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	<title>La historia paralela &#187; josé Luis Milia</title>
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	<description>Periodico Digital</description>
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		<title>La cicatriz desvergonzada</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 01:15:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace años, siempre vi ese cogote cubierto, al menos, de cuatro vueltas de perlas o piedras. Era algo que la edad demandaba y el dinero “de todos”, satisfacía. Estuve veinte días sin noticias de lo que acá sucedía, es cierto, y esa tendencia tan humana y a veces tan cobarde de apartarse cansado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="José Luis Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Desde hace años, siempre vi ese cogote cubierto, al menos, de cuatro vueltas de perlas o piedras. Era algo que la edad demandaba y el dinero “de todos”, satisfacía.</strong></p>
<p><strong>Estuve veinte días sin noticias de lo que acá sucedía, es cierto, y esa tendencia tan humana y a veces tan cobarde de apartarse cansado de todo lo sórdido y vil sin hacerle frente hasta me había dado el efímero gozo de olvidar esa cara que de golpe volvía acompañada de un tajo de degüello, desnudo y desmadrado, que se habría paso entre los pliegues que siembra la edad.</strong><span id="more-62386"></span></p>
<p>Es cierto que el “relato”- ese en el que se especializan algunos peleles gratificados con la pauta oficial — y en el que se esmeraron para darle la dimensión de una gesta heroica había llegado a hartarme. Sin tener yo el más mínimo sentimiento para con Evita, me resultó afrentoso asociar la extracción de una molleja vieja, a esa foto en la que, comida por el cáncer y lobotomizada a causa del dolor, la segunda esposa de Perón votaba.</p>
<p>Pero, ¿Había alguna posibilidad de que no se intentara sacar al menos un mínimo rédito de un sainete con presunción de tragedia? No creo. Nadie, con el escaso juicio que tiene esa mentalidad de circo criollo que prima en quienes “dirigen” la República podría dejar escapar esa simpática farsa de la que nadie sabe aún si era algo grave o solo el problema de una traviesa avispa. Ocasión única para mostrarle a los enanos que componen estas tristes Provincias Unidas del Sur siempre absortos en un LCD de ocasión, que allí había habido riesgo, y del grave.</p>
<p>¡Y que mejor que mostrar una cuchillada en la papada!. No siempre es mortal pero la cercanía del cerebro, si lo hay, la hace presumir de peligrosa. Toda una cicatriz militante, toda una muestra del “sacrificio” diariamente consumado.</p>
<p>Podríamos seguir tomando este tema dentro del aire de vodevil que los guionistas de la pavada, en su ignorancia y falta de profesionalismo, se encargaron de otorgarle, pero estamos a sesenta días de que se cumplan los treinta años de la Gesta de Malvinas y vaya si hay allí cicatrices de sobra para tener en cuenta. Cicatrices que aún abonan la turba de las Islas, cicatrices que se mimetizan en las algas del mar helado, cicatrices que permanecen eternas en las almas de aquellos que perdieron un hijo, un padre o un marido. ¡Esas son cicatrices!, no un desvergonzado tajo suturado con hilos de oro.</p>
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		<title>Y ahora, lloren</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 20:06:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[“Un Congreso que ignora que un artículo explícito y diáfano de la Constitución, el 32, le prohíbe dictar medidas contra la libertad de prensa. ¿Qué es eso sino la victoria de una decisión autoritaria sobre la letra y el espíritu de las instituciones?” Joaquín Morales Solá. La Nación 18/12/2011 Que hay vencedores y vencidos es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>“Un Congreso que ignora que un artículo explícito y diáfano de la Constitución, el 32, le prohíbe dictar medidas contra la libertad de prensa. ¿Qué es eso sino la victoria de una decisión autoritaria sobre la letra y el espíritu de las instituciones?”</strong></em></p>
<p><em><strong>Joaquín Morales Solá. </strong></em></p>
<p><strong>La Nación 18/12/2011</strong></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="José  Luis Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Que hay vencedores y vencidos es un hecho del que acaba de darse cuenta Morales Solá. Quizás él no lo supiera pero esta situación no es nueva, y aunque el periodismo que se autodenomina “independiente” recién lo haya conocido ahora, esta realidad no empezó ahora luego de la última elección donde el oficialismo redujo a la nada a una oposición estúpida y cagona incapaz de elevarse por sobre sus mezquindades. La taba había caído de culo y su destino estaba echado. El común de los argentinos que solo obran individualmente en función de sus egoísmos, esos que otrora decían “¡Por algo será”! o “¡Somos derechos y humanos!” habían sido nuevamente comprados, al igual que la indiada ignorante de siglos atrás, con las lentejuelas de colores de los LCD en 50 cuotas, el “fulbo” para todos y las milangas para cualquiera. Cuotas y subsidios que nadie ignoraba que eran financiados por la Anses, es decir, por esos mismos jubilados a los que se les negó, con la complicidad de esa oposición mostrenca, un 82% móvil para que al menos pudieran morir con cierta dignidad. Pero comprados al fin, dieron la fuerza necesaria para que ahora y de golpe supieran los periodistas que en la Argentina hay vencedores y vencidos.</strong><span id="more-60929"></span></p>
<p>Parece que esto de vencedores y vencidos, viejo como la devaluación de Duhalde, los únicos que lo desconocían eran los “periodistas independientes”, y sin embargo hay vencedores y vencidos desde hace ocho años cuando para hacerse perdonar por no haber hecho ni un solo habeas corpus por un desaparecido ni haberse preocupado jamás por un perseguido político, el matrimonio presidencial puso en manos de los inmorales que perdieron la guerra la realidad atroz de la venganza.</p>
<p>En su artículo dice Morales Solá: “La devaluación democrática ha tenido en los últimos días otros síntomas alarmantes. El diálogo fue abolido por los representantes del Gobierno. Quienes iban a ser condenados a la guillotina, los diarios, no pudieron ejercer su derecho a la defensa”. Si cambiamos la palabra “diarios” por “integrantes de las FF. AA. y de las FF. SS. que combatieron a la subversión” vemos que ya había un prólogo escrito para el destino de la prensa “libre” que graciosamente durante años mostró una tendencia innata a autoamordazarse en temas determinados, porque tan “diáfano” como el artículo 32 de la Constitución Nacional lo es el artículo 18, o ¿Que interpretación sesuda necesita ese párrafo del mismo que dice: “Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa”?. Pero se inventó la “lesa humanidad” y allí “juiciosos” constitucionalistas que veían donde les apretaba el calzoncillo, dieron su consentimiento a ese engendro malparido, acompañados por el aplauso entusiasta de los mismos diarios que hoy se han dado cuenta, en el dolor de sus finanzas, que un Congreso de analfabetos ha decidido nuevamente, usar como limpiaculos las hojas de la Constitución.</p>
