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Cómo Aumentar La Seguridad Civil
Y Disuadir A Los Criminales
Todos los días los delincuentes matan a alguien, a veces a más de uno. No necesito probar esta afirmación porque todos lo saben. El que diga que no le consta, miente.
Ayer un “negro” (cuando digo “negro” me refiero a los negros de alma, aunque no lo sean de piel) atacó al turista francés Laurent Schwebel en la Plaza San Martín, a plena luz del día y en medio de muchos peatones, para robarle su equipo fotográfico. Como éste se resistió, como es lógico que lo hiciera, el maldito criminal no dudó en asestarle un estiletazo en el pecho, apuntando al corazón, que lo mató en pocos minutos.
Después se fue caminando tranquilamente, con toda sangre fría, intentando pasar desapercibido. Había mucha gente alrededor de la escena pero, por supuesto, todos estaban desarmados. Felizmente algunos lo siguieron de lejos y cuando el criminal arrojó su arma, fue detenido por un civil joven y valiente, cerca de un policía que se paseaba tranquilamente junto a la Torre de los Ingleses que no tuvo más remedio que cumplir con su deber y detener al asesino. El canalla, evidentemente, se dirigía a su refugio en la “villa 31” que está a pocos pasos de allí y es un aguantadero conocido, como toda “villa miseria”, de los delincuentes que nos atormentan.
La tiranía de los políticos se ha ocupado desde hace muchos años, gobiernos militares incluidos, en desarmar a la gente de bien aumentando las penas para quienes intenten defenderse de la única manera posible, es decir, arma en mano. Al mismo tiempo han relajado notoriamente la prevención del delito por medio de la fuerza pública.
En 1974 el gobierno de Perón insertó el art. 189 bis del Cödigo Penal (ley 20642, del 28.1.74) por el cual las penas por tenencia de armas “de guerra” (que puede ser cualquier arma que se le da la gana al gobierno de turno definir como tal) son de 3 a 10 años de prisión.
Esto equivale a una amenaza de aniquilamiento de la libertad de una gravedad tal que es como para disuadir a la gente honesta de intentar una defensa armada, o sea, es una autorización indirecta otorgada por el Estado a todos los asesinos del país para matar a quien quieran con la misma facilidad con que se degüella un pollo en gallinero.
El asesinato de este turista, con el cual nos obliga la ley de la hospitalidad a ser especialmente cuidadosos de su seguridad, sin que hubiera habido ni un solo policía para defenderlo nada menos que en la céntrica plaza San Martín, a las 8 y media de la mañana, en medio de numerosos peatones, nos recuerda violentamente el estado de inseguridad en que ha caído el país.
* * *
Esta inseguridad se debe a varios factores concurrentes:
1) Domina una tiranía demagógica que adula a la plebe desordenada y resentida (que no es lo mismo que decir “las clases más humildes”), a sus cabecillas y agitadores, y les da vía libre para hacer lo que se les dé la gana, dormir en la calle, andar medio desnudos, sucios, malolientes y hacer sus necesidades en lugares públicos, y todo eso no por necesidad sino por borrachera, estupefacción drogada, desaliño o simplemente por el gusto de chocar a la gente bien educada. Y hasta les paga por eso con sus “planes *trabajar*” (valga la ironía), para que no tengan necesidad de hacerlo y puedan dedicarse libremente a drogarse, robar, agredir y matar.
Esa plebe y sus agitadores imponen a la inmensa mayoría del país su prepotencia cortando calles, vías de tren y accesos o salidas de estaciones y fábricas, con el auxilio de la fuerza pública que, lejos de reprimir esas acciones que violan varios artículos del Código Penal, los protege y asegura que logren su objetivo de enloquecer a la ciudadanía honesta.
Para mejor servir a los delincuentes, el gobierno nacional y el de la ciudad, fomentan las “villas miseria”, conocidos “aguantaderos” de maleantes que tienen aterrorizados a los verdaderamente pobres que allí viven.
2) Libertad para consumir marihuana otorgada por sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (sentencia en el “Caso Arriola” del 24/8/2009) con lo cual se abre la puerta para el consumo de cualquier droga. Como es sabido, el drogado puede cometer crímenes aberrantes sin el menor remordimiento de conciencia. El drogadicto es un criminal en potencia de alta peligrosidad.
