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El General Julio Argentino Roca
realizó una obra de gobierno espectacular
Su lema fue paz y administración
Adhesión al desagravio en Homenaje al Gral. Roca
En adhesión al desagravio al General Julio Argentino Roca, que propone en este prestigioso diario digital “La Historia paralela”, el Sr. Fernando A. Castro Pintos, secretario de Cruzada Conservadora, a raíz de haber denostado la Jefa del gobierno nacional actual Dra. Cristina Fernández de Kirchner, al insigne patriota que fue el General Roca, transcribo la merecida valoración histórica que hiciera, avalada por los más relevantes investigadores.
Nelida Rebollo de Montes
Fue distinguido representante de una generación ilustrada con planes de educación y desarrollo económico.
Trabajó para que la Argentina ingresara en la órbita del comercio mundial como proveedor de materias primas. Exportó los productos de la tierra.
Fomentó la inversión de capitales extranjeros. Protegió las propiedades, territorios, haciendas. Favoreció la inmigración. Reinó en su gobierno la educación, la Constitución y la ley.
El General Julio Argentino Roca fue un ejemplo de laboriosidad. Producía sin descanso. Tuvo como puntal el pertenecer a una generación (la del 80) integrada por patriotas de proyección nacional e internacional. Esa generación de la que formó parte Roca, a la que también pertenecieron, entre otros, el General Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, no concebían una ética sin obligación, sin responsabilidad, sin sanción. La educación fue para ellos resonancia de los valores de la nacionalidad, al mismo tiempo que de los valores de la cultura universal.
Para valorizar al General Roca hay que conocer la raíz del pensamiento argentino, su evolución histórica; la vida de nuestros prohombres; los libros y documentos; los periódicos publicados sólo así comprenderán los que destruyen estatuas y borran nombres gloriosos de calles y avenidas, su desatino imperdonable.
La memoria equilibrada no borrará la gratitud del homenaje que fue elegir el nombre del General Roca para caracterizar e instituir escuelas, calles, avenidas y elevar una estatua que perpetuara el progreso, el orden, el respeto a la ley y a la Constitución.
Los que impúdicamente hoy tergiversan la historia pretendiendo desterrar la imagen y el nombre del General Roca consagrado en el corazón agradecido de los argentinos, se encontrarán con una barrera infranqueable que opondrán los ciudadanos que se proponen patrióticamente recuperar la república democrática que fue la Argentina. Así el nombre de Roca sobrevivirá a despecho de las peores pasiones y seguirá alumbrando las mentes de un pueblo que sabe honrar merecimientos que nada tienen que ver con el partidismo político. Hay que reconocer que la pasividad, la ineptitud y la hipocresía no formaron parte de los proyectos con que encaró el General Roca la inspiración para transformar el país.
Como dijéramos en puntualizaciones citadas más arriba trabajó para que la Argentina ingresara en la órbita del comercio mundial como proveedor de materias primas. Exportó los productos de la tierra. Importaba las manufacturas para uso interno; fomentó los grandes latifundios y la inmigración. Promovió la inversión de capitales extranjeros. En materia educativa favoreció la educación primaria e instaló la Universidad de Buenos Aires y de Córdoba.
Durante su gobierno, Roca trabajó incansablemente para la organización del Estado, el respeto a la Constitución y a la ley. Su obra lleva el sello de la conquista del desierto que le permitió dar la seguridad necesaria para poblar la Argentina y asegurar la producción. La federalización de Buenos Aires afirmó la autoridad del gobierno nacional. El país poseyó la seguridad que necesitaba.
Roca, considerado un hombre múltiple, fue el artífice para que el país viviera periodos de gran prosperidad como el uso del alambrado para la delimitación de los campos; la cría racional de ganado; aumentó la cría del ganado ovino por la demanda de la lana; incluyó el empleo de la industria del frío en la exportación de carnes; difundió el ferrocarril para lo cual creó vías de comunicación que convergían hacia el puerto de Buenos Aires permitiendo la valorización de la tierra con suma rapidez.
El gobierno del General Roca no escatimó esfuerzos para favorecer la inmigración y con ella mantener la paz interna ofreciendo, asimismo, a los inmigrantes ventajosas posibilidades de trabajo.
Italia y España en gran número decidieron vivir en la Argentina y se ubicaron, la mayoría, en los centros urbanos. Los grandes latifundios frenaron la entrega de la tierra en propiedad a los colonos y se constató en 1914 que la mayoría de los habitantes de la Capital argentina eran extranjeros.
