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	<title>Comments on: El General Julio Argentino Rocarealizó una obra de gobierno espectacularSu lema fue paz y administración</title>
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	<description>Periodico Digital</description>
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		<title>By: Alicia Fernández</title>
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		<dc:creator>Alicia Fernández</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 17:41:27 +0000</pubDate>
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		<description>Excelente el artículo. Me adhiero al desagravio . Felicitaciones! extensivas a todos los comentaristas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Excelente el artículo. Me adhiero al desagravio . Felicitaciones! extensivas a todos los comentaristas.</p>
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		<title>By: JOAQUIN</title>
		<link>http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2012/02/01/el-general-julio-argentino-rocarealizo-una-obra-de-gobierno-espectacularsu-lema-fue-paz-y-administracion/comment-page-1/#comment-298079</link>
		<dc:creator>JOAQUIN</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 22:55:50 +0000</pubDate>
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		<description>DEMONIZACION DE ROCA Y EXALTACION DE KIRCHNER
Para el &quot;kirchnerismo duro&quot;, la historia no es algo real -lo que en verdad ocurrió, que sólo puede conocerse mediante serias investigaciones- sino algo imaginario, el relato , esa visión del pasado que impone hacia atrás el grupo dominante. La llamada batalla cultural en que la que están empeñados los ultrakirchneristas consiste en sustituir la visión hasta ahora predominante de nuestro pasado, lo que ellos llaman &quot;el relato liberal&quot;, por &quot;otro relato&quot;, en el cual los próceres de antaño pasan a ser los villanos y las figuras emblemáticas del proceso nacido en 2003, particularmente Néstor Kirchner, pasan a ser los nuevos próceres. La batalla cultural que ha emprendido el ultrakirchnerismo apunta a dos objetivos centrales: de un lado, beatificar a Kirchner; del otro, demonizar a los representantes de la que ellos llaman &quot;la Argentina liberal&quot; y, particularmente, a Julio Argentino Roca, que presidió nuestro país de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904.
La demonización de Roca es un proyecto que discurre a través de tres vías convergentes cuya intención común es destronarlo de la consideración de los argentinos de hoy y, particularmente, de los jóvenes que, a la inversa de los ciudadanos de edad madura, no pueden refutar a los promotores de la &quot;batalla cultural&quot; desde sus propios recuerdos. La primera de estas vías es la publicación de supuestos libros de historia que, en realidad, no son otra cosa que piezas de propaganda para el consumo de los menos informados. La segunda vía tiende a manchar, destruir o mutilar los monumentos que, desde la Patagonia hasta Buenos Aires, han venido exaltando a Roca desde hace un siglo. La tercera vía es borrar su imagen hasta de los billetes de cien pesos.
Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta campaña. El escritor Osvaldo Bayer ha propuesto retirar la estatua de Roca de la ciudad de Buenos Aires porque, en su opinión, &quot;fue el Hitler argentino&quot;. La diputada Cecilia Merchán propuso reemplazar la figura de Roca de los billetes de cien pesos por la imagen de Juana Azurduy, una heroína indudable de nuestra independencia. Otro diputado, esta vez agrario y radical, Ulises Forte, quiere sustituir a Roca en los billetes de cien pesos por estampas del famoso Grito de Alcorta de 1912, que dio nacimiento a la pujante Federación Agraria. Los diputados del Frente para la Victoria han anunciado que impulsarán el reemplazo de Roca en los billetes por la figura, sin duda elogiable, de Hipólito Yrigoyen. En el imponente Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, el monumento a Roca que todavía lo preside ha sido un blanco incesante de pintadas agresivas que anuncian la intención de removerlo.
