El General Julio Argentino Roca
realizó una obra de gobierno espectacular
Su lema fue paz y administración

Adhe­sión al des­agra­vio en Home­naje al Gral. Roca

En adhe­sión al des­agra­vio al Gene­ral Julio Argen­tino Roca, que pro­pone en este pres­ti­gioso dia­rio digi­tal “La His­to­ria para­lela”, el Sr. Fer­nando A. Cas­tro Pin­tos, secre­ta­rio de Cru­zada Con­ser­va­dora, a raíz de haber denos­tado la Jefa del gobierno nacio­nal actual Dra. Cris­tina Fer­nán­dez de Kir­ch­ner, al insigne patriota que fue el Gene­ral Roca, trans­cribo la mere­cida valo­ra­ción his­tó­rica que hiciera, ava­lada por los más rele­van­tes investigadores.

Nelida Rebo­llo de Mon­tes

Fue dis­tin­guido repre­sen­tante de una gene­ra­ción ilus­trada con pla­nes de edu­ca­ción y desa­rro­llo económico.

Tra­bajó para que la Argen­tina ingre­sara en la órbita del comer­cio mun­dial como pro­vee­dor de mate­rias pri­mas. Exportó los pro­duc­tos de la tierra.

Fomentó la inver­sión de capi­ta­les extran­je­ros. Pro­te­gió las pro­pie­da­des, terri­to­rios, hacien­das. Favo­re­ció la inmi­gra­ción. Reinó en su gobierno la edu­ca­ción, la Cons­ti­tu­ción y la ley.

El Gene­ral Julio Argen­tino Roca fue un ejem­plo de labo­rio­si­dad. Pro­du­cía sin des­canso. Tuvo como pun­tal el per­te­ne­cer a una gene­ra­ción (la del 80) inte­grada por patrio­tas de pro­yec­ción nacio­nal e inter­na­cio­nal. Esa gene­ra­ción de la que formó parte Roca, a la que tam­bién per­te­ne­cie­ron, entre otros, el Gene­ral Bar­to­lomé Mitre y Domingo Faus­tino Sar­miento, no con­ce­bían una ética sin obli­ga­ción, sin res­pon­sa­bi­li­dad, sin san­ción. La edu­ca­ción fue para ellos reso­nan­cia de los valo­res de la nacio­na­li­dad, al mismo tiempo que de los valo­res de la cul­tura universal.

Para valo­ri­zar al Gene­ral Roca hay que cono­cer la raíz del pen­sa­miento argen­tino, su evo­lu­ción his­tó­rica; la vida de nues­tros prohom­bres; los libros y docu­men­tos; los perió­di­cos publi­ca­dos sólo así com­pren­de­rán los que des­tru­yen esta­tuas y borran nom­bres glo­rio­sos de calles y ave­ni­das, su desa­tino imperdonable.

La memo­ria equi­li­brada no borrará la gra­ti­tud del home­naje que fue ele­gir el nom­bre del Gene­ral Roca para carac­te­ri­zar e ins­ti­tuir escue­las, calles, ave­ni­das y ele­var una esta­tua que per­pe­tuara el pro­greso, el orden, el res­peto a la ley y a la Constitución.

Los que impú­di­ca­mente hoy ter­gi­ver­san la his­to­ria pre­ten­diendo des­te­rrar la ima­gen y el nom­bre del Gene­ral Roca con­sa­grado en el cora­zón agra­de­cido de los argen­ti­nos, se encon­tra­rán con una barrera infran­quea­ble que opon­drán los ciu­da­da­nos que se pro­po­nen patrió­ti­ca­mente recu­pe­rar la repú­blica demo­crá­tica que fue la Argen­tina. Así el nom­bre de Roca sobre­vi­virá a des­pe­cho de las peo­res pasio­nes y seguirá alum­brando las men­tes de un pue­blo que sabe hon­rar mere­ci­mien­tos que nada tie­nen que ver con el par­ti­dismo polí­tico. Hay que reco­no­cer que la pasi­vi­dad, la inep­ti­tud y la hipo­cre­sía no for­ma­ron parte de los pro­yec­tos con que encaró el Gene­ral Roca la ins­pi­ra­ción para trans­for­mar el país.

