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	<title>La historia paralela &#187; Antonio Florido Lozano</title>
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		<title>La homosexualidad es una enfermedad</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 16:10:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
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		<description><![CDATA[Dicho así estoy seguro que esta frase causará, al menos, indignación en algunas personas. No es mi intención, por supuesto. Sin embargo, escrita está y me reafirmo en ella. No ganamos nada con que alguien se sienta irritado. El único fin de esta nota es utilizar la libertad de expresión (mi libertad de expresión) para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio Florido Lozano 21_11_2011" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="121" height="121" />Dicho así estoy seguro que esta frase causará, al menos, indignación en algunas personas. No es mi intención, por supuesto. Sin embargo, escrita está y me reafirmo en ella. No ganamos nada con que alguien se sienta irritado. El único fin de esta nota es utilizar la libertad de expresión (mi libertad de expresión) para manifestar negro sobre blanco lo que pienso sobre este asunto.</strong><span id="more-59708"></span></p>
<p>No sólo lo pienso yo. Hay, dentro de la comunidad científica, muchos expertos que opinan lo mismo. Quien no lo crea que busque algo de información y se convencerá. Es verdad que la OMS retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Y ya desde 1990 no es considerada como tal. Eso es cierto. Pero también es cierto que el sentido común nos dicta que la relación más lógica del ser humano es la heterosexual. Seguimos siendo una especie animal, no lo olvidemos. Por eso, que un hombre busque a otro hombre para mantener relaciones sexuales, o una mujer lo haga con otra mujer, es algo moralmente reprobable.</p>
<p>Aún no nos hemos puesto de acuerdo en esta sociedad en distinguir con claridad lo que es bueno de lo que es malo. Le seguimos dando vueltas a esta cuestión desde que los griegos presocráticos pensaron en ella. Por tanto, lo primero que deberíamos hacer es diferenciar con exactitud el bien del mal. Después, con esta diferenciación, establecer un código moral para poder convivir unidos. Y si esto no lo hemos logrado, ¿por qué no puede uno pensar, por ejemplo, que ser maricón es malo y perverso (o bueno y envidiable)? Cualquier desviación de lo normal está siendo defendida por diferentes sectores sociales y políticos interesados en ello. Defender a los maricones, a las tortilleras, a los transexuales (o las transexuales), está de moda, da votos, y constituye un caldo de cultivo para ensalzar ese discutible valor del todo vale.</p>
<p>Pues no vale todo. Lejos de estas perversiones políticas podemos afirmar que en cuestiones sexuales no vale todo. Y con el no vale todo no intento entrar en doctrinas religiosas, por ejemplo, católicas. En realidad, lo confieso, me importa un bledo lo que la Iglesia Católica opine sobre esto.</p>
<p>Sin embargo, por encima de estos matices, debemos tener presente unas normas elementales. Y la primera y más importante de ellas es el respeto. Personalmente tengo amigos maricones, algunas son lesbianas. Y yo digo: ¿Y qué? ¿Acaso reparo en ello? ¿No me da lo mismo lo que cada uno haga de su sexualidad? Pero una cosa no quita la otra. El mismo derecho tiene el que piensa que un homosexual es un enfermo que el que piensa lo contrario. Son solamente ideas, creencias, formas de entender las cosas. Y si usted que está leyendo esto siente en su interior un deseo irrefrenable de arremeter contra estas ideas, hágalo. Como yo, puede y debe usar su libertad de expresión.</p>
<p>Lo que me da pena es que en este país se pueda hablar y disparatar de muchas cosas, por el simple hecho de que son políticamente correctas, y, sin embargo, es mejor quedarse callado cuando de lo que quieres hablar es considerado un tema tabú.</p>
<p>Todos tenemos pre-juicios. Y todos debemos intentar despreciarlos para ver y comprender mejor al que tenemos al lado. Vale.</p>
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		<title>El Partido Popular gana las elecciones en España</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 23:09:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<description><![CDATA[Tras las Elecciones Generales celebradas el pasado día 20 en España, las urnas han dado como resultado la posibilidad de formar gobierno al Partido Popular. La mayoría absoluta del Congreso de los Diputados se logra, en España, con 176 escaños. El PP ha logrado 186, con lo que ha conseguido –porque así lo han decidido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio Florido L" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido--dos.jpg" alt="" width="240" height="215" />Tras las Elecciones Generales celebradas el pasado día 20 en España, las urnas han dado como resultado la posibilidad de formar gobierno al Partido Popular. La mayoría absoluta del Congreso de los Diputados se logra, en España, con 176 escaños. El PP ha logrado 186, con lo que ha conseguido –porque así lo han decidido los españoles-, una mayoría holgada que le permitirá gobernar sin el lastre y sin el chantaje nacionalista.</strong><span id="more-59715"></span></p>
<p>La derrota del PSOE es escandalosa. Respecto de las anteriores elecciones, el socialismo ha perdido 59 diputados. Sin duda, un castigo ejemplar.</p>
<p>Los españoles han elegido el cambio. Después del zapaterismo, al PSOE sólo le queda reflexionar a la sombra sobre todas aquellas políticas (muchas de ellas populistas) que les han llevado a esta situación. El socialismo cotiza a la baja y su prima de riesgo sube como la espuma. Ya nadie se fía de ellos. Ni siquiera sus más fervientes simpatizantes han ayudado a que su derrota fuese más liviana.</p>
<p>En cambio, surge ETA de la mano de Amaiur. Partido político vocero de la banda terrorista que tendrá grupo político propio en el Congreso (7 escaños).</p>
<p>El líder del partido ganador, Mariano Rajoy, ya ha recibido las felicitaciones de los principales personajes políticos de Europa. Ahora le queda a él y al gobierno que forme, un camino largo y duro. Enderezar el rumbo de nuestro país, dentro de un contexto internacional convulsionado por los agentes económicos. La crisis, la misma que Zapatero se resistía a reconocer, ha barrido las esperanzas de cinco millones de españoles. Los mismos que se encuentran hoy día en paro. Y sin trabajo no se consume, no se produce, no se cotiza y no hay ingresos. Rajoy deberá trabajar en la línea de recortes que ya iniciaron los socialistas (impelidos por la situación europea y por la desastrosa gestión interna). E incluso no se descartan más recortes aún. Como prioridad, crear empleo. Dar confianza, estabilidad política, garantías a terceros países de que España es, todavía, un país serio que sabe hacer bien sus deberes y que está dispuesto a hacerlo.</p>
<p>Para ello Mariano Rajoy y su gobierno necesitarán tiempo. Aunque sea el mínimo necesario para demostrar que las primeras medidas económicas van bien encaminadas.</p>
<p>La primera Ley que desarrollará, según sus propias palabras, será la anterior Reforma Constitucional, de hace apenas un par de meses, que marca un techo de gasto a las Administraciones Públicas. Porque es de sentido común que no se puede uno gastar más de lo que tiene. Y podrá hacerlo porque cuenta con la suficiente mayoría en el Congreso.</p>
<p>Se acabó el zapaterismo. Ahora el PSOE debe buscar renovación, gente joven, nuevas ideas, proyectos que ilusionen a sus correligionarios. Es hora de que la vieja guardia se jubile y se vaya a su casa.</p>
<p>Por ahora debemos tener plena confianza, porque peor que lo han hecho los anteriores no se pueden hacer las cosas. Esperemos que este nuevo Gobierno tenga la suficiente cordura y sensibilidad como para afrontar el futuro inmediato con la necesaria sabiduría política. Saber político que en los últimos siete años ha lucido por su ausencia.</p>
<p>España está en crisis. Pero una crisis que puede ser derrotada. Con el esfuerzo de todos, de las empresas, de los trabajadores, de la gente normal. Hasta con el esfuerzo de la clase política que es, en momentos como este, cuando debe mostrar sentido de Estado. Vale.</p>
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		<title>Osos y niños</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 00:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La noticia llegó. Unos osos panda, mellizos, han llegado felizmente al lado de su madre. Desde que nacieron, intuyendo que la madre los mataría, al menos a uno de ellos, la comunidad internacional, los medios de recuperación de especies protegidas, se pusieron manos a la obra para conseguir que estos animalitos sobreviviesen y llegasen a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio Florido Lozano" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="121" height="121" />La noticia llegó. Unos osos panda, mellizos, han llegado felizmente al lado de su madre. Desde que nacieron, intuyendo que la madre los mataría, al menos a uno de ellos, la comunidad internacional, los medios de recuperación de especies protegidas, se pusieron manos a la obra para conseguir que estos animalitos sobreviviesen y llegasen a la edad adulta en las mejores condiciones. Hasta aquí todo normal y entiendo que muchas personas se alegren por ello. En verdad, las imágenes de esos tiernos bebés, ya creciditos, consiguen que uno se sienta orgulloso del nivel de desarrollo al que hemos llegado.</strong><span id="more-59350"></span></p>
<p>La otra noticia también llegó. La imagen ha cruzado todas las fibras de Internet, y todos los espacios radioeléctricos del mundo. Un pequeño niño negrito, con el rostro demacrado, con las cuencas de sus ojos abiertas desmesuradamente. Con el cuerpo laxo, famélico. Casi un cadáver en brazos de su madre. De una medre impotente por no poder alimentar a su hijo. Este niño ha vuelto a nacer. Con la ayuda internacional (sólo ha costado unos pocos euros), el pequeño ha podido recuperar lo que nunca debió haber perdido. La salud y la sonrisa expresada en un rostro hermoso, negro como el tizón y conmovedor. Los ojos del niño son ahora grandes, tiernos, profundos. Su mirada, hundida antes en la profundidad de la incomprensión, ahora se ha tornado abierta, clara, bondadosa. Sin duda, las mismas personas que se alegraron por que los pandas salieran adelante, se alegran asimismo de ver a esta criatura en brazos de una madre sonriente y feliz.</p>