Ataque y defensa
El principal argumento que se utiliza para denostar a Roca es que en la Campaña del Desierto de 1877, que condujo como ministro de Guerra, incurrió en genocidio para aniquilar a los &quot;pueblos originarios&quot; que poblaban la Patagonia. Bastaría recurrir a verdaderos historiadores como Félix Luna en su espléndida biografía, que lleva por título Soy Roca, o a otros estudiosos, como Luis Alberto Romero, para desenmascarar esta falacia. En primer lugar, porque los mapuches a los que derrotó Roca no eran &quot;pueblos originarios&quot; de la Patagonía sino pueblos &quot;invasores&quot;, ya que eran araucanos que provenían de Chile y que habían aniquilado a los verdaderos pueblos originarios, los tehuelches, antes de que llegara Roca. En segundo lugar, porque habría que anotar que muchos mapuches, aunque no todos, sin ser por cierto los idílicos &quot;buenos salvajes&quot; de Rousseau, desataron los malones que mataban a nuestros pioneros rurales, y raptaban a sus mujeres, llevándose el producto de sus sangrientas correrías al otro lado de la cordillera. En tercer lugar, porque Roca, lejos de ser un despiadado &quot;genocida&quot;, pactó la paz con casi todas las tribus invasoras.
La calificación de &quot;genocida&quot; mediante la cual se lo pretende demonizar incurre en un pecado que el propio Max Weber denunció cuando sostuvo que el verdadero historiador no es quien retroproyecta sus propios valores al pasado, sino quien describe a los protagonistas del pasado desde los valores que ellos mismos poseían. En la Argentina de 1877 había un consenso prácticamente unánime por librar a los colonos del flagelo del malón, y Roca lo instrumentó no sólo con solvencia militar, sino también con mesura política, reduciendo su acción militar a batir en combate a los pocos miles de lanzas que, pese a sus ofertas de paz, lo desafiaban.
Debe reconocerse también que Roca no consiguió que Chile admitiera nuestra soberanía sobre la Patagonia mediante una guerra que supo evitar, sino que, haciendo gala de su insuperada astucia, justamente cuando Chile libraba contra Perú y Bolivia la Guerra del Pacífico de 1879-1883, con sólo insinuar al gobierno trasandino que, a menos que aceptara nuestros reclamos en el Sur, entraríamos en esa guerra del lado de sus enemigos, obtuvo lo que pretendía sin disparar un tiro. Fue gracias a esta incruenta estratagema como consolidó el dominio argentino de la Patagonia, y logró que millones de pobladores ulteriores, entre ellos el propio Kirchner, pudieran sentir más tarde el aguijón de la argentinidad. Roca nos dio la Patagonia sin derramamiento de sangre. Decretar su demonización agregándole la beatificación simultánea, fulminante y antagónica de Kirchner, es llevar la ideología demasiado lejos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>DEMONIZACION DE ROCA Y EXALTACION DE KIRCHNER<br />
Para el “kirchnerismo duro”, la historia no es algo real –lo que en verdad ocurrió, que sólo puede conocerse mediante serias investigaciones– sino algo imaginario, el relato , esa visión del pasado que impone hacia atrás el grupo dominante. La llamada batalla cultural en que la que están empeñados los ultrakirchneristas consiste en sustituir la visión hasta ahora predominante de nuestro pasado, lo que ellos llaman “el relato liberal”, por “otro relato”, en el cual los próceres de antaño pasan a ser los villanos y las figuras emblemáticas del proceso nacido en 2003, particularmente Néstor Kirchner, pasan a ser los nuevos próceres. La batalla cultural que ha emprendido el ultrakirchnerismo apunta a dos objetivos centrales: de un lado, beatificar a Kirchner; del otro, demonizar a los representantes de la que ellos llaman “la Argentina liberal” y, particularmente, a Julio Argentino Roca, que presidió nuestro país de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904.<br />