<p>Jamás un periodista de los medios que hoy lloran su ocaso tuvo el coraje de expurgar a conciencia el manejo de los tribunales populares que llevaban adelante los juicios contra militares e integrantes de las Fuerzas de Seguridad ¿Para que?, si nadar contra la corriente no se había hecho para la comodidad en que vivían, si para el periodismo llorón eran “represores” aún antes de que hubieran sido condenados. Jamás estos medios ni sus periodistas se animaron a acercarse a los penales federales para ver en que condiciones vivían — y abandonados de toda justicia morían — los presos que habían combatido a la subversión. A ningún periodista que presume de independiente le interesó saber que hay hombres de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que llevan más de cinco años presos sin haber sido sometidos a juicio, pero no dejan escapar oportunidad de mostrar su “humanidad” y ponen el grito en el cielo si a cualquier alimaña quitavidas lo tienen más de un año en esas condiciones.</p>
<p>El sermón de Martin Niemöller es en Argentina dogma de fe y hoy, muchachos de la “prensa independiente”, aunque les duela, aunque recién se hayan dado cuenta, aunque las injusticias que otros sufren nunca les hayan importado, hay vencedores y vencidos y ahora vienen por ustedes.</p>
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		<title>CARTA ABIERTA al jefe del estado mayor  del Ejército Argentino Luis Alberto Pozzi</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 10:41:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde el 18 de abril de 1964 cuando el EGP guevarista asesina al Cabo de Gendarmería Nacional Juan Adolfo Romero tuve la certeza que sobre la República caía la sombra ominosa de la subversión internacional y, consecuente con mis convicciones, tomé partido. Adherí, entonces, con el alma a mis FF. AA. y a todas las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Desde el 18 de abril de 1964 cuando el EGP guevarista asesina al Cabo de Gendarmería Nacional Juan Adolfo Romero tuve la certeza que sobre la República caía la sombra ominosa de la subversión internacional y, consecuente con mis convicciones, tomé partido. </strong></p>
<p><strong>Adherí, entonces, con el alma a mis FF. AA. y a todas las Fuerzas de Seguridad que en los años siguientes serían mandadas a enfrentar a la subversión en una guerra de agresión sistemática bosquejadas por el terrorismo internacional y diagramadas en Cuba. Guerra que es menester aceptar que por su forma y esencia nadie estaba preparado para combatirla. Aunque mi adhesión hubiera sido sólo moral, son casi cuarenta y ocho años de enfrentamiento entre argentinos y, debo confesarle, estoy cansado. </strong><span id="more-57634"></span></p>
<p>Cuando vi su foto haciendo la “venia” – Ud. no hace el Saludo Militar – en el Instituto Dámaso Centeno ante una placa que recordaba a ex alumnos de ese instituto que militaron en organizaciones terroristas, quise ver en su gesto, quizás desde mi cansancio y angustia, la misma actitud que se reflejaba en una foto de un par de años antes donde el Jefe del Ejército Francés, General Elrick Irastorza rendía honores en un cementerio a los soldados alemanes caídos en Normandía. Quise imaginar que su actitud era un llamado a la pacificación nacional. Sólo fue un deseo ingenuo de mi parte, ya que Ud., conforme a los aires que corren en la República desde hace unos años — aires que privilegian a aquellos que por un escritorio blindan su estómago para desentenderse de muertos en acto de servicio y de camaradas que por cumplir órdenes están presos — jamás participó ni se acercó a un homenaje a los militares que cayeron cumpliendo su deber en esa guerra.</p>
<p>En verdad, en ese acto en el Instituto Dámaso Centeno Ud. ni siquiera rendía homenaje al enemigo de otrora contra el cual quiero creer que combatió. Su teatral actuación remitía solamente a la repetición pertinaz de gestos que gente como Balza, Bendini, Ud. y sus “incondicionales” hacen para mantener intacta la confianza que tanto les ha costado ganarse con quienes, despreciando al Ejercito Argentino, lo mantienen en un permanente estado de abandono y, por ende, a la República en un irremediable desamparo.</p>
<p>Nada hay en Ud. ni en quienes le acompañan en su faena de desarme que indique una vocación por reunir a los argentinos todos. Previsor, conociendo los bueyes con los que ara se tomó el trabajo, un día antes, de mandar a sacar las placas de las aulas que llevan nombres de Héroes del Ejército Argentino — Larrabure, Duarte Ardoy y otros — no fuera a ser que con el antecedente que tienen algunos generales de obedecer la orden de de actuar como meros ordenanzas — ¿Recuerda Ud. a Bendini subido a un banquito? — el rufián del ministerio de defensa que los acompañaba lo obligara a Ud. a empuñar un cortafierro para sacar a golpes de maza las placas con los nombres de los héroes.</p>
<p>Pueden Uds. estar — esos pocos que prefirieron vender a sus camaradas y arrastrar por el barro el honor del Ejército Argentino — al menos por el momento, tranquilos. La “línea intelectual” que dejó el embajador-general, de prender ventiladores y arrojar cualquier bosta con tal de salvarse, está intacta. El embajador-general puede hoy hablar sin sonrojarse de un “plan sistemático de robo de bebés” y tratar de mantener en el olvido la triste memoria de la estancia “la Polaca” cuando era jefe de Unidad en Paso de los Libres en plena contraofensiva montonera. Y así, en consonancia con esta “política” de aguante, a partir de este “homenaje” a terroristas, si alguna vez alguien le pregunta que hizo Ud., Pozzi, en la Guerra contra la Subversión, podrá sacarse de encima el fardo recordando que permitió ese día que los planes de estudios de los Institutos Militares sean fiscalizados por las Madres de Plaza de Mayo – hoy sospechadas, ya no de terrorismo, sino simplemente de estafadoras del estado nacional – o por los farsantes de alguna ONG de DD. HH. empeñados desde siempre en destruir a nuestras Instituciones.</p>
<p>No es mi intención darle una clase de historia, Pozzi, ya que creo que en su fuero interno Ud. sí sabe que hubo una guerra y en la que, aunque tiemble si alguien se lo recuerda, combatió. Una guerra tan asquerosa en la forma en que la guerrilla la había planteado que aquellos que sí eran Soldados temían más por la salud de su alma que por su vida.</p>
