solo la moral judeo cris­tiana inserta en los Diez Man­da­mien­tos, sino tam­bién lo que dice nues­tro mismo sis­tema jurí­dico: no robarás.”

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Esta­mos en un momento his­tó­rico en el que todo puede pasar, y no nos sor­pren­de­ría. Puede que los flu­jos comer­cia­les y finan­cie­ros ten­gan una con­ti­nui­dad más o menos tran­quila –en el marco de una vola­ti­li­dad ele­vada– y el sis­tema resista las fuer­tes pre­sio­nes a las que está some­tido, como que explote y pase­mos luego a una rece­sión y recru­dez­can los nacio­na­lis­mos y la ten­ta­ción del encie­rro de los paí­ses en sí mis­mos. No lo sabe­mos. Lo que si cono­ce­mos bien, son las carac­te­rís­ti­cas que tie­nen las socie­da­des que crean riqueza, y las que la des­tru­yen. ¿Ten­dría sen­tido bus­car for­mas de eva­lua­ción de los cri­te­rios mora­les para tomar mejo­res deci­sio­nes económicas?

Con­si­de­ra­ción de cri­te­rios mora­les para tomar deci­sio­nes eco­nó­mi­cas En el marco del pano­rama mun­dial, tal vez sea nece­sa­rio pen­sar en desa­rro­llar “guías para la acción”, y recor­dar que los actos eco­nó­mi­cos ins­pi­ra­dos y ani­ma­dos por la vir­tud crean “estruc­tu­ras de vir­tud” que agre­gan valor a la socie­dad, así como los actos ani­ma­dos por el pecado o incluso la mera ausen­cia de vir­tud des­tru­yen valor.

En este sen­tido, son más corrien­tes las pro­pues­tas a agre­gar facul­ta­des adi­cio­na­les de con­trol y san­ción a los esta­dos que exhor­ta­cio­nes luchar con­tra la corrup­ción. Un gobierno corrupto, por defi­ni­ción, actuará de un modo corrupto y la corrup­ción siem­pre des­truye la riqueza. En el terreno de las nor­mas, las más gené­ri­cas –e ins­pi­ra­das direc­ta­mente por Dios– figu­ran las que nos orde­nan “no robar” y “no codi­ciar los bie­nes del pró­jimo”. Se apli­can de modo simul­tá­neo a gober­nan­tes y gober­na­dos, a quie­nes pagan sus impues­tos, a quie­nes admi­nis­tran frau­du­len­ta­mente, y a quie­nes se bene­fi­cian con esos pagos. A la jus­ti­cia dis­tri­bu­tiva debe­ría “adi­cio­narse” la jus­ti­cia a secas, de un modo simul­tá­neo, y res­pecto de los mis­mos “bie­nes universales”.

Como lo des­ta­cara Alek­sandr Solz­he­nitsyn, “la línea que separa el bien del mal no pasa entre Esta­dos, ni entre cla­ses, ni entre par­ti­dos polí­ti­cos sino que atra­viesa cada cora­zón humano”. Allí está el pro­blema, y allí está la solución.

Como una sim­ple enu­me­ra­ción de un tema que merece mayor aná­li­sis, sería bueno hacer el esfuerzo de “inser­tar” en los moder­nos pro­ce­sos de toma de deci­sio­nes eco­nó­mi­cas, tanto en el ámbito de la acti­vi­dad pri­vada como pública, la prác­tica de vir­tu­des como la pru­den­cia, la mode­ra­ción, la auto­rre­gu­la­ción, el com­pro­miso y la foca­li­za­ción con las ver­da­de­ras y genui­nas nece­si­da­des del hom­bre, así como la “res­pon­sa­bi­li­dad social ampliada”.

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Podría con­si­de­rarse la cla­si­fi­ca­ción de las inver­sio­nes a rea­li­zar en una escala con alter­na­ti­vas como las siguien­tes: “la inver­sión es nece­sa­ria, vital y esen­cial”, la inver­sión es nece­sa­ria, es con­ve­niente, es secun­da­ria, es pres­cin­di­ble, es super­flua o ten­dría que ver más con la gula o el vicio que con la vir­tud… La uti­li­za­ción de una escala seme­jante, per­mi­ti­ría aumen­tar la visi­bi­li­dad de las inver­sio­nes arbi­tra­rias o que ten­gan como ori­gen los vicios de los inver­so­res, o de quie­nes toman las decisiones.