Como dijé­ra­mos en pun­tua­li­za­cio­nes cita­das más arriba tra­bajó para que la Argen­tina ingre­sara en la órbita del comer­cio mun­dial como pro­vee­dor de mate­rias pri­mas. Exportó los pro­duc­tos de la tie­rra. Impor­taba las manu­fac­tu­ras para uso interno; fomentó los gran­des lati­fun­dios y la inmi­gra­ción. Pro­mo­vió la inver­sión de capi­ta­les extran­je­ros. En mate­ria edu­ca­tiva favo­re­ció la edu­ca­ción pri­ma­ria e ins­taló la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires y de Córdoba.

Durante su gobierno, Roca tra­bajó incan­sa­ble­mente para la orga­ni­za­ción del Estado, el res­peto a la Cons­ti­tu­ción y a la ley. Su obra lleva el sello de la con­quista del desierto que le per­mi­tió dar la segu­ri­dad nece­sa­ria para poblar la Argen­tina y ase­gu­rar la pro­duc­ción. La fede­ra­li­za­ción de Bue­nos Aires afirmó la auto­ri­dad del gobierno nacio­nal. El país poseyó la segu­ri­dad que necesitaba.

Roca, con­si­de­rado un hom­bre múl­ti­ple, fue el artí­fice para que el país viviera perio­dos de gran pros­pe­ri­dad como el uso del alam­brado para la deli­mi­ta­ción de los cam­pos; la cría racio­nal de ganado; aumentó la cría del ganado ovino por la demanda de la lana; incluyó el empleo de la indus­tria del frío en la expor­ta­ción de car­nes; difun­dió el ferro­ca­rril para lo cual creó vías de comu­ni­ca­ción que con­ver­gían hacia el puerto de Bue­nos Aires per­mi­tiendo la valo­ri­za­ción de la tie­rra con suma rapidez.

El gobierno del Gene­ral Roca no esca­timó esfuer­zos para favo­re­cer la inmi­gra­ción y con ella man­te­ner la paz interna ofre­ciendo, asi­mismo, a los inmi­gran­tes ven­ta­jo­sas posi­bi­li­da­des de trabajo.

Ita­lia y España en gran número deci­die­ron vivir en la Argen­tina y se ubi­ca­ron, la mayo­ría, en los cen­tros urba­nos. Los gran­des lati­fun­dios fre­na­ron la entrega de la tie­rra en pro­pie­dad a los colo­nos y se cons­tató en 1914 que la mayo­ría de los habi­tan­tes de la Capi­tal argen­tina eran extranjeros.

El pro­greso no paraba de aumen­tar en el gobierno del Gene­ral Roca. En 1889, inau­guró la pri­mera parte de las obras del puerto de Bue­nos Aires; la ple­ni­tud del pro­greso fue defi­nido así por Car­los Pelle­grini: “La Argen­tina es un ver­da­dero esla­bón con el comer­cio mun­dial”. Luego ven­dría la cons­truc­ción de los puer­tos de Rosa­rio, Bahía Blanca y Neu­quén. Tam­bién le dio la capi­tal a la pro­vin­cia de Bue­nos Aires con la fun­da­ción en 1882 de la ciu­dad de La Plata. Des­pués sur­gió Mar del Plata, ver­da­dero cen­tro de vera­neo de lo que se dio en lla­mar: “Cen­tro de vera­neo de la aris­to­cra­cia porteña”.

El pri­mer inten­dente muni­ci­pal de la ciu­dad de Bue­nos Aires fue Tor­cuato de Alvear, un gene­ra­dor de tra­bajo incan­sa­ble quien diri­gió en per­sona la demo­li­ción de la Recova para el pro­greso edi­li­cio. El tra­bajo de este inten­dente fue, sin lugar a dudas, excep­cio­nal pues se inte­graba al pro­greso edi­li­cio tra­ba­jando hasta en horas de la noche para lo cual se las inge­nió en idear un sis­tema de luz eléc­trica que le per­mi­tiera con­ti­nuar horas y horas de esfuerzo hasta entrada la noche.