<p>Tampoco es mi intención hablarle de Larrabure, Berdina, Moya, Estévez, Silva, Cisneros, Fernández Cutiellos o de los Soldaditos que murieron defendiendo su cuartel en Formosa ni de aquellos que quedaron en el Monte Tucumano, en Manchalá, en la Tablada, en Malvinas y en tantos otros lugares de nuestra geografía, y menos aún de todos aquellos que, cautivos sometidos a viles encierros han tenido el valor de no someterse a pedestres indignidades, porque Ud. sabe bien que para aquel que traicione a sus camaradas existe el premio de ganar su libertad y ni uno, Pozzi, ni uno, ha esbozado la posibilidad de venderse.</p>
<p>Es entendible que Ud. nada quiera saber de ellos. En su mente la distancia a Marcos Paz, Campo de Mayo, Bouwer y otros campos de concentración es mucho más grande que la que mi nieto de cinco años cree que hay hasta la luna. Ellos, que saben que arrastrarán su vida en la inmundicia de un penal federal pero tienen su orgullo y su fe intactos, se han convertido, para Ud., en dedos acusadores que hasta su muerte le señalarán su indignidad.</p>
<p>A sabiendas he hecho omisiones de grado y he escrito cargos y grados a veces con mayúsculas o minúsculas. No son errores ortográficos, es sólo una manera de expresar mi respeto o mi desprecio.</p>
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		<title>La defensa “respetable” del Dr. Smart,  los postulados de la “historia militante”  y los circos judiciales</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Oct 2011 16:51:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
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		<description><![CDATA[Nadie puede negar que el Dr. Jaime Smart es un perseguido político. Y no uno cualquiera. No en vano un “vengador anónimo”- esa banda de eunucos jurídicos que se viene conformando desde 1983 y, que pese a la falta de imprescindibles atributos desde hace años vienen sacando patente de machos en la República – ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Nadie puede negar que el Dr. Jaime Smart es un perseguido político. Y no uno cualquiera. No en vano un “vengador anónimo”- esa banda de eunucos jurídicos que se viene conformando desde 1983 y, que pese a la falta de imprescindibles atributos desde hace años vienen sacando patente de machos en la República – ha dicho que llegó la hora de dársela a los civiles que se opusieron al terrorismo internacional. </strong></p>
<p><strong>Los lenguaraces de la venganza, cobardes que otrora no dijeron palabra cuando otros compraban con vidas de perejiles su resuello, no necesitan siquiera poner cara de malevos de esquina para asustar a nadie, ya que saben que pueden contar para sus espurios manejos con la pavura de los argentinos que desde hace años han hecho de la flojedad de sus esfínteres una virtud nacional. </strong><span id="more-57187"></span></p>
<p>Pero hoy, cuando los esfuerzos “jurídicos” se extreman para hacer lugar no solo a más Militares y Policías sino para incorporar incluso civiles a las colonias de reeducación– tal será el nombre que desde el año que viene tendrán los pabellones de los penales federales que alojen a los presos que combatieron a la subversión — algunas tímidas voces en forma de editoriales o artículos periodísticos se elevan desde lugares presuntamente respetables, voces que si bien podemos aplaudir porque al fin que se acuerdan que el olor a podredumbre jurídica no es en Dinamarca sino acá, al hacer referencia a la inicua persecución de la que es objeto el Dr. Jaime Smart adhieren por estupidez, cobardía o, simplemente, mera ignorancia al dogma liminar de la “Historia Militante” cuyo credo es negar de plano la guerra de guerrillas que asoló a la República Argentina.</p>
<p>Es por eso que hoy callan, cuando recuerdan que Jaime Smart lleva más de tres años privado de su libertad sin que haya podido demostrarse hasta ahora su responsabilidad en los hechos que se le imputan, que hay cientos de miembros de las FF. AA, y de las FF. SS. en las mismas o peores condiciones de perscución jurídica en que se halla el Dr. Smart.</p>
<p>Es bueno que muchos que durante años callaron salgan hoy en defensa de un hombre íntegro como es el Dr. Smart. Es bueno que a través del acoso que él ha sufrido tomen conciencia que un común denominador ha regido estos procesos; que en ellos “se violentaron los principios básicos de la justicia como el de legalidad e irretroactividad de la ley penal”, pero está más que mal cerrar los ojos frente a un hecho que afrenta a los argentinos todos y que es que esos circos siniestros llamados TOF y sus payasos togados no son otras cosas que tribunales revolucionarios que solo tienen por cometido terminar lo que no pudieron llevar a cabo en la década del setenta, concretamente, la eliminación de todos aquellos, civiles o militares, que se oponían a sus designios de construir un país de esclavos.</p>
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		<title>¿Y por qué no iba a ganar?</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Aug 2011 11:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
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		<description><![CDATA[Ya no hay lugar para el desvelo. Pensar que ella no iba a ganar solo podía caber en el cerebro de alguien que hace años vive en el extranjero alejado de nuestras incómodas realidades o de aquellos que, viviendo acá, pasan plácidamente sus días en una nube de flatos. No busquemos más los miles de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Ya no hay lugar para el desvelo. Pensar que ella no iba a ganar solo podía caber en el cerebro de alguien que hace años vive en el extranjero alejado de nuestras incómodas realidades o de aquellos que, viviendo acá, pasan plácidamente sus días en una nube de flatos. No busquemos más los miles de bolivianos o paraguayos traídos de contrabando, que los hubo, dejemos por un momento las fantasía de los DNI truchos, que los hubo, los planes trabajar, los LCD a precio de saldo y tantas otras excusas que no alcanzan a explicar un cruel Vilcapugio. Por supuesto que buscar culpables en la oposición es una estupidez. Nosotros somos los únicos culpables porque a sabiendas le entregamos, desde hace veintiocho años, a una cáfila de seres de una pequeñez inimaginable el destino de nuestra Nación. Nos pusimos a su altura y no quisimos aceptar, por pura comodidad, que no podíamos esperar de ellos más que lo que su bajeza les permitía maquinar. </strong><span id="more-55609"></span></p>
<p>La verdad es muy distinta y dolorosa. De todas las explicaciones leídas sobre el desastre y sus causas ninguna llega al meollo de la cuestión porque bien dentro de ella está ínsito nuestro fracaso signado por veintiocho años de indiferencia, cobardía, y falta de compromiso. Porque esta no es una derrota más en una elección producto de estrategias electorales rastreras basadas en comprar y vender conciencias, este es un desastre generacional que habremos de pagar muy caro.</p>