Los head­hun­ters, debe­rían tam­bién incluir en sus pos­tu­la­cio­nes, de modo sis­te­má­tico, estan­da­ri­zado y pro­fundo, el aná­li­sis del “riesgo moral” de los pos­tu­lan­tes a tra­ba­jos de responsabilidad.

¿Tie­nen las finan­zas carac­te­rís­ti­cas pecu­lia­res que las hacen dife­ren­tes res­pecto de otras acti­vi­da­des económicas?

A la hora de pen­sar en refor­mas del sis­tema finan­ciero, con­viene pre­gun­tarse ¿por qué el mundo finan­ciero es tan “espe­cial” res­pecto de otras indus­trias? Desde hace apro­xi­ma­da­mente cien años, el hom­bre ha apren­dido a volar, en un pro­ceso que ha evo­lu­cio­nado en cono­ci­mien­tos, capa­ci­ta­ción y pro­ce­sos. En los cono­ci­mien­tos se paso de la “mecá­nica sim­ple” hasta la inge­nie­ría aero­náu­tica. En el pilo­taje de los avio­nes se paso de los pio­ne­ros hasta lle­gar a los pilo­tos alta­mente capa­ci­ta­dos. Y en lo que res­pecta a los pro­ce­sos, se arrancó con meros terre­nos de super­fi­cies pla­nas a una aero­náu­tica comer­cial y de trans­porte que incluye el desa­rro­llo de los gran­des aero­puer­tos, de infra­es­truc­tura y sis­te­mas de alta complejidad.

En todo ese pro­ceso de un siglo de dura­ción, millo­nes de per­so­nas han puesto libre­mente sus vidas en manos de orga­ni­za­cio­nes comer­cia­les y de pilo­tos des­co­no­ci­dos, con tasas de acci­den­tes ínfi­mas. Y en el medio de todo esto, se suce­die­ron empre­sa­rios ambi­cio­sos y sedien­tos de ganan­cias, aven­tu­re­ros, que fue­ron pro­ta­go­nis­tas de crea­ción de nue­vas empre­sas, de quie­bras, con todos los mis­mos ingre­dien­tes que exis­ten en el mundo de las finanzas.

El ele­mento común del éxito eco­nó­mico fue estu­diado durante muchos años por Alain Peyrefitte

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, quién llego a deter­mi­nar que el sim­ple ele­mento deter­mi­nante de los logros de un sis­tema eco­nó­mico es la con­fianza. En un marco de con­fianza, pro­ble­mas que pare­cen impo­si­bles de resol­ver per­mi­ten gene­rar alter­na­ti­vas que son impo­si­bles de apli­car donde reina la duda y la incertidumbre.

En el mundo de las finan­zas y del dinero esto es par­ti­cu­lar­mente cierto y apli­ca­ble. El pro­blema finan­ciero mun­dial es un pro­blema de con­fianza. Y lo último que sería capaz de gene­rar con­fianza hoy es la crea­ción de un sis­tema finan­ciero mun­dial uni­fi­cado bajo una misma auto­ri­dad y las mis­mas nor­mas. Y no se trata que el razo­na­miento no sea lógico, sino que las con­di­cio­nes para gene­rar con­fianza resi­den hoy más en los pro­ta­go­nis­tas del sis­tema que en un sis­tema que fun­ciona de un téc­ni­ca­mente efi­ciente, como lo hace la indus­tria aero­náu­tica. Mas que hacer inge­nie­ría social, hay que cam­biar conductas.

¿Por qué lo que en el sis­tema aero­náu­tico es posi­ble, no lo es en el financiero?