Se ha dicho que en el gobierno de Julio Argen­tino Roca el país estaba en ebu­lli­ción por la cele­ri­dad y aumento de obras, entre las que se cuenta, el alum­brado, el gas; obras sani­ta­rias; nue­vos edi­fi­cios públi­cos; líneas de tran­vías; ins­ta­la­ción de telé­fo­nos. El tra­bajo fer­viente del inten­dente Tor­cuato de Alvear siguió deli­neando nue­vas calles y avenidas.

La pobla­ción adqui­rió un nuevo estilo de vida con­tando con un moder­ní­simo sec­tor resi­den­cial: El famoso Barrio Norte cuyas casas osten­ta­ban el estilo Regen­cia; Palermo per­mi­tió des­pla­za­mien­tos y paseos lle­nos de belleza. Incor­poró el club para la amis­tad y con­fra­ter­ni­dad (Club del pro­greso: Jockey Club; Club del Orden; Club de Armas) Se inau­gu­ra­ron hos­pi­ta­les y el inte­rés por la medi­cina social.

El Gene­ral Julio A. Roca con­ti­nuó la labor de sus ante­ce­so­res con el gran pro­greso mate­rial citado. Fue dis­tin­guido repre­sen­tante de una gene­ra­ción ilus­trada con pla­nes de edu­ca­ción y desa­rro­llo eco­nó­mico. El Gene­ral Roca asu­mió la pre­si­den­cia el 12 de octu­bre de 1880 y su vice­pre­si­dente fue Fran­cisco B. Madero.

El gober­na­dor de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires, Dardo Rocha, señaló el lugar en que crea­ría la nueva Bue­nos Aires y fundó la ciu­dad de la Ense­nada sobre los terre­nos altos, nueva capi­tal de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires, des­ti­nada a ser el cen­tro de irra­dia­ción polí­tica, cul­tu­ral y comer­cial en tan vasto terri­to­rio. La fun­da­ción se realizó el 19 de noviem­bre de 1882.

Durante la pre­si­den­cia de Julio A. Roca (1880–1886) se san­cionó la ley 1.565 por la que se crea­ban Regis­tros Civi­les en la juris­dic­ción fede­ral (Capi­tal Fede­ral y Terri­to­rios Nacio­na­les) El Regis­tro Civil es un orga­nismo admi­nis­tra­tivo o ser­vi­cio público, encar­gado de dejar cons­tan­cia de los hechos o actos rela­ti­vos al estado civil de las per­so­nas natu­ra­les, así como otros que las leyes le enco­mien­den. En el Regis­tro Civil se ins­cri­ben los naci­mien­tos, la filia­ción, el nom­bre y ape­llido de las per­so­nas, los falle­ci­mien­tos reales o pre­sun­tos, los matri­mo­nios. Asi­mismo, puede corres­pon­derle, según el país, el regis­tro de las guar­das, la patria potes­tad, las eman­ci­pa­cio­nes y las nacionalizaciones.

El pre­si­dente Roca tam­bién con­ti­nuó la labor mili­tar en las cam­pa­ñas del desierto que había empren­dido como Minis­tro de Nico­lás Ave­lla­neda, exten­diendo el área que se entregó a la colo­ni­za­ción. Las cam­pa­ñas del Gene­ral Ville­gas en el sur de Río Negro y las del Minis­tro de Gue­rra, Gene­ral Vic­to­rica, al norte del Ber­mejo, influ­ye­ron en la pose­sión defi­ni­tiva de los terri­to­rios pata­gó­ni­cos y del Chaco. Esa ocu­pa­ción de la Pata­go­nia ha podido ser­vir de base al tra­tado que el Gene­ral Roca con­cluyó con Chile, tra­tado que esta­ble­ció el límite occi­den­tal de la Repú­blica Argentina.

Favo­re­ció el comer­cio exte­rior; red ferro­via­ria y la inmi­gra­ción. Se regis­tra­ron cifras des­co­no­ci­das en mate­ria eco­nó­mica. Las expor­ta­cio­nes en 1880 eran de 45.535.880 pesos oro, alcan­za­ron en 1886 a 95.408.745 pesos oro. Las expor­ta­cio­nes fue­ron 58.380.787 pesos en 1880 y 69.834.841 en 1886. Durante los seis años en el gobierno del Gene­ral Roca entra­ron al país 483.000 inmigrantes.