<p>Desde 1983 a hoy, se incorporaron 12,5 millones de argentinos a la masa de votantes. Estos argentinos son los hijos y nietos de nuestra generación, una generación de la que solo puede decirse que vivió su juventud de plaza en plaza sin importar la bandera que flameaba. Así llenó la plaza, primero con “el tío” y después con Perón — Perón, y luego de pedir cadalsos y fusilamientos salió a aplaudir a Videla un 24 de marzo, para en el ‘83 llenar la misma plaza el 2 de abril. Cinco años después, ya más grandes, mas desencantados, Tuvieron que llevarse de la barba al mismo lugar repitiendo un inútil camino de Damasco para escuchar a un inepto – el iniciador de la farsa de los derechos humanos — decir: “La casa está en orden, felices pascuas”</p>
<p>Esos 12,5 millones de argentinos que han ido entrando en el circuito electoral son los mismos que ante nuestra incuria, desde 1983 y desde el jardín de infantes se les endosó la idea que en la Argentina “moderna” no hay premios ni castigos y que nada mejor para ser un ciudadano que haber sido un transgresor impenitente, que la bandera podía ser llevada por cualquiera mientras fuera simpático, y que el maestros era uno más de la banda, todo esto apoyado por la exaltación de la indisciplina como pauta educacional para que crecieran en el desprecio a las jerarquías y a los valores que hasta ese momento habían tenido vigencia. No solo el aula, también los eventos culturales y los logreros políticos encaramados en un poder regalado cumplieron con su cometido de ir formando generaciones de inanes a las que les metieron en la cabeza que todo era relativo y que la verdad no existía como tal, asegurando que la única salvación posible no era aquella de salvarse con todos, porque primero estaba uno y su provecho más allá de ñoñerías morales. ¡Pobre chicos!, que podían aprender si les tocó de todo, desde un inservible que nunca supo, quiso o pudo, hasta un estafador que sentenciaba que “nunca nos iba a defraudar”.</p>
<p>Esos 12, 5 millones de argentinos que han ido entrando en el circuito electoral soportaron desde la niñez y ante nuestra negligencia un lavado de cerebro los convirtió en pueriles repetidores de consignas. Como manera de lograr estos objetivos se los atosigó con visiones sesgadas de la historia reciente donde las Fuerzas Armadas y de Seguridad no representaban otra cosa que represión, donde el concepto de Iglesia se asimilaba a una pandilla de pedófilos y que destruir a ambas era la esencia de una nueva nación. Como correspondía a la exigüidad de nuestra valentía permanecimos callados, una vez más, ante las inicuas mentiras contadas una y mil veces por los rufianes de los derechos humanos interesados en armar su negocio al mismo tiempo que demolían a las instituciones que de alguna manera, aunque más no sea por su formación, podrían impedirle el logro de sus objetivos.</p>
<p>Y también de esto, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y de su contribución a la debacle nacional debemos hablar, porque sabedores sus jefes – coetáneos nuestros — en que nalga los mordería el perro, se borraron. Como se borró también la Iglesia, más preocupada porque su jerarquía conserve las canonjías de subsecretarios de estado que en formar a la juventud y enfrentar con la fuerza que da la Verdad el aborto, los matrimonios entre especies o la relajación de las costumbres fomentadas por “propios” y ajenos.</p>
<p>Esos 12,5 millones de argentinos que han ido entrando en el circuito electoral han hecho lo que hicieron porque jamás nos molestamos en formarlos. Hoy nos aterra verlos votar en función de sus conveniencias y olvidando las pautas éticas que alguna vez intentamos, mal, inculcarles. Estos son los mismos a los que nada les supimos decir cuando fueron comprados con la supresión del Servicio Militar a partir de una infamia urdida desde el poder, son quienes, junto a nosotros, sin haberlo votado — porque en la Argentina cualquier desquiciado gana una elección aunque luego todos juran que a ese jamás lo votaron — le dimos la reelección a un canalla que nos endilgó la necesidad de venderle alma y culo a quienes eran nuestros enemigos mientras su propaganda desmalvinizadora dejaba que lo mejor que tuvo la Argentina en todo el siglo XX — los 10.000 héroes de Malvinas — fueran manipulados como molestos recuerdos que en nada beneficiarían a la estúpida república del uno a uno.</p>
<p>Esta es nuestra realidad, la realidad de los argentinos que nos hemos llenado la boca con palabras que en otro lugar y con otra sociedad tienen significado: Patriotismo, Honor, Lealtad, Principios, Valores Éticos, pero que acá solo tienen el sonido que les da la época en que se dicen. Nosotros los guiamos en el voto. En veintiocho años les enseñamos a elegir al menos malo o lo que más nos convenía en lugar de alzarnos con altivez y gritarles en la cara a quienes usufructuaban nuestra desidia que ellos no merecían manejar una tierra como esta. Este es el resultado.</p>
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		<title>¿Renunciar por las mancebías?</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 13:44:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Mojigatamente, como ya es su inveterada costumbre, la sociedad argentina se ha conmovido con la grosera historieta de un consigliere de la Suprema que entendió que debía hacer algo por su futuro y como idea luminosa se le ocurrió alquilar algunos de sus “derpas” más pequeños, alrededor de seis, como mancebías al paso. ¿Por qué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Mojigatamente, como ya es su inveterada costumbre, la sociedad argentina se ha conmovido con la grosera historieta de un consigliere de la Suprema que entendió que debía hacer algo por su futuro y como idea luminosa se le ocurrió alquilar algunos de sus “derpas” más pequeños, alrededor de seis, como mancebías al paso. </strong></p>
<p><strong>¿Por qué hizo tal desbarre?, chi lo sa, quizás porque después de tantos años de retozar en defensa de los delincuentes quiso, mínimamente, transgredir la ley; quizás porque decidió no perderse la ola de indecencia e impunidad sobre la que “surfean” desde hace ocho años, en pingües negocios, los acólitos del poder o quizás porque sobran madamas en las esferas oficiales. La respuesta solo la tienen Dios y él, y es probable que nunca la sepamos. Lo que importa es, ¿Cabe tanto alboroto porque un consigliere de la Suprema alquila sus departamentos como corrales de fornicio?. Al fin y al cabo, aunque el consigliere supiera el destino de sus cotorros, sólo ha trozado, una a una, las páginas de la ley 12.331. ¿Qué es esto, para él, que desde que fue ungido consigliere de la Suprema ha colaborado con decisión en darle destino de albañal a la Constitución Nacional? </strong><span id="more-54510"></span></p>