Es muy sim­ple. Lo que une a todos los hom­bres que vue­lan, desde los sim­ples ciu­da­da­nos hasta los polí­ti­cos, tec­nó­cra­tas y buró­cra­tas es que todos quie­ren lle­gan sanos y sal­vos al final de sus

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via­jes, y todos saben que deben com­por­tarse al volar de un modo civi­li­zado que no ponga en peli­gro la segu­ri­dad de todos, que coin­cide con la de cada indi­vi­duo. Por otra parte, el sis­tema aero­náu­tico es un sis­tema com­plejo pero cerrado. El sis­tema finan­ciero es abierto y a par­tir de la posi­bi­li­dad de “crea­ción mone­ta­ria” prác­ti­ca­mente sin lími­tes, los pro­duc­tos finan­cie­ros son crea­dos por sus par­ti­ci­pan­tes –ban­cos y empre­sas inclu­sive indus­tria­les y comer­cia­les– de un modo prác­ti­ca­mente impo­si­ble de con­tro­lar a una velo­ci­dad que supera las de la capa­ci­dad –real y posi­ble– por gobier­nos y estruc­tu­ras burocráticas.

El mundo finan­ciero abarca todas las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas y como tal no está sujeto a una auto­ri­dad común ni podría estarlo. El cré­dito y el aho­rro de las enti­da­des con­tro­la­das o con­tro­la­bles es solo una parte del sis­tema finan­ciero real glo­bal, y todos los que hablan de refor­mas, se diri­gen prin­ci­pal­mente a “enti­da­des fun­da­men­tal­mente financieras”.

En el mundo de las finan­zas, por defi­ni­ción, y salvo para el sis­tema pura­mente transac­cio­nal, la ganan­cia de la mitad de los par­ti­ci­pan­tes es un costo para la segunda mitad. Los mis­mos que exi­gi­mos una tasa de inte­rés más ele­vada por nues­tros aho­rros exi­gi­mos un costo del cré­dito razo­na­ble a nues­tros ojos, Y vemos al espí­ritu de Shy­lock dis­puesto a arran­car­nos “la libra de nues­tra pro­pia carne” atrás de cada finan­cista que no nos trata como lo desearíamos.

La varia­ble deter­mi­nante en las finan­zas es el riesgo. Y en mate­ria de pre­cios, a mayor riesgo, mayor tasa. Y a mayor tasa, mayor riego de quie­bra. Y a mayor riesgo de quie­bra se llega rápi­da­mente al “sál­vese quien pueda”, y des­a­pa­rece el res­peto por las nor­mas mora­les y por supuesto lega­les. Desde el punto de vista del diseño de los “pro­duc­tos finan­cie­ros”, el riesgo está muchas veces en la com­ple­ji­dad. No inver­tir nunca en un pro­ducto cuyos meca­nis­mos no se pueda enten­der, o asu­mir por anti­ci­pado las posi­bles pér­di­das. No es mucha la gente que se subirá a un avión con una tasa de riesgo del acci­dente del 3 al 5 %. Pero hay inver­so­res capa­ces de asu­mir esa prima de riesgo, ade­más de la tasa espe­cí­fica del costo del dinero. Y está lleno el mundo de gobier­nos irres­pon­sa­bles capa­ces de tomar cré­dito con esas pri­mas de riesgo, que serán los pri­me­ros en acu­sar luego de usu­rero al inter­me­dia­rio que haya inter­ve­nido y usarlo como chivo expia­to­rio de sus pro­pias culpas.

Los cam­bios de cali­fi­ca­ción de paí­ses euro­peos, mos­tra­rán pronto como impac­tará en las tasas de inte­rés la cali­dad de las eco­no­mías. Es cierto tam­bién que con los meca­nis­mos sofis­ti­ca­dos de inver­sión actua­les, la vola­ti­li­dad per­mite lograr ganan­cias inde­pen­dien­te­mente de la real crea­ción o des­truc­ción de riqueza, en mer­ca­dos ascen­den­tes y des­cen­den­tes, a tra­vés de ins­tru­men­tos finan­cie­ros que se desa­rro­llan a mayor velo­ci­dad que las nor­mas y las regulaciones.

La con­dena del sis­tema finan­ciero se ha rea­li­zado con dema­siada faci­li­dad y sin rigor “téc­nico”. Arnold Kling

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se ocupa de los “Mitos y reali­da­des y la cri­sis finan­ciera” y enu­mera cinco mitos que habrían lle­vado –en su opi­nión– a con­clu­sio­nes en mate­ria de regu­la­cio­nes que han con­fun­dido a los diri­gen­tes polí­ti­cos y espi­ri­tua­les, y los ha lle­vado por luga­res erró­neos y cami­nos simplistas:

• Mito 1: Los regu­la­do­res ban­ca­rios se encon­tra­ban en la oscu­ri­dad cuando los nue­vos ins­tru­men­tos finan­cie­ros refor­ma­ron la indus­tria financiera.

