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	<title>La historia paralela &#187; María Lilia Genta</title>
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	<description>Periodico Digital</description>
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		<title>Malvinas: de guerras y de símbolos</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 08:36:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista invitado]]></category>
		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>

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		<description><![CDATA[La Columnista Invitada de Hoy:María Lilia Genta El dolor por Malvinas es una herida que parte el alma desde 1982. Cuanto más nos duele más amamos a la Patria, como decía José Antonio. Este dolor antiguo se hace insoportable treinta años después porque tenemos un Gobierno “de cuarta” que ignora el valor de los símbolos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>La Columnista Invitada de Hoy:María Lilia Genta</h4>
<p><strong><img class="alignleft" title="María Lilia Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria%20Lilia%20Genta_Chiica%20-8-2_2012%3Ajpg..%208_2_2012jpg" alt="" width="200" height="218" />El dolor por Malvinas es una herida que parte el alma desde 1982. Cuanto más nos duele más amamos a la Patria, como decía José Antonio. Este dolor antiguo se hace insoportable treinta años después porque tenemos un Gobierno “de cuarta” que ignora el valor de los símbolos y todo lo ideologiza con ese odio inagotable a lo militar mientras nos arrastra a los foros internacionales haciendo el ridículo. <a href="http://www.cescem.org.ar/informe_rattenbach/index.html">El Informe Rattembach está en Internet.</a> ¿Qué gran secreto develará, urbi et orbi, nuestra presidente?</strong><span id="more-62557"></span></p>
<p>Pero, aparte, ¿puede esta “chirusita” que pecó y culpa sí tuvo, necia y ordinaria, comprender la unión de la Corona y la Espada, símbolos milenarios de las grandes civilizaciones? Ella quiere ver al Príncipe inglés vestido de civil y lo apercibe por hacer el saludo militar. Parece que si se lo hubiera recibido en Malvinas con un derroche de boato, como en el día de su boda, sería distinto para la Argentina. No puede entender tampoco que el que ha de ser Rey debe, primero, ser militar. Hasta al tontón de Felipe, Príncipe de Asturias, lo vemos, vistiendo uniforme, presidir formaciones militares. Los ingleses simbolizan cada vez más su presencia en Malvinas. A la fuerza militar efectiva suman la fuerza no menor y efectiva de los símbolos. Nosotros, en cambio, de– simbolizamos en la misma proporción en que ellos simbolizan. Los héroes están presos o bajamos el retrato de los que están muertos. No es que ignoremos que las cúpulas militares –y buena parte de los militares– desconocían la historia, en 1982. Recuerdo lo que nos contaba el “Turco” Seineldín en la inmediata posguerra: “Mis camaradas me decían: «la Flota no va a venir»; pero yo seguía haciendo cavar los pozos, calefacionándolos (el Regimiento 25, el más bombardeado, tuvo pocas bajas) porque la Historia me decía que la Flota vendría y que los yankees apoyarían a sus «primos» británicos”.</p>
<p>Lo sensato hubiera sido llevar a cabo el plan original –que era simbólico– y a partir de esa acción simbólica: dejar un pequeño grupo de militares custodiando la bandera, llevar al Continente a los ingleses destinados en las Islas y negociar. Pero la “plaza llena” creó el equívoco y llenaron las islas con regimientos sin preparación para la guerra y sin soporte logístico. No sé si hubiéramos triunfado pero me parece que no se hubiera movilizado una Flota por un grupo pequeño pero “bien montado”, simbólico. En una guerra de símbolos gana el que maneja mejor los símbolos. Hubiera sido un grito a las Naciones Unidas, hacernos oír… eso sí, sobre la sangre mártir de un Giachino cuya muerte, desangrándose por cumplir la orden, constituye en sí misma un símbolo digno de un verdadero ejército al servicio de una Nación en serio.</p>
<p>El gobierno militar no supo entender el valor de los símbolos y sólo quedó el recuerdo imborrable de un símbolo triste para nosotros: las botas bien lustradas del General Menéndez frente a las botas bien embarradas del General Moore el día de la rendición.</p>
<p>Ahora, este gobierno de patanes es incapaz de responder con un símbolo a la altura del que levanta la vieja nación pirata, pero Imperio al fin.</p>
<p>Por suerte, Gran Bretaña tiene un Primer Ministro que casi merece serlo de una republiqueta. Cameron no es Churchill, ni Thatcher ni Blair, ¡gracias a Dios! Así nuestro papelón es menor.</p>
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		<title>In memoriam</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2011 08:13:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Caponnetto]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Comodoro Agustín Héctor De la Vega Un sobrecogedor toque de silencio cruzó la mañana fría y ventosa de julio frente al Panteón Militar del Cementerio de Chacarita. Así, con “el laconismo militar de nuestro estilo” fue despedido por un grupo de familiares, amigos y camaradas el Comodoro Agustín Héctor de la Vega. Como cuadra a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Comodoro Agustín Héctor De la Vega</strong></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="Cinta-luto-argentina" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Cinta-luto-argentina-05-03-2010.jpg" alt="" width="125" height="147" />Un sobrecogedor toque de silencio cruzó la mañana fría y ventosa de julio frente al Panteón Militar del Cementerio de Chacarita. Así, con “el laconismo militar de nuestro estilo” fue despedido por un grupo de familiares, amigos y camaradas el Comodoro Agustín Héctor de la Vega. Como cuadra a un soldado. Porque eso fue, por encima de todo y ante todo, De la Vega: un soldado. Poseyó, por tanto, las virtudes propias de su condición: ante todo, la fortaleza, esa firmeza del ánimo capaz de afrontar el peligro, aún el peligro de muerte; pero una fortaleza regida por la prudencia y vivificada por un entrañable amor a la patria carnal. Adornaron, también, su rica personalidad el más acendrado sentido del honor, una austeridad sin atenuantes, una lealtad sin dobleces y un espíritu de amistad y camaradería expresado en el trato exquisito del que fuimos testigos privilegiados sus amigos.</strong><span id="more-53647"></span></p>
<p>Provenía de una familia de numerosos militares. Corría, pues, por sus venas la hidalguía y el señorío propios de una estirpe vaciada en el molde recio de los grandes arquetipos. Hizo sus estudios en el Colegio Militar de la Nación, antes de la creación de la Fuerza Aérea. Creada ésta, se incorpora a la nueva Fuerza.</p>