En cuanto a la edu­ca­ción, pre­via­mente a los deba­tes, en el Par­la­mento argen­tino durante la pre­si­den­cia del gene­ral Roca se dictó la Ley de Edu­ca­ción Común o de edu­ca­ción pri­ma­ria obli­ga­to­ria, gra­tuita y laica. Varios minis­tros de Roca apo­ya­ron el prin­ci­pio de lai­ci­dad de la ense­ñanza, entre ellos, Dr. Eduardo Wilde, Minis­tro de Jus­ti­cia e Ins­truc­ción Pública. Tam­bién el ex Minis­tro de Ins­truc­ción Pública de Ave­lla­neda, Dr. Enésimo Legui­za­món; Lagos Gar­cía y Emi­lio Civit. En cam­bio, el repre­sen­tante del par­tido cató­lico, Pedro Goyena, desa­rro­lló la tesis de que la ense­ñanza reli­giosa debía darse en la escuela por el maes­tro. En la Cámara de Dipu­tados el pro­yecto de ley se aprobó por cua­renta y tres votos con­tra diez. Apro­bado en el Senado se con­vir­tió en la Ley 1.420, el 8 de julio de 1884. Se reco­no­ció que la escuela pri­ma­ria elevó pode­ro­sa­mente el nivel cul­tu­ral y social del pue­blo, ade­más de com­ba­tir el analfabetismo.

El Dr. Nico­lás Ave­lla­neda, sena­dor enton­ces y rec­tor de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires, aprobó la ley refe­rida al fun­cio­na­miento de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires y Cór­doba en el gobierno del Gene­ral Julio Argen­tino Roca.

Se dic­ta­ron leyes orgá­ni­cas en los Tri­bu­na­les de los terri­to­rios nacio­na­les y la ley de la Muni­ci­pa­li­dad de la Capi­tal, con el gobierno autó­nomo del inten­dente Tor­cuato de Alvear quien cum­plió su plan extra­or­di­na­rio de trans­for­ma­ción edi­li­cia de Bue­nos Aires.

La cues­tión de lími­tes con Chile fue resuelta por el Gene­ral Roca por el tra­tado de julio de 1881. Se fijó entre la Argen­tina y la nación vecina de Chile la línea de las más altas cum­bres de la Cor­di­llera de Los Andes, de norte a sur, hasta el para­lelo 52º de lati­tud; se declaró neu­tral y libre para la nave­ga­ción de todos los paí­ses el Estre­cho de Maga­lla­nes y se deli­mitó Tie­rra del Fuego acor­dán­dose que cual­quier cues­tión que se soli­ci­tara sería some­tido al arbi­traje. Todo civi­li­za­dor es un edu­ca­dor del pue­blo. Todo depre­da­dor dañino es un enemigo de la edu­ca­ción y el progreso.

Para el Gene­ral Julio Argen­tino Roca el hom­bre es capaz de ele­varse hasta la cul­tura por la edu­ca­ción y en su seno rea­liza su per­so­na­li­dad por el camino de la libertad.

 

 

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*Nélida Rebo­llo de Mon­tes, Pro­fe­sora y perio­dista, dis­tin­guida con el Pre­mio Bene­fac­tora de la Cul­tura. Ingresó en la Aca­de­mia Pro­vin­cial de la His­to­ria con el tra­bajo titu­lado “Muje­res de mayo y prác­ti­cas elec­to­ra­les de 1816”. Con el voto uná­nime ingresó a la Socie­dad Argen­tina de Escri­to­res, ins­ti­tu­ción que la dis­tin­guió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Pre­mio de Honor”. Autora del libro “Nues­tro Tiempo y Nues­tras Razo­nes”, que incluye artícu­los perio­dís­ti­cos, afron­tando la difí­cil tarea del comen­ta­rio sobre lo que con­si­dera más impor­tante de la reali­dad. El libro figura en las Uni­ver­si­da­des de Yale; de Colum­bia y en el catá­logo online de la Biblio­teca del Con­greso de Esta­dos Uni­dos de Nor­te­amé­rica. Esta infor­ma­ción está en internet.

