Nos Están Envenenando La Vida

Supon­ga­mos que un impor­tante dia­rio des­cu­briera que un grupo pode­roso de per­ver­sos derrama dia­ria­mente unos litros de veneno en el agua corriente y que a causa de eso, todos los días murie­ran varias per­so­nas y muchas otras fue­ran ata­ca­das por una extraña depre­sión que les impi­diera tra­ba­jar, les hiciera des­con­fiar de todo el mundo y les cau­sara, de vez en cuando, ata­ques de pánico que les obli­gara a cam­biar sus cos­tum­bres, aban­do­nando legí­ti­mos pla­ce­res que antes eran parte de su pequeña cuota de feli­ci­dad en este valle de lágrimas.

Supon­ga­mos que hubiera sufi­ciente evi­den­cia como para que, si ese dia­rio se empe­ñara un poco en pro­fun­di­zar el cono­ci­miento del fenó­meno, pudiera des­cu­brir que ese grupo pode­roso de enve­ne­na­do­res tiene un antí­doto para ese veneno pero sólo se lo entrega a quie­nes acep­tan ser cóm­pli­ces en su nefasta tarea que tiene como obje­tivo no sólo pro­du­cir esos daños que digo más arriba, sino aumen­tar su poder y su capa­ci­dad de dañar aún más a la pobla­ción inde­fensa hasta que ésta no tenga ya volun­tad de resis­tir a la muerte lenta a que está siendo some­tida, ni de qui­tarle el poder a ese grupo de envenenadores.

Supon­ga­mos que ese dia­rio, habiendo des­cu­bierto la exis­ten­cia de esa agre­sión con­tra la pobla­ción inde­fensa a la que dice tener el deber de infor­mar (para lo cual reclama “liber­tad de prensa”), en vez de hacer sonar una potente cam­pana de alerta y en vez de favo­re­cer a quie­nes se opo­nen a ese grupo, se limi­tara a infor­mar mor­bo­sa­mente la can­ti­dad de muer­tos, las cir­cuns­tan­cias horri­bles de su ago­nía, la ubi­ca­ción de los focos de infec­ción etc., pero se abs­tu­viera de cla­mar, en cada una de sus edi­cio­nes, con­tra los enve­ne­na­do­res, con­vo­cando a la ciu­da­da­nía a movi­li­zarse para impe­dir su nefasta acción.

A lo sumo, supon­ga­mos que escri­biera un edi­to­rial muy espo­rá­di­ca­mente, que­ján­dose por ese aten­tado colec­tivo, acu­sando de una cierta res­pon­sa­bi­li­dad al pode­roso grupo que lo comete, pero sin atri­buirle pleno cono­ci­miento, y una deli­be­rada y pla­ni­fi­cada volun­tad de pro­du­cir seme­jante horror.

Por el con­tra­rio, supon­ga­mos, más bien, que acu­sara a las víc­ti­mas de no reac­cio­nar debi­da­mente con­tra el fla­gelo y hasta excu­sara la res­pon­sa­bi­li­dad de los sica­rios que el grupo emplea para come­ter su cri­men por ser gente que habita en “aque­llos espa­cios misé­rri­mos en que se haci­nan los excluidos”.

Supon­ga­mos que el dia­rio supiera que esos “espa­cios misé­rri­mos” (que se lla­man “villas mise­ria”) son fomen­ta­dos e incen­ti­va­dos por el mismo grupo de pode­ro­sos a fin de tener un almá­cigo para cul­ti­var la clase de odio y de incli­na­ción al delito que nece­sita para man­te­ner su poder, pero que no lo dijera sino que acu­sara vela­da­mente a quie­nes toda­vía tie­nen algo de haber “excluido” a los otros, cul­pán­do­los de ser los crea­do­res de esos “espa­cios misérrimos”.

