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Una De Las Pocas Veces
Que No Lució Un Costosísimo Collar
De Perlas O De Piedras Preciosas

Nuestra presidente, Cristina de Kirchner, no deja de sorprendernos. En esta oportunidad, en su reaparición, después de un verdadero record de ausencia física, de casi veinte días del escenario público, volvió fuertemente “recargada”.
Lamentablemente no con anuncios e ideas superadoras, sino con agresividad e indisimulada virulencia contra sectores u objetivos tan dispersos, que uno no puede pensar otra cosa, que busca ocultar la caótica situación del actual rumbo del país.
Es evidente que durante esos veinte días de relativo aislamiento no hubo tiempo para una profunda introspección personal o reflexión sobre su manejo del gobierno.
De riguroso vestido negro, dando por tierra con las especulaciones que iba a aprovechar su reaparición para dejar su ya prolongado luto, siguió con su papel melodramático de “viuda negra”, buscando impactar el lado emocional del ciudadano argentino, sin darse cuenta que la sobreactuación le resulta cada vez menos favorable.
Ante “su” público de siempre, los aplaudidores, los interesados, las Madres y Abuelas y los arrodilladores, pronunció un discurso a lo largo de casi 45 minutos. Se la notó de buen humor y con un estilo irónico, pero durante el transcurso de su disertación fue notorio un dejo cada vez más “familiero” y vulgar. Casi parecía una charla informal entre comadronas de un conventillo del sur de nuestra ciudad.
Para nada a lo que debe ser un discurso presidencial dirigido a 42 millones de argentinos.
Nuevamente la investidura y la imagen presidencial vulnerada por milésima vez.
La función teatral empezó con una distribución de fondos (dineros del pueblo) en la cual Cristina, a semejanza de una poderosa emperatriz, distribuye alegre y condescendientemente, dinero a sus súbditos en diferentes provincias y localidades para obras públicas. Obviamente la actual tecnología en las comunicaciones permitía ver y escuchar las agradecidas y zalameras palabras de los destinatarios de ese dinero. En definitiva, una torpe propaganda oficialista.
Pese al buen humor se notaba su resentimiento y malicia en lo que expresaba. Utilizó como ya es común en la presidente, una “dialéctica envolvente”. Arrojar gran cantidad de estadísticas, números, datos e informaciones que no se pueden verificar o constatar en el momento y que el auditorio en su buena fe, da por cierto.
Al día siguiente numerosos sectores aludidos en su charla desmintieron o corrigieron lo informado por Cristina. Pero lo que la mandataria se propuso ya lo había logrado. Millones de argentinos volvieron a tragarse el “sapo” de sus tergiversaciones o falsedades. Afortunadamente cada vez más argentinos no dan crédito a sus palabras, sabiendo que lleva implícito un engaño o un fin ulterior inconfesable.
Entre los muchos sectores agredidos se destacaron las empresas petroleras y el tema de Malvinas.
Cristina informó las enormes cifras de divisas que pierde el país por la importación de petróleo y gas.
¡Caramba! ¡Vaya noticia! Precisamente esta cuestión fue permanentemente alertada como absolutamente crítica y con profundo incidencia en el futuro del país, por los analistas, economistas y por la casi totalidad de ex secretarios de Energía, desde prácticamente el mismo comienzo de la gestión presidencial de Néstor Kirchner.
Atacó sin conmiseración a las petroleras, incluyendo a Eskenazi, dueño accionario del 15% de YPF Repsol, hasta ahora firme aliado del gobierno. ¿O ahora ya no lo es?
Cristina está recogiendo los frutos de la permanente inacción y desgobierno en este tema, entre otros, durante la gestión del matrimonio presidencial.
La otra cuestión a la que se refirió es el de Malvinas. ¿Cuál es la necesidad de reabrir el informa Rattenbach? Por lo pronto este informe está abierto y se lo puede consultar sin problemas en internet. Todos sabemos que la decisión de la Junta Militar de retomar las Malvinas por la fuerza, constituyó una enorme torpeza política y estratégica.
Pero nadie puede negar que fue una acción apoyada por la gran mayoría del pueblo argentino y su dirigencia. Tampoco se puede negar la actuación de las Unidades Militares que con bravura y coraje se opusieron al contraataque de un enemigo mejor equipado y con armamento de última tecnología. Nada menos que una de las principales potencias apoyada logísticamente por la primera potencia mundial.
Reabrir este tema es simplemente revolver entre la basura.
También Cristina en este menester, revolver la basura, en la cual es una verdadera experta, arremetió contra Moyano, el diario Clarín, el periodismo, organizaciones de defensa ambiental y otros sectores del quehacer nacional, para terminar refiriéndose a su reciente operación.
En forma muy chabacana intentó justificar los erróneos comunicados del vocero presidencial mostrando en forma teatral, después de echar atrás sus largas extensiones de cabello, una larga cicatriz en la parte delantera de su cuello.
No entiendo absolutamente nada de medicina o de intervenciones quirúrgicas, pero quedó la duda, en base a la casi nula credibilidad de Cristina, si esa cicatriz no fue simplemente dibujada por un marcador escolar.
Afortunadamente la presidente, lo aclaró ella misma, no trajo la glándula extirpada en un frasquito para convencer a los escépticos. Hizo bien, pues ello no solo sería de muy mal gusto, sino tampoco convencería a los escépticos: podría tratarse de un trozo de bofe para el gato.
Toda esta nueva lamentable función circense para disimular los graves inconvenientes que se le presentarán a Cristina en el presente año y para ocultar el salvaje ajuste, que ella siempre había criticado, la sintonía fina, como le llama ahora, que ya asoma con toda su dureza en el precio de los servicios y en los productos de primera necesidad.
¡Para la presidente y su gobierno se terminaron las “avivadas”! (Utilizo los mismos términos que Cristina). Ahora debe a empezar a gobernar en serio.
Para terminar esa nota, quiero aclarar que es la primera vez que se ve a la presidente sin lucir en su cuello un costoso collar de perlas o de piedras preciosas.
Autor: Dr. Alfredo Raúl Weinstabl
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