Sección 'Gabriel Boragina'



Apuntes para una reforma política

Los magros resul­ta­dos obte­ni­dos por la demo­cra­cia en casi todos los cam­pos, obli­gan, a esta altura de la cir­cuns­tan­cias, a deli­near e insis­tir en la nece­si­dad de revi­sar el sis­tema para que se acer­que a su ideal, ya sea que se entienda este como meca­nismo de elec­ción de gobier­nos o sis­tema de gobierno en sí mismo.

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Autor: Gabriel Boragina ©

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La importancia del voto negativo

Lo que lla­ma­re­mos voto nega­tivo en este título, son en reali­dad, varias cosas que reci­ben deno­mi­na­cio­nes dife­ren­tes. En ellas encua­dra­re­mos el lla­mado voto en blanco, el voto nulo, el anu­la­ble, y el ausen­tismo elec­to­ral (no pre­sen­tarse a votar) entre los más importantes.

En paí­ses como Argen­tina, el voto nega­tivo cons­ti­tuye una suma­to­ria impor­tante (alre­de­dor de un 25 % por elec­ción, o más) si tene­mos en cuenta que los can­di­da­tos que más votos obtie­nen –en pro­me­dio his­tó­rico– ron­dan entre el 30 % y el 45 %. Tam­bién, en paí­ses como la Argen­tina, la clase polí­tica (o para mejor decir, la casta polí­tica) se las ha arre­glado para que los votos nega­ti­vos no se con­ta­bi­li­cen en el escru­ti­nio final, con lo cual, en los hechos, los votos nega­ti­vos vie­nen a ser como votos “inexis­ten­tes”. Con­si­de­ra­mos que esto es un error, aun­que en el fondo, nos parece más bien una picar­día de la casta polí­tica, sobre todo de aque­lla casta polí­tica que se rasga las ves­ti­du­ras cla­mando defen­der la “demo­cra­cia”.

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Autor: Gabriel Boragina ©

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A confesión de parte relevo de prueba

La can­di­data del ofi­cia­lismo adoptó como con­signa de cam­paña el eslo­gan “Cuen­ten con­migo para lo que falta”. Cuando me enteré, no pude evi­tar refle­xio­nar que no podía resu­mir de forma más per­fecta la com­pleta inep­ti­tud que ha demos­trado en su ges­tión de gobierno.

En efecto, un can­di­dato polí­tico al aspi­rar a un cargo de la misma natu­ra­leza, nor­mal­mente pro­cede a pre­sen­tar a la socie­dad de la que espera sus votos, su plan o pro­grama de gobierno, o en el caso argen­tino y en los últi­mos tiem­pos, los polí­ti­cos habi­tual­mente se limi­tan a decla­mar frente a las cáma­ras y micró­fo­nos las pro­me­sas que, según nos dicen, “cum­pli­rán” durante sus res­pec­ti­vos gobier­nos.

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¿Benefician a la gente las reelecciones?

A esta altura de los hechos, parece que­dar claro que el famoso “modelo” polí­tico tan pre­go­nado por el matri­mo­nio Kir­ch­ner, con­sis­tió y sigue con­sis­tiendo en la eter­ni­za­ción en el poder. A ser hones­tos, no han sido los pri­me­ros en aspi­rar a per­pe­tuarse al mando. El fun­da­dor de su par­tido y ex-presidente, J.D.Perón, impulsó la reforma cons­ti­tu­cio­nal (que final­mente logró) con ese mismo pro­pó­sito en 1949. Más tarde, otro pre­si­dente (Raúl Alfon­sín) de otro par­tido (Unión Cívica Radi­cal) intentó refor­mar nue­va­mente la cons­ti­tu­ción con el mismo obje­tivo (reele­girse inde­fi­ni­da­mente). Feliz­mente, su inten­tona no pros­peró. Sin embargo, algu­nos años más tarde, un nuevo pre­si­dente (Car­los Menem, del mismo par­tido pero­nista, en alianza con Alfon­sín para tal pro­pó­sito) logró la tan ansiada reforma, la que le per­mi­tió haber sido reele­gido por un segundo periodo con­se­cu­tivo. La Sra. Kir­ch­ner, siguiendo esta misma línea de sus pre­de­ce­so­res, intenta, como ellos, eter­ni­zarse en el poder. Aun­que el caso de esta mujer ofrece dife­ren­cias nota­bles con las de los ante­rio­res.

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El extraño “triunfo” del oficialismo

Los resul­ta­dos de las lla­ma­das “elec­cio­nes pri­ma­rias” que se lle­va­ron a cabo en la Argen­tina, con­fir­man algu­nas de las tesis que hemos venido sos­te­niendo en estos últi­mos tiem­pos a con­tra­mano (por lo que sabe­mos) de la opi­nión de la mayo­ría de los ana­lis­tas políticos.