<p>Su primera acción relevante fue el 16 de junio de 1955 cuando con el grado de Capitán prestaba servicio en la Base Aérea de Morón y se plegó al movimiento revolucionario contra el gobierno de Perón. La Base era leal. Junto con el Teniente Wiklinson detuvo al Jefe, al segundo jefe y a todos los oficiales leales. Los jóvenes pilotos eran rebeldes y además le respondían, como siempre lo hacen los jóvenes, con admiración y lealtad. Tras el bombardeo y viendo que el movimiento había sido sofocado, los pilotos quisieron regresar a Morón para rescatar a los jefes sublevados; pero De la Vega les prohibió que se expusieran y les ordenó que se marchasen directamente a Montevideo. Por su parte, él y el teniente permanecieron en Morón de donde lograron huir por tierra vestidos de paisano.</p>
<p>Hasta el 16 de septiembre, inicio de la Revolución Libertadora, estuvo prófugo, permaneciendo en el país, encerrado en las casetas de los botes del Club Náutico de San Fernando y ocultándose en distintos sitios. Los acontecimientos de septiembre lo encontraron en Córdoba donde se puso a las órdenes del Gral. Lonardi. Peleó en esa lucha asaz desigual en la que militares retirados se pusieron al frente de civiles mal armados. Sin embargo, el ataque de Perón a la Iglesia había desarmado espiritualmente a los militares “leales” que en esa época eran católicos, especialmente sus familias. Esta es la única razón que explica porque cinco mil soldados profesionales se rindieron a unos pocos cientos de militares y civiles. Respecto de esta actuación de De la Vega queremos destacar que la mañana del sepelio se presentó a despedir sus restos Patricio Videla Balaguer, hijo del General Videla Balaguer que se levantó con Lonardi en Córdoba. Patricio, que en el 55 era apenas un niño, explicó a los familiares y amigos que sintió como un deber despedir a este soldado que se había desempeñado como ayudante de su padre en el Puesto de Comando en aquellas memorables jornadas. Su padre le había hablado con admiración de aquel ayudante; le había contado de su hombría de bien, de su valor y de su lealtad. La presencia de Patricio resumió, mejor que muchas palabras, la grandeza del héroe cuya memoria sigue viva en el hijo por las narraciones del padre.</p>
<p>Después de los acontecimientos que acabamos de evocar, prosiguió su carrera. Se destacó por un brillante ejercicio del mando. No trepidó, en cuanta ocasión se le hizo presente, en “plantarse” frente a los superiores si estimaba que su planteo era justo.</p>
<p>La década del 60 se caracterizó por una serie de enfrentamientos internos en las Fuerzas Armadas. De la Vega intervino en ellos. No sabemos si todas sus opciones fueron correctas; pero sí se debe decir que su prestigio creció hasta convertirse casi en leyenda. En uno de esos enfrentamientos internos se vio obligado a exiliarse en Montevideo junto con otros Jefes militares de Marina y Ejército. Fueron meses duros al punto que para sobrevivir tuvo que emplearse en los menesteres más humildes.</p>
<p>A su retorno al país, superadas las circunstancias del exilio, fue Director de la Escuela de Aviación Militar de Córdoba en la que desarrolló una tarea relevante en la formación de los futuros oficiales. Nuevamente, los enfrentamientos internos lo encontraron envuelto en diversas acciones que terminaron con su carrera y su obligado paso a retiro. Se recuerda que, al dejar la Dirección de la Escuela, muchos cadetes no pudieron contener las lágrimas. Después de la arenga militar de despedida, sobria y despojada de fanfarronerías, se acercó a abrazar a los inconsolables. Tal el respeto y el afecto que había logrado ganarse. Ejercía el mando con su sola presencia. Perteneció al grupo de oficiales aeronáuticos conocidos como “juramentados” sin romper jamás el juramento.</p>
<p>Su última actuación pública fue en diciembre de 1975 cuando protagonizó el levantamiento de Aeroparque contra el gobierno títere e inepto de María Estela de Perón, en momentos en que la Guerra revolucionaria alcanzaba su cenit.</p>
<p>Después vinieron largos años de silencio. Seguía frecuentando a los viejos amigos y camaradas, prodigando su amistad en tertulias en las que siempre sobresalía por su hidalguía, un sobrio sentido del humor y una esperanza inasequible al desaliento. Su último servicio fue la publicación, en 2005, de su libro Ética del mando, donde recoge su ciencia y su experiencia adquiridas en largos años de ejercicio del mando y que quiso ofrecer a unas Fuerzas Armadas que, sin duda, le resultaban incomprensibles.</p>
<p>Fue un gran jefe militar. Cubrió toda una generación que se dedicó a forjar una Fuerza Aérea nacionalista en su espíritu y a la que, sin duda, se le debe la mística y el heroísmo de los pilotos de Malvinas.</p>
<p>Fue un combatiente que no se guió nunca por criterios de triunfo o de derrota sino por los de fidelidad y testimonio. De la Vega sabía que Dios no nos pide el triunfo sino el combate. Y en ese combate gastó su vida.</p>
<p>Agustín Héctor De la Vega: fue en 18 de julio, Aniversario del Alzamiento, que entregaste tu noble alma a Dios. ¡Qué día exacto eligió la Providencia para llamarte a continuar la guardia junto a los luceros! Allí estarás, ahora, tuteándote con los defensores del Alcázar y los Héroes de Malvinas.</p>
<p><em><strong>Descansa en paz.</strong></em></p>
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		<title>En defensa de mi padre</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jun 2011 12:05:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[En el diario La Nación del día 21 de mayo pasado el Ingeniero Oscar G. Adot publica la carta que transcribo a continuación: Señor Director: “No comparto la visión de la señora Ana Moreno Hueyo. El doctor Mor Roig fue un prestigioso dirigente radical, mientras que el doctor Silvio Frondizi era un destacado profesor de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En el diario La Nación del día 21 de mayo pasado el Ingeniero Oscar G. Adot publica la carta que transcribo a continuación: </strong></p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;"><strong>Señor Director: </strong></span></em></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="130" height="101" />“No comparto la visión de la señora Ana Moreno Hueyo. El doctor Mor Roig fue un prestigioso dirigente radical, mientras que el doctor Silvio Frondizi era un destacado profesor de derecho e intelectual marxista. Ambos eran demócratas sin mácula, si entendemos la democracia como la libertad de pensar, expresarse y desplazarse. No podemos decir lo mismo de los señores Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Ambos proponían un sistema político muy parecido a una teocracia. Es más, quienes asesinaron a Mor Roig y a Frondizi seguramente abrevaron, directa o indirectamente, en el pensamiento de esos intelectuales integristas. No es confundiendo la historia como vamos a enderezar el devenir de este despropósito que es hoy la Argentina”.</strong><span id="more-51521"></span></p>