3) Un gobierno compuesto por ex-terroristas cuyos integrantes se enriquecen descarada y delictivamente, dando un pésimo ejemplo a toda la población. Esa corrupción se extiende a la Policía y los agentes que quieran cumplir con su deber de prevenir el delito son disuadidos porque cada vez que reprimen a un delincuente, son castigados y hasta dados de baja. La Policía tiene orden permanente de no impedir los desórdenes que menciono en el punto (1) a los que se designa como “protesta social” con lo cual la Policía es puesta al servicio de notorios malvivientes y es obligada a desamparar a las personas honestas agredidas por esas agresiones. Esto crea en la Policía una especie de convivencia con la plebe y sus agitadores que termina por hacerla insensible al sufrimiento de las víctimas de esa caterva vil.
4) El desarme de la población honesta mediante leyes intimidatorias feroces, como el art. 189 bis ya mencionado, y toda una cháchara política y periodística que desprestigia la tenencia de armas con diversas mentiras como por ejemplo: “Si todos tienen armas aumentará la violencia”, “esto será un *Far West*”, “cuando a uno lo asaltan es peor tener un arma que no tenerla”, etc.
No quiero alargar este artículo refutando cada una de esas paparruchadas. Lo dejo a la perspicacia, conocimiento de la Historia y de la actualidad de cada uno de los lectores. Sólo diré que los Estados de los EEUU que permiten el porte de armas son aquellos en los que hay menos delitos, lo mismo que en Israel donde los delitos comunes casi no existen.
Es evidente, además, que si los criminales supieran que una gran parte de la población civil está armada y sabe cómo usar las armas, dudarían mucho antes de cometer un asalto. Y es muy posible que el número de éstos disminuyera.
Además, es muy posible también, que se pueda ayudar eficazmente a las víctimas durante la comisión del delito y que se pueda detener a los criminales inmediatamente después de cometido el crimen.
Por ejemplo, el infortunado M.Schwebel podría haber sido salvado por alguno de los muchos peatones que había alrededor de él quienes, por estar desarmados, no pudieron hacer nada para salvarle la vida y tuvieron que limitarse, como dice la valiente Sra. María Costa Paz de Gowland, testigo del crimen de ayer, a “llorar de impotencia” (ver carta de lectores en “La Nación2 del 9/2/2012).
* * *
En un artículo de este periódico publicado el 13 de marzo del 2001 (nro.114 titulado “Defensa civil contra la ola de delincuencia”) resumí los lineamientos de una posible ley de defensa civil. Si los malditos políticos hubieran aceptado la idea en el 2001 ¡cuántas muertes y delitos se habrían evitado! Han pasado once años y las cosas han empeorado exponencialmente, convirtiendo nuestro otrora seguro país en una cueva de asesinos y ladrones.
El sistema legal que proponía debería tener en cuenta los siguientes recaudos mínimos:
I) Toda persona que lo desee –y se debería incentivar que lo deseen todas las personas de bien– podrá portar un arma siempre que cumpla con los siguientes requisitos: a) ser mayor de edad y físicamente hábil; b) estar psíquicamente sano; c) tener una educación suficiente para comprender las bases de lo que es una convivencia civilizada; d) no tener condenas penales y d) recibir instrucción sobre la manera, oportunidad y condiciones para el uso del arma. El tener una familia establecida hará especialmente recomendable el otorgamiento de la licencia para portar de arma.
II) Esas personas deberían concurrir al menos una vez cada tres meses a recibir instrucción de lo mismo y revalidar su autorización del uso del arma. Para facilitar la instrucción, las Fuerzas Armadas y la Policía deberán abrir centros ad hoc en cada Comisaría, cuartel, clubes de tiro y otros lugares que se habiliten al efecto. Los instructores, a su vez, deben ser cuidadosamente seleccionados y controlados por sus superiores para asegurarse que su enseñanza sea eficiente y conforme a las normas legales y de prudencia.
III) La persona que tenga porte de armas tendrá derecho a defenderse ella, a su familia, a sus vecinos y a cualquier otra persona que sufra una agresión criminal evidente en sus proximidades. Podrá efectuar arrestos ciudadanos, cosa que ya permite el art. 240 del Código Penal.
