Armando Futuro

“La liber­tad es la obe­dien­cia a la ley que uno mismo se ha trazado”.

Jean-Jacques Rous­seau

Puse fin a mi nota ante­rior diciendo que resulta impres­cin­di­ble que pro­duz­ca­mos una real alter­na­tiva a este “modelo” que pueda pre­sen­tarse ante la socie­dad y con­ci­tar las adhe­sio­nes nece­sa­rias para lle­varla a la prác­tica, devol­viendo al país un futuro del cual, hoy, carece a ojos vistas.

Gra­cias a Dios, doña Cris­tina coin­ci­dió con­migo en su abuso, ahora sema­nal, de la cadena ofi­cial; nos enseño, dedito en alto, que lo que debía­mos hacer, si que­ría­mos pen­sar en un país dife­rente al que nos está impo­niendo enca­ra­mada en su 54%, era pre­sen­tar­nos a elec­cio­nes y ganarlas.

Tengo la sen­sa­ción que esa enorme y apa­ci­ble marea de opi­nión favo­ra­ble que hoy aca­ri­cia su ego, se trans­for­mará en un mar com­pli­cado tan pronto los argen­ti­nos se den cuenta que la fiesta se ha ter­mi­nado y que serán for­za­dos a pagar la cuenta. Lamen­ta­ble­mente, será una ele­vada fac­tura, ya que habrá que optar, por ejem­plo, entre mayo­res ajus­tes o des­abas­te­ci­miento ener­gé­tico, tal como nos dijo la señora Pre­si­dente al infor­mar­nos que las impor­ta­cio­nes en la mate­ria supe­ra­ron los nueve mil millo­nes de dóla­res en 2011.

Me ima­gino un hogar típico de clase media, con auto pro­pio y con gran can­ti­dad de elec­tro­do­més­ti­cos recién adqui­ri­dos en cuo­tas, haciendo cuen­tas mala­ba­res para pagar los aumen­tos en los impues­tos, en las tasas muni­ci­pa­les, en las pre­pa­gas médi­cas, en los ser­vi­cios de agua, gas y luz, en los cole­gios y en el trans­porte, y todo ello con una infla­ción galo­pante que incide, sobre todo, en los ali­men­tos. ¿Segui­rán, enton­ces, sus inte­gran­tes cre­yendo toda­vía en el “relato” ofi­cial que niega el ajuste mien­tras lo llama “sin­to­nía fina”?

Enton­ces, retor­nando al tema de la nota, creo que ha lle­gado el momento de pro­po­nerle a la ciu­da­da­nía otras ideas a las cua­les adhe­rir cuando el des­con­tento lle­gue, que con­ten­gan ingre­dien­tes tales como ver­da­dero civismo y libertad.

Creo que lo pri­mero que debe­mos enten­der, y com­par­tir, es que la “cosa pública”, en todas sus mani­fes­ta­cio­nes, nos per­te­nece a todos. Que sólo si toma­mos con­cien­cia de esa ver­dad de Pero­gru­llo podre­mos cam­biar este des­tino de deca­den­cia nacio­nal que, hoy, parece irre­me­dia­ble; para com­pro­bar nues­tro derrumbe basta pen­sar que, hace ciento treinta años, el anal­fa­be­tismo había des­a­pa­re­cido de la Argentina.

Nada hay en la his­to­ria del hom­bre sobre la tie­rra más igua­la­dor que la edu­ca­ción, y el popu­lismo la ha con­ver­tido entre noso­tros en zona de desastre.

Una vez que com­pren­da­mos cuán nega­ti­va­mente influye la falta de segu­ri­dad jurí­dica –que sólo puede ser corre­gida por una Jus­ti­cia inde­pen­diente, pre­pa­rada y rápida-, en nues­tra vida coti­diana, comen­za­rán a solu­cio­narse, como por arte de magia, todos los gra­ves pro­ble­mas que nos aque­jan como sociedad.

Vea­mos, jun­tos, a qué me refiero. El pri­mer tópico es que todos, todos, debe­mos ser escla­vos de la ley, por­que sólo esa escla­vi­tud nos hará ver­da­de­ra­mente libres. Tene­mos que enten­der que toda socie­dad civi­li­zada, y hay muchas en el mundo para tomar de ejem­plo, esta­blece sus pro­pias nor­mas de con­vi­ven­cia, que evi­tan que, en los con­glo­me­ra­dos huma­nos, vuelva a pri­mar la ley de la selva.