<p>Esta carta mereció la réplica de varias personas (a quienes mucho agradezco), una respuesta mía y también la que el Dr. José María Sacheri hizo llegar al diario respecto de su padre mencionado en la carta del señor Adot.</p>
<p>Sin perjuicio de mi respuesta pública –en La Nación del día 25 de mayo pasado– dirigí al señor Adot una carta privada que no fue respondida. Por esta razón considero oportuno darla a conocer.</p>
<p>Lo hago en defensa de la memoria de mi padre y como una modesta contribución a la verdad histórica.</p>
<p>Buenos Aires, 22 de Mayo de 2011</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Sr. Ing. Oscar G. Adot: </strong></span></p>
<p>Aquel domingo de octubre de 1974 desde la Sala de Guardia escuché de repente el silencio. Es común que en todas las Salas de Guardia, después de los frenéticos, ruidosos movimientos de médicos y enfermeros que procuran salvar al paciente, sobrevengan el silencio y la inmovilidad. También el abandono abrupto de la Sala de los que han intervenido en el intento de salvar una vida. En ese momento abrí la puerta, vi el cuerpo yerto de mi padre sobre la camilla, los impactos de bala en el torso desnudo. Mi marido, a quien habían permitido estar presente porque es médico, todavía le sostenía el pulso; fue él quien sintió el último latido de su corazón.</p>
<p>Al leer su lamentable carta publicada en La Nación el día de ayer, curiosamente experimenté la misma sensación de náusea que en aquella sala de Guardia. En dicha carta usted pretendió matar la memoria de mi padre y la del Dr. Sacheri. El pensamiento de ambos está claramente expresado en conferencias, libros y artículos, escritos y grabados. Pero en cuanto a mi padre puedo, además, agregar algo. Fui parte y testigo de muchas situaciones (conversaciones, exhortaciones, tensas discusiones) que ocurrieron estando yo presente. He gozado de la gracia especial de compartir gran parte de la vida de mi padre. Fui su hija y discípula. De su mano participé en sus luchas políticas: tenía 34 años cuando lo asesinaron y por esa circunstancia es que tuve la posibilidad de hacerlo. Los hijos de los otros muertos que, como mi padre, no existen como sujetos de derechos humanos, no pudieron tener un privilegio similar o porque estaban por nacer, o eran niños o a lo más adolescentes cuando se produjeron los asesinatos.</p>
<p>Pues bien, por esa vivencia directa y próxima que yo tuve de mi padre es que puedo transmitir exactamente lo que él enseñaba respecto de la cuestión que hoy nos ocupa. En el contexto trágico de aquellos años mi padre consideraba que la Argentina estaba invadida por diversos grupos de guerrilla armada. Trotskistas los unos, marxistas los otros… y católicos tercermundistas, los que más nos dolían. Esta pretensión de ocupar la Argentina y casi todos los países de Iberoamérica, fue planeada en Moscú. Los integrantes de los distintos grupos –más allá de sus diferencias doctrinales– se entrenaban en Cuba.</p>
<p>Mi padre abominaba del accionar anárquico y criminal de las “bandas armadas”; sostenía que sólo a las Fuerzas Armadas les asistía el deber y el derecho de defender a la Patria de la agresión armada y librar la guerra justa en un recto marco ético y jurídico. Consideraba que los civiles, si era necesario acudir a ellos, sólo podían luchar encuadrados y subordinados a los mandos militares. Ponía por ejemplo el Alzamiento Español en el que, de grado o por fuerza, falangistas, carlistas, monárquicos liberales, demócratas cristianos de la CEDA, miembros de diversas asociaciones católicas, tuvieron que tolerarse mutuamente y combatir a las órdenes de los militares profesionales que están específicamente formados para la guerra.</p>
<p>Sí, Genta pasó los últimos años de su vida, incluso y sobre todo después de ser amenazado, hablando a los militares en toda la geografía del país. En unidades militares si lo invitaban oficialmente los jefes; o a grupos de oficiales y suboficiales en reuniones privadas. Les enseñaba fundamentalmente los principios de la guerra justa a la luz del pensamiento de Santo Tomás. Por cierto, la guerra es siempre una última razón pero una razón válida e ineludible cuando no queda otro camino para conservar la integridad y la paz de la Nación, la vida y los bienes de sus ciudadanos. Mi padre sostenía que había que “armar espiritualmente a los que, sin duda, tendrían que empuñar las armas”… porque es el único camino que evita injusticias y atenúa los excesos propios de la condición humana en las situaciones límites. Y toda guerra, sin dudas, es una situación límite.</p>
<p>A tal punto era conocido el pensamiento de mi padre sobre el accionar de todas las bandas armadas que después de su muerte –en el mismo velatorio– se discutía si su asesinato había sido una operación de la “zurda” o de las tres A. Sólo después, cuando el Erp 22 de Agosto asumió públicamente la autoría del hecho, tuvimos la certeza de donde habían provenido las balas asesinas.</p>
<p>Como anécdota personal le cuento que estuve presente cuando mi padre se enteró de la muerte de Silvio Frondizi. Recuerdo sus palabras de absoluto repudio al hecho. Silvio Frondizi fue, sin duda, el ideólogo más importante, el teórico más docto que tuvieron los combatientes del ERP como maestro y guía. Saque usted sus conclusiones de quién influyó en la muerte de quien.</p>
<p>Eso sí, de un lado y del otro, los asesinos estimaron que había que apuntar, primero, a la inteligencia. Considero que tenían razón.</p>
<p><em>Esto es lo que puedo aportar a una historia sin falsificaciones.</em></p>
<p><em>Atte.</em></p>
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		<title>La Bandera agraviada  nos pide un acto de reparación</title>
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		<pubDate>Thu, 05 May 2011 04:09:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[El artículo de José Pablo Feinmann, Una bandera para el siglo XXI, fue publicado en Página 12 el 15 de noviembre de 2003. Sin embargo, en los últimos días ha circulado profusamente y ha sido objeto de numerosos análisis en varios medios digitales. ¿Lo han reflotado ahora por alguna razón particular? Lo ignoro. Pero me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" title="bandera-con-panal" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/bandera-con-panal.jpg" alt="" width="395" height="189" /></p>
<p><strong>El artículo de José Pablo Feinmann, Una bandera para el siglo XXI, fue publicado en Página 12 el 15 de noviembre de 2003. Sin embargo, en los últimos días ha circulado profusamente y ha sido objeto de numerosos análisis en varios medios digitales. ¿Lo han reflotado ahora por alguna razón particular? Lo ignoro. <span id="more-49060"></span></strong></p>