<p>Todo este barullo sería justificable en un País en serio. No es nuestro caso. Somos lo que nosotros hemos decidido ser. Somos los amansados de y por el bolsillo, ni siquiera mansos de corazón lo que sería un logro ante Dios Nuestro Señor, sino que nuestra mansedumbre deviene del hecho que somos cagones de alma y por eso mismo, por sumisos, nos han sacado la tierra, que es, ni más ni menos, la Patria.</p>
<p>Hoy se santiguan hasta los ateos frente al despropósito de los bulines del consigliere, pero todos esos que hoy se rasgan vestiduras y echan cenizas sobre sus cabezas nada dijeron de los desatinos jurídicos o de las ofensas al estado de derecho que el consigliere junto a sus scagnozzi urdieron para mayor gloria de sus patrones.</p>
<p>Acá prima la cobardía. Nadie quiere quemarse del todo. Crucifíquenlo primero que nosotros nos encargamos del último lanzazo. Los políticos al hablar del consigliere todavía se pelean por ver quién más cerca de Dios lo ubica, porque ni siquiera se animan a ponerlo cerca de una presunta culpa, con la misma irresponsabilidad con que, en su momento, pedían la canonización de la madre Bonafini o el Nobel para la abuela Carlotto. Nadie de los que hoy sobre el papel, en la radio o en la televisión intentan aleccionar a este estúpido pueblo sobre las inconveniencias erótico – inmobiliarias cometidas por el consigliere y su administrador jamás han dicho una palabra de lo que verdaderamente es vergonzoso, sino criminal, en los hechos negociados por esa camarilla infame que integra la Suprema Corte y a la cual el consigliere pertenece. Porque durante ocho años se han callado la boca sobre la vergüenza que son en sí mismo los tribunales federales devenidos en tribunales revolucionarios donde es sistemáticamente violado el principio constitucional de presunción de inocencia, donde se imputan delitos que no existen en el Código Penal ni en la Constitución Nacional, donde se juzga a los procesados con leyes que no existían a la fecha del presunto delito y donde cualquiera puede decir cualquier cosa y ser testigo si pertenece a la querella.</p>
<p>Ninguno de estos alarmados ciudadanos ha dicho una palabra de lo que antecede. Cobardes o pagos han mirado hacia otro lado. A ninguno de ellos les preocupó jamás – como tampoco a los consiglieri de la Suprema — que con la fábula de presuntos excesos de guerra en los penales federales haya militares y policías que sin haber sido procesados nunca llevan más de cuatro años detenidos. Como siempre, estos medrosos plumíferos, están prestos para lo minúsculo. Es mejor pegarle al supremo por sus presuntos intereses alcahueteriles que por la gravedad de sus acciones contra la Constitución Nacional.</p>
<p>Hoy, este coro de timoratos dice que el consigliere debe renunciar. Que si bien no configura delito lo cometido por él, por la “dignidad” que conlleva su cargo debería hacerlo. ¿Por dignidad?, no jodamos, hace ocho años que la dignidad, la decencia, la honra fueron asesinadas por el mandato intelectual de un desquiciado que se encaramó al gobierno de la usual manera que suceden estas cosas en Argentina. “El” dio esa orden y prestos prepararon sus dagas los esbirros a quienes convenía en grado sumo borrar de la vida nacional esas actitudes. El consigliere de la Suprema fue uno de los primeros en empuñarla, pero también otros que es menester no olvidar: Rossi, Picheto, Menem, Balza, Garré, Fernández, Vendini, Milani, Godoy, Pozzi, y tantos más que celebraron con alegría el deceso de lo que otrora fueron llamadas virtudes republicanas.</p>
<p>El consigliere de la Suprema por el que se ha hecho tanto ruido se llama Eugenio Raúl Zaffaroni. No me mueven – para opinar sobre él y sus bellaquerías — ni sus preferencias sexuales ni me dejo llevar por los presuntos mails que han salido a luz. Creo que lo que he dicho precedentemente lo define como una de las personas más miserables de la República y si ascendió a las alturas en las que hoy se encumbra en este gobierno es solo por su condición de “progre” siempre listo para cometer cualquier ultraje que se le encargue.</p>
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		<title>¿La Argentina en paz?</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2011 08:14:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay hoy guerra en Argentina y aún así muere gente. Mueren por día alrededor de 8 chicos que no llegan al segundo año de vida – pobres, por supuesto — por la causa concreta de una subalimentación a la que una correcta política de estado haría evitable. Y los que superan la desnutrición pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />No hay hoy guerra en Argentina y aún así muere gente. Mueren por día alrededor de 8 chicos que no llegan al segundo año de vida – pobres, por supuesto — por la causa concreta de una subalimentación a la que una correcta política de estado haría evitable. Y los que superan la desnutrición pero no sus consecuencias suelen terminar reventados, algunos años después, por el paco o por una bala a causa de la necesidad de proveerse de algo que le haga olvidar que ellos están marginados de la sociedad, que para ellos la excelencia, sea en educación o en salud, es una palabra que jamás sabrán que significa. Quizás esta masacre de niños y jóvenes, que algún gracioso denominaría sensación, sea un impensado plan maestro para evitar la inseguridad que sobrevendría si estos chicos pasaran de los 12 años.</strong><span id="more-53651"></span></p>
<p>No hay guerra en Argentina, pero mueren jubilados, nadie se anima a precisar el número, por la causa concreta que 1.250 $ al mes ni siquiera alcanzan para ser considerados pobres. Quizás sea este un trabajo de higiene social que ni siquiera fue proyectado, que salió al tun-tun pero que, sostenido por el veto al 82% móvil, no es otra cosa que acelerar el pase al socavón eterno a unos viejos que ya no producen y son una carga para el erario.</p>
<p>No hay guerra en Argentina, pero cualquiera sabe que abundan, por variadas causas, los desquiciados que le pueden meter un tiro en la cabeza por diez pesos a cualquier infeliz que haya tenido la mala suerte de toparse con ellos. Decir que los argentinos están hoy detrás de las rejas es para quienes deberían controlar la situación proveyendo seguridad a los argentinos sólo una alucinación. Que los argentinos estén más armados que hace años es una realidad que cualquier burócrata del RENAR puede corroborar.</p>
<p>No hay guerra en Argentina pero desaparece gente. En especial mujeres. No hay estadísticas confiables sobre el número de desaparecidas/os porque los gobiernos, tanto nacional como provinciales, saben que aceptar “desapariciones en democracia” aunque sean producidas por avisados proxenetas significaría que, más allá de una ignominia, nada han hecho para evitar la trata de personas ni la seguridad de ellas.</p>
<p>No hay guerra en Argentina pero como si estuviéramos inmersos en una, el País se ha convertido en el paraíso de cualquier traficante, desde influencias a drogas. Las fronteras han dejado de existir y lo único que nos falta es una ley protectora o un DNU bienaventurado para que el lavado de dinero deje de ser una “actividad clandestina” y se convierta en una política de estado.</p>