¿Qué pen­sa­ría Ud. de ese dia­rio? ¿No sos­pe­cha­ría que es cóm­plice del grupo pode­roso de enve­ne­na­do­res pero que quiere pasar por opo­si­tor para ganarse la con­fianza de las víc­ti­mas? Esto sería de una per­fi­dia casi inima­gi­na­ble y por eso las víc­ti­mas, casi toda gente inge­nua, no se darían cuenta de la manio­bra, segui­rían con­fiando en ese dia­rio y segui­rían some­ti­das al enve­ne­na­miento hasta su trá­gico final.

* * *

Hecho este ejer­ci­cio de ima­gi­na­ción le ruego leer, desde este punto de vista, el edi­to­rial de hoy de “La Nación” en el cual denun­cia el caos social que enve­nena a todo el país desde hace mucho tiempo, pero en espe­cial desde que Kir­ch­ner usurpó el poder en el 2003.

Ese edi­to­rial cer­ti­fica la exis­ten­cia del caos social (por lo cual podría decirse, “a con­fe­sión de parte relevo de prueba”) pero no enfa­tiza la enorme gra­ve­dad del hecho, ni la inten­ción con que es pro­vo­cado por la tira­nía. Y tan grave es, que está disol­viendo la armo­nía social, haciendo inha­bi­ta­ble e intran­si­ta­ble el país y creando toda una clase de agi­ta­do­res y de roño­sos que lejos de moles­tarse al ver como crece la inse­gu­ri­dad per­so­nal y decae la mora­li­dad gene­ral, se com­place en ello, por­que todo eso anti­cipa el triunfo de un Estado mar­xista que es el ámbito en el cual se sen­ti­rán real­mente due­ños de todas las vidas y de todos los bie­nes de los habi­tan­tes pací­fi­cos del país.

Esos mons­truos tie­nen el antí­doto con­tra el dis­gusto mor­tal que pro­duce en la gente de bien el caos social. Ese antí­doto es el pla­cer que éste les causa por­que odian a Dios y Su Ley, que son lo opuesto de ese caos. Ellos viven a sus anchas en el pecado, el des­or­den, la sucie­dad, la agi­ta­ción y la vio­len­cia, carac­te­rís­ti­cas pro­pias del caos social, den­tro del cual los más fuer­tes se reser­van espa­cios para gozar de un pla­cer lujoso y desaforado.

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Edi­to­rial de “La Nación” del 20/1/2012

“Inse­gu­ri­dad y desprotección

El dete­rioro del orden público es de una mag­ni­tud impen­sada; la inte­gri­dad de las per­so­nas, en riesgo permanente

Corres­ponde pre­gun­tarse qué ha lle­vado a la Argen­tina a un dete­rioro del orden público de la mag­ni­tud estre­me­ce­dora que se vive desde hace años a diario.

Bue­nos Aires ha que­dado con­ver­tida en una ciu­dad tomada, con vahos nau­sea­bun­dos pro­ve­nien­tes de basura api­lada, mien­tras el ciru­jeo se aplica a las autop­sias a cielo abierto. Cuando la pecu­liar faena llega a su tér­mino, suele que­dar un rema­nente de inmun­di­cias des­pa­rra­ma­das por las calles de la ciu­dad para fes­tín de roe­do­res y cache­tazo a quie­nes pro­pa­lan ante el mundo las bon­da­des de las polí­ti­cas de cali­dad ambien­tal. Eso con­cierne, si se quiere, a la salud y a la esté­tica. No es ello poco para una ciu­dad que en otros tiem­pos pre­servó con mucha mayor efi­ca­cia su belleza y urba­ni­dad, pero es de men­guada impor­tan­cia ante el ace­cho per­ma­nente a tran­seún­tes, auto­mo­vi­lis­tas, turis­tas y veci­nos de un cuchi­llo o arma de fuego arte­ros que ponen en cual­quier momento, a veces por unos pocos pesos, en riesgo mor­tal la inte­gri­dad humana.