<p>Pero me interesa mucho la fecha de su publicación porque cuando fuimos a hablar con el General Bruera, en los días en que ocupaba la Secretaría General del Ejército, allá por 2009, Silvia Ibarzabal y yo en nuestro carácter de hijas de muertos por el terrorismo vernáculo, a raíz de unas increíbles “clases” impartidas a oficiales en el Estado Mayor, entre otros personajes, por una Madre de Plaza de Mayo y el mismo Feinmann, éste ya había escrito el ahora reflotado artículo. Se nos dieron en aquella ocasión absurdas explicaciones y se nos prometió, hipócritamente, que algunos representantes de nuestro “sector” serían invitados a fin de mostrar la otra cara de los setenta dándonos el mismo tiempo y espacio. Jamás se cumplió esta promesa y Bruera ya no ocupa cargo alguno en el Estado Mayor, defenestrado por la ex Garré a causa de ciertas piruetas políticas del expansivo General. Voy a esto: se llevó a disertar ante oficiales del Ejército Argentino –que han jurado morir por la Bandera– nada menos que a quien propone cambiarla. Una canallada más de la que algún día tendrán que responder los responsables de comandar nuestras Fuerzas Armadas.</p>
<p>¿Qué dice Feinmann en el artículo? Leamos sólo, en homenaje a la brevedad, su párrafo final: “Para este siglo XXI, para esta lucha de hoy contra la globalización del Uno Imperial, necesitamos otra bandera. Que sea azul y que sea blanca, como la anterior. De acuerdo. Pero le sacamos ese sol de la guerra y ahí, en ese lugar, reemplazándolo, ponemos el pañuelo blanco de las Madres y la Abuelas, el pañuelo de la paz, el de la vida, el de nuestro más genuino, verdadero orgullo”.</p>
<p>Si hay un símbolo del odio y de la muerte, ese es el “pañuelo”. Recordemos, tan solo, los discursos incendiarios de Bonafini. Pero, ¿a que abundar cuando es más que evidente que ese pañuelo representa la mayor impostura y el más torpe intento de escribir una historia argentina que no existe más que en la cabeza de los ideólogos? Profanación lisa y llana de la Bandera y de la Patria y de las gestas que ella simboliza; eso y no otra cosa es el contenido del artículo de Feinmann.</p>
<p>Frente a esto ¿podemos hacer algo aquellos que, como en mi caso, somos hijos, familiares, amigos de los que murieron por la Bandera denostada por este filósofo extraviado? En la Guerra Contrarrevolucionaria, en la Gesta de Malvinas, muchos dieron la vida, otros quedaron con secuelas y más de mil están presos por haber defendido esa Bandera con honor. ¿Cómo se puede pasar por alto este insulto? Sería muy bueno que fuésemos capaces de unirnos todos los que amamos la Bandera, dejando de lado diferencias, sumando organizaciones e individualidades, en un gran acto de desagravio conjunto a nuestra Bandera, como aquella vez en la que todos coincidieron en las escalinatas de la Catedral Metropolitana para defenderla del asedio de los pervertidos.</p>
<p><em><strong>El próximo 20 de junio sería, tal vez, la ocasión ideal para ello. </strong></em></p>
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		<title>Proyecto de Ley  para “democratizar” la Justicia.   De Jueces y De Aristocrátas</title>
		<link>http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2010/04/10/proyecto-de-ley-para-%e2%80%9cdemocratizar%e2%80%9d-la-justicia-de-jueces-y-de-aristocratas/</link>
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		<pubDate>Sat, 10 Apr 2010 04:38:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Impulsado por el diputado kirchnerista Alejandro Rossi, con el expreso aval del Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia, ha ingresado al Parlamento un proyecto de ley que pretende reforzar, aún más si cabe, el férreo control del Gobierno sobre el Poder Judicial. De acuerdo con lo expuesto por el mismo autor del proyecto, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="111" height="87" />Impulsado por el diputado kirchnerista Alejandro Rossi, con el expreso aval del Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia, ha ingresado al Parlamento un proyecto de ley que pretende reforzar, aún más si cabe, el férreo control del Gobierno sobre el Poder Judicial. De acuerdo con lo expuesto por el mismo autor del proyecto, la idea es “examinar” cada cuatro años a los jueces, so pena de juicio político si no se aprueba el “examen”, lo que, de hecho, da por tierra con la estabilidad de los cargos de los magistrados garantizada por la misma constitución. La cosa va más lejos: hay que “democratizar” a los jueces porque, en su mayoría, representan un estamento “aristocratizante” y, por ende, antipopular. Hasta aquí el nuevo disparate kirchnerista.</strong><span id="more-44533"></span></p>
<p>Al ponerme a reflexionar sobre el asunto no pude evitar retroceder en el túnel del tiempo hasta mi infancia. Recordé, así, el primer juez que conocí. Gran amigo de mi padre. De aplicarse los cánones “desaristocratizantes” que se intenta imponer, hoy no podría ser juez. Se trataba de un aristócrata que acudía semanalmente, todos los jueves, a las clases que papá dictaba en casa. Como vivía -¡horror!- en San Isidro, casi siempre se quedaba a cenar después de la clase, previo paso por la despensa de la vuelta adonde acudía para avisar por teléfono a su familia (tardaron ocho años en instalarnos el teléfono en mi casa) y. de paso, comprar algún buen queso o embutidos para completar la comida. Así, este aristócrata, se sentaba a la mesa del nieto de italianos y de la hija de españoles, mi madre. Ahora que menciono a mi madre, no sé si por ser descendiente, por vía materna, de capitanes de ultramar, era extraordinariamente distinguida y aunque jamás supo cocinar era capaz de presentar un modesto pastel de papas con la misma elegancia con la que otras señoras podían presentar una pavita “a la york”. A veces, se trataba hasta de una carne al horno porque los pobres podíamos comer carne en aquella Argentina. Todo preparado por uno de los integrantes más importantes de nuestra familia: la entrerriana que nos acompañó durante décadas cobrando, a su pedido, lo que podíamos pagarle o sin cobrar nada mientras papá estuvo preso.</p>
<p>Regresando a nuestro juez, diré que se trataba del Dr. Arturo Llosa (emparentado con los Lacroze, los de la Serna, etc.). Admiraba a mi madre de quien decía que presidía la mesa como “una castellana en su castillo”. Le agradezco al diputado Rossi haberme hecho recordar, a su pesar, estas cenas. En realidad, casi todo lo que sé lo aprendí en las conversaciones mantenidas en las mesas y sobremesas presididas por mis padres. Allí conocí y escuché a muchos “grandes”.</p>
<p>Otros “aristócratas” visitaban mi casa y la que mejor expresaba esa admiración, exenta de adulación, que los verdaderos humildes sienten hacia la aristocracia verdadera, era nuestra insigne cocinera quien no disimulaba sus preferencias: “adoraba” a Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría) porque nadie como él sabía darle un trato tan exquisito como que hasta le escribía alguna misiva cuando se iba de viaje a Europa.</p>