<p>No hay guerra en Argentina pero han generado, desde un miserable atril, tanto odio que sólo nos falta llevar una pistola en el bolsillo “por lo que putas pudiera”. Han llenado el País de victimas de primera y segunda, de réprobos y elegidos, de muertos que deben ser inolvidables por ley y resarcidos económicamente y otros a los que si se pudiera les negarían hasta una tumba anónima, de victimarios aleves y asesinos maravillosos y aunque no hay guerra en Argentina parecería que nos aproximamos a algo así.</p>
<p>Este es el País que hoy tenemos. Lo que se ha dicho precedentemente sucede en toda su geografía, pero sus víctimas principales — a las que seguramente más temprano que tarde les pasará tener un hijo desnutrido, una hija secuestrada, un pariente adicto o el balazo consabido en la cabeza cuando a las 4 de la mañana esperan un ómnibus para ir a su trabajo — son ese 25 ó 30 % de pobres, nada más que unos 10 ó 12 millones de argentinos que saben que todo lo que pueden esperar de un modelo farsante son las mentiras inmobiliarias de los trovadores de los derechos humanos empeñados hasta el tuétano en revanchas ideológicas o en llenarse los bolsillos o sino esperar la dádiva infame de un “plan” que le permitirá agregarle una tela de polietileno más al tugurio miserable donde pasa sus días.</p>
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		<title>Cometas en el cielo…</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2011 00:13:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista invitado]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>

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		<description><![CDATA[El Columnista Invitado de Hoy : José Luis Milia La docencia impía del monito bailarín “Este Gobierno es un desastre. Cristina es una mujer soberbia, y la soberbia es fruto de la ignorancia”…, “Este es el Gobierno más corrupto de la historia, que se haya hecho la campaña con dinero del narcotráfico, de Antonini Wilson [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>El Columnista Invitado de Hoy  : José Luis Milia</h4>
<p><strong>La docencia impía del monito bailarín</strong></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="100" height="125" />“Este Gobierno es un desastre. Cristina es una mujer soberbia, y la soberbia es fruto de la ignorancia”…,</strong></p>
<p><strong>“Este es el Gobierno más corrupto de la historia, que se haya hecho la campaña con dinero del narcotráfico, de Antonini Wilson o de Hugo Chávez…..es para un juicio político.”</strong></p>
<p><strong>Carlos Menem. 14 de octubre de 2008</strong></p>
<p><strong>“esta elección las gana Cristina. No va a haber segunda vuelta y eso es lo mejor que le puede pasar a Argentina… Además, está haciendo un buen gobierno, no lo vamos a negar.”</strong><span id="more-53216"></span></p>
<p>Carlos Menem. 30 de junio de 2011</p>
<p>El inicio</p>
<p>Llegó en “olor de santidad”. Si se hubiera animado a enancarse en un burro, sus seguidores – tan insólitos y tan flamantes como sucede con los acólitos de cada nuevo caudillo peronista — hubieran alfombrado la Plaza de Mayo con hojas de palma y ramos de olivo. Era la mezcla demagógicamente pulcra y ecuménica que su obstinada fantasía había urdido: madre musulmana, ama de leche judía, católico sin saber por que, y el extravagante convencimiento que el Tigre de los Llanos se había reencarnado en él. Era el amasijo perfecto que suele calar hondo en los argentinos donde en un rejunte malevo transitan mezclados la Virgen de Luján, Perón, Gardel, el Gauchito Gil, la Madre María y la Difunta Correa.</p>
<p>Seguidores o no, los argentinos querían creer de nuevo, como en 1976 o en 1983, que Tata Dios volvía a privilegiarnos poniendo a nuestra disposición todo el realismo mágico que abunda en estas comarcas. De nuevo accedíamos al “l’uomo del destino”. Sufrir dos guerras y finalmente una inflación galopante eran cosas para alemanes, no para nosotros.</p>
<p>Es cierto que el gobierno anterior – del que él decía venir a rescatarnos — había sido un desastre. Tan desastre que se tuvieron que rajar seis meses antes porque como “no pudieron, no supieron o no quisieron” terminaron hundiendo al País en una letrina sin sifón que rebalsaba heces y a la que alguien le había afanado la cadena. Y si bien al compararlos con las bandas de rufianes que hoy asolan la República, Alfonsín y sus chicos no nos parecen otra cosa que un desolado grupo de boy scouts a los que les han robado la brújula, debemos aceptar que había una cualidad común en ellos: la torpeza. Cualidad que, pase el tiempo que pase, parece ser la condición sine qua non para que un radical se considere un hombre político. Triste Karma que arrastra el centenario partido que obliga a sus correligionarios a dedicar sus energías a santificar a los Mostrencos Golpistas del Parque o a un “Peludo” Esclerótico mientras se empeñan empecinadamente en afrentar a los dos mejores Presidentes que la Argentina jamás tuvo: Marcelo T. de Alvear y Arturo Frondizi. Presidentes que, por increíble que parezca, y esto si que es para el libro Guinness de la gansada, se formaron en la Unión Cívica Radical.</p>
<p>Pero bien, él venía a salvarnos de todo aquello que “consumía” el bolsillo de los argentinos, los trenes a pura pérdida, la Aerolínea indomesticada, el petróleo más caro del mundo, el interior postergado, los aparatos de teléfono a 3.500 u$s la línea, las cajas pan, las FF. AA. ninguneadas por el juicio a las juntas y, por que no, hasta el descrédito del ejecutivo anterior en Semana Santa y la fábula cómica de “La casa está en orden”. El, el que “No nos iba a defraudar” venía a salvarnos y, ¿Por que no creerle?, si crédulos de toda credulidad hasta podíamos llegar a imaginar que nos rescataría de las manos de los sindicalistas salvajes que reconstruían, por enésima vez, su imperio de aprietes y prebendas.</p>
<p>Es cierto que se rodeó de gente técnicamente capaz y tuvo un éxito inicial al acotar la inflación, y aunque los manuales que usaron no habían sido pensados para el País y a la larga éste sería otro fracaso a sumar a los que ya habíamos acumulado, a nosotros, ¡Que nos importaba!, si nos habían convencido que lo que urgía era vender las joyas de la abuela, esas joyas pasadas de moda y a las que una desconocida mutación alquímica solo por él conocida había convertido sus brillantes en meros vidrios de botella.</p>
<p>Venía diciendo lo que queríamos oír y aunque tarde nos dimos cuenta, jamás fue un estadista, ni siquiera un político con algo más de miras que los que, civiles y militares, lo habían precedido. Era solo un pícaro de provincias, un mercachifle apurado que se limitó a tasar todo aquello a lo que podía sacarle alguna moneda más el vuelto correspondiente aunque eso significara quedarnos sin ferrocarriles, sin gas, sin energía y sin industrias, con un campo acogotado por el lazo de la convertibilidad y sin posibilidades ciertas de desarrollarnos.</p>
