Sección 'Teódulo López Meléndez'



La preferencia por la copia

La reali­dad era cla­ra­mente pre­ci­sa­ble, pues tenía sus­tan­cia, lo real era autó­nomo, estaba allí como esen­cia. La dife­ren­cia­ción entre esta sus­tan­cia lla­mada reali­dad y las apa­rien­cias era clara y pre­cisa. Esa reali­dad pro­ve­nía de la his­to­ria, es decir, de una exis­ten­cia. En pocas pala­bras, fuera de la his­to­ria no había nada a no ser especulación.

La “reali­dad” de lo “real” es hoy cosa muy dis­tinta. Esta­mos inmer­sos en el afán de la desa­pa­ri­ción y, por ende, lo que hemos hasta ahora deno­mi­nado sig­ni­fi­ca­cio­nes retro­cede a un segundo plano. Esta situa­ción es per­fec­ta­mente defi­nida por Bau­dri­llard como “teo­ría de la simu­la­ción” o “pata­fí­sica de la otre­dad”.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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El país de lo no calculable

No pode­mos esca­par aun­que apa­gue­mos la pan­ta­lla o nos refu­gie­mos en una cueva. Admi­ta­mos que ya el ere­mita o el santo no son posi­bles. Desde que el hom­bre se hizo seden­ta­rio comenzó a defen­der un terri­to­rio y desde enton­ces no puede esca­par de las obse­sio­nes. Los desier­tos ya no exis­ten como espa­cio de fuga, entre otras cosas, por­que no hay manera de fugarse. Somos, ahora, per­fec­tos engra­na­jes de la gran máquina uni­ver­sal, o mejor, de lo que en otra parte he citado como gran con­dón uni­ver­sal. Derrida habla de un “feti­chismo toxi­có­mano”. Debe­mos admi­tir que los hom­bres tuvie­ron siem­pre la ten­den­cia a mirar lo par­ti­cu­lar en des­me­dro de la tota­li­dad.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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Los actores del vacío

El nuevo “diri­gente” se inclina ante los fac­to­res de poder. Ahora, aún en las situa­cio­nes de alto riesgo, no es un grupo de “dedi­ca­dos diri­gen­tes” el que traza una estra­te­gia; es la com­pa­ñía publi­ci­ta­ria la que diseña los slo­gans. Ya la socie­dad vene­zo­lana no genera sus diri­gen­tes por la sen­ci­lla razón de que ha dejado de orien­tarse a sí misma. Sólo es capaz de per­ci­birse en los sím­bo­los mediá­ti­cos. Las socie­da­des actua­les, nos lo recuerda Peter Slo­ter­dijk en “El des­pre­cio de las masas”, son iner­tes, miran la tele­vi­sión para, en su indi­vi­dua­lismo feroz, hacerse suma desde su con­di­ción de micro­anar­quis­mos. La expre­si­vi­dad se le murió a la masa post­mo­derna y, en con­se­cuen­cia, no puede gene­rar diri­gen­tes. Hay una plaga incon­men­su­ra­ble ase­gu­rando que lo que sucede es que no es la hora de los líde­res sino de la masa. El con­cepto de “opi­nión pública” está cues­tio­nado desde los inicios mis­mos del siglo XX, pero, hoy en día, bajo los efec­tos nar­có­ti­cos, se puede muy bien ase­gu­rar que estas socie­da­des atra­sa­das sólo son capa­ces de gene­rar gobier­nos fas­cis­toi­des que le den afecto. Vivi­mos, lo dice Slo­ter­dik, “un indi­vi­dua­lismo de masas”, uno, agre­ga­mos noso­tros, sem­brado en el alma por la pantalla-ojo que sólo pro­duce “suma” mediante el sis­tema de inyun­ción.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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El país empobrecido

El país da mues­tras por doquier de can­san­cio e indo­len­cia. El país da mues­tras fal­sas de vita­li­dad que­dán­dose en lo super­fi­cial y en lo anec­dó­tico. El país carece de oxí­geno. El país dis­cute aca­lo­ra­da­mente sobre bana­li­da­des. El país se solaza en la medio­cri­dad y en el absurdo. El país se cen­tra en lo intras­cen­dente y en lo irra­zo­na­ble. El país da lás­tima.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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El desamparo de la literatura