<p>Pero yo pienso cuántos ositos panda, cuántas especies protegidas son necesarias recuperar. Cuánto dinero gastamos en tratar de que nuestro planeta no se despueble de esas especies que, por sí mismas, se extinguirían. Y pienso también en cuántos niños como éste se esconden de la vida, porque no tienen nada que llevarse a la boca. ¿No es un bebé una especie en extinción? ¿Cuánto dinero dedicamos de verdad a paliar esta lacra del hambre?</p>
<p>Si de mi dependiese mandaría a los ositos panda, tan indefensos, tan inermes, tan hermosos, a freír espárragos. Mandaría a todos esos que dicen defender la Naturaleza, lo animal, las especies en peligro, a un lugar apartado donde no haya una sola gota de agua ni una estúpida migaja de pan para darles a sus hijos. Si de mi voluntad dependiera abandonaría la especie animal desprotegida a cambio de recuperar al hombre, al pobre, al hambriento.</p>
<p>¿Política, embaucadores de lo natural, del medio ambiente? ¿Y sus hijos, y sus viejos, dónde está la línea de equilibrio que sostiene esta vergüenza noticiera? ¿Acaso debe existir equilibrio entre defender a un animal y a un ser humano?</p>
<p>Ha sido triste. Cuando vi las dos noticias en la televisión, el hombre se me mostró como un ser malvado, ruin, egoísta y ridículo y pensé si merecemos el Derecho a existir, más allá de las convenciones sociales, por otro lado tan planas y vacuas.</p>
<p>Me alegro sinceramente por el niño y por su madre. Y espero que ambos no tengan que pasar de nuevo por esa situación tan horrible. Y que todas las madres del mundo pobre puedan alimentar a sus retoños con la decencia que nos falta en Occidente. Vale.</p>
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		<title>Elecciones Generales en España</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 23:47:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnista invitado]]></category>

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		<description><![CDATA[El Columnista Invitado de Hoy: Antonio Florido Lozano El próximo domingo, 20 de noviembre, los españoles estamos convocados a las urnas. En este caso, elecciones anticipadas, no se trata sólo de decidir entre una opción política u otra. El asunto trasciende lo puramente nacional y partidista, hasta el punto de que España se juega la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">El Columnista Invitado de Hoy:<br />
Antonio Florido Lozano</h4>
<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio-Florido" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido--dos.jpg" alt="" width="200" height="179" />El próximo domingo, 20 de noviembre, los españoles estamos convocados a las urnas. En este caso, elecciones anticipadas, no se trata sólo de decidir entre una opción política u otra. El asunto trasciende lo puramente nacional y partidista, hasta el punto de que España se juega la posibilidad de salir, aunque sea con muchas dificultades, del embrollo económico en el que los socialistas la han metido. </strong></p>
<p><strong>Ha vuelto a suceder. De nuevo ha sido la izquierda más obtusa (¿hay otra?), la encargada de llevar a esta nación a la ruina económica. Otra vez la corrupción y el nepotismo asoman en el panorama político, lo que demuestra que cuando gobiernan los izquierdistas siempre pasa lo mismo. Y ha de venir un gobierno de derechas para enmendar la plana, suavizar las convulsiones y otorgar a España garantías frente a sí misma y frente a terceros países.</strong><span id="more-59415"></span></p>
<p>Rubalcaba presume ahora de que gracias a Zapatero a nuestro país no le ha pasado lo que a Grecia o Italia. Recordemos que no hace mucho el Presidente del Gobierno hablaba de nuestra economía como de Champions League. Uno de sus muchos embustes y eufemismos para no reconocer lo que todo el mundo sabía. También han puesto sobre la mesa (no tienen otra cosa) el anuncio de ETA de dejar el camino de las armas. ¿No fue, acaso, el mismo PSOE el que rompió unilateralmente el pacto antiterrorista?</p>
<p>Los españoles lo tenemos esta vez en bandeja de plata. Dejando a un lado a los partidos minoritarios, sobre todo a los nacionalistas, que lo único que buscan es que gane el que mejor se deje chantajear, los demás no cuentan nada y constituyen, a día de hoy, una simple anécdota. Habrá que elegir entre el desastre total, es decir, la izquierda más extrema, con doble o triple lenguaje, o la derecha conservadora. Entre un político mentiroso y chabacano (Rubalcaba) y un hombre que se merece la oportunidad de demostrar cómo hay que gobernar (Rajoy).</p>
<p>Gane el que gane, la tarea que tendrá encomendada es de aupa. Sacar a España del terrible endeudamiento en el que se encuentra sumida, gracias al despilfarro, como siempre, de los socialistas. Generar confianza en los mercados. Hacer ver a los demás países que nuestro país es de fiar y que deben invertir en él sin temer a perder sus apuestas. Y, más que nada, ilusionar a la gente que sigue en el paro, generando para ello los máximos puestos de trabajo posible. Los empresarios deben también apostar por nuestra economía y ser más atrevidos que nunca, contratando, invirtiendo y llegando a cuerdos con los demás sectores de la sociedad que así lo demandan.</p>
<p>¿Izquierda o Derecha? No hay otra. ¿Estancamiento o evolución?</p>
<p>Eso lo veremos el domingo. Mientras tanto deberemos seguir oyendo las insensateces de unos y las propuestas de otros.</p>
<p>Hasta la Corona se ha llenado de mierda en esta ocasión, al menos, eso parece. Y la desbandada de los oportunistas afines al gobierno es, por lo menos, llamativa. Todos buscan ahora el móvil de Rajoy.</p>
<p>No creo que sean las elecciones más importantes de lo que llevamos de democracia, pero sí de las que más. Nos jugamos el futuro inmediato. Desde aquí animo a los españoles, a los de dentro y a los que residen fuera, a pensar y elegir a la persona que más seguridad y confianza genere en ellos. Vale.</p>
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		<title>Rubalcaba entrevista a Mariano Rajoy</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Nov 2011 23:18:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<description><![CDATA[El pasado día 7 de noviembre del 2011 tuvo lugar uno de los espectáculos televisivos más esperados en España. El debate, cara a cara, entre los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno con más posibilidades, es decir, de los dos partidos mayoritarios, a saber: el PSOE, cuyo candidato es el señor Alfredo Pérez Rubalcaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio Florido Lozano" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="121" height="121" />El pasado día 7 de noviembre del 2011 tuvo lugar uno de los espectáculos televisivos más esperados en España. El debate, cara a cara, entre los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno con más posibilidades, es decir, de los dos partidos mayoritarios, a saber: el PSOE, cuyo candidato es el señor Alfredo Pérez Rubalcaba y el PP, con Mariano Rajoy como líder del mismo. El acto, sin embargo, comenzó, en realidad, muchos días antes, con la preparación, acuerdos y compromisos de cada uno de los partidos, representados en su caso por el correspondiente Comité. Pero el hecho fundamental se produjo el día 7, a las diez de la noche, y fue transmitido en directo por numerosos canales de comunicación: televisiones, emisoras de radio e Internet.</strong><span id="more-59175"></span></p>
<p>Se tasaron los momentos de llegada, la forma de los saludos, las veces que cada uno tenía que sonreír, de qué manera. Uno de ellos, por lo visto, adelantó su llegada un minuto. Fue el señor Rajoy, impaciente, sin duda, por dar comienzo al festival. El otro, Rubalcaba, bien amaestrado por sus violentos callejeros, llegó exacto como un reloj, ni un segundo más tarde ni un segundo antes.</p>
<p>El plató vacío. Nada de periodistas con preguntas molestas. La gente como usted o como yo, en la calle, o frente al televisor de su casa. Los temas: tres. Un primer bloque de, digamos, la cosa económica, un segundo bloque de lo social y el último sobre asuntos descafeinados. Un saludo inicial, una despedida final y ya está.</p>
<p>El moderador (y lo pongo en cursiva porque ni moderó ni nada) uno de la vieja guardia, archiconocido en toda España, Campo Vidal. (He dicho Campo Vidal, no Nacho Vidal).</p>
<p>Cuando comenzaron a hablar les noté nerviosos (sería por los huecos tan profundos del patio de butacas). Uno de ellos, ¿adivinan?, se dedicó a intentar hilvanar un discurso coherente y continuado en el tiempo, mostrando meridiana claridad tanto en los argumentos como en los matices. El otro, ¿aciertan?, sacó el dóberman de debajo de la mesa y escupió sus babas sobre la tarima y sobre los papeles. Rubalcaba preguntaba a Rajoy sin desmayo (habría sido no un mal periodista). Éste respondía, el otro volvía a preguntar, y éste, de nuevo, respondía. ¿Cuántas veces? El tiempo de fumarme un par de cigarrillos, de levantarme para ir al servicio, beber un poco de agua, etc. Cuando vuelvo encuentro a Rubalcaba exacerbado preguntando a Rajoy lo mismo de antes, y éste, ¿lo saben?, respondiendo de igual manera. Rubalcaba insiste, insiste e insiste e insinúa, insinúa e insinúa. Hasta la extenuación. ¿Cambio de canal? No. Aguanto un poco más. ¿Dinamismo, improvisaciones, grandes soluciones a estos grandes problemas? No sé, ellos sabrán. Hay un intermedio para los anuncios que nadie ve. Estiro las piernas. Me levanto, me siento de nuevo. Se reanuda el espectáculo. Y todo sigue lo mismo de vergonzoso que al principio. Me canso, subo a mi habitación. Decido seguirlo por la radio. Me pongo el pinganillo. Así la cosa parece, cómo les diría, más ridícula, porque ahora imagino sus rostros, sus maneras, veo inflamarse los pómulos de Rubalcaba, que siente que está perdiendo, su calva brilla en la oscuridad de mi cuarto. “Niña, apaga esa luz”. Mi mujer ni se inmuta. No es la luz de la mesilla, es la calva de Rubalcaba que luce pringosa porque por ella resbalan las vergüenzas que perdió en tantos años dedicados a eso de la política. Ya falta poco. “Ahora”, pienso, “vendrá la famosa niña rayjoniana”. Pero pasa el tiempo y la niña no sale. ¡Vaya timo! Rajoy habla pomposamente de “La Nación Española”. El calvo (porque lo es) cambia por la expresión “El País”, queriendo referirse a España, claro es.</p>