• Mito 2: Fue la des­re­gu­la­ción la que per­mi­tió que el mer­cado adop­tara prác­ti­cas arries­ga­das, como el uso de la agen­cias de cali­fi­ca­ción de los títu­los hipotecarios.

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• Mito 3: Los dise­ña­do­res de polí­ti­cas se basa­ron y con­fia­ron dema­siado en la dis­ci­plina de mer­cado para regu­lar el riesgo financiero.

• Mito 4: La cri­sis finan­ciera fue prin­ci­pal­mente un pánico a corto plazo. • Mito 5: La única manera de evi­tar esta cri­sis hubiera sido tener una regu­la­ción más vigo­rosa y enérgica.

Final­mente hay una mera dife­ren­cia prác­tica entre el mundo de las finan­zas y el de la avia­ción: la vida es indi­vi­si­ble… no se puede vivir o morir por par­tes. El dinero, en cam­bio, se puede divi­dir en port­fo­lios y apli­car los fon­dos a dife­ren­tes apli­ca­cio­nes y con dife­ren­tes tasas de riesgo. Más aún, de acuerdo con el carác­ter y la volun­tad de un inver­sor, sus ase­so­res le suge­ri­rán nor­mal­mente “apos­tar” una pequeña por­ción de su capi­tal en acti­vos de poten­cial alto ren­di­miento, o incur­sio­nará el mismo en el tra­ding en los mer­ca­dos bur­sá­ti­les bus­cando ren­di­mien­tos muy supe­rio­res a los que pro­du­cen nor­mal­mente los bonos y accio­nes, inclu­sive tra­ba­jando “apa­lan­cado” con la espe­ranza de obte­ner más con menos…

Si desa­rro­lla­mos la ima­gen de la “codi­cia del sec­tor finan­ciero” como prin­ci­pal cau­san­tes de los males eco­nó­mi­cos, ¿no esta­mos barriendo abajo de la alfom­bra la codi­cia de los otros empre­sa­rios vena­les, de los polí­ti­cos, de los con­gre­sis­tas, de los fun­cio­na­rios judi­cia­les, de los res­pon­sa­bles en la admi­nis­tra­ción pública, de los sin­di­ca­lis­tas, que a tra­vés de la “con­tra­ta­ción directa”, de la impune apli­ca­ción sis­te­má­tica de coimas y comi­sio­nes, del chan­taje sin­di­cal, de la con­fec­ción de leyes arbi­tra­rias e injus­tas, de la indus­tria del jui­cio, del nepo­tismo y la sine­cura van pro­du­ciendo de la pau­la­tina des­truc­ción de los sis­te­mas repu­bli­ca­nos y el pau­la­tino reem­plazo del “estado de dere­cho” por el “estado del cri­men”? Algu­nas conclusiones

Ante la con­fu­sión del mundo, es nece­sa­ria la cla­ri­dad de las ideas. Los esta­dos moder­nos tien­den –estruc­tu­ral­mente– a la des­truc­ción de la riqueza. Detes­tan la sub­si­dia­rie­dad. Y el mundo nece­sita más de hom­bres que bus­quen el bien y la ver­dad que “regu­la­do­res” del mer­cado. Los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos son de natu­ra­leza com­pleja, tie­nen muchas cau­sas y muchas de esas cau­sas no son de natu­ra­leza eco­nó­mica. Por ejem­plo en los Esta­dos Uni­dos, más del 33 % de las madres sol­te­ras son pobres y solo el 6, 4 % de las casa­das. Mun­dial­mente la baja demo­grá­fica dis­mi­nuye la capa­ci­dad de sopor­tar las pen­sio­nes. En ambos casos los pro­ble­mas de fami­lia y demo­grá­fi­cos sur­gen con fuerza como varia­bles eco­nó­mi­cas significativas.

