Las Armas Las Carga El Diablo

A veces tam­bién sale el tiro por la culata

Las armas se guar­dan lim­pias y des­car­ga­das, fuera del alcance de imber­bes presumidos.

Solo falta que algún volun­ta­rioso oprima el gati­llo y ¡Zas, fiesta nacional!

Hoy nadie duda sobre las razo­nes del con­flicto con Gran Bre­taña por Mal­vi­nas; que no había capa­ci­dad ope­ra­tiva para esa gue­rra, del inde­co­roso papel de la Armada cuyo pres­ti­gio solo salvó el mar­ti­rio del cru­cero Gene­ral Bel­grano y la asép­tica toma de Puerto Argentino.

No obs­tante para revol­ver heri­das, piensa reve­lar algu­nos de los fal­si­fi­ca­dos infor­mes Rattenbach.

Por­que hay uno sobre la gue­rra de Mal­vi­nas que deja a los jefes res­pon­sa­bles a medio paso del pelo­ton defu­si­la­miento y otro dis­po­niendo la baja sin hono­res y degra­da­ción de Perón, con prohi­bi­ción de usar títu­los grado y uniforme.

Como una cosa siem­pre trae la otra hasta es posi­ble que ten­gan que revin­di­car al capi­tán Astiz, un bri­llante ofi­cial de inte­li­gen­cia que no era infante de marina y nada tenía que hacer coman­dando la ocu­pa­ción de un peñasco des­ha­bi­tado del atlán­tico sur, salvo con­cre­tas y expre­sas orde­nes de sus jefes aún a costa de su vida y honor, por algo no lo rele­va­ron de la obli­ga­ción de guar­dar silen­cio sobre secre­tos de estado.

Ni hablar del Depar­ta­mento de Estado.

Por­que no publica algo mas intere­sante y que no sabe­mos, como la suce­sión de Nés­tor Kir­ch­ner, cuan­tas obras rutas, puen­tes, yaci­mien­tos se inau­gu­ra­ron desde el 2003 varias veces, sin haberse comen­zado ni ter­mi­nado ninguna.

Las pro­tes­tas con­tra la explo­ta­ción minera a cielo abierto en toda la pre­cor­di­llera desde Cata­marca a Santa Cruz ponen sobre el tapete que los man­da­tos elec­to­ra­les hoy en argen­tina tie­nen fecha de veci­miento antes de un mes.

Fuente: Los puntos sobre las íes

Autor: Leopoldo Silva Ortíz

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2 Comentarios en “Las Armas Las Carga El Diablo”  

  1. 1 Roberto Guitián

    Coin­cido con el autor en sus con­cep­tos, per­mi­tién­dome un par de agre­ga­dos, a saber:

    - Inde­pen­dien­te­mente de ser un bri­llante ofi­cial de inte­li­gen­cia, cum­plido caba­llero y mi amigo, Alfredo Astiz per­te­nece a la espe­cia­li­dad “buzo tác­tico”, que no son infan­tes de marina, pero guar­dan alguna rela­ción en cuanto a misio­nes tác­ti­cas, tal los cono­ci­dos “Seals” ame­ri­ca­nos. Y Alfredo no era la máxima auto­ri­dad en las islas, ya que por sobre él se encon­traba un Capi­tán de Cor­beta Infante de Marina, enviado espe­cial­mente para cum­plir fun­cio­nes de gober­nante miliar de las mis­mas. La dis­tor­sión es inten­cio­nada, arbi­tra­ria, falaz, y es uti­li­zada abier­ta­mente por todo el paté­tico zur­daje tanto como subli­mi­nal­mente por algu­nos mer­ce­na­rios que pre­ten­den escri­bir cró­ni­cas des­in­for­man­tes sobre la Gue­rra del Atlán­tico Sur, ocul­tando su ver­da­dera y oscura intención.

    –El tan men­tado informe Rat­ten­bach ha sido resu­ci­tado para tapar — cuado no — los gra­ví­si­mos pro­ble­mas a los que nos ha con­du­cido este des­go­bierno popu­lis­toide. En cuanto al tan con­sul­tado señor Augusto Rat­ten­bach — hijo del falle­cido Teniente Gene­ral — es un mili­tar inte­grado al deno­mi­nado “CEMIDA” del señor Balles­ter, esto es, una agru­pa­ción polí­tica de mili­ta­res reti­ra­dos que se mani­fiesta opuesta a a lo actuado en nues­tra Gue­rra Civil . Por otra parte, el señor Rat­ten­bach (h.) fue, a par­tir del año 1983, vice-rector del Con­ser­va­to­rio Muni­ci­pal de Música, hasta su defe­nes­tra­miento por decreto del enton­ces alcalde Aníbal Iba­rra — com­pa­ñero de ruta, tal vez ?- por care­cer del título habi­li­tante “Pro­fe­sor de Música” reque­rido para cum­plir con esa función.

    Sobre el tema que nos ocupa, hasta el momento no había leído una sola línea pro­du­cida por el men­cio­nado señor Augusto Rat­ten­bach en la que se refi­riera a un supuesto cam­bio de folios del informe de referencia.

  2. 2 Leopoldo Emilio Silva Ortiz

    Agra­dezco al Sr. Roberto Gui­tián sus acla­ra­cio­nes y doy pòr rec­ti­fi­cado el epi­so­dio que no cam­bia la linea de opinión.

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