<p>Y después de todo esto, ¿qué? ¿A quién voto, a un socialista que habla de adelgazar el Estado ¡habráse visto…!, o a uno que sigue siendo tan prudente y caballero que se niega a sacarle las verdades al otro?</p>
<p>La tarea es difícil. Si decido no votar vendrá el conocido de turno a decirme que no soy demócrata. Si voto a Rajoy, seré un fascista y un derechón. Si me decido por el calvo (porque lo es), me dirán…</p>
<p>Ustedes mismos. Vale.</p>
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		<title>“El Acoso Escolar y Las Nuevas Tecnologías”  (Un Enfoque A Través Del Poder)</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jun 2011 13:24:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnista invitado]]></category>

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		<description><![CDATA[El Columnista Invitado de Hoy: Antonio Florido Lozano En este trabajo intentaremos mostrar las características del acoso, visto como una    de las manifestaciones del poder entre los seres humanos. Usando esta noción, realizaremos un análisis pormenorizado del acoso escolar, en el contexto de una comunidad educativa donde participan diversos conjuntos de personas y, profundizando aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>El Columnista Invitado de Hoy:</h2>
<h2>Antonio Florido Lozano</h2>
<p><strong>En este trabaj</strong><img class="alignleft" 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alt="" width="113" height="113" /><strong>o intentaremos mostrar las características del acoso, visto como una    de las manifestacion</strong><strong>es del poder entre los seres humanos. Usando esta noción, realizaremos un análisis pormenorizado del acoso escolar, en el contexto de una comunidad educativa donde participan div</strong><strong>ersos conjuntos de personas y, profundizando aún más, nos zambulliremos en el ciberbullying, acoso escolar propiciado por el fenómeno reciente de la afloración y uso de las nuevas tecnologías. Terminaremos con una serie de conclusiones y con algunas propuestas más o menos factibles en la realidad como medio de solucionar el problema tan real y acuciante llamado Ciberbullying. </strong><span id="more-51497"></span></p>
<p>A lo largo de la Historia el poder ha sido estudiado y analizado desde diferentes puntos de vista. El ser humano, inmerso en una sociedad que a veces le absorbe, le desborda y le anula, se ha visto impelido a sacar en muchas ocasiones lo que Aristóteles dijo: “El hombre que no es político sólo puede ser dos cosas: un Dios o un animal”. Entendiendo esta aseveración en toda su plenitud, esto es, en sentido lato, el hombre sólo puede ser político, inmerso en la polis, en lo social; en sí, el ser humano es un ser grupal, colegiado, donde la virtud de cada uno se suma con las de los demás para conseguir una virtud total, de grupo, de clan. Platón llamó a esto El Bien, desde un punto de vista ético y apodíctico. Pero, ¿qué lleva al ser humano a unirse en sociedad? ¿Es, quizá para él, la mejor opción? ¿No corre el riesgo de ser influido por un sistema en el que se introduce ejerciendo su libre albedrío? La respuesta a estas cuestiones y a otras íntimamente relacionadas nos las han dado los filósofos de todos los tiempos. En síntesis, podríamos agrupar estas respuestas en dos grandes categorías: las de aquellos que opinan que el ser humano es una bestia para sí mismo, un ser amoral, malo en sí, línea donde destaca el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588–1679), con su famosa obra Leviatán (1651); y las de otros que han adoptado posturas más o menos contrapuestas a la anterior, esto es, que el ser humano es bueno por naturaleza, siendo uno de los máximos exponentes de esta corriente de pensamiento el suizo Jean-Jacques Rousseau (1712–1778), con su obra El contrato social (1762) , donde pone de manifiesto que, a pesar de que el hombre nace libre, será esclavo de sí mismo y de la sociedad por el resto de sus días.</p>
<p>Si observamos al azar un aula de cualquier colegio o instituto, comprobaremos que no deja, en síntesis, de ser el reflejo de todo el sistema social que nos rodea. Es, ella misma, una microsociedad, donde hay pueblo y dirigentes, entendiendo ambos conceptos en tono comparativo, literario y similar. Como en toda sociedad, los componentes, tanto aislados unos de otros como formando un grupo compacto, deben someterse a las directrices que marca el dirigente, llámese maestro, profesor, educador…De igual forma, se establecen entre los miembros del pueblo, los alumnos, una relaciones sociales, humanas, dentro de un contexto de opresión más o menos tensa (recordemos que es una etapa de la educación de asistencia obligatoria). Por lo que respecta a los discentes, éstos, en sus relaciones diarias y educativas, deben ser capaces de sentirse unidos al grupo, de ser un todo, iguales y distintos a la vez. Deben ser capaces de establecer sociedad entre ellos.</p>
<p>Además deben extender esta sociedad hasta conseguir introducir en ella al referente máximo, al profesor. Se establece, de esta manera, la distinción clara y natural de dos niveles. Por un lado, en un nivel o estrato superior (por la edad, la formación, la legalidad) destaca el profesor, que encarna y simboliza una serie de valores que está dispuesto a comunicar, a transmitir, en el seno de una estrategia educativa plena y amplia. Simboliza, más allá de los típicos y consensuados valores y estereotipos académicos, todo aquello que envuelve a la sociedad. Dentro del aula será el referente más directo con el que se encuentren los alumnos día a día. Por otro lado, los alumnos.</p>
<p>Éstos forman un grupo heterogéneo y desigual de personas (niños o adolescentes) que están obligadas, por ley, a acudir diariamente al aula. Como en todos los grupos (grupo primario, en el sentido sociológico), se establecen relaciones más o menos cercanas entre los miembros del mismo. En medio de la escena cotidiana de una sesión de clase, cada uno de ellos es y revela una manera distinta de comportamiento. Y es así porque los alumnos –personas en formación académica, física y mental-, son distintos unos de otros, diferentes, con valores también distintos, con intereses, opiniones, sugerencias, costumbres y características muy personales. Cada uno, tomado en sí, aislado del resto, es un ser global, un elemento, –permítannos la expresión-, susceptible de absorber conjuntos de conocimientos y estímulos que entre todos los que estamos alrededor no dejamos de ocasionar. El aula, apreciada de este modo, es un milagroso experimento donde emisores y receptores se muestran abiertamente. Y, como siempre ocurre cuando se forma un grupo de personas tan heterogéneo, llega un momento donde el consenso es difícil, donde la acción de un elemento del grupo distorsiona la conciencia, los miedos, las alegrías, de los demás.</p>
<p>Se establece entre ellos una dinámica de poder en la que se pretende llegar a él por distintos caminos. Hay alumnos que alcanzan el poder a través de la intervención en clase, a través del respeto que ocasionan sus reflexiones, respeto que hace aparecer la consideración, la deferencia de los demás, la autoridad entre unos alumnos y otros. El alumno que demuestra ser responsable y humilde, suele comprender su incapacidad cuando ésta se manifiesta, la acepta, se rebela ante ella y pretende sojuzgarla usando sus capacidades positivas.</p>
<p>Escucha porque sabe escuchar, porque en el seno de su familia ha encontrado un nido de respeto y de amor, donde su alma se siente en pleno goce y donde se muestra tal y como es. Esta actitud, llevada al aula, genera, o puede generar sin embargo, respuestas distintas en aquellos alumnos que, por motivos familiares, físicos, mentales, sociales y de otras características, no han podido disfrutar de un ambiente hogareño placentero y donde la propia familia se encuentra desestructurada. En aquellos senos familiares difíciles por distintos motivos, los valores que se cultivan y se viven diariamente son enormemente diferentes de aquellos que vimos al principio. Salen a relucir, de esta manera, emociones tan humanas y tan indeseables como la ira, la envidia, el rencor, la obsesión por aparentar lo que no se es, el miedo al ridículo, el desamor, la venganza…</p>
<p>Llegados a este punto enlazamos y entramos de lleno con el tema de este trabajo, esto es, el acoso escolar, que cuando se lleva a cabo usando las nuevas tecnologías se denomina  ciberacoso o ciberbullying.</p>
<p>Definiciones de ciberbullying podríamos dar varias, pero todas, en esencia, aportan lo mismo. Se dice que el ciberbullying es “el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como correo electrónico, redes de comunicación, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, teléfonos móviles y websites difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios”. Es, en definitiva, un linchamiento, un acto de pogrom, en el más claro estilo histórico.</p>
<p>Dentro de este fenómeno relativamente reciente y que ha completado y solapado, (no sustituido) al tradicional acoso escolar, al de toda la vida, podemos distinguir las figuras del acosador, del acosado, el contexto en el que se produce, las causas, las consecuencias y, por último, las formas de poder paliar o solucionar esta lacra.</p>
<p>El acosador suele ser un niño o adolescente que integra características de las que se infiere una escasa identidad personal. Suele ser una persona que vive o ha vivido en el seno de una familia deshecha por distintas causas. No ha experimentado el amor y el enlace familiar como hubiese sido deseable y adolece de un bajo autoconcepto. Valores como el diálogo, el control de las emociones, la cooperación, la empatía, etc. son ajenos a su conducta y su manera de ser. Muchas veces su actitud arisca y despótica se debe a miedos acumulados en su interior.</p>
<p>Miedos desconocidos que remueven su ser hasta que se produce el desbordamiento. Cuando esto último sucede, atrapa y arrastra al primero que se le pone por delante, que suele ser una persona de su misma edad (o parecida), a quien ve como motivo de chanza y de insulto. Demuestra, entonces, todo su ego interno y lo descarga sobre el otro, sobre el más débil. Lo hace en el seno de un grupo donde también, en muchas ocasiones, hay otros compañeros con características similares. Por tanto, se siente arropado y protegido.</p>