IV) En caso de verse obligado a actuar en defensa propia o de terceros y como consecuencia de ello, deba herir a un delincuente o aún darle muerte si no hubiera otra defensa, el sumario que se abrirá será tramitado sin prisión preventiva del responsable ni suspensión de la licencia. No se debe exponer a la persona a represalias. Si se debe secuestrar el arma para peritajes, se le proveerá otra. Se admitirán las presunciones como prueba a favor de la razonabilidad del uso del arma y será tarea del fiscal probar que hubo un exceso deliberado o alguna otra forma de delito.
V) La licencia se perderá en caso de que la persona haga un uso indebido del arma o si no concurriera a los entrenamientos trimestrales o si presentase irregularidades psíquicas o de conducta o si incurriese en algún delito o por cualquier otra causa que tornase evidente que la persona no es capaz de usar el arma en defensa propia o de terceros.
* * *
En base a este esquema podría proyectarse una ley de Defensa Civil contra la delincuencia. No hay otra forma de parar la ola de crímenes que nos ahoga. No sirve reforzar las leyes porque los delincuentes se ríen de ellas. No sirve mejorar los jueces, porque ellos castigan “ex post facto”, pero no salvan la vida de las víctimas. No sirve aumentar la Policía porque ya está corrupta y sólo aumentaríamos el número de los que no hacen nada para evitar el delito.
Sólo dejando a cada uno el derecho de armarse para velar por sí y por su prójimo podrá disminuirse la inseguridad. Al menos así habrá una cierta igualdad entre la gente honesta y los delincuentes que están armados hasta los dientes sin pedirle permiso a nadie.
Fuente: La botella al mar
Autor: Cosme Beccar Varela
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10 Comentarios en “Cómo Aumentar La Seguridad Civil
Y Disuadir A Los Criminales”
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Propuesta muy polémica la de Don Cosme, pero creo al menos debiera discutirse por las autoridades y la sociedad. Toda solucion al delito debe pasar por infundir MIEDO a los delincuentes, si no es con esta propuesta, la única que quedaría sería la reintroduccion del “GATILLO FACIL”, tener una policia adiestrada no para cuidar a los delincuentes, sino para pegarles un corchazo a la mas mínima insinuacion. No hay otra manera de combatir una epidemia de delito como la que vivimos: solo puede ser enfrentada infundiendo MIEDO a los delincuentes.
Totalmente de acuerdo !! Armada ó desarmada , si me toca morir , me va a tocar igual . Pero.….tengo alguna chance de que haya un delincuente menos en la calle !!
Una persona en su sano juicio y adecuadamente instruida para el uso de un arma ‚tiene mas derecho a portarla, que un delincuente (asesino en potencia ).
Estoy completamente de acuerdo con los términos del artículo. YA ESTAMOS EN EL FAR WEST, con la enorme diferencia de que solo los bandidos llevan los seis tiros.
Los malos gobiernos nos fuerzan a transitar por la estrecha franja que separa lo lícito de lo ilícito, y ya estamos respirando una atmósfera donde es cada uno el que determina lo que está bién o está mal.
Es posible que la repetición de actos de alerta social, como la golpiza y susto que le dieron a Díaz Bancalari, uno de los que está en el gobierno desde que vino Colón, obligue a los que cobran sueldo de legisladores a considerar y aprobar, y ante veto volver a aprobar, y en tiempo récord, la magnífica propuesta de Cosme Beccar Varela.