El Colum­nista Invi­tado de Hoy: Teó­dulo López Meléndez

Buena parte de los libros que se publi­can son la mejor prueba de que la lite­ra­tura lleva el mismo camino de la reali­dad glo­bal: la escri­tura ha dejado de ser demos­tra­ción (ética o esté­tica) para con­ver­tirse en mos­tra­ción. Bien lo explica Paul Viri­lio en El pro­ce­di­miento silen­cioso cuando advierte de la desa­pa­ri­ción de la geo­po­lí­tica ahora sus­ti­tuida por una “cro­no­po­lí­tica”, para evi­den­ciar el sur­gi­miento del ciu­da­dano vir­tual de la ciu­dad mun­dial, que no es ciu­da­dano sino con­tem­po­rá­neo. Ya la lite­ra­tura no quiere demos­trar, según lo han deter­mi­nado los edi­to­res preo­cu­pa­dos por sus ingre­sos. El escri­tor tiene que “echar un cuento”, pla­garse de anéc­do­tas en menos­cabo de la “den­tri­tud” del len­guaje. La natu­ra­leza misma de la lite­ra­tura está en peli­gro, pues ha asu­mido “la esté­tica de la desa­pa­ri­ción” para ocu­par las reglas mass­me­diá­ti­cas esta­ble­ci­das que no son otra cosa que dar prio­ri­dad abso­luta a la noti­fi­ca­ción. Es claro, como lo recuerda Viri­lio, que el “arte moderno” fue para­lelo a la revo­lu­ción indus­trial, mien­tras el arte “pos­mo­derno” mar­cha con el len­guaje analó­gico, con el pro­greso tecno-científico, con la revo­lu­ción infor­má­tica.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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La Tierra es plana

La gene­ra­li­dad de los que se han dedi­cado a estu­diar el aspecto jurí­dico del pro­ceso de reor­ga­ni­za­ción polí­tica del mundo coin­cide en que se está a mitad de camino entre el Dere­cho Inter­na­cio­nal y el Dere­cho Cons­ti­tu­cio­nal. Esto por­que la orga­ni­za­ción supra­na­cio­nal, que como ya hemos dicho no es un Estado, ejerce pode­res sobe­ra­nos sobre los miem­bros que la inte­gran. Esto, se puede encon­trar una apro­xi­ma­ción a la orga­ni­za­ción fede­ral.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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La indignación globalizada

El mundo parece un paciente diag­nos­ti­cado al cual no se le ofre­cen dema­sia­das espe­ran­zas. Desde la orga­ni­za­ción mun­dial o regio­nal de los Esta­dos hasta el pro­blema del agua, desde enfer­me­da­des socia­les hasta el pro­blema de los refu­gia­dos, por doquier se enlis­tan las cala­mi­da­des y los desajustes.

Esca­sean los inven­to­res de mundo. Se requie­ren pro­ta­go­nis­tas de la visión teó­rica de la polí­tica. Aquí las ver­da­des se han derruido y hay que ir sobre las nue­vas for­mas de la orga­ni­za­ción social. Lo que pre­side al mundo es la incre­du­li­dad. Los dis­cur­sos vie­jos están des­le­gi­ti­ma­dos. Alguien ha hablado de un ciclo ahis­tó­rico. Si no hay plan­tea­miento filosófico-político eman­ci­pa­to­rio en el sen­tido de dotar al sueño de un cor­pus de ideas tam­poco habrá eman­ci­pa­ción de los gra­ves pro­ble­mas que nos afec­tan.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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A propósito de tres mujeres Nobel de la Paz