La bús­queda de la jus­ti­cia en esta tie­rra cons­ti­tuye una noble inquie­tud, y todos esta­mos lla­ma­dos a pro­cu­rarla, y esa bús­queda debe res­pe­tar los con­di­cio­na­mien­tos que impone la reali­dad. El nave­gante pru­dente, debe ade­cuar su velo­ci­dad y sus manio­bras al estado del tiempo, extre­mando las pre­cau­cio­nes en tiem­pos tor­men­to­sos, cuando el riesgo de nau­fra­gar es mayor, sobre todo para las embar­ca­cio­nes de menor resis­ten­cia estructural.

Pre­ten­der for­zar la reali­dad con esque­mas que podrían acer­carse a la uto­pía, pro­duce más per­jui­cios que bene­fi­cios. Y poner los ojos en blanco insis­tiendo empe­ci­na­da­mente con la nece­si­dad de “dis­tri­buir la riqueza” no agrega solu­ción alguna, sobre todo cuando se observa quie­nes se ocu­pa­rían de hacerlo en el mundo real … Page 14 Par­ti­cu­lar­mente debe­mos recor­dar que en mate­ria de lai­cismo y lai­ci­dad, para la reli­gión le es fácil mez­clar lo que se debe creer con lo opi­na­ble. Y al mundo polí­tico con­tem­po­rá­neo –aún de buena fe– no le resulta fácil dis­tin­guir y sepa­rar de las reco­men­da­cio­nes ecle­sia­les lo dog­má­tico de lo pro­po­si­tivo, par­ti­cu­lar­mente cuando se pro­cura gene­rar un clima de inte­gra­ción entre lai­cado y cle­re­cía, en un mundo en el que la memo­ria del cle­ri­ca­lismo no está ausente.

Cuando se afirma que hay que implan­tar “un nuevo modelo eco­nó­mico basado en la doc­trina social de la Igle­sia”, sugi­riendo que esta “con­tiene un con­junto de prin­ci­pios, ense­ñan­zas y direc­tri­ces des­ti­na­das a resol­ver, en el espí­ritu del Evan­ge­lio, los pro­ble­mas socio-políticos y eco­nó­mi­cos”, con todo lo cierta que pueda ser la afir­ma­ción, no se debe­ría pro­yec­tar en la ima­gen de cre­yen­tes y no cre­yen­tes una espe­cie de El Dorado al alcance de la mano. Los cris­tia­nos sabe­mos que si la prin­ci­pal causa de la cri­sis es moral, el reme­dio tam­bién lo será, y cuando una gran parte de la socie­dad tenga como fines pro­pios el pro­cu­rar cono­cer la ver­dad y tra­ba­jar por el bien común, las solu­cio­nes téc­ni­cas sur­gi­rán espon­tá­nea­mente. Como afir­maba recien­te­mente Jonat­han Sacks, Rabino Jefe de las con­gre­ga­cio­nes judías de la Com­mon­wealth: “Esta­bi­li­zar el euro es una cosa; sanar la cul­tura que lo rodea es otra. Un mundo en el que los valo­res mate­ria­les cons­ti­tu­yen todo y los valo­res espi­ri­tua­les son nada, ni genera un Estado esta­ble ni una buena socie­dad. Ha lle­gado el momento para noso­tros de reco­brar la ética judeo– cris­tiana de la dig­ni­dad humana a ima­gen de Dios. La huma­ni­dad no fue creada para ser­vir a los mer­ca­dos. Los mer­ca­dos se crea­ron para ser­vir a la humanidad.”

XXIX

Bene­dicto XVI insiste en la nece­si­dad de recu­pe­rar valo­res per­di­dos: “la cri­sis actual “puede ser una oca­sión para que toda la comu­ni­dad civil veri­fi­que si los valo­res en los que se basa la vida social han gene­rado una socie­dad más justa, equi­ta­tiva y soli­da­ria, o si por el con­tra­rio es nece­sa­ria una pro­funda refle­xión para recu­pe­rar los valo­res que están en la base de una ver­da­dera reno­va­ción de la socie­dad, y que favo­rez­can una recu­pe­ra­ción no solo eco­nó­mica, sino que al mismo tiempo tienda a pro­mo­ver el bien inte­gral de la per­sona humana”. Los resul­ta­dos se darán como cuando se cris­tia­nizó Roma. Thie­rry Boutet