<p>Quise contar estos recuerdos, sobre todo a los jóvenes, para que se entienda cómo era aquella Argentina de hace sesenta años, cómo era el trato entre las personas, más allá de las clases sociales, sin leyes, ni contratos, ni papeles. No se me escapa que no en todas las casas y casos se vivía esta verdadera “inclusión social”; pero ella era el fruto de una armonía social en la que un juez aristócrata representaba una garantía de justicia para los humildes.</p>
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		<title>Visión canallesca de las víctimas de la guerrilla</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 01:34:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Sr. Director: En lugar de sumergirme en mis lecturas preferidas, en vacaciones, las magníficas novelas policiales inglesas –solaz y relax-, acuciada por amigos y parientes, me vi obligada a comprar y leer Símbolos y fantasmas, el último libro de Germán Ferrari. No pretendo en estas líneas agotar el tema ni desmentir las infinitas falacias en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sr. Director:</strong></p>
<p><strong><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="111" height="87" />En lugar de sumergirme en mis lecturas preferidas, en vacaciones, las magníficas novelas policiales inglesas –solaz y relax-, acuciada por amigos y parientes, me vi obligada a comprar y leer Símbolos y fantasmas, el último libro de Germán Ferrari.</strong><span id="more-42711"></span></p>
<p>No pretendo en estas líneas agotar el tema ni desmentir las infinitas falacias en las que incurre el autor. Eso queda para futuros escritos. Me interesa, ahora, referirme a lo que considero la intención principal de estas páginas de Ferrari.</p>
<p>Paso por alto la obscena “poesía” puesta como epígrafe del capítulo dedicado a mi padre, Jordán B. Genta (¡ciento dos páginas!). Bazofia. Vamos al punto. El autor reduce a cuatro los “símbolos y fantasmas”, es decir, las víctimas de la guerrilla que tienen, según el peculiar criterio de Ferrari, vigencia al día de hoy y cuyo solo recuerdo señala un peligro para la sociedad: Aramburu, Genta, Rucci y Larrabure. ¿Por qué ellos? Porque siendo, como son, casos emblemáticos, se trata de instalar brumas y dudas sobre los autores de sus asesinatos. ¿Al General Aramburu lo mandó a matar Onganía? ¿Fue un arreglo de los Servicios de Inteligencia con los Montoneros? ¿A Genta lo asesinaron las Tres A? (en muchísimas publicaciones de izquierda se lo acusa a mi padre de pertenecer a las Tres A: ¡cuánta contradicción!). Rucci había dicho, en más de una ocasión, que a él lo matarían “los inmundos bolches y trotskistas”. De modo sibilino, el autor presenta el caso como una lucha entre gremialistas de signo diverso. ¡Total los gremialistas acostumbraban a “amasijarse” entre ellos! Pero lo peor, lo más canallesco, es afirmar que Larrabure se suicidó. ¿Cómo pudo haberse suicidado, con qué fuerzas, ese hato de huesos recubiertos de piel que se encontró metido en una bolsa, dos días después de su muerte? Por supuesto, Ferrari deduce que el Ejército mintió en cuanto a la autopsia y hasta tiene el tupé de citar, a favor de la tesis del suicidio, un reglamento de la guerrilla donde los “jóvenes idealistas” disponen acerca del régimen de los prisioneros –cuando no tenían más remedio que hacer prisioneros– a saber; buen trato, buena habitación, buena comida… ¡verdaderos spas! Que lo digan los 37 kilos que pesaba el Coronel Ibazabal cuando lo asesinaron públicamente en una ruta.</p>
<p>No es difícil, pues, presumir la intencionalidad de este libro. Es muy clara: un muerto se lo adjudica a Onganía, otro a la Tres A, otro a gremialistas enemigos y a Larrabure lo suicida lo que, de paso, viene a nublar su recuerdo de cristiano ejemplar como surge de las notas halladas emparedadas en su “celda” (el pozo). Las organizaciones guerrilleras no secuestraron, no asesinaron, no torturaron… ¿qué hicieron?</p>
<p>En cuanto a mi padre siempre estuve y estoy orgullosa de que lo hayan elegido entre tantos y excelentes filósofos tomistas (que los hubo y hay en Argentina) para “ejecutarlo” como después lo hicieron con Sacheri. Algo habrán visto en ellos sus enemigos –mucho más allá de lo académico– para depararles el honor de unas muertes socráticas y cristianas.</p>
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		<title>El bodeville de los espías</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 12:03:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
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		<description><![CDATA[La verdad es que este articulillo sobre el bodeville de los espías comencé a escribirlo antes de que Macri me quitase el buen humor con el “matrimonio” gay. No es nuevo este tipo de actitudes en personajes “chirles” que, considerados como de “derecha”, se esfuerzan por parecer más “progresistas” que los progresistas. Con el PP, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="111" height="87" />La verdad es que este articulillo sobre el bodeville de los espías comencé a escribirlo antes de que Macri me quitase el buen humor con el “matrimonio” gay. No es nuevo este tipo de actitudes en personajes “chirles” que, considerados como de “derecha”, se esfuerzan por parecer más “progresistas” que los progresistas. Con el PP, en España, pasa todo el tiempo… y así les va.</strong><span id="more-36250"></span></p>
<p>Lo que pasa es que vivimos en un mundo absolutamente hipócrita. Nada es lo que parece. Las guerras, por ejemplo, no se declaran; y si no se declaran es muy cómodo mirar hacia el costado y actuar como si jamás se hubiesen producido las masacres espantosas a las que asistimos mientras se exaltan y declaman los “derechos humanos”, hemipléjicos, por supuesto.</p>
<p>Pero rasgarse las vestiduras frente a hechos de espionaje con países que se espían mutuamente, fuerzas armadas y de seguridad de un mismo país que se espían unas a otras, es el colmo de las hipocresías pues es pretender ignorar una realidad que existe desde que en el mundo hay “comunidades organizadas”, reinos, países, repúblicas. ¿Acaso Perón no fue espía en Chile, en sus épocas de oficial, y a él le sucedió en ese puesto Lonardi, sólo para dar un ejemplo relevante y propio? Honra y loor a estos espías rindieron sectores opuestos de nuestra sociedad. A nadie se le ocurrió condenarlos por esta actividad.</p>
<p>Pero, ¿qué se propone el Gobierno K con semejante escándalo por las “escuchas” telefónicas de la aún no nata Policía Metropolitana? ¿Hacernos olvidar las inolvidables series como Los vengadores, El Superagente 86, Ladrón sin destino, Los profesionales, o películas como las de James Bond y tantas otras, sobre todo las estupendas películas inglesas entre las que recordamos, como paradigmática del género, Los 39 escalones? Al más grosero de los Jefes de Gabinete que supimos conseguir, le sugiero que recuerde el zapato telefónico del Superagente 86… a lo mejor alcanza a percibir el ridículo y a recuperar el de las proporciones. ¿Paparruchadas las valijas y los dólares venezolanos para la campaña de Cristina al lado de unas pinchaduras de teléfonos?</p>