<p>Si no destaca en nada, intenta hacerlo avasallando a los demás; si nadie le presta atención, la violencia, usada como herramienta sádica y desapasionada, le sirve para lograrlo. Se ve y se siente un vencedor, un cazador, en el sentido en que Desmon Morris lo usó en su teoría evolutiva. Comienza en ese momento la caza del débil a quien ve como el adversario, como la presa. Y para ello, ofende, insulta, amenaza, humilla y se muestra extremadamente hostil. Como medios usa las nuevas tecnologías, como el teléfono móvil (llamando al acosado a horas intespectivas, fotografiándolo, grabándolo en vídeo para luego colgarlo en internet, enviando mensajes SMS insultantes..),  y el ordenador (accediendo a websites difamatorias, enviándole correos electrónicos vejatorios).</p>
<p>En definitiva, actúa como un ser falsamente popular, como bromista, pensando en muchas ocasiones que lo que hace no es nada y no tendrá repercusiones sobre los demás. Son personas rodeadas, en ocasiones, de otros acosadores llamados pasivos, que animan al acoso, que miran pero no actúan ni hacen nada para evitar lo que sucede. El acosador no sospecha que al cabo del tiempo su actitud le traerá la soledad, el aislamiento, la ignorancia. Pero mientras actúa, mientras caza, se siente pleno, arrogante, malvado, gustosa y atrayentemente malvado.</p>
<p>El acosado, por el contrario, vive a veces en un ambiente familiar pleno, gozoso, donde posiblemente la protección, exagerada, ya sea por amor o por miedo, impregna a esta persona viviendo en un mundo falso de sobreprotección. Con lo cual a los acosados no les han dado herramientas ni actitudes para soltarse en sociedad, para defenderse. Pertenecen, como los acosadores, “a todas las clases sociales” (Ferrán Barri).</p>
<p>Pero se caracterizan por no mirar a los ojos a las personas con quienes hablan; son, por demás, huidizos, humildes, apocados, miedosos. Hay acosados horrorizados al pensar que cada día han de encontrarse con su cazador. Son, desde este punto de vista, verdaderos animales indefensos, atrapados, inmersos en una situación desesperada y angustiosa de la que difícilmente saldrán sin ayuda.</p>
<p>Usan, como es lógico, las nuevas tecnologías, pero temen hacerlo, pues barruntan que detrás de un uso sincero e inocente pueda estar oculto el mensaje difamatorio y ultrajante del acosador. Son, como dijimos más arriba, niños o adolescentes a quienes cuesta trabajo oír cuando hablan, personas nerviosas, tensas, no asertivas.</p>
<p>“La Información es poder. Quien la tiene, mantiene las bases para los cambios. El tener las fuentes, a veces con conocimiento de causas o no, confiere el poder de la información. Un pequeño dato en el momento preciso, puede generar un futuro diferente, sólo si sabemos qué hacer con la información”. Estas palabras de Ernesto Yturralde son suficientemente expresivas y elocuentes de la fuerza del poder cuando éste se usa indebidamente.</p>
<p>Hagamos la siguiente reflexión: Como el ejercicio del poder es endémico en los humanos, como seres sociales y gregarios que son, que somos, ¿debe ser la sociedad la que lo encauce, la que lo gobierne, la que lo limite? Está claro que en los casos que estamos considerando, sí. Porque las personas de las que hablamos aún están en periodo de formación y si no somos nosotros, los adultos, los que guiamos y establecemos una ética del poder y de las relaciones sociales, ¿quién lo hará?</p>
<p>Cuando Max Weber dijo aquello de “el origen de todo poder es la violencia”, ¿no estaba reflejando con asombrosa exactitud el escenario donde el acosador se desenvuelve en toda su plenitud? ¿No es el acosador, en esencia, un ser primitivo, que busca alcanzar el poder sobre los demás, usando la violencia?</p>
<p>Visto de esta manera, la violencia parece que pudiera estar justificada. Pero nada más lejos de la realidad. Porque si queremos un mundo donde todos podamos vivir en armonía, debemos sentar las bases de una ética que guíe nuestros actos.</p>
<p>Leamos la siguiente noticia aparecida en <a href="http://ciberbullying.wordpress.com/" target="_blank">ciberbullying</a> : “Romina Perrone, estudiante de 10 años en un colegio bonaerense, tuvo que sufrir que una compañera de clase crease un grupo en Facebook dando razones para odiarla. Llegó a sumar más de cinco mil fans y pese a los esfuerzos de la madre de Romina, Facebook se negaba a eliminarlo”</p>
<p>O esta otra, publicada en <a href="http://stop-ciberbullying.blogspot.com/" target="_blank">Stop-Ciberbullying</a> : “Un joven fue condenado en Sevilla a pagar una multa de 100 euros por colgar en su perfil de la red social online, Tuenti, un fotomontaje de un compañero de clase con el que provocó deliberadamente comentarios despectivos hacia la víctima por parte de sus compañeros de bachillerato. Además, el condenado contribuyó en primera persona a dichos comentarios a través de los chats que sostuvo con sus compañeros. Junto a este joven, mayor de edad, varios compañeros de clase, menores, fueron condenados a trabajos en favor de la comunidad”.  Ambas dan que pensar. Por lo cercanas y por lo reales. Pero son ciertas. Y este tipo de noticias aumenta día a día, para remordimiento de todos.</p>
<p>El peor caso, sin duda, el siguiente, extraído de <a href="http://ciberconvivencia.wordpress.com/" target="_blank">Ciberconvivencia</a></p>
<p>“Nueve adolescentes (siete de ellos, chicas) fueron juzgados en 2010 por acosar y maltratar física, psicológicamente y a través de móviles y de Internet a una compañera de escuela, inmigrante irlandesa. Phoebe Prince, de 15 años, fue acosada, humillada y agredida durante tres meses por algunos compañeros del instituto hasta que no pudo aguantarlo más y se suicidó ahorcándose. El acoso, de hecho <strong><a href="http://ciberbullying.wordpress.com/2010/02/05/continua-el-acoso-a-una-adolescente-que-se-suicidio-a-causa-del-ciberbullying/" target="_blank">siguió online tras su muerte. El grupo de adolescentes que se sentará en el banquillo la insultaba a voces en los pasillos del colegio, en la biblioteca, en la cafetería o en el camino de vuelta a casa. La llamaban día tras día</a></strong> puta irlandesa y zorra, la empujaban, le tiraban cosas, le quitaban los libros de la mano y le mandaban mensajes de SMS con amenazas”. Tremendo.</p>
<p>Después de leer los sucesos anteriores, una pequeña muestra de lo que aparece en la prensa diaria, uno se pregunta de nuevo: ¿El ser humano es, por naturaleza, bueno o malo? La respuesta queda dentro de la conciencia de cada uno, pero sea cual sea, sin duda es compleja y difícil de comprender.</p>
<p>Pero en esta lacra del ciberbullying el acosador y el acosado no son las únicas figuras a tener en cuenta. Ambos se desenvuelven en un contexto que también es necesario analizar. Porque los centros educativos, para empezar, deben asumir su cuota de responsabilidad, puesto que es en el interior de sus edificios donde ocurren casi siempre estos desmanes.</p>
<p>Cierto es que el uso de las nuevas tecnologías hace que los muros del centro sean trascendidos, alcanzando la difamación mucho más allá. Pero los centros, con sus equipos de profesionales al mando, han de estar atentos y diagnosticar, vigilar y perseguir aquellos casos que sean o puedan ser evidentes. Se incorpora, de esta manera, una nueva dimensión a la labor de los profesionales que nos dedicamos a la enseñanza. Si bien ha sido tradicionalmente una labor aneja a la de enseñar, ahora esta dimensión reviste nuevas formas de entender la enseñanza.</p>
<p>Nunca hasta ahora han existido las nuevas tecnologías. Nunca, por tanto, ha surgido este problema entre los alumnos, alcanzando dimensiones que llegan a ser preocupantes. La comunidad educativa, responsable y comprometida con llevar a cabo un trabajo de enseñanza, educacional, ético y responsable, ha de tomar las riendas para resolver esta lacra y desde el mismo centro educativo, desde sus organigramas de trabajo y desde sus documentos y normas oficiales, debe asumir y colaborar para defender aquellos alumnos envueltos en la humillación constante, así como perseguir y denunciar a aquellos que se colocan al otro lado de lo tolerable. Por tanto, deben elaborarse normas, reglamentos, artículos y todas aquellas disposiciones necesarias y lo más importante, todos los que enseñamos debemos asumir esta responsabilidad que, nos guste o no, forma parte de nuestro trabajo.</p>
<p>Más allá del propio centro, los alumnos viven en un hogar, se deslizan por las horas vespertinas haciendo deberes, estudiando, repasando, preparando exámenes, etc., pero sin duda existen más elementos que rodean a estas pequeñas personas, como son los ordenadores, la televisión, la calle, los centros de ocio…Debemos reconocer que durante las horas que pasan delante de la televisión los contenidos que absorben no son los más apropiados. En ella aparecen programas con contenidos para adultos en las horas de máxima audiencia. Aparte de los tratamientos soeces, superficiales, chabacanos y desvergonzados que muchas veces les dan a sus contenidos. El alumnado ve todo esto y el ejemplo que se les ofrece no es, sin duda, el más adecuado.</p>
<p>En la calle también pasan tiempo nuestros alumnos, viviendo en no pocas ocasiones situaciones de estrés, de hacer las cosas rápidas. Parece que el mundo es más veloz y que si no nos adaptamos a su velocidad no hacemos las cosas bien. Nosotros mismos, los adultos, ¿es que no somos un fiel reflejo de lo que queda dicho? ¿No somos los primeros en acelerar nuestros actos, en un ejemplo de simpleza y de superficialidad? Quizás debamos empezar por corregir primero nuestra forma de vida y de enfocar los asuntos, añadiendo más templanza, tranquilidad, sosiego, a todo lo que hacemos, para comunicar, con esta nueva actitud, el valor de la relatividad, pues la mayoría de las veces hacemos las cosas como si fuesen las más importantes y determinantes del momento. Cuando pasa el tiempo nos damos cuenta de que podríamos haberlas hecho de otra manera, porque descubrimos que, al fin y al cabo, tampoco eran para tanto.</p>
<p>“Los dos grandes maestros del hombre son la miseria y la soledad”, frase de Joseph Roth que nos mueve a la reflexión. Enunciado apropiado para aplicarlo a la familia, a la familia como unidad básica de socialización donde los alumnos, en fase de transformación, desarrollan y evolucionan, buscando una identidad que les servirá para toda la vida. ¿Qué cuota existe en mi familia, debería pensar yo, de estos dos conceptos, de miseria y de soledad? ¿Podríamos cambiar esta situación para convertir nuestras familias en centros de amor, de cordura, de valores éticos y edificantes? ¿No debemos luchar, pese a todo, por conseguir que las familias sean centros atrayentes y sensibles, donde las personas se desenvuelvan y se desarrollen en toda su plenitud? A lo mejor parte de la solución está en empezar a cambiar las cosas desde el propio núcleo familiar.</p>