La apli­ca­ción local de ideas ya expe­ri­men­ta­das con éxito en otras lati­tu­des, como la “tole­ran­cia cero”, debe ser hecha a raja­ta­bla, comen­zando por las fal­tas más insig­ni­fi­can­tes para lle­gar a las mayo­res y ter­mi­nar con el delito impune.

La socie­dad argen­tina, en su con­junto, está cla­mando a los pode­res públi­cos por la inse­gu­ri­dad coti­diana, pero parece no enten­der que, detrás de cada chico o joven que mata, hay un ven­de­dor de dro­gas, pro­te­gido y socio de los polí­ti­cos y fun­cio­na­rios que se enri­que­cen y finan­cian su popu­lismo y, siguiendo la cadena, cobran coimas por obras sobre­fac­tu­ra­das o des­vían fon­dos para su pecu­lio per­so­nal o mal­ven­den los recur­sos nacio­na­les por mero afán de lucro.

Tene­mos que enten­der que todo, todo eso, forma parte de lo mismo, y enca­rar así su solu­ción; de otro modo, ter­mi­na­re­mos en lo que fue Colom­bia hasta hace pocos años, o México hoy mismo, y enton­ces será tarde.

Con una Jus­ti­cia como la des­cripta, todo será posi­ble; sin ella, nada lo será.

Si el mundo tuviera con­fianza en la Argen­tina y sus ins­ti­tu­cio­nes, lle­ga­rían de inme­diato las inver­sio­nes nece­sa­rias para trans­for­mar, real­mente, a nues­tro país en la poten­cia que fui­mos. Podría­mos con­tar con carre­te­ras, ferro­ca­rri­les y puer­tos efi­cien­tes y segu­ros; vol­ve­ría­mos a tener, segu­ra­mente, gran­des reser­vas de gas y petró­leo, y retor­nar a la cate­go­ría de netos expor­ta­do­res de ener­gía; con inte­li­gen­cia y pla­ni­fi­ca­ción, nues­tra indus­tria podría trans­for­marse en señera en mate­ria de cali­dad y diseño; se crea­rían empleos de alta cali­dad, gene­rando una demanda que trac­cio­na­ría hacia arriba, con sus exi­gen­cias, esa edu­ca­ción de la que hablaba; etc., etc., etc.

Para lograrlo, esa misma Jus­ti­cia deberá ser la que con­trole a los otros pode­res del Estado y a las per­so­nas que los ejer­cen, veri­fi­cando tanto que cum­plan estric­ta­mente la ley y las obli­ga­cio­nes que ésta les impone, cuanto su evo­lu­ción patri­mo­nial, antes y des­pués de asu­mir sus car­gos, cas­ti­gando seve­ra­mente hasta los más ínfi­mos des­víos, pero impu­tando tam­bién a los empre­sa­rios que hubie­ran sido la con­tra­par­tida de tales “travesuras”.

Para com­pren­der una frase acu­ñada hace tiempo –“Qué bue­nos gober­nan­tes hubie­ran sido los Kir­ch­ner si fue­ran buena gente”- basta pen­sar que el Estado dis­puso de una masa de dinero enorme –tres­cien­tos cin­cuenta mil millo­nes de dóla­res– que, si se hubiera apli­cado con decen­cia e inte­li­gen­cia, hubiera cam­biado el país para siem­pre; sin embargo, dila­pi­dada en popu­lismo y corrup­ción, hará que el período que se inició en 2003 sea, tal vez, la más grave década per­dida de nues­tra historia.

Debe­mos vol­ver a res­pe­tar, y a hacer res­pe­tar, todos los dere­chos huma­nos, tal como los des­cribe nues­tra Cons­ti­tu­ción. La pro­pie­dad pri­vada, la libre cir­cu­la­ción, la edu­ca­ción y la salud, la vivienda digna, la liber­tad de prensa, deben dejar de ser “gra­cias” de un Estado pseudo bene­fac­tor, que sólo trae deca­den­cia y miseria.

Como es fácil de com­pren­der, no es posi­ble ofre­cer un plan de gobierno y de país en una nota perio­dís­tica, nece­sa­ria­mente limi­tada en su exten­sión; pero un grupo de argen­ti­nos nos hemos puesto a tra­ba­jar para ofre­cerlo, como alter­na­tiva, a la ciu­da­da­nía. No se tra­tará de ideas de dere­cha o de izquierda sino, sim­ple­mente, de sen­tido común, y espe­ra­mos tenerlo con­cluido antes que el des­con­tento, nue­va­mente, haga de las suyas en la Argentina.