La demonización de Roca es un proyecto que discurre a través de tres vías convergentes cuya intención común es destronarlo de la consideración de los argentinos de hoy y, particularmente, de los jóvenes que, a la inversa de los ciudadanos de edad madura, no pueden refutar a los promotores de la “batalla cultural” desde sus propios recuerdos. La primera de estas vías es la publicación de supuestos libros de historia que, en realidad, no son otra cosa que piezas de propaganda para el consumo de los menos informados. La segunda vía tiende a manchar, destruir o mutilar los monumentos que, desde la Patagonia hasta Buenos Aires, han venido exaltando a Roca desde hace un siglo. La tercera vía es borrar su imagen hasta de los billetes de cien pesos.<br />
Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta campaña. El escritor Osvaldo Bayer ha propuesto retirar la estatua de Roca de la ciudad de Buenos Aires porque, en su opinión, “fue el Hitler argentino”. La diputada Cecilia Merchán propuso reemplazar la figura de Roca de los billetes de cien pesos por la imagen de Juana Azurduy, una heroína indudable de nuestra independencia. Otro diputado, esta vez agrario y radical, Ulises Forte, quiere sustituir a Roca en los billetes de cien pesos por estampas del famoso Grito de Alcorta de 1912, que dio nacimiento a la pujante Federación Agraria. Los diputados del Frente para la Victoria han anunciado que impulsarán el reemplazo de Roca en los billetes por la figura, sin duda elogiable, de Hipólito Yrigoyen. En el imponente Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, el monumento a Roca que todavía lo preside ha sido un blanco incesante de pintadas agresivas que anuncian la intención de removerlo.<br />
Ataque y defensa<br />
El principal argumento que se utiliza para denostar a Roca es que en la Campaña del Desierto de 1877, que condujo como ministro de Guerra, incurrió en genocidio para aniquilar a los “pueblos originarios” que poblaban la Patagonia. Bastaría recurrir a verdaderos historiadores como Félix Luna en su espléndida biografía, que lleva por título Soy Roca, o a otros estudiosos, como Luis Alberto Romero, para desenmascarar esta falacia. En primer lugar, porque los mapuches a los que derrotó Roca no eran “pueblos originarios” de la Patagonía sino pueblos “invasores”, ya que eran araucanos que provenían de Chile y que habían aniquilado a los verdaderos pueblos originarios, los tehuelches, antes de que llegara Roca. En segundo lugar, porque habría que anotar que muchos mapuches, aunque no todos, sin ser por cierto los idílicos “buenos salvajes” de Rousseau, desataron los malones que mataban a nuestros pioneros rurales, y raptaban a sus mujeres, llevándose el producto de sus sangrientas correrías al otro lado de la cordillera. En tercer lugar, porque Roca, lejos de ser un despiadado “genocida”, pactó la paz con casi todas las tribus invasoras.<br />
La calificación de “genocida” mediante la cual se lo pretende demonizar incurre en un pecado que el propio Max Weber denunció cuando sostuvo que el verdadero historiador no es quien retroproyecta sus propios valores al pasado, sino quien describe a los protagonistas del pasado desde los valores que ellos mismos poseían. En la Argentina de 1877 había un consenso prácticamente unánime por librar a los colonos del flagelo del malón, y Roca lo instrumentó no sólo con solvencia militar, sino también con mesura política, reduciendo su acción militar a batir en combate a los pocos miles de lanzas que, pese a sus ofertas de paz, lo desafiaban.<br />
Debe reconocerse también que Roca no consiguió que Chile admitiera nuestra soberanía sobre la Patagonia mediante una guerra que supo evitar, sino que, haciendo gala de su insuperada astucia, justamente cuando Chile libraba contra Perú y Bolivia la Guerra del Pacífico de 1879–1883, con sólo insinuar al gobierno trasandino que, a menos que aceptara nuestros reclamos en el Sur, entraríamos en esa guerra del lado de sus enemigos, obtuvo lo que pretendía sin disparar un tiro. Fue gracias a esta incruenta estratagema como consolidó el dominio argentino de la Patagonia, y logró que millones de pobladores ulteriores, entre ellos el propio Kirchner, pudieran sentir más tarde el aguijón de la argentinidad. Roca nos dio la Patagonia sin derramamiento de sangre. Decretar su demonización agregándole la beatificación simultánea, fulminante y antagónica de Kirchner, es llevar la ideología demasiado lejos.</p>