<p>Hablemos ahora de las consecuencias del ciberbullying. Cuando en el sistema aparece un elemento nuevo, el ciberbullying, éste se remueve, se disloca y todos sus elementos se posicionan de nuevo, a veces de manera inadecuada. Para el acosador las consecuencias, a la larga, son exigentes, porque con el tiempo será recordado como una persona indeseable, odiosa, todo el mundo le dará la espalda y sentirá en sus carnes el peso de una sensación nueva para él: la soledad. Soledad o aislamiento, desprecio, ninguneo. Y seguirá por la vida tratando de alargar en lo posible el estatus que adquirió en plena época como acosador. Pero ahora no serán niños o adolescentes. Ahora, pasado el tiempo, acosará a su propia familia, a su mujer, a sus hijos, convirtiéndose, tal vez, en un caso más de los que aparecen de vez en cuando en la televisión denominados como violencia de género. Será toda su vida, salvo catarsis, un agresor. Un agresor para los demás y para sí mismo, porque no habrá conseguido conformar una vida plena e integradora. Al margen quedan, por supuesto, las consecuencias legales de darse el caso de denuncias.</p>
<p>El acosado suele sufrir síntomas y situaciones típicas de depresión, de aislamiento social (en esto es similar a la figura del acosador), disminución del bienestar sicológico. Suele bajar su rendimiento escolar legando a mostrar rechazo por la vida en el centro educativo, por los estudios. El acosado se vuelve introspectivo, taciturno, apocado. Siente con frecuencia miedo a todo lo que le rodea. Se aísla de los amigos. Cuando este asedio se sufre a través de las nuevas tecnologías, el riesgo de depresión es mayor, según un estudio desarrollado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.. Se llega en ocasiones a sentir un profundo poso de deshumanización y de desamparo. Un niño o joven ciberacosado es difícil que lo comunique a los demás, en concreto a su familia directa, por lo que se acentúa el carácter de peligrosidad, de situación de riesgo, no ya sólo social, cultural o familiar, sino también el riesgo vital, esto es, de estar en peligro hasta su propia vida.</p>
<p>Estos síntomas, de unos y de otros, de acosadores y de acosados, deben servirnos para detectar a tiempo tales situaciones. Situaciones en las que el poder, en toda su plenitud y magnificencia, se muestra como un arma poderosa de regulación de los comportamientos de los seres humanos.</p>
<p>Es posible que falle todo un poco. Que la culpa del ciberbullying la tenga el progreso (técnico, no moral), la rapidez de la vida, el enfoque y la postura que le damos a nuestras cosas, la prioridad que establecemos con todo cuanto hacemos al día. Es posible que en los centros educativos tampoco estemos lo suficientemente alertas o no seamos conscientes, por adultos, de la verdadera transcendencia de esta problema, o sea la sociedad, vista en términos globales, o no sabemos bien qué, pero lo cierto es que el problema está ahí, existe y repercute en muchas personas que, en el mejor de los casos, lo están pasando mal o muy mal. Aunque sólo sea por saber lo que va escrito, merece la pena empeñarse en luchar contra el ciberbullyin y conseguir, con el tiempo, que llegue a ser un recuerdo de lo que fue, una simple ilusión o la remanencia de una pesadillas que vino y desapareció de nuestras vidas.</p>
<p>Como conclusión y cierre podríamos apuntar la necesidad imperiosa de no dejar de lado este problema, de no caer en la manida trampa de pensar que esto son cosas de chicos y que todos hemos pasado por ahí. Nada más lejos de la realidad y de lo deseable.</p>
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		<title>“La fosa”</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Apr 2011 07:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Acaso no estamos cavando una fosa acá en España? ¿Es que el desgobierno que sufrimos no está llevando a nuestro país por el camino del desastre? Ahora toca la desbandada general. El presidente Zapatero, dentro de su realismo mágico, confuso y destartalado, no se presenta a las próximas elecciones. Algunos barones del partido de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio-Florido" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="121" height="121" />¿Acaso no estamos cavando una fosa acá en España? ¿Es que el desgobierno que sufrimos no está llevando a nuestro país por el camino del desastre?</strong></p>
<p><strong>Ahora toca la desbandada general. El presidente Zapatero, dentro de su realismo mágico, confuso y destartalado, no se presenta a las próximas elecciones. Algunos barones del partido de la rosa dimiten, huyendo de la debacle que se les avecina. Se están trabajando su propia tumba política. Ya era hora. Sólo esperamos que el nuevo gobierno conservador-liberal que venga tenga y demuestre la valentía necesaria para hacerle ver a los españoles que todavía hay personas honestas que saben hacer bien las cosas.</strong><span id="more-47445"></span></p>
<p>Como ejemplo, en este caso literario, el siguiente cuento, metáfora de la España decadente. Espero que no acabemos como el protagonista del mismo. Vale.</p>
<p>“La fosa”</p>
<p>La historia que viene a continuación la oí en la taberna de Gólubev mientras me tomaba un traguito de vodka. Ocurrió, según me dijeron, el año pasado, y si la cuento ahora es solamente para descargar mi alma de pesadumbre y de agobio, porque en verdad la vida del protagonista de este relato siempre me ha traído sin cuidado.</p>
<p>Todo comienza en la calle de Las Gaviotas. Allí, muy cerca del río Nevenka y justo al lado del parque Trebiskov, vive el sujeto de este cuento, un tal Volodia Vasiliev. El individuo en cuestión, un joven soñador e idealista, ocupa una habitación pequeña del segundo piso, una pieza sucia y maloliente. Por las noches puede ver, desde su ventana, los últimos aleteos de las fochas y divisar las ondas que producen las embarcaciones. Vasiliev, como ya queda dicho, es joven. Apenas asoma en su rostro una leve sombra que anuncia una barba incipiente, rala y rubia.</p>
<p>Por las mañanas trabaja en las oficinas del Estado. Su trabajo consiste en revisar, clasificar y ordenar expedientes. Son los expedientes de las almas muertas de la zona. Hay mucho trabajo en esas oficinas. Volodia se encarga de la misma sección en la que su padre pasó los últimos cuarenta años. A Volodia no le gusta mucho su trabajo. Lo de revisar expedientes una y otra vez, todo el día, todas las semanas y todo el tiempo no está hecho para un joven de San Petersburgo. En su fuero interno Volodia piensa que debe mejorar. Aunque aún no sabe cómo, un día de estos –se dice-, llegará a ser lo que su viejo nunca pudo, Supervisor General de Almas y Otros Asuntos. Y para conseguirlo Vasiliev trabaja sin descanso, hora tras hora, depositando en sus labores tanto esfuerzo e ilusión, que todos en las oficinas hablan de él por lo bajito.</p>
<p>La historia llegó a mis oídos, en verdad, el viernes pasado. Esa tarde entré, después del trabajo, en la taberna de Gólubev, donde me tomé cuatro o cinco vasos de vodka. A un lado de la barra observé al gordo Grogióv, viejo amigo de mi padre y al que, seguramente por ese motivo, yo le tenía en alta estima. Grogióv hablaba y bebía. A cada frase que soltaba el viejo gordo le seguía un sorbo de vodka. A decir por el color sonrosado de su rostro debería llevar allí, apoyado en la barra, no menos de dos o tres horas. Todos le conocíamos y eran famosas las cogorzas que cogía los fines de semana. Grogióv hablaba de un tal Volodia. Los demás permanecían junto a él, mirando al viejo con los ojos muy abiertos. Yo les observaba y trataba de escuchar las palabras del viejo Grogióv, pero desde donde estaba me era prácticamente imposible, de modo que decidí acercarme hasta ellos para enterarme de lo que pasaba.</p>
<p>“El joven dudó. Luego, mirando hacia el fondo oscuro y frío del pasillo, entró con paso decidido”, –decía Grogiov, con los labios brillantes.</p>
<p>“Sigue, sigue, …, qué más”, — preguntó Chirilenko con voz ronca.</p>
<p>“El chico entró, digo. Es, es posible que no supiera lo que iba a encontrar. Más aún, yo aseguro, os aseguro que no tenía ni la más remota idea de lo que sus ojos verían en cuanto entrasen en su habitación”.</p>
<p>-“¡Eso es mentira, palurdos!, ¿no veis que el mujik se está riendo de todos nosotros?”, –soltó el vivaracho Sergueiv, después de vaciar la botella de vodka.</p>
<p>“Subió las escaleras agarrándose a la barandilla. Al llegar arriba sacó la llave, giró con ella la cerradura y abrió la puerta. En ese momento un olor intensísimo a humedad golpeó su rostro”.</p>
<p>Grogióv hizo una pausa que aprovechó para seguir bebiendo.</p>
<p>“Lo que pasó más adelante debe ahora esperar”.</p>
<p>Los oyentes, circunspectos e irritados, conminaron a Grogióv a continuar con el relato. Éste, al comprobar que su narración estaba siendo seguida con tanto respeto, irguió sus hombros, bebió otro sorbo de alcohol y siguió hablando.</p>
<p>“¿Qué pensáis que encontró Volodia al abrir la puerta? ¿Qué imagináis? ¿Queréis saberlo, eh?”.</p>
<p>Grogióv cambió de pronto su rostro. Un aire de seriedad y de miedo pasó por delante de todos y, como si las hadas hubiesen atravesado la estancia, se hizo un silencio espeso.</p>
<p>“Un cementerio”. –dijo Grogióv, dejando a todo el mundo de una pieza.</p>
<p>Chirilenko puso el vaso sobre la mesa, Gólubev abandonó lo que estaba haciendo y se acercó a nosotros. Los demás nos reímos y nos hicimos los locos, para no ofender al viejo Grogióv. Pero el rostro del viejo seguía siendo grave y sus ojos brillaban a la luz del gas con un destello fantasmagórico. Yo pensé que estaba ciego de beber o que se tomaba él mismo el relato muy en serio. De pronto, dejando su vaso sobre el mostrador, se alzó sobre sí mismo y con las venas del cuello hinchadas prorrumpió.</p>
<p>“Señores, cuando Grogióv dice lo que dice, no hay más que, que, que decir. Y se acabó, lo oyen bien, se acabó lo que se daba”.</p>
<p>“¡No puedes dejarnos así!” –exclamé, pensando que al tratarse del hijo de un viejo amigo, Grogióv continuaría con su relato. En efecto, el gordo sonrosado miró hacia mí y al comprobar que era yo el que se lo pedía entornó los párpados, bebió otro trago y dijo: “Seguiré”.</p>