<p>Tal vez parezca que minimizo el asunto de las escuchas. Quizás lo que me pasa es que, en lo personal, viví, en casa de mi padre, largas temporadas con el teléfono “intervenido”, como se decía entonces. La total naturalidad con la que se seguía viviendo en casa cuando el “amigo” que trabajaba en el “tema” les avisaba a mi padre y al padre Meinvielle que sus teléfonos habían vuelto a ser intervenidos, me hace tomar el tema como algo que ocurre en todos los países (cuanto más desarrollados con mayor eficiencia), en todos los tiempos y en todos los gobiernos. ¿Quién puede tirar la primera piedra? ¿A quién no espían el M 16 y Scotland Yard, la CIA y el FBI? ¿Podrían hacerlo con “transparencia” (palabreja tan devaluada como “derechos humanos”)? Y ni hablar del espionaje industrial.</p>
<p>Imprecando a mi santo inglés (a quien admiro hasta un poco más que a la literatura y al cine inglés) le pido a Dios, con Tomás Moro, que me dé el sentido del humor que tanta falta nos hace a los argentinos, sobre todo a los nacionalistas. Con humor, pues, recuerdo algunas anécdotas familiares vinculadas con el asunto de las “escuchas telefónicas”. Por ejemplo, recuerdo el “aporte” que con mi entonces novio y actual marido contribuimos al humor general de mi casa en épocas en que las “escuchas” se intensificaban. Si bien es cierto que en la puerta de mi casa asesinaron a mi padre –y eso entraña un hecho dramático que tiñe nuestra vida– antes de eso nos divertíamos mucho en casa con escenas inolvidables que tenían a mi padre como protagonista. Los teléfonos en ese tiempo no eran medidos. Por lo tanto, las conversaciones con mi novio, que vivía lejos de mi casa, rondaban en la hora, hora y media. Mi padre siempre odió hablar por teléfono (no así mi madre), por tanto las largas conversaciones lo sacaban de quicio. Pero si, además, el teléfono estaba intervenido, la cosa era peor. El hecho es que yo, eligiendo las horas en que mi madre dormía, me adueñaba del teléfono. Mi padre se paseaba como león enjaulado alrededor de mí intentando llamarme al silencio y a poner fin a la conversación. “Ustedes, saben, me decía, que el teléfono está intervenido, no entiendo cómo pueden hablar de temas personales y privados sabiendo que los escuchan”.</p>
<p>A todo esto, como no se contaba en aquella época con los medios actuales, el trabajo era pesadísimo para los “escuchas” pues debían oír toda la cinta (eran los grabadores de entonces, a cinta, cuyo recorrido, a veces, lo escuchábamos nosotros por el teléfono mientras hablábamos) de cabo a rabo para extraer alguna información que fuera de utilidad.</p>
<p>Pero las “escuchas” telefónicas no eran el único medio de espionaje. La correspondencia, por ejemplo, era leída. Recuerdo al cartero, siempre el mismo, que nos traía la correspondencia y le avisaba a mi padre: “Profesor, le están leyendo de nuevo las cartas”. O al “jefe de manzana” encargado de vigilar el “movimiento” de la casa, que solía venir a disculparse y a poner sobre aviso: “Perdóneme, tengo que hacer este trabajo porque lo necesito. Vengo a avisarle que me ordenaron intensificar la vigilancia de su casa”.</p>
<p>La verdad, estos detalles no se pueden considerar solamente en sus ribetes humorísticos sino que están llenos de ternura. No sé a cuantas personas se le presentaba el jefe de manzana para pedir disculpas o quien más podía recibir el aviso del cartero. Esto me hace pensar, ahora, lo que en esos momentos no pensaba ¿qué encontraban los humildes en el trato que les deparaba mi padre para intentar protegerlo más allá de toda ideología o lo que fuere? A nadie vi llorar tanto en el velatorio de mi padre como al diarero que, durante años y años, traía a casa, por las tardes, el diario La Razón.</p>
<p>Volviendo al humor y a las escuchas telefónicas, como dije, éstas eran motivo de diversión. “¿No te das cuenta, le argüía yo a mi padre, como le tomamos el pelo a los de inteligencia? Cuando se disponen a escuchar jugosas noticias sobre “fragotes” o nombres de militares, clérigos y civiles comprometidos en, vaya a saber qué conspiraciones, se encuentran con nuestras románticas conversaciones. De paso, los iniciamos en la buena literatura”. Esto último era porque solíamos recitarnos los poetas del Siglo de Oro, o la Generación del 27, o Shakespeare. ¿Se imaginan a los “pesados” de inteligencia, oyendo “No jures por la luna, la inconstante”, o “Perdóname por ir así buscándote”? Era nuestra inocente diversión diaria, gratuita y refrescante.</p>
<p>Con semejante recuerdos me cuesta tomar en serio las escuchas, sobre todo frente a tantos horrores que nos sacuden día a día. Por supuesto, también cae en la hipocresía ridícula Mauricio Macri, el jefe de los “temibles operarios del recontraespionaje” porteño intentando escabullir el bulto.</p>
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		<title>¿Preces polémicas?</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2009 11:39:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
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		<description><![CDATA[Una Misa se justifica por sí misma. En ella se renueva el sacrificio de la Cruz. Del Crucificado que le dijo al Padre: “Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen.” Quizás haya sido una osadía de la familia de Jordán B. Genta intentar proclamar, treinta y cinco años después de su muerte, la imitación de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft" title="Bruno-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Jordan%20Bruno%20Genta.jpg" alt="" width="125" height="140" />Una Misa se justifica por sí misma. En ella se renueva el sacrificio de la Cruz. Del Crucificado que le dijo al Padre: “Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen.”</strong></p>
<p><strong>Quizás haya sido una osadía de la familia de Jordán B. Genta intentar proclamar, treinta y cinco años después de su muerte, la imitación de la Cruz, en forma pública. ¡Costó tanto al principio! Sólo la gracia de haber contado con excelentes sacerdotes y psiquiatras nos sacó del marasmo de sentimientos encontrados.</strong><span id="more-35884"></span></p>