El progreso no paraba de aumentar en el gobierno del General Roca. En 1889, inauguró la primera parte de las obras del puerto de Buenos Aires; la plenitud del progreso fue definido así por Carlos Pellegrini: “La Argentina es un verdadero eslabón con el comercio mundial”. Luego vendría la construcción de los puertos de Rosario, Bahía Blanca y Neuquén. También le dio la capital a la provincia de Buenos Aires con la fundación en 1882 de la ciudad de La Plata. Después surgió Mar del Plata, verdadero centro de veraneo de lo que se dio en llamar: “Centro de veraneo de la aristocracia porteña”.
El primer intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires fue Torcuato de Alvear, un generador de trabajo incansable quien dirigió en persona la demolición de la Recova para el progreso edilicio. El trabajo de este intendente fue, sin lugar a dudas, excepcional pues se integraba al progreso edilicio trabajando hasta en horas de la noche para lo cual se las ingenió en idear un sistema de luz eléctrica que le permitiera continuar horas y horas de esfuerzo hasta entrada la noche.
Se ha dicho que en el gobierno de Julio Argentino Roca el país estaba en ebullición por la celeridad y aumento de obras, entre las que se cuenta, el alumbrado, el gas; obras sanitarias; nuevos edificios públicos; líneas de tranvías; instalación de teléfonos. El trabajo ferviente del intendente Torcuato de Alvear siguió delineando nuevas calles y avenidas.
La población adquirió un nuevo estilo de vida contando con un modernísimo sector residencial: El famoso Barrio Norte cuyas casas ostentaban el estilo Regencia; Palermo permitió desplazamientos y paseos llenos de belleza. Incorporó el club para la amistad y confraternidad (Club del progreso: Jockey Club; Club del Orden; Club de Armas) Se inauguraron hospitales y el interés por la medicina social.
El General Julio A. Roca continuó la labor de sus antecesores con el gran progreso material citado. Fue distinguido representante de una generación ilustrada con planes de educación y desarrollo económico. El General Roca asumió la presidencia el 12 de octubre de 1880 y su vicepresidente fue Francisco B. Madero.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Dardo Rocha, señaló el lugar en que crearía la nueva Buenos Aires y fundó la ciudad de la Ensenada sobre los terrenos altos, nueva capital de la provincia de Buenos Aires, destinada a ser el centro de irradiación política, cultural y comercial en tan vasto territorio. La fundación se realizó el 19 de noviembre de 1882.
Durante la presidencia de Julio A. Roca (1880–1886) se sancionó la ley 1.565 por la que se creaban Registros Civiles en la jurisdicción federal (Capital Federal y Territorios Nacionales) El Registro Civil es un organismo administrativo o servicio público, encargado de dejar constancia de los hechos o actos relativos al estado civil de las personas naturales, así como otros que las leyes le encomienden. En el Registro Civil se inscriben los nacimientos, la filiación, el nombre y apellido de las personas, los fallecimientos reales o presuntos, los matrimonios. Asimismo, puede corresponderle, según el país, el registro de las guardas, la patria potestad, las emancipaciones y las nacionalizaciones.
El presidente Roca también continuó la labor militar en las campañas del desierto que había emprendido como Ministro de Nicolás Avellaneda, extendiendo el área que se entregó a la colonización. Las campañas del General Villegas en el sur de Río Negro y las del Ministro de Guerra, General Victorica, al norte del Bermejo, influyeron en la posesión definitiva de los territorios patagónicos y del Chaco. Esa ocupación de la Patagonia ha podido servir de base al tratado que el General Roca concluyó con Chile, tratado que estableció el límite occidental de la República Argentina.
Favoreció el comercio exterior; red ferroviaria y la inmigración. Se registraron cifras desconocidas en materia económica. Las exportaciones en 1880 eran de 45.535.880 pesos oro, alcanzaron en 1886 a 95.408.745 pesos oro. Las exportaciones fueron 58.380.787 pesos en 1880 y 69.834.841 en 1886. Durante los seis años en el gobierno del General Roca entraron al país 483.000 inmigrantes.
En cuanto a la educación, previamente a los debates, en el Parlamento argentino durante la presidencia del general Roca se dictó la Ley de Educación Común o de educación primaria obligatoria, gratuita y laica. Varios ministros de Roca apoyaron el principio de laicidad de la enseñanza, entre ellos, Dr. Eduardo Wilde, Ministro de Justicia e Instrucción Pública. También el ex Ministro de Instrucción Pública de Avellaneda, Dr. Enésimo Leguizamón; Lagos García y Emilio Civit. En cambio, el representante del partido católico, Pedro Goyena, desarrolló la tesis de que la enseñanza religiosa debía darse en la escuela por el maestro. En la Cámara de Diputados el proyecto de ley se aprobó por cuarenta y tres votos contra diez. Aprobado en el Senado se convirtió en la Ley 1.420, el 8 de julio de 1884. Se reconoció que la escuela primaria elevó poderosamente el nivel cultural y social del pueblo, además de combatir el analfabetismo.