Por supuesto que los afri­ca­nos se miran a sí mis­mos y es natu­ral la mul­ti­pli­ci­dad de enfo­ques. Lo pri­mero que habría que recha­zar de plano es la divi­sión entre afro­op­ti­mis­tas y afro­pe­si­mis­tas. Así lo hace el nige­riano Ade­bayo Olu­koshi quien tiene una mirada mul­ti­di­men­sio­nal y señala como un avance la emer­gen­cia del plu­ra­lismo en los medios infor­ma­ti­vos en la década de los noventa, el flo­re­ci­miento de las aso­cia­cio­nes civi­les y de nue­vos acto­res polí­ti­cos, a lo que habría que sumar las trans­for­ma­cio­nes en la estruc­tura demo­grá­fica con un cre­ciente pro­ta­go­nismo juve­nil, aun­que otros fac­to­res, como el des­em­pleo, los haya lle­vado a par­ti­ci­par en accio­nes arma­das. Olu­koshi no obvia la exa­cer­ba­ción de la dico­to­mía rural-urbana con la apa­ri­ción de todos los pro­ble­mas que esto con­lleva, el cre­ci­miento de la into­le­ran­cia y la xeno­fo­bia, el de la eco­no­mía infor­mal, pero tam­bién el rápido acre­cen­ta­miento de inte­rés sobre cues­tio­nes como ciu­da­da­nía, los dere­chos indi­vi­dua­les y gru­pa­les, y el papel del estado. Señala, igual­mente, el colapso del rol cen­tral del estado y del sec­tor público, la asun­ción del libre mer­cado y la no apa­ri­ción de una clase media lo sufi­cien­te­mente fuerte como para rea­li­zar la tran­si­ción demo­crá­tica debido a múl­ti­ples fac­to­res inter­nos y exter­nos, entre los cua­les cabe men­cio­nar la cri­sis eco­nó­mica que afectó al con­ti­nente y los reali­nea­mien­tos pro­du­ci­dos por el cese de la gue­rra fría. Olu­koshi se pre­gunta por las vías para reto­mar el cre­ci­miento eco­nó­mico que define como esen­cial­mente inclu­sivo y demo­crá­tico.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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Apelo al pragmatismo

Si bien la incer­ti­dum­bre onto­ló­gica o la incer­ti­dum­bre social o la incer­ti­dum­bre eco­nó­mica pue­den ser cita­das como per­ma­nen­tes com­pa­ñe­ras de viaje, ahora, en el fin de esta pri­mera década de un nuevo mile­nio, como hacía muchí­simo tiempo no suce­día, nos encon­tra­mos frente a un hom­bre herido de ausen­cia de pers­pec­ti­vas y sin estí­mu­los para enfren­tar su des­nu­dez. La sole­dad frente al futuro parece mania­tarlo.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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La permanencia de lo humano

Los futu­ró­lo­gos, cuyas des­crip­cio­nes exce­den a la cien­cia fic­ción, nos hablan de una indus­tria y de una agri­cul­tura com­ple­ta­mente robo­ti­za­das, lo que suce­de­ría incluso con las gue­rras si es que ellas per­sis­ten en la agenda humana. Las cár­ce­les des­a­pa­re­ce­rían sus­ti­tui­das por micro­chips implan­ta­dos, tal como hoy las pul­se­ras elec­tró­ni­cas se aso­man para con­tro­lar a quie­nes han delin­quido. Ter­mi­nará la dis­ca­pa­ci­dad debido a pró­te­sis inte­li­gen­tes e inclu­sive las que­ma­du­ras con efec­tos desas­tro­sos serían cosa del pasado ante la implan­ta­ción de de una piel arti­fi­cial sen­si­ble a la tem­pe­ra­tura y al tacto. La nano­tec­no­lo­gía habrá per­fec­cio­nado implan­tes sus­ti­tu­ti­vos de órga­nos o ellos podrán rege­ne­rarse a par­tir del pro­pio cuerpo del afec­tado. Aque­llas imá­gi­nes de tele­trans­por­ta­ción se con­ver­ti­rán en reali­dad y podre­mos ins­ta­lar­nos un disco duro adi­cio­nal para aumen­tar nues­tra capa­ci­dad de memo­ria.

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Autor: Teódulo López Meléndez

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