<p>Este 27 de octubre, al terminar la Misa en la Parroquia de las Victorias, cuando se apagaban los acordes del Cristo Jesús, recibí un abrazo que me compensaría de todos los “azotes” recibidos por esta osadía de rezar por los muertos de ambos lados caídos durante treinta años de guerra subversiva: el abrazo de Daniela Eva Donda. Las palabras que me dijo quedarán como algo privado entre ambas. Ella representa el drama de muchas familias argentinas de los años 70 y después. A ella le comprenden las dos últimas preces que se rezaron en la misa. “Para que las familias de aquellos que durante la Guerra Revolucionaria perdieron, violentamente, a sus seres queridos, de ambos lados, sepan edificar la verdadera concordia en tu Paz”. “Por los que sufren, en especial los más de seiscientos presos políticos y sus familias para que entendamos que “ya no podemos estar en otra parte y no podemos ya estar distraídos”, para que el Señor los conforte y los auxilie y a nosotros nos niegue el descanso hasta que logremos su libertad”. En la primera de estas dos preces se rezó por sus padres; en la segunda, por su tío, el que la crió y a quien ella considera el abuelo de sus hijos.</p>
<p>Es la mano de ella la que quise tomar, no las de Righi. Kunkel, Bonasso, Vertbinsky, Duhalde, viejos montoneros devenidos funcionarios, ni menos las del matrimonio Kirchner, montoneros advenedizos y de pacotilla. La actitud ante estos enemigos de la Patria, a la que están desollando, ahora, la expliqué claramente en un programa de televisión y en varios escritos públicos. Me parece que corresponde hacerlo allí, en esos ámbitos. Además, a esta altura de mi vida, creo que nadie tiene derecho a tomarme examen de ortodoxia y de fidelidad a mi militancia nacionalista. Por otra parte, el sentido exacto de esa oración por todos, lo explicó con absoluta claridad y precisión el sacerdote en su homilía. No creo que nadie que se proclame católico pueda discutir u objetar la autoridad de esa palabra.</p>
<p>Jordán Bruno Genta fundó una familia que lo ama, lo admira y lo venera. Tiene un bisnieto que lleva su nombre. Pero tengo muy en claro que, como familia, no somos los dueños de su memoria. Que cada cual lo recuerde como quiera. A todos respeto y a nadie obligo a tener la imagen que yo tengo de mi padre ni nadie tampoco puede tener los recuerdos que yo guardo de él.</p>
<p>Sólo quisiera poder expresarme mejor para compartir con los viejos y nuevos amigos algo de la magnífica humanidad de mi padre, de esa inmensa caridad con que enseñó la verdad. Él hizo vida el lema Caritas in Veritate, la Caridad en la Verdad.</p>
<p>Puede leerse en el blog de Jordán B. Genta:<a href="http://www.jordanbgenta.blogspot.com" target="_blank"> jordanbgenta.blogspot.com</a></p>
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		<title>Evocación del Coronel D Juan Francisco Guevara</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 12:57:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
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		<description><![CDATA[Si hubo una vez en la historia de nuestra Argentina en que Dios y Patria estuvieron entrañablemente unidos, fue en aquella Córdoba heroica del 16 de septiembre de 1955. El Capitán de Artillería D Juan Francisco Guevara estuvo allí como Ayudante del General Lonardi. En los meses previos –de terrible persecución religiosa– los jóvenes católicos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="130" height="101" /><strong>Si hubo una vez en la historia de nuestra Argentina en que Dios y Patria estuvieron entrañablemente unidos, fue en aquella Córdoba heroica del 16 de septiembre de 1955. El Capitán de Artillería D Juan Francisco Guevara estuvo allí como Ayudante del General Lonardi. En los meses previos –de terrible persecución religiosa– los jóvenes católicos salíamos a la calle entonando el Cristo Jesús, y enarbolando el signo de la V y la Cruz, Cristo vence.</strong><span id="more-29525"></span></p>
<p><strong><em> </em><em>La voz de la esperanza amanecida.</em></strong></p>
<p>A los catorce años, de la mano de mi padre, hice mis “primeras armas” en las luchas callejeras. Mi “arma” era aquella Cruz del Cristo Vence. La prohibida Procesión de Corpus Christi, las manifestaciones que surgían, espontáneas, después de las misas en las iglesias del centro de Buenos Aires, ese era el clima que se vivía. Nos habían vuelto a sacar a Dios de las escuelas y de la vida pública. Los católicos salimos a las calles. En ocasiones sin distinción de peronistas y antiperonistas pues con nosotros marchaban, incluso, no pocos que  habían pertenecido al partido peronista pero que, cuando Perón se opuso a Cristo, privilegiaron la Cruz sobre el partido.</p>
<p>Una noche ardieron las iglesias, como se esperaba. Mi padre ya estaba preso y nuestros amigos iban y venían entre Buenos Aires y Córdoba porque hacia Córdoba se dirigía nuestra esperanza.</p>
<p>Allí estaba el General Lonardi con un pequeño grupo. Guevara, como dije, era su Ayudante. Estaban dispuestos a todo. El Gobierno envió unos cuatro mil hombres pero no tuvo en cuenta que en aquella época todavía los militares argentinos eran católicos. El gran fuego de las iglesias quemadas iluminaba la Argentina y ningún militar argentino quiso combatir en nombre de ese fuego. Los cuatro mil se rindieron ante ese puñado de hombres convencidos. El General Lonardi hizo desfilar a sus hombres para rendirle honores a los vencidos. Después acuñó el lema “ni vencedores ni vencidos” porque si algo animaba a los que se levantaron en Córdoba era la justicia y la concordia nacional.</p>
<p>Ciertos “pactos preexistentes” con algunos sectores políticos y militares aguardaban, sin embargo, en Buenos Aires al Jefe vencedor y, con tales pactos, la imposición de algunos nombres para integrar el Gobierno Provisional que nada o muy poco tenían que ver con el espíritu católico del pronunciamiento. El 13 de noviembre de 1955 un golpe palaciego quitó la Cruz de Cristo de la V de la victoria y a Lonardi del gobierno. El “sin vencedores ni vencidos” (que Franco plasmó en España en el Valle de los Caídos) fue reemplazado por la persecución, la venganza y el odio irracional simbolizados en los fusilamientos de junio de 1956. Aquella gesta católica y patriótica se malogró.</p>
<p>Pero si hubo un hombre que continuó en la lucha “por la patria redimida”, ese fue, precisamente, Juan Francisco Guevara. Construir la Ciudad Católica fue “su ruta iluminada”. Tuvo una vida católica y argentina que culminó en esa fiesta que fue su entierro de soldado católico y argentino. Por esa vida –que se resume en el “¡Dios y Patria!” que le dedicó un camarada cuadrándose ante su tumba– “perdurará su nombre entre los héroes de la Patria amada” y estará de guardia, “allá en la gloria peregrina” esperando e intercediendo ante el Padre para que seamos capaces de sostener, una vez más, la Cruz del Cristo Vence.</p>
<p>En su sepelio resonaron las estrofas de esa marcha que después otros nos arrebataron pero que nació cantada y grabada en los sótanos de una iglesia.</p>
<p>A pesar de la noche que se cierne sobre la Patria conservo intacta la “luz de la esperanza amanecida”. Creo firmemente que todavía hay en nuestra Fuerzas</p>
<p>Armadas soldados para quienes el Coronel Juan Francisco Guevara es paradigma del soldado argentino.</p>
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		<item>