Hemos ya expre­sado en otra parte[1] nues­tro escep­ti­cismo en cuanto a las bon­da­des celes­tia­les del meca­nismo demo­crá­tico enten­dido este como sis­tema de medi­ción de la volun­tad popu­lar. En el mejor de los casos, este sis­tema de medi­ción se agota en el mismo acto elec­to­ral, para disi­parse una vez con­cluido este.

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Autor: Gabriel Boragina

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Un país fácil de gobernar

Si bien en abs­tracto no es fácil gober­nar, en con­creto, y más espe­cí­fi­ca­mente, en rela­ción a la Argen­tina, la expe­rien­cia his­tó­rica de, diga­mos, poco antes de la mitad del siglo pasado hasta el pre­sente, demues­tra que, al menos en el caso argen­tino, a los per­so­na­jes que, por diver­sos moti­vos, acce­die­ron al poder, ya hayan sido estos suje­tos mili­ta­res o civi­les, no les ha cos­tado dema­siado gober­nar el país.

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Autor: Gabriel Boragina ©

Centro Académico de Estudios Económicos y Sociales

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La democracia

La demo­cra­cia como forma de gobierno es un sis­tema ideal con todo lo que esta afir­ma­ción implica y con pecu­liar énfa­sis en la última pala­bra “ideal”. Como gobierno ideal, muy pocas veces en la his­to­ria pudo ser rea­li­zada y ello –ade­más– en muy pocos y foca­li­za­dos luga­res del mundo. Durante la mayor parte de la his­to­ria y en gran parte de los paí­ses del pla­neta, la demo­cra­cia fue y es una uto­pía (sobre el “será”, obvia­mente nada pode­mos anti­ci­par). Hoy por hoy, resulta suma­mente com­pli­cado y casi impo­si­ble encon­trar demo­cra­cias ple­nas en el mundo.

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Liberalismo vs. socialismo

1. Las ideas socialistas

En su mag­ní­fico libro publi­cado en 1927, titu­lado Libe­ra­lismo, Lud­wig von Mises, entre muchas otras cosas, expli­caba las razo­nes por las cua­les el libe­ra­lismo era recha­zado por las masas a pesar de demos­trar cuanto había mejo­rado la con­di­ción social y eco­nó­mica de esas masas ese mismo libe­ra­lismo que obje­ta­ban.

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Autor: Gabriel Boragina ©

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El mito del pueblo trabajador

¿Quién no ha oído más de una vez ensal­zarse los argen­ti­nos a sí mis­mos dicién­dose y dicién­dole a quien qui­siera oír­los que el suyo es un “pue­blo tra­ba­ja­dor”? No sé el lec­tor, pero yo al menos lo he escu­chado muchí­si­mas veces. Y debo con­fe­sar que hasta que no comencé a desem­pe­ñarme como con­sul­tor labo­ral de varias empre­sas, comer­cios y par­ti­cu­la­res, inclu­yendo mi pro­pio Estu­dio, hasta yo lle­gué a creer en ese mito tan popu­lar ayer y hoy. ¿Qué suce­dió para que dejara de creer en la supuesta labo­rio­si­dad “innata” del argen­tino medio y pasara a sos­te­ner que la misma no es más que uno de los tan­tos mitos absur­dos que sos­tie­nen los argen­ti­nos? Y es que desde los mis­mos comien­zos de mi expe­rien­cia como con­sul­tor labo­ral y selec­tor de per­so­nal, refe­rida ante­rior­mente, empecé a obser­var un fenó­meno que, al prin­ci­pio, me llamó pode­ro­sa­mente la aten­ción, pero que con su repe­ti­ción pasó a ser algo a lo que me acos­tum­bré a ver.

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Autor: Gabriel Boragina ©

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¿Qué es el Capitalismo?

Es nor­mal entre quie­nes care­cen de míni­mos cono­ci­mien­tos acerca de lo que el capi­ta­lismo es, con­fun­dir cier­tos ele­men­tos de ese capi­ta­lismo con el capi­ta­lismo mismo. Diga­mos que esta es la situa­ción gene­ral que se plan­tea, no sola­mente entre la gente común y corriente, sino que tam­bién, y lo que para algu­nos es sor­pren­dente, entre muchos auto­de­no­mi­na­dos intelectuales.

Esto es lo que lleva a otro error muy gene­ra­li­zado, a con­fun­dir el actual sis­tema socio­eco­nó­mico polí­tico con uno de orden capi­ta­lista. Esta mez­co­lanza esta tan exten­dida que, hoy en día, cual­quier fenó­meno de casi cual­quier orden, sea natu­ral, bio­ló­gico, físico, (atmos­fé­rico o hasta astro­nó­mico) suele atri­buirse y –sobre todo– cul­pa­bi­li­zarse de su ocu­rren­cia al capi­ta­lismo.

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Autor: Gabriel Boragina ©

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