Sección 'Daniel Romero Pernalete'



La zona de confort

El Colum­nista Invi­tado de Hoy :
Daniel Romero Pernalete

La rutina nos ator­ni­lla en nues­tra zona de con­fort. Nos acuna la sen­sa­ción de segu­ri­dad que ella pro­por­ciona. Vida y fami­lia, tra­bajo y pro­pie­da­des, pare­cen estar a buen res­guardo en nues­tra zona de con­fort. Ella esta­blece los lími­tes de nues­tras acti­tu­des y con­duc­tas. Nos ais­la­mos del país para que sus estre­me­ci­mien­tos no nos sacu­dan. Deci­di­mos no ver, ni oír ni hablar para pasar desa­per­ci­bi­dos. Casi que nos limi­ta­mos a vegetar.

Mien­tras nos move­mos en la zona de con­fort, los ries­gos sólo pare­cen exis­tir para otros. Las ame­na­zas que­dan afuera. Los dis­pa­ros que arre­ba­tan vidas pare­cen sonar muy lejos de nues­tra casa. Las expro­pia­cio­nes y las inva­sio­nes afec­tan a los chi­vos gran­des, no a los chi­va­tos. La repre­sión muerde a quie­nes tie­nen el hábito de pen­sar por cuenta pro­pia y en voz alta. El tra­ba­jito que tene­mos desde hace una década parece con­ju­rar el des­em­pleo… Ni la eco­no­mía ni la polí­tica nos impor­tan. La pri­mera es asunto de exper­tos. La segunda es cosa de los polí­ti­cos de ofi­cio (y muchas veces sin for­ma­ción). Asu­mi­mos que no tene­mos vela en ese entie­rro. Que no reci­bi­mos invi­ta­ción para esa fiesta.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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El Menú Que Otros Preparan

Los par­ti­dos polí­ti­cos vene­zo­la­nos car­gan con la culpa de cual­quier cosa. Se les acusa de pavi­men­tar la vía que nos con­dujo a Chá­vez. De secues­trar el dere­cho de los ciu­da­da­nos a deci­dir. De per­ver­tir la polí­tica. De espan­tar los sue­ños y ahu­yen­tar a la gente. Casi todo el mundo se cree con dere­cho a lapi­dar­los. Se les enjui­cia por los peca­dos que han come­tido y por los que no. Es casi un deporte que se prac­tica en cual­quier medio. Des­po­tri­car de ellos como que da caché. La his­to­ria, sin embargo, ha rati­fi­cado una y otra vez que sin par­ti­dos polí­ti­cos fuer­tes la demo­cra­cia no pasa de ser una mera fic­ción.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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¡Diputado, A Tu Curul!

Se ins­ta­la­ron en sus curu­les hace ape­nas seis meses. Unos para seguir empu­jando al país hacia el barranco. Otros, con la inten­ción de dete­ner la mar­cha hacia la nada. Unos y otros se pre­sen­ta­ron, sin medias tin­tas, como ada­li­des de dos for­mas dis­tin­tas de con­ce­bir el mundo. Ape­nas calen­ta­ban sus asien­tos cuando fue­ron alcan­za­dos por la epi­de­mia del elec­cio­nismo. Sobre­es­ti­mando en muchos casos su pro­pio arraigo en las masas, bro­ta­ron las aspi­ra­cio­nes per­so­na­les. Unos quie­ren ser alcal­des. Otros, gober­na­do­res. Pocos, pre­si­dente. Casi la mitad de la Asam­blea anda mirando hacia afuera. Con­fieso que me impor­tan muy poco los afa­nes de la ban­cada ofi­cia­lista, puesta allí por la volun­tad de un hom­bre. Me preo­cu­pan los de esta acera, colo­ca­dos allí por la deci­sión de la gente y con­tra los más oscu­ros pro­nós­ti­cos.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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Para mañana es tarde

Para dis­tan­ciarse sólo hace falta la volun­tad de una de las par­tes. Para unirse, la de todas. La uni­dad opo­si­tora, de cara a las elec­cio­nes de sep­tiem­bre, no es, por lo tanto, un pro­ceso sen­ci­llo. Las bue­nas y las tor­vas inten­cio­nes se entre­cru­zan. Las vie­jas y las nue­vas aspi­ra­cio­nes coli­sio­nan. Salen a relu­cir anti­guas mañas. Los coda­zos y las zan­ca­di­llas se ponen de moda. El vene­zo­lano de a pie, des­con­tento e incré­dulo, observa… y espera.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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Chávez y Chomsky

El Colum­nista Invi­tado de Hoy : Daniel Romero Pernalete

Es cos­tum­bre de autó­cra­tas y tira­nue­los darse de vez en cuando un baño de pres­ti­gio con los des­in­for­ma­dos hala­gos de algún inte­lec­tual super­fi­cial y demodé. Es como si se sen­ta­ran debajo de una gár­gola a reci­bir un cho­rrito de babas que remueva el sucio de su cochina imagen.