		<title>Respeto, comprensión, concordia</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 14:22:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>lahistoriaparalela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[María Lilia Genta]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay quienes me aconsejan guardar un prudente silencio público sobre el tema que me dispongo tratar. Me tomé varios días para evaluar si, en este caso, el silencio no sería sinónimo de “cobardía”. Es difícil intervenir en esta “guerra cibernética” que ha producido tanta satisfacción a nuestro “amigo” Baldomero Ugarte, entre otros. Era de esperar: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" title="Maria-Lilia-Genta" src="http://www.lahistoriaparalela.com.ar/umedia/images/Maria-Lilia-Genta.jpg" alt="" width="111" height="87" /><strong>Hay quienes me aconsejan guardar un prudente silencio público sobre el tema que me dispongo tratar. Me tomé varios días para evaluar si, en este caso, el silencio no sería sinónimo de “cobardía”. Es difícil intervenir en esta “guerra cibernética” que ha producido tanta satisfacción a nuestro “amigo” Baldomero Ugarte, entre otros. Era de esperar: nuestras internas hacen la delicia del enemigo. Por eso, hasta el momento, sólo mantuve conversaciones privadas con algunos de los actores del “caso Labraña”. Sin embargo, dado el incremento de la polémica, me parece que, tal vez, pueda ser útil poner alguna palabra con la intención de apaciguar los ánimos y clarificar el tema.</strong><span id="more-27573"></span></p>
<p>Me parece, ante todo, que lo mejor, como siempre, es intentar conocer, tratar de escuchar y de dialogar antes de juzgar. Por eso quise conocer a Labraña. Me azoré, confieso, cuando leí las intervenciones engoladas, despreciativas e, incluso alguna de ellas, insultantes, de la “trinidad” que se alzó públicamente en contra de quienes ven en la actitud del ex guerrillero Labraña la posibilidad de iniciar un camino hacia la paz y la concordia nacional; aunque hay que reconocer distinto grado de agresividad y de tono en aquellos tres escritos iniciales pues sólo Eduardo Gutiérrez cae en un lenguaje propio de villanos, en tanto Beccar Varela avala la posición y difunde, “urbi et orbi” las tres misivas. Como era de esperar, estos escritos produjeron las respuestas, algunas duras y airadas, de quienes participaron en esta movida. Pero, analizando con objetividad, cuando la “trinidad” los acusó de ir al Penal de Campo de Mayo a humillar a los combatientes de nuestro heroico ejército con la presencia del ex guerrillero, quedó en evidencia que, quienes así opinaban no están muy acostumbrados a visitar presos pues es imposible ingresar en el Penal a menos que siquiera uno de los prisioneros autorice la visita y consienta en ella. Primer punto: los mismos presos acordaron la entrevista. Pero, además, ¿se tuvo en cuenta que quienes acompañaron a Labraña en esa visita eran, también, antiguos y heroicos combatientes en la guerra antisubversiva o la viuda de un heroico caído en combate? ¿Se tuvo presente, antes de criticar con tanta severidad, que entre quienes alentaban la iniciativa figuraban una señora y su esposo que dedican la vida a los presos y a sus familias?</p>
<p>Entiendo que se pueda estar de acuerdo o no, tener dudas sobre el tema; pero a la hora de hablar debió prevalecer la mesura. Eduardo Palacios Molina, por ejemplo, usó un lenguaje totalmente distinto planteando objeciones en un tono respetuoso y caballeresco. No obstante, pienso que hubiera sido mejor que siguiera planteando sus objeciones en privado, como lo había hecho desde un comienzo, para no alimentar a los “demonios” [no aumentar más la polémica].</p>
<p>Por supuesto, está el hecho de que los militares aludidos respondieron, a su vez, con indignación y altos decibeles. A uno de ellos le dije en privado, “por defender la entraña no pierdas nunca el estilo”. Pero esto, quizás, me resulte fácil decirlo porque no estuve en el monte, no participé de la lucha urbana, ni perdí un ojo en La Tablada. Digo, ¿siquiera por un instante, la “trinidad” originaria y los otros críticos, no pueden detenerse a pensar qué es lo que puede mover a los militares que están libres a librar todas las batallas posibles en pro de los camaradas presos? ¿A meterse en la mar de complicaciones, a sublimar todo lo subjetivo, a hacer lo que crean mejor para sus camaradas, las familias e intentar lograr la imperiosamente necesaria concordia nacional?</p>
<p>Cuánto más fácil es, “desde arriba”, caerles con una visión desarraigada de la realidad. ¿Es tan difícil intentar meterse en las almas de esos hombres que se enfrentaron a la guerrilla, estuvieron acara a cara con el enemigo, se tutearon con la muerte… para que la Argentina no fuera Cuba, para que nosotros pudiéramos tomar nuestra taza de té tranquilos?</p>
<p>Padecí  la muerte de mi padre. Con esfuerzo perdoné –no es fácil– y nunca abandoné la lucha. Kunkel, Conti, Taiana, Filmus, son nuestros enemigos actuales. Con ellos no hay tregua. Ellos supieron con métodos distintos de los de los setenta continuar la guerra: gramscismo, Foro de San Pablo, Escuela de Frankfurt, FLACSO, chavismo (hay frentes para todos los gustos). Crucemos lanzas con ellos cada uno dentro del ámbito que le compete.</p>
<p>Me parecería “ubicado” dejar a los combatientes o a sus viudas el intento de llegar a la concordia con los enemigos que combatieron ayer.</p>
<p>¡Quien como ellos se puede sentir habilitado para esa tarea! Merecen nuestro respeto. Pueden equivocarse, por supuesto. Me pregunto si sus censores no se equivocaron nunca. Yo sí, me equivoqué muchas veces, quizás por eso intento comprenderlo.</p>
<p>Cuando leo muchas de las páginas escritas por “civiles” –hombres cultos– me asombra el desconocimiento absoluto que tienen sobre las guerras de nuestro tiempo. Sobre lo difícil que fue para los soldados profesionales intervenir en ellas con eficacia. Sobre el sufrimiento de ellos –los combatientes– y sus familias, antes y ahora, que han terminado en la cárcel. ¿Con qué soñarán estos “civiles”? ¿Con que si “cambia la mano” llenemos las cárceles de ex guerrilleros y sigamos con la rueda de odio y venganza? Para mí no existe la “lesa humanidad”. Hubo una guerra. Las acciones están prescriptas para los unos y los otros. Respetémonos entre nosotros y con los otros logremos la concordia porque de otra manera esto será un “medio oriente” en que no hay forma de parar.</p>
<p>Mientras escribo estas líneas llegan más mensajes de uno y otro lado. Pero en algún punto tengo que parar este escrito que aunque tiene como fin la concordia a lo mejor suscite algún enojo.Antes de ponerme a escribir me apliqué el lema de los comandos: Corresponde, me atrevo. Espero que los amigos me perdonen el medio cibernético. Vejez y enfermedades limitan mi participación en las luchas callejeras de las que tanto disfruté antaño.</p>
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