Wilman y Malleza: Robles y Rosas

El expe­ri­mento cas­tro gue­va­rista no solo se impuso cam­biar el sis­tema socio polí­tico cuba­nos, sino modi­fi­car la natu­ra­leza humana y por esa razón ini­cia­ron un pro­ceso enfo­cado al ciu­da­dano que ellos iden­ti­fi­ca­ron como la crea­ción del hom­bre nuevo.

Esta­ti­za­ción de la ense­ñanza. Adoc­tri­na­miento polí­tico en las escue­las desde los pri­me­ros gra­dos. Crea­ción de los Pio­ne­ros. Escue­las al campo. Becas en el extran­jero. Expe­diente polí­tico para cada estu­diante. Depu­ra­ción sis­te­má­tica de los pro­fe­so­res. Dis­mi­nu­ción de la influen­cia de los padres y muchas medi­das más que tenían como fin for­jar un sujeto listo para aca­tar los man­da­tos que pro­ce­die­ran del Olimpo castrista.

La idea era for­jar ciu­da­da­nos mode­los. Hom­bres y muje­res que sopor­ta­ran estoi­ca­mente todos los sacri­fi­cios en la ins­tau­ra­ción y defensa del socia­lismo. Pen­sa­ron en un ciu­da­dano de men­ta­li­dad colec­ti­vista, tra­ba­ja­dor, sin ambi­cio­nes per­so­na­les y listo para dar la vida por los idea­les que pro­mo­vía la revo­lu­ción triunfante.

Mien­tras fue­ron niños y toda­vía la uto­pía pare­cía posi­ble, gobierno y muchos padres, impul­sa­ron a sus hijos a for­mar parte del paraíso pro­me­tido. Obe­dien­cia, defensa de las con­sig­nas y silen­cio ante los atro­pe­llos dell pró­jimo que no acep­taba el dis­curso oficial.

Aque­llos niños cre­cie­ron y se con­vir­tie­ron en hom­bres y muje­res sin con­tacto directo con la liber­tad y el derecho.

Con el paso de los años, los man­dan­tes que ya enve­je­cían, cre­ye­ron encon­trar el relevo en suje­tos como Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, entre otros, que sir­vie­ron mas por ofi­cio que por con­vic­ción, y de ahí la defe­nes­tra­ción que pade­cie­ron, pero tam­bién hay, sin garan­ti­zar sus com­pro­mi­sos polí­ti­cos futuro, gente como Mai­delys Gon­zá­lez, diri­gente de la Unión de Jóve­nes Comu­nista de Cuba que plan­teo en un dis­curso que ” la tibieza y la falta de iden­ti­dad del mili­tante son fac­to­res que ponen en peli­gro la con­ti­nui­dad his­tó­rica
de la revolución”.

Otros muchos calla­ron, sir­vie­ron en silen­cio o sim­ple­mente recha­za­ron la cadena. Cre­cie­ron ger­mi­nando den­tro de ellos, qui­zás imper­cep­ti­ble­mente, hasta el día que un fac­tor cata­li­za­dor lo des­en­ca­denó, la con­vic­ción de que todo ciu­da­dano es libre y sobe­rano y con pleno dere­cho a deci­dir sobre su destino.

Por suerte para Cuba la deci­sión de actuar, echar andar y cam­biar el país, la han tomado muchos de esos jóve­nes, al extremo que men­cio­nar­los a todos no es posible.

Orlando Zapata Tamayo, Wil­man Villar Men­doza, Ivonne Malleza Galano y Sara Marta Fon­seca, todos naci­dos des­pués del triunfo de la Revo­lu­ción, edu­ca­dos en sus escue­las, for­ma­dos en el des­po­tismo pero cons­cien­tes que tie­nen pleno dere­cho a ser libres no solo han puesto en juego su pre­ca­ria liber­tad, sino que tam­bién han estado dis­pues­tos a arries­gar la vida e inmo­larse, como hicie­ron Zapata y Wilman.

La pri­sión de Malleza Galano, libe­rada el mismo día que sepul­ta­ban a Wil­man, muerto como con­se­cuen­cia de una huelga de ham­bre en pro­testa por los abu­sos del régi­men, no es la pri­mera vez, des­gra­cia­da­mente tam­poco será la última, que una mujer cubana va a la cár­cel por defen­der su dere­cho a opi­nar y manifestarse.

Wil­man Villar Men­doza, tenía 31 años. Casado y dos hijas. Su esposa Maritza Pele­grino, Dama de Blanco, no pudo verle antes de morir, y como sino fuera sufi­ciente, la maqui­na­ria pro­pa­gan­dís­tica del cas­trismo, con la asis­ten­cia de sus defen­so­res en el exte­rior, inició una cam­paña de des­cré­dito con­tra un joven que fue san­cio­nado a cua­tro años de cár­cel por par­ti­ci­par en una pro­testa con­tra la dictadura.

Los esbi­rros no sopor­tan la ente­reza moral de sus cau­ti­vos. Cuando Wil­man pro­testó con una huelga de ham­bre por la injusta sen­ten­cia, fue ais­lado, remi­tido a una celda de cas­tigo sin ropas, des­pro­visto de todo, menos de su ente­reza moral.

La muerte Wil­man no es la pri­mera, al menos otros trece pri­sio­ne­ros polí­ti­cos cuba­nos, incluido Zapata, murie­ron por las mis­mas cau­sas que él entrego la vida y puede que no sea el último, por­que recu­rrir a la huelga de ham­bre como un gesto de supremo sacri­fi­cio ante el tota­li­ta­rismo cas­trista, es una prác­tica a la que los pri­sio­ne­ros polí­ti­cos cuba­nos recu­rren con mayor frecuencia.

La huelga de ham­bre se ha ido con­vir­tiendo en la mente de la opo­si­ción cubana en una pro­testa suprema ante la volun­tad cri­mi­nal del régi­men y tam­bién con­tra el egoísmo de quie­nes no quie­ren ver ni escu­char, ni en Cuba ni en el extran­jero, la dura reali­dad del castrismo.

Autor: Pedro Corzo

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