Más de un “pen­sa­dor” bien publi­ci­tado ha venido por estos lados a lamerle las botas a Hugo Chá­vez. El gobierno los invita y les paga pasaje y esta­día. Los micro­fo­ne­ros del ofi­cia­lismo le extraen algu­nos piro­pos para el pati­corto pro­ceso revo­lu­cio­na­rio. Se los lle­van a Chá­vez para que les sobe el lomo. Una vez alcan­zado el ego­lá­trico orgasmo pre­si­den­cial,  mon­tan  rápi­da­mente al invi­tado en un avión para que no alcance a per­ci­bir la podre­dum­bre del régi­men ni la pro­testa coti­diana de la ciu­da­da­nía.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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Juzgar el vino por el barril

Triste papel ha desem­pe­ñado la OEA en los últi­mos tiem­pos. Para algu­nos crí­ti­cos de cui­dada pluma, ese orga­nismo ha dege­ne­rado en un sin­di­cato de gober­nan­tes, presto a las soli­da­ri­da­des auto­má­ti­cas. Para otros, de escri­tura más gruesa, se ha con­ver­tido en un pros­tí­bulo polí­tico en el que se com­pran y se ven­den afec­tos y principios.

Deplo­ra­ble ha sido la actua­ción de José Manuel Insulza como Secre­ta­rio Gene­ral de la OEA. Sabe­dor de que los once votos que Chá­vez con­trola mar­can la dife­ren­cia entre seguir en su puesto o hun­dirse en su natu­ral insig­ni­fi­can­cia, no ha tenido escrú­pu­los en escu­char por un solo oído o mirar a tra­vés del cris­tal que el gorila vene­zo­lano le impone.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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¿Quién quiere ser golpista?

El Colum­nista Invi­tado del Día de Hoy:
Daniel Romero Pernalete

Sue­nan las fan­fa­rrias. Se encien­den las luces. Van a esco­ger la mente más rápida. El ani­ma­dor toma la pala­bra: “Ordene en forma decre­ciente a los siguien­tes chu­los: Evo Mora­les, Raúl Cas­tro, Rafael Correa, Daniel Ortega”… Usted resulta ser la mente más rápida (los demás eran altos fun­cio­na­rios del gobierno vee­ne­zo­lano que se con­fun­die­ron por­que no vie­ron a Manuel Zelaya en la lista). Se enca­rama usted de un salto en la silla. El ani­ma­dor lo iden­ti­fica… y comienza el con­curso.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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El verdugo negro de Chávez

Cuando irrum­pió en el esce­na­rio polí­tico nacio­nal, Chá­vez encon­tró terreno abo­nado para su dis­curso reden­tor. Los erro­res de una diri­gen­cia negli­gente y miope, más que el ago­ta­miento de un modelo de país, fue­ron creando una inmensa deuda social que Chá­vez ofre­ció sal­dar. El verbo flo­rido de un opaco mili­tar­cito encon­tró oídos y, con el paso del tiempo, votos sufi­cien­tes para enca­ra­marse en la pre­si­den­cia de la República.

El camino pare­cía ancho y des­pe­jado para impul­sar las trans­for­ma­cio­nes que Vene­zuela recla­maba. Tenía apoyo popu­lar, anuen­cia ins­ti­tu­cio­nal y res­paldo inter­na­cio­nal. A ello se sumó lo que, pudiendo ser soporte del pro­ceso de cam­bios, ter­minó con­ver­tido en el dulce mal con el que está muriendo: el incre­mento sin pre­ce­den­tes del pre­cio del petró­leo.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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Ganarle a Chávez como en Japon

Hay que ganar por nocaut. O por lo menos por paliza. Así decía la gente, en la época de oro del boxeo vene­zo­lano, cuando algún púgil crio­llo iba a pelear a Japón. Ganar en Japón impli­caba lidiar con el con­ten­dor, con los faná­ti­cos del con­ten­dor, con el árbi­tro, con los jue­ces, con los orga­ni­za­do­res y con la prensa nipona. Con todos y con­tra todo.

En tales con­di­cio­nes, una pelea cerrada brin­daba a los jue­ces la opor­tu­ni­dad de mos­trar, con abso­luta des­ver­güenza, su par­cia­li­dad por el japo­nés. La única garan­tía de vic­to­ria era dar una demos­tra­ción de supe­rio­ri­dad tan amplia que  impo­si­bi­li­tara la trampa.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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Chávez: buche y pluma nomás

Quiere que lo vean grande e inven­ci­ble. Señor del cielo y de la tie­rra.  Todo­po­de­roso y omni­pre­sente. Por eso inti­mida y ame­naza. Pre­siona y chan­ta­jea. Sofoca. Fas­ti­dia. Se burla de la Cons­ti­tu­ción y de Bolí­var. Hace lo que le da la gana… Sus des­plan­tes y arre­ba­tos, sin embargo, son pura fachada. Pas­ti­llaje sin biz­co­cho. Buche y pluma no más, como can­taba la Lupe.

No se había borrado aún la tinta del meñi­que por las elec­cio­nes regio­na­les cuando Chá­vez inició la cru­zada por su reelec­ción. Los sier­vos de la Asam­blea Nacio­nal salie­ron en tro­pel a aplau­dirle la gra­cia. El TSJ se la ben­dijo. El CNE se la sazonó.

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Autor: Daniel Romero Pernalete

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