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Sección 'josé Luis Milia'
La cicatriz desvergonzada
Desde hace años, siempre vi ese cogote cubierto, al menos, de cuatro vueltas de perlas o piedras. Era algo que la edad demandaba y el dinero “de todos”, satisfacía.
Estuve veinte días sin noticias de lo que acá sucedía, es cierto, y esa tendencia tan humana y a veces tan cobarde de apartarse cansado de todo lo sórdido y vil sin hacerle frente hasta me había dado el efímero gozo de olvidar esa cara que de golpe volvía acompañada de un tajo de degüello, desnudo y desmadrado, que se habría paso entre los pliegues que siembra la edad.
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Autor: José Luis Milia
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Y ahora, lloren
“Un Congreso que ignora que un artículo explícito y diáfano de la Constitución, el 32, le prohíbe dictar medidas contra la libertad de prensa. ¿Qué es eso sino la victoria de una decisión autoritaria sobre la letra y el espíritu de las instituciones?”
Joaquín Morales Solá.
La Nación 18/12/2011
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Que hay vencedores y vencidos es un hecho del que acaba de darse cuenta Morales Solá. Quizás él no lo supiera pero esta situación no es nueva, y aunque el periodismo que se autodenomina “independiente” recién lo haya conocido ahora, esta realidad no empezó ahora luego de la última elección donde el oficialismo redujo a la nada a una oposición estúpida y cagona incapaz de elevarse por sobre sus mezquindades. La taba había caído de culo y su destino estaba echado. El común de los argentinos que solo obran individualmente en función de sus egoísmos, esos que otrora decían “¡Por algo será”! o “¡Somos derechos y humanos!” habían sido nuevamente comprados, al igual que la indiada ignorante de siglos atrás, con las lentejuelas de colores de los LCD en 50 cuotas, el “fulbo” para todos y las milangas para cualquiera. Cuotas y subsidios que nadie ignoraba que eran financiados por la Anses, es decir, por esos mismos jubilados a los que se les negó, con la complicidad de esa oposición mostrenca, un 82% móvil para que al menos pudieran morir con cierta dignidad. Pero comprados al fin, dieron la fuerza necesaria para que ahora y de golpe supieran los periodistas que en la Argentina hay vencedores y vencidos.
Autor: José Luis Milia
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CARTA ABIERTA al jefe del estado mayor
del Ejército Argentino Luis Alberto Pozzi
Desde el 18 de abril de 1964 cuando el EGP guevarista asesina al Cabo de Gendarmería Nacional Juan Adolfo Romero tuve la certeza que sobre la República caía la sombra ominosa de la subversión internacional y, consecuente con mis convicciones, tomé partido.
Adherí, entonces, con el alma a mis FF. AA. y a todas las Fuerzas de Seguridad que en los años siguientes serían mandadas a enfrentar a la subversión en una guerra de agresión sistemática bosquejadas por el terrorismo internacional y diagramadas en Cuba. Guerra que es menester aceptar que por su forma y esencia nadie estaba preparado para combatirla. Aunque mi adhesión hubiera sido sólo moral, son casi cuarenta y ocho años de enfrentamiento entre argentinos y, debo confesarle, estoy cansado.
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Autor: Jose Luis Milia
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La defensa “respetable” del Dr. Smart,
los postulados de la “historia militante”
y los circos judiciales
Nadie puede negar que el Dr. Jaime Smart es un perseguido político. Y no uno cualquiera. No en vano un “vengador anónimo”- esa banda de eunucos jurídicos que se viene conformando desde 1983 y, que pese a la falta de imprescindibles atributos desde hace años vienen sacando patente de machos en la República – ha dicho que llegó la hora de dársela a los civiles que se opusieron al terrorismo internacional.
Los lenguaraces de la venganza, cobardes que otrora no dijeron palabra cuando otros compraban con vidas de perejiles su resuello, no necesitan siquiera poner cara de malevos de esquina para asustar a nadie, ya que saben que pueden contar para sus espurios manejos con la pavura de los argentinos que desde hace años han hecho de la flojedad de sus esfínteres una virtud nacional.