<p>Pero ahí no quedaba la cosa. Con su innata capacidad para el engaño convenció — al menos a los menos avisados, a los que se conformaron con las formas del desfile militar del 9 de julio de 1990 — que él venía a devolverle el respeto perdido a las Fuerzas Armadas. Detrás de esa falacia infame vinieron los presupuestos cada vez más raquíticos, la desmalvinización, los veteranos muertos de hambre y la vergüenza de las “relaciones carnales”, una manera elegante de decir que los ingleses nos podían sodomizar cuantas veces quisieran que al gobierno argentino no le preocuparía nada cuanto nos podía doler el traste. A eso deberíamos sumarle la desaparición del Servicio Militar y con él años de docencia, alfabetización y apoyo sanitario de los postergados que eran y aún son, muchos en la República, y la reivindicación territorial de la Argentina que las Fuerzas Armadas habían hecho por años. Como a este desguace él no lo concebía sin el consabido negocio se consiguió, entre tantos hombres probos, una espada inmoral para que le sirviera diligentemente en sus acomodos, y así tuvimos que sufrir Río III, Croacia y lo más vergonzoso, la venta de fusiles a Ecuador para hacerle la guerra a Perú, ese Perú indómito y más argentino que mucho de los que han sido paridos en estos parajes, que en 1982 había borrado las insignias de sus Mirages III para entregárnoslo – sin pedir nada a cambio — así podíamos reponer la pérdidas que sufríamos en la Guerra de Malvinas.</p>
<p>Alguien puede decir que pese a todo, fue su logro indultar a las juntas, pero me pregunto, ¿Para que indultarlas?, si estas habían hecho todo tan mal que sus integrantes se merecían, no un juicio sinó la degradación lisa y llana con quiebre de espadas y arranque de jinetas por su torpeza e ineptitud, pero él siguió adelante, los indultó e hizo lo mismo con los otros, con los que sin otra bandera que una revolución criminal y mentirosa habían aterrorizado a la Argentina. Tan irresponsable fue que al final, los que terminaron pagando con su libertad la fatuidad, o la perversión, presidencial fueron aquellos que, desde Teniente Coronel y equivalentes de las otras Fuerzas para abajo, después de hacer la guerra se convirtieron en los precisos chivos expiatorios que hoy pagan su patriotismo en los penales federales.</p>
<p>Nada de lo que hoy sucede podría haber acontecido sin sus enseñanzas. Excelente maestro de agachadas y cobardías, de enjuagues y retornos terminó, al final, superado por sus discípulos, ninguneado y denostado por estos como el paradigma del corrupto. Y hoy, ni siquiera es eso, casi ni ocupa un lugar destacado en el procerato de la podredura nacional. Hoy con los ejemplos a la vista de las acciones de sus aprovechados alumnos, de las Madres y su administrador, de las valijas voladoras, de la efedrina que paga campañas, de Skanska y el INADI solo ha quedado, el ex presidente, a la altura de un pobre punga de Bondi.</p>
<p>El epílogo</p>
<p>Entre ambas declaraciones del epígrafe median poco menos de tres años. Es un intervalo de tiempo demasiado corto como para rifar una honra, si es que esta hubiera existido alguna vez, pero es, al menos, el tiempo necesario para saber donde aprieta un zapato. Es el tiempo suficiente para saber cuando y cuanto, alguien sin honor ni respeto, debe agachar la cabeza. Es el tiempo en que la sabiduría de Viejo Vizcacha que el mamó le permite saber lo que debe hacer para tener la posibilidad de prenderse de una teta que le permita vivir sus últimos años sin sobresaltos.</p>
<p>Quien emitió estas opiniones y a quien prefiero no nombrar, no por estupidez supersticiosa sino porque considero un buen ejercicio olvidar a aquellos nos arrastraron por el lodo ni siquiera le cabe como epitafio aquello de “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, porque en realidad nunca fue salvo lo que alguna vez creyó la estúpida imaginación que los argentinos derrochamos.</p>
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		<title>Quiero que gane</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jul 2011 09:53:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Siento ante la cercanía de las elecciones la misma desazón que experimenté en marzo de 1976 ante la inminencia del golpe militar. Veo que la urgencia por encontrar una salida – la que sea — embarga a muchos que creía que pensábamos igual. Salvando tiempo y distancia hemos caído en la misma estupidez de aquellos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />Siento ante la cercanía de las elecciones la misma desazón que experimenté en marzo de 1976 ante la inminencia del golpe militar. Veo que la urgencia por encontrar una salida – la que sea — embarga a muchos que creía que pensábamos igual. Salvando tiempo y distancia hemos caído en la misma estupidez de aquellos que golpeaban descaradamente las puertas de los cuarteles. Lo que pasa es que el miedo no es zonzo, y por más que esta sea una de las tantas verdades del amigo Perogrullo, es la que mejor define a los argentinos.</strong><span id="more-52817"></span></p>
<p>En el fondo, a nadie le importaba en ese entonces si mataban a militares o policías, el “por algo será” en Argentina es un axioma de ida y vuelta. Ellos estaban para pelear, sacarnos las papas del fuego y si morían eran cosas del “laburo” que habían elegido. Si ni siquiera nos importó cuando mataron a Genta o a Sacheri. Con solo mirar los obituarios de Clarín y La Nación se podía leer entre líneas que el martirio, por Dios y por la Patria, era algo que ellos se lo habían buscado. Tampoco importaba mucho, en 1976, si los guerrilleros eran zurdos, si el trapo de la bandera era rojo o si venían de Cuba. Menos aún importaba en ese entonces que siendo los terroristas una organización de tinieblas, hubiera que apretarlos para que hablaran ¡Que nos iba a importar la posibilidad de la tortura como arma si nuestro miedo hacía que pidiéramos patíbulos para todas las plazas del País!. Pero nuestra preocupación se hizo carne cuando la guerrilla comenzó a matar a simples civiles — ingenieros, ejecutivos de finanzas, economistas — pobres tipos sin uniforme ni política en el corazón que solo cumplían con su función en las usinas del “capitalismo explotador”. Y ahí sí, ahí empezamos a acercarnos a los cuarteles y a sonreírles a aquellos que hasta ese entonces eran los “milicos”. Carne de desprecio para los idiotas iluminados por la reforma universitaria, la fatuidad de una presunta inteligencia “civil” y las bandas de políticos cagones que la República crió a su calor. Y, aunque a escondidas dijéramos que ellos se limpiaban el culo con la Constitución, era mejor que hicieran algo no fuera a ser que una bomba mal puesta o un dato erróneo sobre nuestra actividad nos pasara al socavón eterno.</p>