El Dr. Nicolás Avellaneda, senador entonces y rector de la Universidad de Buenos Aires, aprobó la ley referida al funcionamiento de la Universidad de Buenos Aires y Córdoba en el gobierno del General Julio Argentino Roca.
Se dictaron leyes orgánicas en los Tribunales de los territorios nacionales y la ley de la Municipalidad de la Capital, con el gobierno autónomo del intendente Torcuato de Alvear quien cumplió su plan extraordinario de transformación edilicia de Buenos Aires.
La cuestión de límites con Chile fue resuelta por el General Roca por el tratado de julio de 1881. Se fijó entre la Argentina y la nación vecina de Chile la línea de las más altas cumbres de la Cordillera de Los Andes, de norte a sur, hasta el paralelo 52º de latitud; se declaró neutral y libre para la navegación de todos los países el Estrecho de Magallanes y se delimitó Tierra del Fuego acordándose que cualquier cuestión que se solicitara sería sometido al arbitraje. Todo civilizador es un educador del pueblo. Todo depredador dañino es un enemigo de la educación y el progreso.
Para el General Julio Argentino Roca el hombre es capaz de elevarse hasta la cultura por la educación y en su seno realiza su personalidad por el camino de la libertad.
———————————————–
*Nélida Rebollo de Montes, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos periodísticos, afrontando la difícil tarea del comentario sobre lo que considera más importante de la realidad. El libro figura en las Universidades de Yale; de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica. Esta información está en internet.
Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre: dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela (España); en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica. Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” por la Municipalidad de la Capital de San Juan; y, condecorada, en 1994, por el Diario la Razón como periodista destacada del interior del país. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.
La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos), contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (Argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y fue seleccionada conjuntamente con el Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación: “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.
(*)Columnista de Radio La Red en su Revista Plural
Autor: Nélida Rebollo de Montes(*
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realizó una obra de gobierno espectacular
Su lema fue paz y administración”
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En verdad, cuestionar, no ya vilipendiar al Gral. Roca es señal de tener muy mala entraña. Como se observa en el excelente artículo, sin la acción de Roca en el gobierno Argentina hubiese sido un país de quinta categoría fácil de ser absorbido económicamente por las potencias europeas. Hubiese sido un país tan desorganizado y nada respetuoso de las libertades individuales como el que tenemos actualmente.
¡Cuánta falta nos hace otro Roca en estos momentos!
No estoy de acuerdo con la política del gobierno de querer re-escribir la historia. Estoy de acuerdo que el Gral Roca al lado de los políticos actuales se destaca y por mucho en honestidad y patriotismo. Pero no estoy de acuerdo con que haya establecido una ley laica, impidiendo que los jóvenes de Argentina, que nació y se cultivó en la educación cristiana, tengan acceso a una formación integral, moral y cristiana. Por mucho esfuerzo que haga la mentalidad liberal, no podrán nunca lograr inculcar un verdadero amor a la Patria si se niega a Dios y su Iglesia. Considero de esta manera que la ley 1420 no sólo no solucionó el analfabetismo, sino que allí debemos encontrar la raíz del estado actual de nuestros jóvenes y todas las lacras de dirigentes que hoy se refieren a nuestra Patria como “este país de mierda”. Ni hablar de los años 70 .
Conclusión: dejemos a los muertos tranquilos, pero sepamos distinguir aciertos y errores.
Juan Carlos Puy
DEMONIZACION DE ROCA Y EXALTACION DE KIRCHNER
Para el “kirchnerismo duro”, la historia no es algo real –lo que en verdad ocurrió, que sólo puede conocerse mediante serias investigaciones– sino algo imaginario, el relato , esa visión del pasado que impone hacia atrás el grupo dominante. La llamada batalla cultural en que la que están empeñados los ultrakirchneristas consiste en sustituir la visión hasta ahora predominante de nuestro pasado, lo que ellos llaman “el relato liberal”, por “otro relato”, en el cual los próceres de antaño pasan a ser los villanos y las figuras emblemáticas del proceso nacido en 2003, particularmente Néstor Kirchner, pasan a ser los nuevos próceres. La batalla cultural que ha emprendido el ultrakirchnerismo apunta a dos objetivos centrales: de un lado, beatificar a Kirchner; del otro, demonizar a los representantes de la que ellos llaman “la Argentina liberal” y, particularmente, a Julio Argentino Roca, que presidió nuestro país de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904.