Su Ensayo “Rosa­lía de Cas­tro. Anto­nio de la Torre: dos tes­ti­mo­nios de la pasión poé­tica” fue incluido en la Biblio­teca de la Uni­ver­si­dad de San­tiago de Com­pos­tela (España); en la Biblio­teca Pública de Nueva York y en la Uni­ver­si­dad Stony Brook de Nueva York de Esta­dos Uni­dos de Nor­te­amé­rica. Fue galar­do­nada, en 1986, con el pre­mio inter­na­cio­nal “Hono­ris Causa”, otor­gado por la Acción Cató­lica Argen­tina con sede en Los Ánge­les, Esta­dos Uni­dos de Nor­te­amé­rica. En el mismo año, la Comi­sión Inter­ame­ri­cana de Muje­res de la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Ame­ri­ca­nos (OEA) la pre­mió en el año inter­na­cio­nal de la Paz. Fue ele­gida, en 1990, “Ciu­da­dana Ilus­tre” por la Muni­ci­pa­li­dad de la Capi­tal de San Juan; y, con­de­co­rada, en 1994, por el Dia­rio la Razón como perio­dista des­ta­cada del inte­rior del país. El Cen­tro de Artis­tas Plás­ti­cos de San Juan la con­sa­gró, en el mismo año, “Bene­fac­tora del Arte”. Tres veces pre­miada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Aso­cia­ción de Enti­da­des Perio­dís­ti­cas de la Argen­tina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.

La Dra. Rebecca Ann Bill de la Uni­ver­si­dad de Stan­ford (Cali­for­nia, Esta­dos Uni­dos), con­tra­tada por FORES (Foro de Estu­dios sobre la Admi­nis­tra­ción de Jus­ti­cia de la Repú­blica Argen­tina) con­sultó como fuente de de infor­ma­ción un artículo perio­dís­tico de la Pro­fe­sora Nélida Rebo­llo de Mon­tes (Argen­tina) titu­lado “La Suprema Corte de Jus­ti­cia en la Pre­si­den­cia de Mitre” y fue selec­cio­nada con­jun­ta­mente con el Dr. Harold J. Ber­man (esta­dou­ni­dense) de la Uni­ver­si­dad de Cam­bridge y pro­fe­sor emé­rito de la Uni­ver­si­dad de Har­vard. De ambos auto­res la Dra. Bill uti­lizó datos para su obra de inves­ti­ga­ción: “Medi­ción de la auto­no­mía judi­cial. Juz­gado Fede­ral de pri­mera ins­tan­cia en lo penal de la Repú­blica Argentina”.

(*)Colum­nista de Radio La Red en su Revista Plural

Autor: Nélida Rebollo de Montes(*

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4 Comentarios en “El General Julio Argentino Roca
realizó una obra de gobierno espectacular
Su lema fue paz y administración”  

  1. 1 Eduardo Ferreyra

    En ver­dad, cues­tio­nar, no ya vili­pen­diar al Gral. Roca es señal de tener muy mala entraña. Como se observa en el exce­lente artículo, sin la acción de Roca en el gobierno Argen­tina hubiese sido un país de quinta cate­go­ría fácil de ser absor­bido eco­nó­mi­ca­mente por las poten­cias euro­peas. Hubiese sido un país tan desor­ga­ni­zado y nada res­pe­tuoso de las liber­ta­des indi­vi­dua­les como el que tene­mos actualmente.

    ¡Cuánta falta nos hace otro Roca en estos momentos!

  2. 2 Juan Carlos

    No estoy de acuerdo con la polí­tica del gobierno de que­rer re-escribir la his­to­ria. Estoy de acuerdo que el Gral Roca al lado de los polí­ti­cos actua­les se des­taca y por mucho en hones­ti­dad y patrio­tismo. Pero no estoy de acuerdo con que haya esta­ble­cido una ley laica, impi­diendo que los jóve­nes de Argen­tina, que nació y se cul­tivó en la edu­ca­ción cris­tiana, ten­gan acceso a una for­ma­ción inte­gral, moral y cris­tiana. Por mucho esfuerzo que haga la men­ta­li­dad libe­ral, no podrán nunca lograr incul­car un ver­da­dero amor a la Patria si se niega a Dios y su Igle­sia. Con­si­dero de esta manera que la ley 1420 no sólo no solu­cionó el anal­fa­be­tismo, sino que allí debe­mos encon­trar la raíz del estado actual de nues­tros jóve­nes y todas las lacras de diri­gen­tes que hoy se refie­ren a nues­tra Patria como “este país de mierda”. Ni hablar de los años 70 .
    Con­clu­sión: deje­mos a los muer­tos tran­qui­los, pero sepa­mos dis­tin­guir acier­tos y erro­res.
    Juan Car­los Puy