<p>“Como decía, el chico había encontrado un cementerio. Puede que delire o que esté sufriendo una de esas enfermedades misteriosas del Cáucaso, pero lo cierto es que desde que está en el Hospital no para de afirmar, una y otra vez, que su historia es tan cierta como que el sol sale por las mañanas. ¿Y qué hizo después? Entrar. Sostiene que le costó la misma vida cruzar el umbral pero que, sin saber cómo ni por qué, avanzó sus piernas hasta el centro de la pieza. El otro día, cuando hablaba con él a la hora del almuerzo, me contó con pelos y señales todo lo que vio. Dice que la habitación la encontró llena de tumbas. Que las había de todos los tamaños, grandes y pequeñas. También afirma que sus muebles habían desaparecido. Que miraba y buscaba por todas partes y no encontraba sus cosas. Su mesa se había transmutado en una fosa blanca, como de niño, con una cruz en lo alto y una corona de flores. Su ventana, por la que disfrutaba por las tardes con las vistas del Navenka, ya no se encontraba, y en su lugar, a la altura del pomo, una placa de mármol colgaba de la pared.</p>
<p>Alrededor de la sala se dibujaba un pasillo de verde hierba, bien cortada, que bordeaba la estancia formando un rectángulo. Y al fondo, en la pared opuesta a la entrada, nichos pequeños con dibujos de niños parcheaban la superficie formando una escena macabra e inolvidable. Conforme me contaba estas cosas, ¡escúchenme!, el chico lloraba y al llorar llamaba a su madre, la llamaba por su nombre y le decía que la quería. Sin duda, el muchacho está trastornado.</p>
<p>A cualquiera que le hubiese pasado algo semejante se le habrían retorcido las ideas de la mente, a cualquiera. Luego continuó hablando y cuando le pregunté que qué hizo me dijo que quedarse. Qué, si no, debería haber hecho. Sostiene que pasó la primera noche despierto, vacilando entre largarse de allí o quedarse. Pero, como él asegura, ¡adónde ir! De modo que, señores, tenemos a un jovenzuelo, ¡oigan bien!, que de buenas a primeras se encuentra con que su habitación, la habitación donde vive a diario, en la que come, en la que duerme y en la que deposita sus vergüenzas, se ha convertido de la noche a la mañana en un camposanto. ¡Ahí es nada!”.</p>
<p>Grogióv acabó su relato adornándolo con otro vaso de vodka. Gólubev secaba las copas con un paño blanco y nos miraba con el semblante sombrío. Chirilenko hacía buen rato que se había sentado, incapaz de soportar por más tiempo el peso de su cuerpo. De modo que en la barra nos habíamos quedado sólo Grogiov, el viejo Grogióv, Sergueiv y yo.</p>
<p>Grogióv acercó su cara a nosotros dos y hundiendo la voz en un hilo apenas audible nos dijo: “¿Queréis saber el resto?”.</p>
<p>Sergueiv y yo nos miramos. Gólubev dejó el paño y se acercó también adonde estábamos. Grogióv continuó.</p>
<p>“Podéis pensar lo que queráis de este chico, lo que yo os digo es que me lo creo, yo me creo todo lo que me ha dicho en estos días. ¡O es que debemos pensar que este sinvergüenza pretende sacar algo de esto! En efecto, Volodia Vasiliev, que este es su nombre, se quedó toda la noche. Como un cosaco aguantó el tirón del miedo en medio de este escenario terrible. Como un gigante agazapó su cuerpo entre los verdes follajes y así transcurrió su primera noche entre las tumbas. Y digo su primera noche porque Volodia ha vivido siempre en su piso. No le han importado a él las cruces, los túmulos húmedos y abultados, ni le han preocupado las miradas de los niños muertos que salen de los cuadros. Volodia es un hombre. Un funcionario, es cierto, porque no debemos olvidar que al fin y al cabo el chico se gana la vida revolviendo y revolviendo papeles, pero un hombre, esto es, un hombre recto y valiente”.</p>
<p>Miré el reloj. Pronto serían las diez. Hora de comer algo, de asearme y de descansar. Le dije a Gólubev que se cobrara en el mismo instante en que Grogióv me tomó del brazo y me dijo: “Ten cuidado, chaval, ten cuidado”</p>
<p>Yo me sonreí porque pensaba que el viejo Grogióv pretendía meter en mi cuerpo los miedos de Volodia. Pero me hice a un lado, tomé mi capote y salí a la calle en busca de la ribera del Navenka.</p>
<p>Conforme andaba hacia mi casa pensaba en la historia del viejo Grogióv y también pasaban por mi mente las imágenes imaginadas del piso de Volodia. En verdad, había sido una historia truculenta; terrible, de ser cierta. Aunque costaba trabajo creer las palabras de un viejo borracho que todas las semanas se toma una carreta de vodka. La noche era fría. Se acercaba ya el invierno y las ráfagas de viento removían las últimas hojas del otoño.</p>
<p>Era bonito y agradable pasear a estas horas, de noche, pisando las hojas secas de los plátanos y oliendo la suave fragancia de las flores del parque. Es grandioso el mundo, pensaba, extraordinarios el cielo y las estrellas. Y maravillosas las ideas de los hombres, tan dispares, tan sutiles y tan extravagantes. Continué caminando por la acera del parque Trebiskov.</p>
<p>A mi derecha se abrían las aguas del Navenka, negras, sonoras y tristes. Siempre, hasta de niño, me habían atrapado los silbidos de las aves cruzando por las aguas en busca de la bocana. Mi madre me llevaba de la mano y cuando nuestros cuerpos se asomaban peligrosamente a los filos apedreados del río, mi madre apretaba mis dedos, dándome una sensación cálida y segura. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos el viejo Grogióv?, me preguntaba mientras mis pasos se acolchaban en las ramas muertas de los árboles, ¿estaría comiendo la sopa tibia y jugosa, junto a su mujer?, ¿acaso dormiría plácidamente con las piernas estiradas? No se sabe, nadie lo sabe ni lo puede barruntar. Como no se conocen los caminos oscuros por donde cruzan los pensamientos.</p>
<p>Llegué a mi casa. Me alegré de que hubiese acabado mi paseo porque el frío había entrado en mi cuerpo, abrazando mis huesos y mi alma. Tiritaba. La luz del gas estaba apagada. Seguro que la señora Tania Yuruguevna, encargada de alumbrar la entrada y los pasillos a los inquilinos yacía dormida sobre la mesa, ¡la pobre Tania! Penetré en los pasillos a ciegas. Me los conocía de memoria, de manera que no me supuso esfuerzo alguno subir los dichosos tramos de escaleras hasta llegar a la puerta de mi habitación. Todos dormían. Sólo una voz de chiquillo se oía al fondo. Posiblemente se trataba del hijo de la señorita Seriozha, un pequeñajo vivo y juguetón que hasta de noche les daba quehacer a sus padres. Saqué la llave. A tientas logré introducirla en la cerradura. Giré a la derecha una, dos vueltas. Una ráfaga de aire gélido rozó mi cuello. Abrí.</p>
<p>La humedad golpeó mi rostro y no quise mirar ni saber lo que habría dentro. El miedo se apoderó de pronto de todo mi ser porque no podía apartar de mí los pensamientos y los recuerdos de la historia de Grogióv. Entré. Al encender la luz del techo, triste y mortecina, vislumbré el contorno de mis muebles. La vista de mis cosas, todas en su lugar, me tranquilizó. Iba cansado. El vapor del alcohol estaba haciendo su efecto y los párpados se me caían al suelo. Me dormía. Anduve hacia la ventana. Yo no divisaba desde mi cuarto las aguas frías del Navenka, ni tampoco llegaban hasta mí los olores verdes y mojados de los árboles. Desde mi cuarto lo único que podía columbrar eran las siluetas difusas de las casas lejanas. Vivía en una zona un poco apartada donde la capital se vuelve elástica y donde parece que las calles se alargan sin motivo aparente.</p>
<p>Me eché sobre el viejo sillón de la sala. De pronto me di cuenta, allí sentado, en medio de la soledad y del gélido ambiente del invierno, que estaba solo en el mundo. Miré alrededor e imaginé lo que habría sentido Volodia al comprobar que su habitación se había convertido en un terral relleno de huesos y de caras diminutas. Cómo habría sido posible vivir durante tantas semanas rodeado de fosas y de flores marchitas, respirando el olor de la muerte, viviendo el tiempo infinito de los muertos. Los pensamientos fluían en mi mente calentados por los efluvios del vodka. Deseé echar un último trago. Me levanté, abrí el aparador y saqué una de las botellas que guardaba para los momentos de máxima soledad.</p>
<p>Me recosté y comencé a beber lentamente, saboreando cada uno de los sorbos de alcohol que introducía en mi cuerpo. Bebía cada trago diciendo que ése sería el último. Pero el último no llegaba. Detrás de cada uno venía otro. A media noche la botella iba ya por la mitad. Me dio asco estar en mi propia habitación. La gente, pensé, se reúne, se asocia, busca el calor del grupo y ríen las idioteces que a cada uno se le ocurre. Así es la vida. Sin embargo, allí estaba yo, en medio de la nada, solo como un mujik en su dacha, rodeado de silencio y de vacío.</p>
<p>Deseé por un momento haber estado en la misma situación que Volodia Vasiliev. Al menos él tenía a sus muertos. A sus infantes descarnados, blancos y pequeños. Creo que me dormí y que estuve allí echado buena parte de la noche. Me despertó el frío. Mi cuerpo se convulsionaba como sólo lo hacen los cuerpos de los epilépticos. Me abrigué todo lo que pude y continué recostado en el sillón, mirando los cuadros de mi cuarto, la lámpara del techo, la mesa, el aparador. Mis ojos viajaban por la estancia como si fueran turistas que visitan parajes nunca vistos.</p>
<p>Cuando giré la cabeza hacia el rincón donde guardaba mis cajas de vodka mis ojos se detuvieron en un detalle que antes me hubo pasado desapercibido. El suelo de esa parte de la pieza se había levantado un poco. Me acerqué. Con los dedos rocé la superficie de las losas y me di cuenta de que algunas estaban sueltas. Una de ellas, en concreto, mostraba uno de sus picos levantado unos cinco milímetros. La golpeé con el puño cerrado. La losa crujió y el golpe devolvió un sonido muerto, apagado. Así suenan las paredes cuando están mal apelmazadas, huecas, vanas, vacías. Con cuidado levanté la losa por un lado y tiré hacia arriba. Lo que vi me horrorizó.</p>
<p>Debajo de la loseta no había nada. Y cuando digo nada, es eso, nada. Introduje mis dedos en el espacio que había ocupado la masa compacta de la losa y mi mano penetró sin esfuerzo hasta el codo. Asustado, arranqué de cuajo la losa vecina. Sin apenas esfuerzo me quedé con ella en la mano y de nuevo comprobé que debajo de la misma sólo había aire. Sentí un peso en el pecho que me ahogaba. Comencé a sudar y de nuevo, como un loco, arranqué una a una todas las losas del suelo. Me quedaba sin casa. Si seguía con mi locura me quedaría sin firme bajo los pies.</p>
