La autocracia a través de la historia
siempre ha desembocado en dictadura.

El Colum­nista  Invi­tado de Hoy:  Jorge Omar Alonso

Argen­tina se enca­mina a la ani­qui­la­ción de nues­tra frá­gil demo­cra­cia, a tra­vés del con­trol abso­luto del apa­rato del Estado en todos los nive­les, por el régi­men que ha sido reele­gido por abru­ma­dora mayoría.

Esta pre­si­denta con carac­te­res de “monarca”, secun­dada por un par­la­mento que ras­trera y las­ti­mo­sa­mente le brinda las más indig­nas mani­fes­ta­cio­nes de ser­vi­lismo des­vi­vién­dose por com­pla­cerla, y un Poder Judi­cial hecho a la medida de sus aspi­ra­cio­nes abso­lu­tis­tas, están lle­vando al País a una total autocracia.

La viuda de Kir­ch­ner es ejem­plo cabal de autó­crata: ape­tito de poder; nece­si­dad de rodearse de adu­la­do­res acrí­ti­cos y faná­ti­cos fero­ces; estar en el con­ven­ci­miento de que el sobe­rano la quiere más, como le hacen creer los alcahue­tes aplau­di­do­res que la rodean y le fes­te­jan cada pero­rata vacía con las que nos cansa por cadena nacio­nal; insis­tir cada vez más en la polí­tica del pan y circo; des­po­tri­car con­tra los medios no com­pla­cien­tes que se le opo­nen; y hacer un ejer­ci­cio pro­gre­sivo del abuso de poder.

Por ahora tene­mos un res­piro a tanta vacui­dad, debido a que la señora hace un tiempo que no habla

Había mani­fes­tado Max Weber que quien hace polí­tica, aspira al poder ya sea como medio al ser­vi­cio de cier­tos fines que tanto pue­den ser egoís­tas como idea­lis­tas, o sim­ple­mente para poder gozar del poder por el poder mismo, como con­se­cuen­cia del pres­ti­gio que éste otorga.

Con­se­cuen­te­mente con lo dicho defi­nía a la auto­ri­dad de acuerdo a los siguien­tes tipos: la del “eterno ayer”, la “tra­di­cio­nal” con­va­li­dada por la acti­tud habi­tual a ser res­pe­tada; la auto­ri­dad de la “gra­cia” en la que se observa una entrega per­so­nal, de con­fianza al gober­nante ple­bis­ci­ta­rio, tam­bién ejer­cida por el gran demagogo.

Existe un ter­cer tipo de domi­na­ción en vir­tud de la “legalidad”.

En el régi­men argen­tino encon­tra­mos las carac­te­rís­ti­cas de la domi­na­ción por la “gra­cia” o carisma.

Es la entrega del que obe­dece al “carisma” pura­mente per­so­nal del líder (Füh­rer), lo que sig­ni­fica en nues­tro caso que quie­nes se some­ten al lide­razgo de esta señora, lo hacen no en vir­tud de una cos­tum­bre o una ley, sino por­que creen en ella.

Supues­ta­mente repre­senta la volun­tad del pue­blo, es su intér­prete y en estas cir­cuns­tan­cias se rechaza el plu­ra­lismo polí­tico, por supo­nerlo motivo de dege­ne­ra­ción de la uni­dad política.

El pue­blo nece­sita un intér­prete de su volun­tad, pero de acuerdo a Carl Sch­mitt solo puede decir si o no, no ase­sora, no deli­bera ni discute.

En cuanto a la acti­tud de los fun­cio­na­rios que rodean al deten­ta­dor del poder guber­na­men­tal, per­so­nal admi­nis­tra­tivo según expre­sión de Max Weber, o los “aplau­di­do­res” de la corte “cris­ti­nista” según noso­tros, si bien no están obli­ga­dos a la obe­dien­cia ciega, lo están por los medios que ape­lan a sus intere­ses personales.

El feudo de los vasa­llos, las pre­ben­das, el sueldo, los pri­vi­le­gios esta­men­ta­les cons­ti­tu­yen su recompensa.-

Autor: Jorge Omar Alonso

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