<p>Y lo hicieron. Entraron en una guerra tan asquerosa que hasta el menos avisado de ellos sabía que en ella la posibilidad de perder la vida era lo menos importante porque tenían la seguridad que lo que sí iban a perder era el alma. Y sin embargo la hicieron. Y la ganaron. La hicieron y la ganaron por nosotros, por todos aquellos que de golpe, cuando empezaron a morir civiles, nos imaginamos una España rediviva donde te fusilaban por ir a misa o por profesar otras ideas que no eran las de la zurdería internacional. Y los aplaudimos y los quisimos hasta que nos sentimos seguros, hasta que tuvimos la seguridad que no los necesitábamos más, no ya como gobierno, sino ni siquiera como instituciones fundamentales de la República y avergonzados de haberles pedido ayuda, creímos las mentiras que de ellos nos contaron, les dimos la espalda y los abandonamos a su suerte. Los entregamos, sin siquiera el beso en la mejilla, a la saña de sus derrotados de otrora.</p>
<p>Todo lo demás es lo que estamos viviendo. Preocupados, volvemos a mirar los cuarteles y están vacíos en cuerpo y alma. Pero ha vuelto la intranquilidad fatal que nos atenazaba el corazón en 1976. En pocos meses habrá elecciones, y hay un sálvese quien pueda que nos hace soñar con cualquier salvavidas al que nos podamos aferrar. Cualquier tronco que flote es bueno. Pero cuando los miramos con detenimiento sabemos que ni siquiera son de corcho, son de puro plomo, porque son los mismos que han heredado la cobardía de los que no tenían soluciones y que, a escondidas, pedían también el golpe de estado, Son, con otros nombres, los miserables de siempre. Son los apóstoles del “animémonos y vayan”, la misma sangre espuria de los que nos convencieron de abandonar a aquellos que ganaron para nosotros la guerra. Y la paz.</p>
<p>Ahora estamos solos, ahora veremos de que manera nos arreglaremos con lo que vendrá, ahora veremos de que están hechos los que perderán camisas y haciendas, los que se creyeron los cuentos de los militares demoníacos, los que se han olvidado de sus camaradas presos, todos esos que, acovachados en la intranquilidad histérica de que ellos habían zafado, saben que como se van a  dar las cosas también los van buscar. Ahora, por fin ahora, después de 30 años sabremos con que madera estamos hechos, si seguiremos apostando a las agachadas aprendidas o si, al menos por una vez, dejaremos de lado nuestra cobardía y pondremos el pecho.</p>
<p>En verdad, me alegra que Cristina pueda ganar.</p>
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		<title>La peste del enanismo</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 02:21:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[josé Luis Milia]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Podrá el Capitán perdonarnos por haberlo dejado en tan miserable compañía durante tanto tiempo? ¿Es que estamos tan abotagados en nuestra piedad que abandonamos el recuerdo de los nuestros a la injuria de la chusma? ¿Ha tenido que recurrir el Arcángel de la Patria al odio de los infames para salvar lo que no pudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><img class="alignleft" title="Busto-a-un-Heroe-Pedro-Giachino" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Busto-a-un-Heroe-Pedro-Giachino.jpg" alt="" width="137" height="149" />¿Podrá el Capitán perdonarnos por haberlo dejado en tan miserable compañía durante tanto tiempo? ¿Es que estamos tan abotagados en nuestra piedad que abandonamos el recuerdo de los nuestros a la injuria de la chusma? ¿Ha tenido que recurrir el Arcángel de la Patria al odio de los infames para salvar lo que no pudo el enfriado amor de los pocos fieles?</strong></em></p>
<p><em><strong><span style="text-decoration: underline;">Dardo Juan Calderón. </span></strong></em></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>***************<span style="text-decoration: underline;"><br />
</span></strong></em></p>
<p><em><strong><span style="text-decoration: underline;"><br />
</span></strong></em></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="Jose-Luis-Milia" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jose-Luis-Milia-9-06-2011.jpg" alt="" width="125" height="153" />En mi infancia me persiguieron las imágenes de Gulliver estaqueado por los enanos en la playa. Seres insignificantes empeñados en derrotar a alguien más poderoso que ellos. De a poco y en el correr de la vida descubrí que el enanismo no estaba en el cuerpo. El enanismo, en tanto y cuanto una enfermedad villana, no se encuentra en la apariencia física, se encuentra en el alma. </strong><span id="more-51687"></span></p>
<p>Desde hace años esta tierra se encamina con decisión a ser el país de los enanos, de esos seres cuya pobreza de espíritu ha sido amasada en el barro de la cobardía y la degradación. Aislados de cualquier referencia moral dejaron de creer, al menos como los hombres creen, porque saben que la libertad no está hecha para los que solo saben reptar.</p>
<p>Asalariados de treinta denarios, conchabados por aquellos que sí saben lo que quieren, han trabajado, hasta ahora, aceptablemente bien. Poco a poco nos están quitando a Dios, nos están birlando — sea cuestionando Héroes, sea aplaudiendo a un imbécil que propone cambiar nuestra Bandera — el sentido de Patria. Han conseguido con éxito que los argentinos nos enfrentemos a muerte, y han martirizado de manera profunda a la institución familiar.</p>
<p>No es, nunca lo fue, el valor su virtud. Solo les da el cuero para la denuncia anónima, la calumnia patotera o la censura falaz e indiscriminada contra esas palabras que para ellos son una brasa ardiente, Dios, Patria, Honor, Tradición, Orden, Fuerzas Armadas. Entonces, empezaron a manifestar en circunstancias especiales su “bravura”. No importa desde donde la pongan en práctica – sea desde un atril, de una banca en el congreso, desde un tribunal federal, o de la presidencia de un consejo deliberante– saben que siempre estarán sus mandantes para apuntalarlo.</p>
<p>Y aunque son muchos los ejemplos de enanos, pese a que algunos se creen con más lauros que otros, debemos aceptar que es tan malparido el pelafustán que con los calzoncillos cagados, ante una denuncia incomprobable, baja prestamente el cuadro de un Héroe, como el general que arresta a un Teniente Coronel por hacer un homenaje a un Jefe con mayúsculas o el almirante que se hace el distraído cuando a integrantes de su Fuerza un grupo de rufianes que se autodenominan ex combatientes intentan arrastrar por el barro las honras de sus hombres ganadas a puro heroísmo.</p>
<p>Tiempos tenebrosos estos que vivimos, donde los enanos pueden ofender a héroes, donde los mentirosos cuentan cuentos de grandezas inexistentes y el “liderazgo” existe porque nadie se ha animado a patear un atril infame.</p>
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