La demonización de Roca es un proyecto que discurre a través de tres vías convergentes cuya intención común es destronarlo de la consideración de los argentinos de hoy y, particularmente, de los jóvenes que, a la inversa de los ciudadanos de edad madura, no pueden refutar a los promotores de la “batalla cultural” desde sus propios recuerdos. La primera de estas vías es la publicación de supuestos libros de historia que, en realidad, no son otra cosa que piezas de propaganda para el consumo de los menos informados. La segunda vía tiende a manchar, destruir o mutilar los monumentos que, desde la Patagonia hasta Buenos Aires, han venido exaltando a Roca desde hace un siglo. La tercera vía es borrar su imagen hasta de los billetes de cien pesos.
Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta campaña. El escritor Osvaldo Bayer ha propuesto retirar la estatua de Roca de la ciudad de Buenos Aires porque, en su opinión, “fue el Hitler argentino”. La diputada Cecilia Merchán propuso reemplazar la figura de Roca de los billetes de cien pesos por la imagen de Juana Azurduy, una heroína indudable de nuestra independencia. Otro diputado, esta vez agrario y radical, Ulises Forte, quiere sustituir a Roca en los billetes de cien pesos por estampas del famoso Grito de Alcorta de 1912, que dio nacimiento a la pujante Federación Agraria. Los diputados del Frente para la Victoria han anunciado que impulsarán el reemplazo de Roca en los billetes por la figura, sin duda elogiable, de Hipólito Yrigoyen. En el imponente Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, el monumento a Roca que todavía lo preside ha sido un blanco incesante de pintadas agresivas que anuncian la intención de removerlo.
Ataque y defensa
El principal argumento que se utiliza para denostar a Roca es que en la Campaña del Desierto de 1877, que condujo como ministro de Guerra, incurrió en genocidio para aniquilar a los “pueblos originarios” que poblaban la Patagonia. Bastaría recurrir a verdaderos historiadores como Félix Luna en su espléndida biografía, que lleva por título Soy Roca, o a otros estudiosos, como Luis Alberto Romero, para desenmascarar esta falacia. En primer lugar, porque los mapuches a los que derrotó Roca no eran “pueblos originarios” de la Patagonía sino pueblos “invasores”, ya que eran araucanos que provenían de Chile y que habían aniquilado a los verdaderos pueblos originarios, los tehuelches, antes de que llegara Roca. En segundo lugar, porque habría que anotar que muchos mapuches, aunque no todos, sin ser por cierto los idílicos “buenos salvajes” de Rousseau, desataron los malones que mataban a nuestros pioneros rurales, y raptaban a sus mujeres, llevándose el producto de sus sangrientas correrías al otro lado de la cordillera. En tercer lugar, porque Roca, lejos de ser un despiadado “genocida”, pactó la paz con casi todas las tribus invasoras.
La calificación de “genocida” mediante la cual se lo pretende demonizar incurre en un pecado que el propio Max Weber denunció cuando sostuvo que el verdadero historiador no es quien retroproyecta sus propios valores al pasado, sino quien describe a los protagonistas del pasado desde los valores que ellos mismos poseían. En la Argentina de 1877 había un consenso prácticamente unánime por librar a los colonos del flagelo del malón, y Roca lo instrumentó no sólo con solvencia militar, sino también con mesura política, reduciendo su acción militar a batir en combate a los pocos miles de lanzas que, pese a sus ofertas de paz, lo desafiaban.
Debe reconocerse también que Roca no consiguió que Chile admitiera nuestra soberanía sobre la Patagonia mediante una guerra que supo evitar, sino que, haciendo gala de su insuperada astucia, justamente cuando Chile libraba contra Perú y Bolivia la Guerra del Pacífico de 1879–1883, con sólo insinuar al gobierno trasandino que, a menos que aceptara nuestros reclamos en el Sur, entraríamos en esa guerra del lado de sus enemigos, obtuvo lo que pretendía sin disparar un tiro. Fue gracias a esta incruenta estratagema como consolidó el dominio argentino de la Patagonia, y logró que millones de pobladores ulteriores, entre ellos el propio Kirchner, pudieran sentir más tarde el aguijón de la argentinidad. Roca nos dio la Patagonia sin derramamiento de sangre. Decretar su demonización agregándole la beatificación simultánea, fulminante y antagónica de Kirchner, es llevar la ideología demasiado lejos.
Excelente el artículo. Me adhiero al desagravio . Felicitaciones! extensivas a todos los comentaristas.