Mucho peor es la situa­ción en el Gran Bue­nos Aires y en ciu­da­des de alguna dimen­sión regu­lar de esta y otras pro­vin­cias. Es en los ámbi­tos que con­gre­gan las vivien­das de las per­so­nas de meno­res recur­sos de la pobla­ción, y en aque­llos espa­cios misé­rri­mos en que se haci­nan los exclui­dos, en donde la inse­gu­ri­dad deja su estela más escan­da­losa de muer­tes y robos.

Tanto en la ciu­dad autó­noma como en la pro­vin­cia de Bue­nos Aires no son tanto las auto­ri­da­des loca­les, a pesar de las res­pon­sa­bi­li­da­des inhe­ren­tes a su com­pe­ten­cia, como el sello elo­cuente de la polí­tica nacio­nal lo que ha deri­vado en un estado de cosas incom­pa­ti­ble con el orden civi­li­zado. A ella deben impu­tár­sele la des­pro­tec­ción y la des­con­si­de­ra­ción por el ciu­da­dano común en que se ha caído.

Un epi­so­dio tan ele­men­tal como el desa­lojo de quie­nes se habían apo­de­rado nada menos que de la calle Flo­rida, con­vir­tién­dola en arte­ria intran­si­ta­ble y espec­táculo depri­mente, ha pare­cido, den­tro del con­texto domi­nante en el país, lo que de nin­guna manera era: una deci­sión polí­tica mayúscula.

En cual­quier país nor­mal, los teme­ra­rios pro­ta­go­nis­tas de aque­lla ocu­pa­ción, ile­gal por donde se la juz­gara, habrían con­tado con no más que esca­sos momen­tos para cesar con tamaño atre­vi­miento. Sin embargo, des­pués del desa­lojo hasta reci­bie­ron ges­tos de sim­pa­tía de fac­cio­nes del ofi­cia­lismo ense­ño­rea­das con fre­cuen­cia en los espa­cios públi­cos del país.

Estos mis­mos días, barra­bra­vas de Nueva Chicago irrum­pie­ron en el hos­pi­tal San­to­janni de esta capi­tal, donde vir­tual­mente des­tru­ye­ron todo lo que encon­tra­ron a su paso mien­tras bus­ca­ban a un supuesto agre­sor que se hallaba allí inter­nado. El gobierno nacio­nal había dis­puesto tiempo atrás el retiro de la cus­to­dia poli­cial de los hos­pi­ta­les y, desde enton­ces, las auto­ri­da­des nacio­na­les y las por­te­ñas se pasan unas a otras la pelota, en tanto la pobla­ción sufre las con­se­cuen­cias de la desprotección.

Cua­tro poli­cías han sido ase­si­na­dos recien­te­mente en el Gran Bue­nos Aires. En todos los casos caye­ron des­pués de haber repe­lido a delin­cuen­tes; uno de ellos fue ulti­mado en cir­cuns­tan­cias de haber encon­trado a su padre en manos de cap­to­res en el pro­pio domi­ci­lio y de pre­ten­der liberarlo.

La res­puesta del Minis­te­rio del Segu­ri­dad de la Nación ante esos deli­tos ha sido estu­diar nor­mas que impi­dan a los efec­ti­vos poli­cia­les por­tar armas cuando se encuen­tren, como ha ocu­rrido en un alto número de casos de bajas en sus filas, fuera de ser­vi­cio. Es decir que los únicos ciu­da­da­nos en con­di­cio­nes de hacer frente a la delin­cuen­cia que pulula serían desarmados.

Menos riesgo, pues, para ase­si­nos y ladro­nes, y más peli­gro para todos. No alcanza con una mani­fes­ta­ción ceñida a fami­lia­res y ami­gos de poli­cías ase­si­na­dos para cla­mar por más pro­tec­ción y acción con­tra la delin­cuen­cia. Debe rever­tirse por entero una polí­tica ins­tau­rada en 2003 que no ha hecho más que pro­fun­di­zarse en una socie­dad cuya mayo­ría, dicho con todas las letras, ha mirado para otro lado. Cuando ésta mire de otra manera, allí sí cam­bia­rán las cosas.”