Abo­gado

Autor: Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

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4 Comentarios en “Armando Futuro”  

  1. 1 Enrique Villanueva

    Esti­mado Enri­que, me parece muy buena tu idea, para ello es nece­sa­rio el esfuerzo de todos, desde mi lugar ofrezco mi cola­bo­ra­cion, estoy dis­puesto a acep­tar el desa­fio, espero noti­cias. saludos

  2. 2 GANZUK

    Afor­tu­na­da­mente, una acción con­creta está en mar­cha, algo a lo cual no esta­mos acos­tum­bra­mos los argen­ti­nos, y, para mejor.., antes de que la deses­pe­ra­ción no nos deje más opción que medi­das impen­sa­das y deses­pe­ra­das.
    Por eso debe­mos enco­lum­nar­nos tras la ini­cia­tiva de Avo­ga­dro, con la única inten­ción de con­tri­buir al bien común, que incluye el pro­pio.
    Den­tro del campo de juego, quie­nes se sien­tan “golea­do­res” apor­ta­rán sus habi­li­da­des y expe­rien­cia útil; otros actua­rán como corres­ponde para que un grupo humano pueda fun­cio­nar como equipo; algu­nos serán los jue­ces de línea encar­ga­dos de hacer cum­plir las con­di­cio­nes de tra­bajo (de juego) prees­ta­ble­ci­das.
    Don Enri­que Gui­llermo ofrece enorme can­ti­dad de medios para comu­ni­car­nos, cosa no habi­tual, razón por la cual la vía hacia ade­lante está libre.

    Gui­llermo Ale­jan­dro Nietto Zukowski
    gniettozukowski@yahoo.com.ar

  3. 3 rosita

    GAN­ZUK, todo el relato de Avo­ga­dro lo hemos vivido en carne pro­pia como ya sabes,tambien durante mas de 20 años hemos luchado con­tra viento y marea para, desde nues­tro lugar chi­quito, lograr que se agran­dara. La indi­fe­ren­cia de la gente siem­pre nos tapo, y la pata de ele­fante Kir­ch­ne­rista nos aplasto. Sali­mos mas fuer­tes que nunca de sus pezu­ñas y comen­za­mos una nueva vida lejos de nues­tra que­rida Pro­vin­cia enve­ne­nada por el regimen.Hoy te digo que el Pue­blo apaña esto, pasa­ran muchos años para cambiarlo.Tambien somos escla­vos de la Ley y las Nor­mas, asi nos fue, pero aun segui­mos en ese rumbo.Nuestros hijos siguen nues­tro camino, no obli­ga­dos, sino con­ven­ci­dos, por­que fue­ron cria­dos en una fami­lia como debe ser. Ellos son nues­tra espe­ranza junto a muchos jove­nes nobles y dere­chos. No todo esta per­dido, solo hay que saber espe­rar, mien­tras tanto segui­mos en la trinchera.Un abrazo.

  4. 4 Fernando A. Castro Pintos

    MUY APRE­CIADO AMIGO Dr. ENRIQUE

    Tu escrito no es un hecho menor. Es una pro­clama JUSTA Y PER­FECTA.
    Hace unos días atrás con­me­mo­ra­mos el 160° Aniver­sa­rio de la Bata­lla de Case­ros, que dió a TODA LA NACIÓN la “gran posi­bi­li­dad” de salir de la bar­ba­rie y dar su gran paso al moder­nismo y al futuro.
    Hoy tu carta, por algún motivo, me hizo re-pensar aquel majes­tuoso acon­te­ci­miento al que reputo de JUSTO Y PER­FECTO.
    Entre las 0800 y las 0900 el Gene­ral Urquiza, des­pués de comu­ni­car a sus jefes prin­ci­pa­les sus órde­nes e inten­cio­nes, mon­tando su caba­llo moro y cubierto con un pon­cho blanco para mos­trarse desde lejos en la pelea, se colocó a la cabeza de su Estado Mayor. Al lle­gar frente a la infan­te­ría de Galán, pro­clamó a sus soldados:

    ­ ¡ Sol­da­dos del Ejér­cito Grande: detrás de aque­lla línea se halla la Cons­ti­tu­ción de la Repú­blica y la liber­tad de la Patria !

    Esta sober­bia EDI­TO­RIAL, tam­bien nos habla de FUTURO, de rom­per cade­nas que nos sub­yu­gan y opri­men. NOS HABLA DE NUES­TRA CONS­TI­TU­CIÓN y si fuera la de 1853.60, MEJOR.
    Que­rido amigo me sumo a tu llamado.

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