XXX

nos lo con­firma: “es el hom­bre el que hace la his­to­ria”, decía Pío XII; hacen falta muy pocos hom­bres para cam­biar radi­cal­mente el curso de los acon­te­ci­mien­tos. La his­to­ria de la Igle­sia lo demues­tra: doce após­to­les y un buen genio sobre dotado y frá­gil, que se con­ver­tirá en San Pablo, en el comienzo, van a trans­for­mar totalmente-desde el inte­rior– al mundo anti­guo. Lea­mos a Ter­tu­liano: muy rápido, al final de los tiem­pos apos­tó­li­cos, ya bajo la per­se­cu­ción, y antes del Edicto de Milán en el año 313, los cris­tia­nos influ­yen de modo deter­mi­nante en la socie­dad y orien­tan el futuro de los impe­rios y reinos.”xxxi Es un camino duro y difí­cil, pero ya mos­tró sus resul­ta­dos. En todo caso, poner dema­siado el acento en la demo­ni­za­ción del sis­tema finan­ciero no ser­virá para gran cosa, y puede ser peligroso.

XXXII

Bue­nos Aires, 14 de enero de 2012

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NOTAS

I- http: //www. vati­can. va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/index_sp. htm

II–http: //www. vati­can. va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_pro_20011004_sp. html

III …y cuando la adhe­sión al sis­tema faci­litó a los paí­ses de menor desa­rro­llo rela­tivo el apro­ve­cha­miento de los des­equi­li­brios y las asimetrías

IV De allí la impor­tan­cia de pro­fun­di­zar el aná­li­sis que ya se ha tra­tado en varios docu­men­tos en “Liberté Politique”.

V Escribe Gabriel Zanotti, filó­sofo del Ins­ti­tuto Acton Argen­tina: “a ojos de los no cre­yen­tes, la Igle­sia apa­rece como un estado más, el estado del Vati­cano. A ojos de los cre­yen­tes, tam­bién. ESE es el problema.”

VI http: //american. com/archive/2011/december/the-political-implications-of-ignoring-our-own-ignorance

VII http: //www. ame­ri­can. com/archive/2009/september/regulation-and-the-financial-crisis-myths-and-realities

VIII Hace poco se citaba a Nicole Oresme (c. 1323 — 1382), quién enten­día ya hace unos seis­cien­tos años “que el dinero es un pro­ducto ori­gi­na­rio del mer­cado y no del Estado, una mer­can­cía más y no sólo un medio de inter­cam­bio, donde ori­gi­nal­mente los cer­ti­fi­ca­do­res pri­va­dos infor­ma­ban sobre la finura del metal usado en las mone­das a sus clien­tes, y que la infla­ción es pro­ducto de la fal­si­fi­ca­ción de la finura de los meta­les como decreto del Estado, debido a que este ha nacio­na­li­zado el dinero.” http: //es. wiki­pe­dia. org/wiki/Nicol%C3%A1s_Oresme

IX (No roba­ras, No codi­cia­ras los bie­nes ajenos)

X L’éthique de la pro­duc­tion de la mon­naie — Jörg Guido Hüls­mann. Edi­teur: L’Harmattan. Collec­tion: L’esprit écono­mi­que (26 jui­llet 2010) xi http: //www. les4verites. com/Pour-en-finir-avec-la-spoliation-monetaire-4270. html

XII « l’autorità non la verità fa la legge, la verità non l’autorità fa il diritto »

XIII Ver « LE PRIN­CIPE DE SUB­SI­DIA­RITE EST LE SEUL RECO­URS VALA­BLE CON­TRE LA « CRISE DU POLI­TI­QUE » par Char­les Le Lien » en: http: //www. pla­ce­de­le­glise. fr/index. php?option=com_content&view=article&id=227: le-principe-de-subsidiarite-est-le-seul-recours– valable-contre-la-l-crise-du-politique-r&catid=27: economie&Itemid=30xiv

XIV http: //www. zenit. org/article-41241?l=spanish

XV http: //www. heri­tage. org/Index/

XVI http: //www. trans­pa­rency. org/policy_research/surveys_indices/gcb/2010/results

XVII http: //www. eiu. com/public/topical_report. aspx?campaignid=DemocracyIndex2011