  3. 3 JOAQUIN

    DEMO­NI­ZA­CION DE ROCA Y EXAL­TA­CION DE KIR­CH­NER
    Para el “kir­ch­ne­rismo duro”, la his­to­ria no es algo real –lo que en ver­dad ocu­rrió, que sólo puede cono­cerse mediante serias inves­ti­ga­cio­nes– sino algo ima­gi­na­rio, el relato , esa visión del pasado que impone hacia atrás el grupo domi­nante. La lla­mada bata­lla cul­tu­ral en que la que están empe­ña­dos los ultra­kir­ch­ne­ris­tas con­siste en sus­ti­tuir la visión hasta ahora pre­do­mi­nante de nues­tro pasado, lo que ellos lla­man “el relato libe­ral”, por “otro relato”, en el cual los pró­ce­res de antaño pasan a ser los villa­nos y las figu­ras emble­má­ti­cas del pro­ceso nacido en 2003, par­ti­cu­lar­mente Nés­tor Kir­ch­ner, pasan a ser los nue­vos pró­ce­res. La bata­lla cul­tu­ral que ha empren­dido el ultra­kir­ch­ne­rismo apunta a dos obje­ti­vos cen­tra­les: de un lado, bea­ti­fi­car a Kir­ch­ner; del otro, demo­ni­zar a los repre­sen­tan­tes de la que ellos lla­man “la Argen­tina libe­ral” y, par­ti­cu­lar­mente, a Julio Argen­tino Roca, que pre­si­dió nues­tro país de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904.
    La demo­ni­za­ción de Roca es un pro­yecto que dis­cu­rre a tra­vés de tres vías con­ver­gen­tes cuya inten­ción común es des­tro­narlo de la con­si­de­ra­ción de los argen­ti­nos de hoy y, par­ti­cu­lar­mente, de los jóve­nes que, a la inversa de los ciu­da­da­nos de edad madura, no pue­den refu­tar a los pro­mo­to­res de la “bata­lla cul­tu­ral” desde sus pro­pios recuer­dos. La pri­mera de estas vías es la publi­ca­ción de supues­tos libros de his­to­ria que, en reali­dad, no son otra cosa que pie­zas de pro­pa­ganda para el con­sumo de los menos infor­ma­dos. La segunda vía tiende a man­char, des­truir o muti­lar los monu­men­tos que, desde la Pata­go­nia hasta Bue­nos Aires, han venido exal­tando a Roca desde hace un siglo. La ter­cera vía es borrar su ima­gen hasta de los bille­tes de cien pesos.
    Bas­tan algu­nos ejem­plos para ilus­trar esta cam­paña. El escri­tor Osvaldo Bayer ha pro­puesto reti­rar la esta­tua de Roca de la ciu­dad de Bue­nos Aires por­que, en su opi­nión, “fue el Hitler argen­tino”. La dipu­tada Ceci­lia Mer­chán pro­puso reem­pla­zar la figura de Roca de los bille­tes de cien pesos por la ima­gen de Juana Azur­duy, una heroína indu­da­ble de nues­tra inde­pen­den­cia. Otro dipu­tado, esta vez agra­rio y radi­cal, Uli­ses Forte, quiere sus­ti­tuir a Roca en los bille­tes de cien pesos por estam­pas del famoso Grito de Alcorta de 1912, que dio naci­miento a la pujante Fede­ra­ción Agra­ria. Los dipu­tados del Frente para la Vic­to­ria han anun­ciado que impul­sa­rán el reem­plazo de Roca en los bille­tes por la figura, sin duda elo­gia­ble, de Hipó­lito Yri­go­yen. En el impo­nente Cen­tro Cívico de San Car­los de Bari­lo­che, el monu­mento a Roca que toda­vía lo pre­side ha sido un blanco ince­sante de pin­ta­das agre­si­vas que anun­cian la inten­ción de remo­verlo.
    Ata­que y defensa