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		<title>By: Juan Carlos</title>
		<link>http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2012/02/01/el-general-julio-argentino-rocarealizo-una-obra-de-gobierno-espectacularsu-lema-fue-paz-y-administracion/comment-page-1/#comment-297938</link>
		<dc:creator>Juan Carlos</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 14:39:02 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.lahistoriaparalela.com.ar/?p=62239#comment-297938</guid>
		<description>No estoy de acuerdo con la política del gobierno de querer re-escribir la historia. Estoy de acuerdo que el Gral Roca al lado de los políticos actuales se destaca y por mucho en honestidad y patriotismo. Pero no estoy de acuerdo con que haya establecido una ley laica, impidiendo que los jóvenes de Argentina, que nació y se cultivó en la educación cristiana, tengan acceso a una formación integral, moral y cristiana. Por mucho esfuerzo que haga la mentalidad liberal, no podrán nunca lograr inculcar un verdadero amor a la Patria si se niega a Dios y su Iglesia. Considero de esta manera que la ley 1420 no sólo no solucionó el analfabetismo, sino que allí debemos encontrar la raíz del estado actual de nuestros jóvenes y todas las lacras de dirigentes que hoy se refieren a nuestra Patria como &quot;este país de mierda&quot;. Ni hablar de los años 70 .
Conclusión: dejemos a los muertos tranquilos, pero sepamos distinguir aciertos y errores.
Juan Carlos Puy</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No estoy de acuerdo con la política del gobierno de querer re-escribir la historia. Estoy de acuerdo que el Gral Roca al lado de los políticos actuales se destaca y por mucho en honestidad y patriotismo. Pero no estoy de acuerdo con que haya establecido una ley laica, impidiendo que los jóvenes de Argentina, que nació y se cultivó en la educación cristiana, tengan acceso a una formación integral, moral y cristiana. Por mucho esfuerzo que haga la mentalidad liberal, no podrán nunca lograr inculcar un verdadero amor a la Patria si se niega a Dios y su Iglesia. Considero de esta manera que la ley 1420 no sólo no solucionó el analfabetismo, sino que allí debemos encontrar la raíz del estado actual de nuestros jóvenes y todas las lacras de dirigentes que hoy se refieren a nuestra Patria como “este país de mierda”. Ni hablar de los años 70 .<br />
Conclusión: dejemos a los muertos tranquilos, pero sepamos distinguir aciertos y errores.<br />
Juan Carlos Puy</p>
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		<title>By: Eduardo Ferreyra</title>
		<link>http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2012/02/01/el-general-julio-argentino-rocarealizo-una-obra-de-gobierno-espectacularsu-lema-fue-paz-y-administracion/comment-page-1/#comment-297667</link>
		<dc:creator>Eduardo Ferreyra</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 04:48:03 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.lahistoriaparalela.com.ar/?p=62239#comment-297667</guid>
		<description>En verdad, cuestionar, no ya vilipendiar al Gral. Roca es señal de tener muy mala entraña. Como se observa en el excelente artículo, sin la acción de Roca en el gobierno Argentina hubiese sido un país de quinta categoría fácil de ser absorbido económicamente por las potencias europeas. Hubiese sido un país tan desorganizado y nada respetuoso de las libertades individuales como el que tenemos actualmente. 

¡Cuánta falta nos hace otro Roca en estos momentos!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En verdad, cuestionar, no ya vilipendiar al Gral. Roca es señal de tener muy mala entraña. Como se observa en el excelente artículo, sin la acción de Roca en el gobierno Argentina hubiese sido un país de quinta categoría fácil de ser absorbido económicamente por las potencias europeas. Hubiese sido un país tan desorganizado y nada respetuoso de las libertades individuales como el que tenemos actualmente. </p>
<p>¡Cuánta falta nos hace otro Roca en estos momentos!</p>
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