<p>Me senté. Cuando la respiración se me hubo calmado me dije, piensa, piensa, y comencé a partir de ahí una labor angustiosa de tratar de comprender porqué me estaba sucediendo esto. Cómo podía ser que mi propio cuarto se estuviese desintegrando y disolviendo en el aire. Cosa tremendamente imposible. Las leyes de la física así lo demuestran. Mi habitación se había reducido a la mitad, fruto de la disipación misteriosa y de mi histeria momentánea. Si continúo arrancando el suelo, me decía, me quedaré en el aire, en el vacío, me caeré, mi cuerpo bajará hasta el fondo, hasta la sima, y me convertiré en hueco, en honda e insubstancial materia. El tiempo pasaba lento.</p>
<p>Mi cuerpo, poco acostumbrado a la bebida, comenzó a sentir la odiosa flacidez que produce el exceso de alcohol y noté desfallecer mis miembros. El aparador y la mesa habían quedado al borde del abismo. Sus patas rozaban la última línea del suelo y si éste se hundía más caerían al abismo insondable. Pensé en mi casera, la señora Tania Yuruguevna. No sabría explicarle a la buena señora el destino de su pieza. Me creería loco. Y yo no tendría argumentos para sostener semejante suceso. Me encerrarían en el Hospital de Dementes.</p>
<p>Qué sería de mi vida a partir de ahí. Los pensamientos bombardeaban mi cerebro. Pensaba más rápido de lo que era capaz de digerir. Si, en efecto, mi mente había conocido al fin eso que llaman locura, ¿había vuelta atrás? ¿Volvería yo a ser el mismo de antes? ¿Oiría el canto de los pájaros? ¿Sentiría de nuevo el amor? Las horas pasaban junto a mi sillón y mi cuerpo tiritaba de frío. Los ojos, abiertos y estirados, dirigían sus rayos hacia el suelo que aún permanecía firme.</p>
<p>Cuánto tiempo faltaba aún para que llegase el fin. ¿Estaba yo dormido, y estos pensamientos eran sólo el fruto de mis pesadillas? ¿Tanto me habían impresionado las palabras del viejo Grogióv? Deseé saber la verdad. Porque debemos saber lo que ocurre para poder actuar en la vida y poder, así, elegir nuestro propio destino. Ya sé que esta es una historia confusa. Seguramente alguien piensa que es mera imaginación derrochada en un momento de vacío y de vacuidad mental. Es posible. Pero lo cierto es que cuando descubres que el mundo se te va de las manos te recuestas en el sillón y le pides al de lo alto que te ayude. Así estaba yo esa noche. Pidiendo a no se sabe qué o quién que me rescatase de allí lo antes posible.</p>
<p>Llegó la mañana. La cabeza me dolía. Los rayos del sol abrieron mis párpados y mis miembros se estiraron buscando las paredes. Lo primero que hice nada más despertar fue comprobar si todo había sido o no un sueño. El suelo permanecía en su sitio. Maldije la noche y los monstruos que crea en nuestro cerebro. La noche es el vivero de los miedos y por eso la odio. Eliminaría las noches del mundo.</p>
<p>Dejaría sólo la luz del día, el calor de la gente, los pájaros cantores, las hojas vivas y verdes de los árboles, dejaría las almas muertas en las dachas, junto al samovar caliente y humeante. Pero la noche la quitaría de en medio, con sus vacíos, sus silencios, sus horrores. Salí a la calle. Necesitaba reencontrarme conmigo mismo, ser yo, en plenitud. Sentía la imperiosa necesidad de respirar el aire frío de las montañas, los vapores del Navenka. Y quería darme el placer de pasear una vez más por la avenida Nevski, y llegar caminando hasta el parque, donde las hierbas crecen en el suelo firme y húmedo. Debía sentirme vivo, muy vivo, alejarme de los sueños profundos del terror y volver a comenzar de nuevo.</p>
<p>La gente caminaba junto a mí mirando al suelo, con los embozos subidos. Los hombres, funcionarios casi todos, llevaban el capote apretado y las mujeres andaban deprisa hacia sus casas. Hacía mucho frío. El invierno se había echado de pronto sobre la ciudad. Quizás esta misma noche llegara le nieve. Adoraba la sensación crujiente de la nieve al caminar. Tanto quizás como observar las llamas doradas del fuego del hogar y el crepitar de las maderas. Llegué al puente Boriskov, donde el Navenka retuerce sus aguas buscando la mar. Sabía que al cruzarlo alcanzaría la zona residencial donde Gólubev reparte el vodka generosamente. No me importaba.</p>
<p>Si pretendía encarar la vida como esta se merece debía ser capaz de volver a entrar donde Grogióv y debía ser lo suficientemente valiente como para mirarle a los ojos sin titubear. De modo que, al pasar junto a la taberna, decidí entrar a echar un trago. Gólubev estaba solo. Al verme entrar me colocó el vaso de vodka sin yo haberle dicho nada. Nos conocíamos. Al poco entraron Grogióv y Sergueiv. Iban dados del brazo y de vez en cuando se besaban. Están borrachos, pensé. Se colocaron cerca de mí, a dos palmos, y cuando Grogióv reparó en mi presencia alzó los brazos y comenzó a lanzar improperios y blasfemias. Gólubev lo agarró con fuerza y Grogióv se calmó. Le invité a un trago y comenzamos a charlar sobre la historia de Volodia. Grogióv venía del Hospital y afirmaba, con la voz un poco triste, que Vasiliev se había suicidado esa misma noche.</p>
<p>Continuamos hablando pero yo no presté demasiada atención a partir de aquel momento. Mi mente se había parado en las últimas palabras del viejo Grogióv, cuando afirmaba que el joven funcionario se había quitado la vida. ¿Tanto le había afectado el suceso de las tumbas como para trastornar de esa manera la mente del joven Vasiliev? ¿Me pasaría a mí algo parecido? No sé, lo cierto es que tomé otro trago de vodka, pagué y salí de allí cabizbajo, pensando que quizás la vida se me iría desvaneciendo con la rapidez, con la misma rapidez que las losas de mi cuarto.</p>
<p>Volví sobre mis pasos hasta que en el horizonte se dibujaron las ondas sinuosas del río. Se me alegraba el espíritu cuando miraba de frente las aguas revueltas del Navenka. De siempre me pasó lo mismo. Algo tendrán estas aguas que me atraen. Posiblemente su profundidad, su apariencia inocente, su correr eviterno, lo cierto es que a mucha gente le pasa lo que a mí. Somos muchos petersburgueses los que acudimos por las tardes a disfrutar de la visión calma del río, a echar hojas muertas en sus aguas, a contemplar, sin más, sus olas atrevidas y sus vapores hermosos. Somos muchos.</p>
<p>Pero hoy, sin embargo, y de alguna manera extraña, no hay nadie apoyado en las barandas del paseo. Sólo la tarde, las hojas, el viento y yo. Me acerco al borde. Me acuerdo de mi madre, cuando me apretaba los dedos con sus manos cálidas y sedosas. Ahora estoy solo. Solo como el viento que corre, como el muerto que espera, solo como el espacio vacuo y dilatado. Me subo el cuello del capote, miro la ribera opuesta, observo los pájaros pequeños y gordezuelos que comen las migajas del suelo, rozo con mis dedos los pétalos de una flor congelada, me santiguo tres veces y le digo adiós al mundo.</p>
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		<title>La guerra en Libia</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 04:01:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[Los últimos vientos que soplan por las tierras de Libia vienen inflamados de torticeras fórmulas internacionalistas. Ya no se usan ideas similares a las de la extinta Sociedad de Naciones, con la pléyade de intelectuales a favor de un diálogo insulso e ineficaz, amparados o legitimados por el grupo del Comité de Cooperación Intelectual; tampoco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio-Florido" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="111" height="111" />Los últimos vientos que soplan por las tierras de Libia vienen inflamados de torticeras fórmulas internacionalistas. Ya no se usan ideas similares a las de la extinta Sociedad de Naciones, con la pléyade de intelectuales a favor de un diálogo insulso e ineficaz, amparados o legitimados por el grupo del Comité de Cooperación Intelectual; tampoco florecen los aromas del realismo político, cuando se defendía la supremacía de una nación en el marco internacional, defensora y garante del orden impuesto y casi por todos deseado. Han pasado los tiempos de la guerra fría y de las fórmulas conciliadoras. Ahora toca el turno, ya desde comienzos de los noventa, de mirar hacia la ONU y de pedirle como favor que consideren tener a bien reunirse para decidir lo que todo el mundo ya ha demandado: la actuación eficaz y directa contra aquellos regímenes dictatoriales que tratan a sus pueblos como si el tiempo no hubiese pasado.</strong><span id="more-47217"></span></p>
<p>Lo hemos visto dos veces en Irak. La región centroeuropea lo vivió igualmente. Ahora le toca el turno a los libios. Se busca una excusa. Dicha excusa se adorna con la capa de legitimidad que otorgan las resoluciones del Consejo General de las Naciones Unidas, que más que resoluciones podríamos llamar indecisiones. De tal manera que la Indecisión 1973 de las Naciones Unidas “autoriza a los Estados miembros a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles, y las áreas habitadas por civiles, en Libia, incluyendo, a tal fin, el establecimiento de una zona de exclusión aérea”. Se arguye, además, la “responsabilidad de proteger”. Nuestro presidente dijo recientemente que: “la comunidad internacional, a través de su más alta instancia, ha sabido estar a la altura de sus responsabilidades para hacer frente a un hecho siempre grave: en este caso, el empleo de la fuerza contra la población civil por parte de las autoridades libias, mediante ataques generalizados y sistemáticos a la misma”. Añade a esto nuestro ínclito gobernante que las actuaciones de la OTAN se realizan en el marco de una “misión humanitaria”.</p>
<p>No caben más mentiras ni más sarcasmo. Si no supiésemos la boca que lanza estas palabras diríamos que no damos crédito a lo que oímos. Nadie se cree nada de lo que está pasando. ¿Por qué ha tardado tanto tiempo en producirse la acción sobre las fuerzas militares libias?, nos podemos preguntar. ¿Cuáles son los verdaderos intereses de estos ataques desconcertados, sin mando único y sin coordinación? ¿Qué esperan los estadounidenses sacar de esta situación? ¿De verdad alguien cree que a algún país, a algún mandatario, le interesan ciertamente los destinos de los libios? ¿O todo es por el petróleo?</p>
<p>Y yendo para otro sitio, ¿por qué se empeña el presidente Zapatero en vender que las acciones son humanitarias? ¿Es acaso, esto, el comienzo de su afamada Alianza de las Civilizaciones?</p>