    El prin­ci­pal argu­mento que se uti­liza para denos­tar a Roca es que en la Cam­paña del Desierto de 1877, que con­dujo como minis­tro de Gue­rra, incu­rrió en geno­ci­dio para ani­qui­lar a los “pue­blos ori­gi­na­rios” que pobla­ban la Pata­go­nia. Bas­ta­ría recu­rrir a ver­da­de­ros his­to­ria­do­res como Félix Luna en su esplén­dida bio­gra­fía, que lleva por título Soy Roca, o a otros estu­dio­sos, como Luis Alberto Romero, para des­en­mas­ca­rar esta fala­cia. En pri­mer lugar, por­que los mapu­ches a los que derrotó Roca no eran “pue­blos ori­gi­na­rios” de la Pata­go­nía sino pue­blos “inva­so­res”, ya que eran arau­ca­nos que pro­ve­nían de Chile y que habían ani­qui­lado a los ver­da­de­ros pue­blos ori­gi­na­rios, los tehuel­ches, antes de que lle­gara Roca. En segundo lugar, por­que habría que ano­tar que muchos mapu­ches, aun­que no todos, sin ser por cierto los idí­li­cos “bue­nos sal­va­jes” de Rous­seau, desata­ron los malo­nes que mata­ban a nues­tros pio­ne­ros rura­les, y rap­ta­ban a sus muje­res, lle­ván­dose el pro­ducto de sus san­grien­tas corre­rías al otro lado de la cor­di­llera. En ter­cer lugar, por­que Roca, lejos de ser un des­pia­dado “geno­cida”, pactó la paz con casi todas las tri­bus inva­so­ras.
    La cali­fi­ca­ción de “geno­cida” mediante la cual se lo pre­tende demo­ni­zar incu­rre en un pecado que el pro­pio Max Weber denun­ció cuando sos­tuvo que el ver­da­dero his­to­ria­dor no es quien retro­pro­yecta sus pro­pios valo­res al pasado, sino quien des­cribe a los pro­ta­go­nis­tas del pasado desde los valo­res que ellos mis­mos poseían. En la Argen­tina de 1877 había un con­senso prác­ti­ca­mente uná­nime por librar a los colo­nos del fla­gelo del malón, y Roca lo ins­tru­mentó no sólo con sol­ven­cia mili­tar, sino tam­bién con mesura polí­tica, redu­ciendo su acción mili­tar a batir en com­bate a los pocos miles de lan­zas que, pese a sus ofer­tas de paz, lo desa­fia­ban.
    Debe reco­no­cerse tam­bién que Roca no con­si­guió que Chile admi­tiera nues­tra sobe­ra­nía sobre la Pata­go­nia mediante una gue­rra que supo evi­tar, sino que, haciendo gala de su insu­pe­rada astu­cia, jus­ta­mente cuando Chile libraba con­tra Perú y Boli­via la Gue­rra del Pací­fico de 1879–1883, con sólo insi­nuar al gobierno tras­an­dino que, a menos que acep­tara nues­tros recla­mos en el Sur, entra­ría­mos en esa gue­rra del lado de sus enemi­gos, obtuvo lo que pre­ten­día sin dis­pa­rar un tiro. Fue gra­cias a esta incruenta estra­ta­gema como con­so­lidó el domi­nio argen­tino de la Pata­go­nia, y logró que millo­nes de pobla­do­res ulte­rio­res, entre ellos el pro­pio Kir­ch­ner, pudie­ran sen­tir más tarde el agui­jón de la argen­ti­ni­dad. Roca nos dio la Pata­go­nia sin derra­ma­miento de san­gre. Decre­tar su demo­ni­za­ción agre­gán­dole la bea­ti­fi­ca­ción simul­tá­nea, ful­mi­nante y anta­gó­nica de Kir­ch­ner, es lle­var la ideo­lo­gía dema­siado lejos.

  4. 4 Alicia Fernández

    Exce­lente el artículo. Me adhiero al des­agra­vio . Feli­ci­ta­cio­nes! exten­si­vas a todos los comentaristas.

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