XVIII http: //es. wiki­pe­dia. org/wiki/Reporteros_Sin_Fronteras

XIX ( http: //www. busi­nes­sin­si­der. com/inflation-hid-a-70-market-loss-from-1968-to-1982-and-it-could-happen-again-2012– 1?nr_email_referer=1&utm_source=Triggermail&utm_medium=email&utm_term=Business%20Insider%20Select&utm_campaign=BI% 20Select%20Recurring%202012–01-12 )

XX http: //www. elpais. com/articulo/opinion/Vaclav/Havel/Europa/futuro/elpepuopi/20111230elpepiopi_5/Tes

XXI Stép­hane Hes­sel ha tras­la­dado al papel esa sen­sa­ción gene­ra­li­zada de indig­na­ción que está pre­sente en el ambiente. Anima a invo­lu­crarse y se declara par­ti­da­rio de la insu­rrec­ción pací­fica. http: //www. you­tube. com/watch?v=zf1RGoHOJ_M

XXII David Cohn-Bendit dixit – Le Point 11/12/2011

XXIII TIME — The Pro­tes­ter –By Kurt Ander­sen, Dec. 14, 2011 – “Mas­sive and effec­tive street pro­test” was a glo­bal oxy­mo­ron until — sud­denly, sho­ckin­gly — star­ting exactly a year ago, it became the defi­ning trope of our times. And the pro­tes­ter once again became a maker of his­tory.” http: //www. time. com/time/specials/packages/article/0, 28804, 2101745_2102132_2102373, 00. html

XXV http: //www. lemonde. fr/idees/article/2012/01/13/contre-le-discours-dominant-sur-la-dette-publique_1629374_3232. html

XXVI“Para­guay: La influen­cia des­truc­tiva de la Teo­lo­gía de la Libe­ra­ción” por Víc­tor Pavón, Decano de la Facul­tad Dere­cho de la Uni­ver­si­dad Tec­no­ló­gica Inter­con­ti­nen­tal (Para­guay) y autor de los libros Gobierno, jus­ti­cia y libre mer­cado y Car­tas sobre el libe­ra­lismo. http: //www. elcato. org/paraguay-la-influencia-destructiva-de-la-teologia-de-la-liberacion

XXVII Alain Pey­re­fitte — La société de con­fiance. Édition: ODILE JACOB. (11 octo­bre 1995) y Le mal fra­nçais. Edi­teur: Fayard; Éd. rev. et augm. 1996 (24 mai 2006)

XXVIII Arnold Kling es miem­bro del Finan­cial Mar­kets Wor­king Group en el Mer­ca­tus Cen­ter de la George Mason University

XXIX http: //www. almudi. org/Noticias/tabid/474/ID/906/Las-finanzas-y-el-becerro-de-oro. aspx

XXX L’engagement des chré­tiens en poli­ti­que, Thie­rry Bou­tet, 2007. Edi­teur: Pri­vat. Date de paru­tion mars 2007

XXXI L’APOLOGÉTIQUE DE TER­TU­LLIEN - http: //www. ter­tu­llian. org/french/apologeticum. htm - CHA­PI­TRE XXX­VII - 7 …Vous eus­siez pu cher­cher à qui com­man­der; il vous serait resté plus d’ennemis que de cito­yens. — 8. Main­te­nant, en effet, vos enne­mis sont moins nom­breux que les cito­yens, à cause de la mul­ti­tude des chré­tiens, qui sont pres­que tous cito­yens. Et ces chré­tiens, pres­que tous cito­yens, vous avez pré­féré les con­si­dé­rer comme enne­mis et leur don­ner le nom d’ennemis du genre humain plu­tôt que de l’erreur humaine! … 10. Or, sans même son­ger à récom­pen­ser un seco­urs si pré­cieux, sans vous dire que, loin de vous être à charge, notre race vous est néces­saire, vous avez pré­féré nous trai­ter en enne­mis. Enne­mis, nous le som­mes assu­ré­ment, non pas du genre humain, mais plu­tôt de l’erreur humaine!

XXXII http: //www. eco­no­mist. com/node/21542389?fsrc=scn/tw/te/ar/thedangersof

Autor: Pablo López Herrera

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