<p>Yo no sé, pero la corriente que en estos últimos meses corre por los países del medio oriente, o el oriente cercano (cercano a nosotros, claro) es más rápida que los propios pensamientos sobre la misma. Desde la distancia da gusto pensar que son los ciudadanos, lo que los políticos llaman la sociedad civil, los sufridores y los que ya no aguantan más una situación de penuria y de secuestro. Secuestro de su propia libertad, de su cultura, de sus ideas, de sus personas y de sus destinos. Es hora ya de que los dictadores caigan, de que los pueblos se muevan y avancen en la disparatada historia de las civilizaciones, para que ellos mismos, con su propio esfuerzo, encuentren la senda que mejor les convenga. ¿Es verdad que la guerra es la partera de la Historia? Yo creo que no y que lo único cierto en este mundo de globalizaciones es el dolor humano y la soledad, el sufrimiento y el arduo trabajo de levantarse todos los días sabiendo que no tienes a nadie que te pise el cuello. Con saber aquello, basta; con evitar esto, me conformo. Vale.</p>
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		<title>La guerra en Libia</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Mar 2011 23:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>

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		<description><![CDATA[Los últimos vientos que soplan por las tierras de Libia vienen inflamados de torticeras fórmulas internacionalistas. Ya no se usan ideas similares a las de la extinta Sociedad de Naciones, con la pléyade de intelectuales a favor de un diálogo insulso e ineficaz, amparados o legitimados por el grupo del Comité de Cooperación Intelectual; tampoco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio-Florido" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="108" height="108" />Los últimos vientos que soplan por las tierras de Libia vienen inflamados de torticeras fórmulas internacionalistas. Ya no se usan ideas similares a las de la extinta Sociedad de Naciones, con la pléyade de intelectuales a favor de un diálogo insulso e ineficaz, amparados o legitimados por el grupo del Comité de Cooperación Intelectual; tampoco florecen los aromas del realismo político, cuando se defendía la supremacía de una nación en el marco internacional, defensora y garante del orden impuesto y casi por todos deseado. Han pasado los tiempos de la guerra fría y de las fórmulas conciliadoras. Ahora toca el turno, ya desde comienzos de los noventa, de mirar hacia la ONU y de pedirle como favor que consideren tener a bien reunirse para decidir lo que todo el mundo ya ha demandado: la actuación eficaz y directa contra aquellos regímenes dictatoriales que tratan a sus pueblos como si el tiempo no hubiese pasado.</strong><span id="more-46567"></span></p>
<p>Lo hemos visto dos veces en Irak. La región centroeuropea lo vivió igualmente. Ahora le toca el turno a los libios. Se busca una excusa. Dicha excusa se adorna con la capa de legitimidad que otorgan las resoluciones del Consejo General de las Naciones Unidas, que más que resoluciones podríamos llamar indecisiones. De tal manera que la Indecisión 1973 de las Naciones Unidas “autoriza a los Estados miembros a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles, y las áreas habitadas por civiles, en Libia, incluyendo, a tal fin, el establecimiento de una zona de exclusión aérea”. Se arguye, además, la “responsabilidad de proteger”. Nuestro presidente dijo recientemente que: “la comunidad internacional, a través de su más alta instancia, ha sabido estar a la altura de sus responsabilidades para hacer frente a un hecho siempre grave: en este caso, el empleo de la fuerza contra la población civil por parte de las autoridades libias, mediante ataques generalizados y sistemáticos a la misma”. Añade a esto nuestro ínclito gobernante que las actuaciones de la OTAN se realizan en el marco de una “misión humanitaria”.</p>
<p>No caben más mentiras ni más sarcasmo. Si no supiésemos la boca que lanza estas palabras diríamos que no damos crédito a lo que oímos. Nadie se cree nada de lo que está pasando. ¿Por qué ha tardado tanto tiempo en producirse la acción sobre las fuerzas militares libias?, nos podemos preguntar. ¿Cuáles son los verdaderos intereses de estos ataques desconcertados, sin mando único y sin coordinación? ¿Qué esperan los estadounidenses sacar de esta situación? ¿De verdad alguien cree que a algún país, a algún mandatario, le interesan ciertamente los destinos de los libios? ¿O todo es por el petróleo?</p>
<p>Y yendo para otro sitio, ¿por qué se empeña el presidente Zapatero en vender que las acciones son humanitarias? ¿Es acaso, esto, el comienzo de su afamada Alianza de las Civilizaciones?</p>
<p>Yo no sé, pero la corriente que en estos últimos meses corre por los países del medio oriente, o el oriente cercano (cercano a nosotros, claro) es más rápida que los propios pensamientos sobre la misma. Desde la distancia da gusto pensar que son los ciudadanos, lo que los políticos llaman la sociedad civil, los sufridores y los que ya no aguantan más una situación de penuria y de secuestro. Secuestro de su propia libertad, de su cultura, de sus ideas, de sus personas y de sus destinos. Es hora ya de que los dictadores caigan, de que los pueblos se muevan y avancen en la disparatada historia de las civilizaciones, para que ellos mismos, con su propio esfuerzo, encuentren la senda que mejor les convenga. ¿Es verdad que la guerra es la partera de la Historia? Yo creo que no y que lo único cierto en este mundo de globalizaciones es el dolor humano y la soledad, el sufrimiento y el arduo trabajo de levantarse todos los días sabiendo que no tienes a nadie que te pise el cuello. Con saber aquello, basta; con evitar esto, me conformo. Vale.</p>
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		<title>Educación sostenible</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Apr 2010 08:02:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antonio Florido Lozano]]></category>
		<category><![CDATA[Columnista invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[El Columnista Invitado de Hoy : Antonio Florido Colocar el atributo “sostenible” a cualquier categoría conceptual resulta dar por sentado que aquello que se califica debe ser “sostenido”, pues de lo contrario caería hasta la sima más profunda. Ocurre con el desarrollo, con la economía, y ahora nosotros lo pedimos para la educación. Con desarrollo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>El Columnista Invitado de Hoy : Antonio Florido</h4>
<p><strong><img class="alignleft" title="Antonio-Florido" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Antonio-Florido.jpg" alt="" width="111" height="111" />Colocar el atributo “sostenible” a cualquier categoría conceptual resulta dar por sentado que aquello que se califica debe ser “sostenido”, pues de lo contrario caería hasta la sima más profunda. Ocurre con el desarrollo, con la economía, y ahora nosotros lo pedimos para la educación.<span id="more-44090"></span></strong></p>
<p>Con desarrollo sostenible los políticos más cercanos a posturas radicales de izquierdas han gozado la oportunidad de sentirse legitimados a la vez que han declarado la guerra a los empresarios para que contaminen menos. Han conseguido también que muchas personas se sientan mal por el simple hecho de consumir productos fabricados en empresas eficientes desde el punto de vista técnico y competencial. Con la certidumbre de que al socaire de dicha legitimidad la clase dirigente seguiría sintiéndose protegida, dieron un paso más y comenzaron a culpar al ciudadano de todo lo que a juicio de los más puros de la política era malo, vil, impuro, desechable, abominable. Con la campaña contra los fumadores alcanzaron cotas cercanas al clímax y, sintiéndose endiosados, comenzaron a prohibir y a fabricar derechos como sólo la izquierda más vulgar sabe hacerlo.</p>
<p>Como todo lo que se hace sin mesura y sin sentido común, la izquierda, los rojos, los salvadores del mundo, cometieron errores mayúsculos, como por ejemplo que hoy sea un derecho asesinar a un nonato con un futuro envidiable y una vida por delante al amparo del Estado, y no tengamos derecho a fumarnos un cigarrillo mientras almorzamos en un restaurante.</p>
<p>Pasó el tiempo y a los socialistos se les ocurrió que como ya no fumábamos y no corríamos por la autovía, ahora lo que tocaba era volver a inventar. Y a un listillo o a un memo ignorante, que para el caso es lo mismo, se le ocurrió lo de economía sostenible.</p>
<p>El colmo de los disparates. En una economía cada vez más competitiva, cada día más internacionalizada, con mercados más dispersos y deslocalizados, con una división internacional del trabajo sin parangón en la historia económica universal conocida, ahora viene el presidente de nuestro gobierno y le dice a los empresarios que racionalicen y dirijan sus cuentas de resultados a la sostenibilidad. Claro está que el empresario, pequeño o grande, le mirará de soslayo con una sonrisa como diciendo, “¿será lerdo?”.</p>
<p>Y nosotros nos preguntamos al hilo de lo dicho por qué no una educación sostenible.</p>
<p>Sostener la Educación de este país es necesario a la vista de los informes internacionales elaborados por instituciones poco sospechosas. Que somos de los últimos en la mayoría de los ítems que estos informes evalúan no es una sorpresa, llevamos años así. Por tanto, aboguemos por una educación sostenible que respete la capacidad de decisión de los padres para matricular a sus hijos y para decidir lo que deben o no deben estudiar. Defendamos una Educación sostenible en la que los niñatos que van a dar la lata al instituto reciban la atención necesaria con medios materiales, temporales y humanos adecuados y no se dediquen a machacar la ilusión de los alumnos que van para algo más que para pasear la mochila. Hagamos de la Educación un marco donde los profesionales se sientan reconocidos humana, social y económicamente, donde ningún profesor se tenga que dar de baja por problemas de ansiedad o depresión. Hagamos que la Educación se sostenga por los pilares de la cultura y el saber, erradicando a todos los mojigatos que se dedican a impartir cursos de tonterías a profesores adormilados, por el sólo objetivo de dejar la tiza y meter la cabeza adonde sea con tal de no sufrir más en las aulas.</p>
<p>No creemos que sea un disparate lo que pedimos. Desarrollo sostenible, economía sostenible, educación sostenible. Al final, si no estamos atentos, el Estado nos va a convertir en ciudadanos y ciudadanas sostenibles. Al tiempo. Vale.</p>
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