* * *

¿Qué le pare­ció el edi­to­rial trans­cripto? Reco­nozco que la manio­bra es tan sutil que es muy difí­cil de acep­tar que sea tal. Sin embargo, creo que si no pone­mos un poco de suti­leza en nues­tros aná­li­sis de la peli­gro­sí­sima situa­ción nacio­nal, esta­mos perdidos.

La bote­lla al mar

Fuente: La botella al mar

Autor: Cosme Beccar Varela

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2 Comentarios en “Nos Están Envenenando La Vida”  

  1. 1 PEDRO JUAN

    Coin­cido en todas sus par­tes con el aná­li­sis efec­tuado por el Sr. Cosme Bec­car Varela. En reali­dad el veneno lo cono­ce­mos, cono­ce­mos quie­nes lo colo­can, sabe­mos a quie­nes va diri­gido, sabe­mos de sus accio­nes cola­te­ra­les. A su vez el antí­doto no llega por­que está ence­rrado en una caja cuya llave sólo la posee quien no tiene la capa­ci­dad ni la volun­tad de dis­tri­buirlo. En reali­dad las ale­go­rías y metá­fo­ras de este artículo son muy váli­das pues ponen en des­cu­bierto el fondo de la cues­tión. Cuando el disenso no existe sólo existe la voz inequí­voca de quien cree que es el gene­ra­dor de la suma del con­trol y cuando ese poder es en apa­rien­cia omni­po­tente las ins­ti­tu­cio­nes que supues­ta­mente esta­rían para defen­der el equi­li­brio, se arro­di­llan en acti­tud de súplica que­dando de hecho inva­li­da­das y some­ti­das, para que no les lle­gue el veneno letal que tarde o tem­prano tam­bién les hará desaparecer.

  2. 2 Eduardo Palacios Molina

    De acuerdo con los con­cep­tos que trans­cribe el autor de esta columna y con los ver­ti­dos por la edi­to­rial del dia­rio “La Nación” que este trans­cribe.
    Es indu­da­ble que el reagra­va­miento de la dic­ta­dura del terro­rismo mon­to­nero en el poder se reagrava en el 2003, pero el comienzo de esta se reini­cia desde que asu­mió al poder Raul Ricardo Alfon­sín. Des­co­no­cer la etio­lo­gía de una enfer­me­dad e igno­rar la bac­te­ria que la pro­duce, es algo que preo­cupa a quie­nes se han con­ver­tido atra­vés de los años en “pató­lo­gos” en esta epidemia.Seguir cre­yendo que con la caida del “Muro de Ber­lín” el comu­nismo es cosa del pasado, es el la mayor per­ver­si­dad que los medios hayan podido difun­dir. Es es la “inge­nui­dad” que hoy esta­mos pagando muy caro. Que los mili­ta­res le entre­ga­ran el poder al enemigo dis­fra­za­dos de “demó­cra­tas” es otro error que poco se ha difun­dido. Pero todo esto es todo un pro­ceso de la cual no esta ausente ante­ce­den­tes his­tó­ri­cos que se olvi­dan de expro­feso para caer en esta men­tira que hoy le segui­mos lla­mando “democracia“y que mane­jan los ” demo­crá­ti­cos” que son los mar­xis­tas, los neo­mar­xis­tas, que ayer aplau­die­ron a Sta­lin y luego domi­na­ron media Europa tras la cor­tina de hierro.Nos estan enve­nando a nues­tros hijos y nie­tos con estos dog­mas dia­bó­li­cos, que comien­zan diciendo “el dia­blo no existe” por lo tanto el mal no existe por­que tam­poco existe Dios. El comu­nismo no existe, mien­tras tanto Zanini, y sus secua­ces, afi­lia­dos al comu­nismo y al pero­nismo simul­ta­nea­mente, siguen moviendo los hilos de esta revo­lu­ción que denun­cia http://​www​.labo​te​llaal​mar​.com​.ar a lo largo de sus diez años de historia.

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