FLOR K Y EL CHE (q. e.p. no d.)

La cró­nica perio­dís­tica da cuenta que Flo­ren­cia K se pasea por la más cén­trica ave­nida de El Cala­fate luciendo un meda­llón con la faz del ase­sino serial Ernesto Gue­vara Lynch, y ello con­lleva a reco­no­cerle a esta niña una esti­ma­ble vir­tud: el agradecimiento.

Si no hubiera sido por el cri­mi­nal movi­miento regio­nal que ese cana­lla inte­gró, sus padres no habrían logrado el posi­cio­na­miento polí­tico logrado que les per­mi­tió acu­mu­lar la obs­cena riqueza que hoy des­ca­ra­da­mente exhibe su madre, pues el defen­der el accio­nar de esa horda terro­rista que nos arruinó la vida en los ’70, les per­mi­tió cap­tar apoyo y sim­pa­tías de gente malin­ten­cio­na­da­mente infor­mada que se creyó la fan­ta­sía de los “jóve­nes idea­lis­tas” y que en reali­dad su único obje­tivo, ade­más del poder y la for­tuna de que hoy dis­fru­tan, era cam­biar nues­tra ban­dera y some­ter­nos al domi­nio castrista.

Autor: Carlos Alberto Finkel

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Un comentario en “FLOR K Y EL CHE (q. e.p. no d.)”  

  1. 1 Carlos Lefevre

    Esta pobre chica no tiene la menor idea de muchas cosas, entre ellas, la de quién fue el Che Gue­vara. Es lícito pen­sar que nunca escu­chó la gra­ba­ción de alguno de los dis­cur­sos de Che, ni mucho menos, que leyó lo que “por suerte” dejó escrito. El “por suerte” alude a que en mi opi­nión cons­ti­tu­yen prueba irre­fu­ta­ble del pen­sa­miento y vías de acción de ese per­so­naje, que lo pode­mos mos­trar hoy a los jóve­nes que enga­ña­dos y/o por la moda, se mues­tran enamo­ra­dos de ese “idealista”.

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