Dr. Beccar Varela: Excelente artículo. Después de 10 años de tener portación autorizada por el RENAR súbitamente me la negaron hace 4 o cinco años. Recurrí en amparo, muy bien fundado y documentado, al Juzgado Federal de Mendoza y el Juez ordenó al RENAR que me extendiera la autorización denegada. Pero ya había pasado el año por lo que quedó abstracta. Ello no le impide al RENAR otorgar permisos de portación a cuanto sinvergüenza puebla la calle como el chofer del hijo de Moyano que ha sido sobreseído del proceso por disparar en el re entierro de Perón en San Vicente. Personalmente prefiero el peor proceso por portación, y no el mejor entierro. A esto nos han acorralado estos sinvergüenzas. Cordialmente Dr. Jorge E. Cuervo
Por fin alguien con criterio severo y justo abre los ojos a todos aquellos que pensamos con sentido común. La campaña de desarme, publicitada y llevada a cabo con mucho ruido por el gobierno, no tiene otro fin que facilitar la comisión de delitos, ya que las probabilidades de los delincuentes de toparse con una victima armada, se han reducido totalmente. Por otra parte, está muy extendido el concepto que bien menciona el autor de la nota, y ha calado hondo en la gente, ya que todos asumen que tienen más probabilidades de sobrevivir a un asalto, si muestran su miedo y se dejan ultrajar mansamente. Dice bien, que debiera generalizarse la práctica de tiro bajo supervisión profesional. Quienes hicimos el servicio militar, y aprendimos a manejar armas, sabemos de que se habla, y sabemos también que hay que vencer el miedo para enfrentar a delincuentes irracionales, sin freno alguno, ya que generalmente actúan drogados, o acuciados por la necesidad de drogarse. Aun sin la ley que promueve el Señor Beccar Varela, se puede comprar un arma, y concurrir a tiro federal por ejemplo, y practicar hasta dominar el manejo y lograr una puntería aceptable, para tener la tranquilidad de contar con elementos de defensa personal y de nuestra familia y bienes. Debe ser muy grande la impotencia de no poder proteger a nuestra familia, y que además sean abusados en nuestras narices. Los malditos delincuentes deberán pagar en lo posible con su vida, sus inclinaciones perversas, ruines e indignas de formar parte de la sociedad que lucha diariamente para ganarse el pan, criar a sus hijos y hacerlos personas de bien. La mayoría son reincidentes que no debieran haber salido nunca de la cárcel, que por otra parte es una carga para todos, de forma que delincuente muerto es igual a menos delitos y menos carga fiscal para el pueblo. Como puede rescatarse un individuo que roba impunemente todos los días, muchas veces el mismo negocio? Alguno dirá que es posible, y estoy de acuerdo si es uno, pero hay miles de delincuentes empedernidos, e incluyo a algunos políticos que nos gobiernan, otros que nos han gobernado, y otros que luchan por llegar al poder para llenar sus bolsillos. Un saludo cordial a todos. BRAULIO QUEVEDO
A esta porqueria que mató al fotógrafo la habían excarcelado recientemente contando en su haber con más de 10 ingresos a la carcel por delitos a los cuales ahora tendrá que añadir ASESINATO. Y se iba lo más campante la basura.…Si tuvieramos un sistema legal como manda un pais civilizado esta lacra estaría todavía adentro y por mucho tiempo.
No estoy de acuerdo en que los ciudadanos vayan armados. Porque puede ocurrir una confusión y disparar a quien no corresponde, y la culpa para esa persona sería infinita.
Sí deben cambiar las leyes (y cumplirlas), sí debe haber una mano dura para limpiar esta lacra que crece cada día más, y de eso deben hacerse cargo las autoridades.
Cualquier excusa sirve para que el miedoso deje de asumir sus responsabilidades.., y en nuestra población pululan los que esquivan el riesgo, sin importarle las consecuencias inmediatas y futuras.
Son los mismos que imaginan vivir en los Cuentos de Andersen, donde una parte o cosa buena se va a encargar de que reine el bién.
Acá no somos bravos como los Tártaros, los Vikingos, pero si somos unos.…., ¡¡no los Hunos de Atila…!!, somos unos cagones.
Guillermo Alejandro Nietto Zukowski
gniettozukowski@yahoo.com.ar
PATTI DIXIT: “UN CHORRO, UNA BALA”
Estimada “Angélica”; no estamos en el “Paraiso”, la calificada opinion del Dr. Beccar Varela es digna de tener en cuenta.
Y hasta le diria es “superflua“si las “Leyes” se aplicaran en todo su rigor; si aquellos que cumplen funciones en las FFSS se sintieran amparados y respetados; y no como hoy que “tienen miedo” de intervenir ante un delito, debido a las “replesalias del puntero” amigo del que delinque.
El “arresto civil” lo contempla el CP; asi como la “actuacion de oficio” ante la “suposicion de un delito”.
Hoy, hay que “confirmar fehacientemente” el delito (como hecho consumado), para que le “tomen” la denuncia.….Mientras en el “otro extremo”, la mera “sospecha” es “DISCRIMINACION” porque vulnera “derechos” !!!!!
Bien decia un amigo de mi Padre;(Abogado Penalista).…“Yo de la Carcel te saco, pero de la tumba”.……
Justamente, el tema (y lo efatiza el artículo) es “Saber” cuando, a quien y en que circunstancia; se reprime con el uso de un arma o la fuerza.……
Lo cual no es facil, visto el “comportamiento social” de la gran mayoria de los argentinos y argentinas.….…