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Autor: José Luis Milia
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¿Y por qué no iba a ganar?
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Ya no hay lugar para el desvelo. Pensar que ella no iba a ganar solo podía caber en el cerebro de alguien que hace años vive en el extranjero alejado de nuestras incómodas realidades o de aquellos que, viviendo acá, pasan plácidamente sus días en una nube de flatos. No busquemos más los miles de bolivianos o paraguayos traídos de contrabando, que los hubo, dejemos por un momento las fantasía de los DNI truchos, que los hubo, los planes trabajar, los LCD a precio de saldo y tantas otras excusas que no alcanzan a explicar un cruel Vilcapugio. Por supuesto que buscar culpables en la oposición es una estupidez. Nosotros somos los únicos culpables porque a sabiendas le entregamos, desde hace veintiocho años, a una cáfila de seres de una pequeñez inimaginable el destino de nuestra Nación. Nos pusimos a su altura y no quisimos aceptar, por pura comodidad, que no podíamos esperar de ellos más que lo que su bajeza les permitía maquinar.
Autor: José Luis Milia
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¿Renunciar por las mancebías?
Mojigatamente, como ya es su inveterada costumbre, la sociedad argentina se ha conmovido con la grosera historieta de un consigliere de la Suprema que entendió que debía hacer algo por su futuro y como idea luminosa se le ocurrió alquilar algunos de sus “derpas” más pequeños, alrededor de seis, como mancebías al paso.
¿Por qué hizo tal desbarre?, chi lo sa, quizás porque después de tantos años de retozar en defensa de los delincuentes quiso, mínimamente, transgredir la ley; quizás porque decidió no perderse la ola de indecencia e impunidad sobre la que “surfean” desde hace ocho años, en pingües negocios, los acólitos del poder o quizás porque sobran madamas en las esferas oficiales. La respuesta solo la tienen Dios y él, y es probable que nunca la sepamos. Lo que importa es, ¿Cabe tanto alboroto porque un consigliere de la Suprema alquila sus departamentos como corrales de fornicio?. Al fin y al cabo, aunque el consigliere supiera el destino de sus cotorros, sólo ha trozado, una a una, las páginas de la ley 12.331. ¿Qué es esto, para él, que desde que fue ungido consigliere de la Suprema ha colaborado con decisión en darle destino de albañal a la Constitución Nacional?
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Autor: José Luis Milia
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¿La Argentina en paz?
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No hay hoy guerra en Argentina y aún así muere gente. Mueren por día alrededor de 8 chicos que no llegan al segundo año de vida – pobres, por supuesto — por la causa concreta de una subalimentación a la que una correcta política de estado haría evitable. Y los que superan la desnutrición pero no sus consecuencias suelen terminar reventados, algunos años después, por el paco o por una bala a causa de la necesidad de proveerse de algo que le haga olvidar que ellos están marginados de la sociedad, que para ellos la excelencia, sea en educación o en salud, es una palabra que jamás sabrán que significa. Quizás esta masacre de niños y jóvenes, que algún gracioso denominaría sensación, sea un impensado plan maestro para evitar la inseguridad que sobrevendría si estos chicos pasaran de los 12 años.
Autor: José Luis Milia
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Cometas en el cielo…
El Columnista Invitado de Hoy : José Luis Milia
La docencia impía del monito bailarín
“Este Gobierno es un desastre. Cristina es una mujer soberbia, y la soberbia es fruto de la ignorancia”…,
“Este es el Gobierno más corrupto de la historia, que se haya hecho la campaña con dinero del narcotráfico, de Antonini Wilson o de Hugo Chávez…..es para un juicio político.”
Carlos Menem. 14 de octubre de 2008
“esta elección las gana Cristina. No va a haber segunda vuelta y eso es lo mejor que le puede pasar a Argentina… Además, está haciendo un buen gobierno, no lo vamos a negar.”
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Autor: José Luis Milia
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Quiero que gane
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Siento ante la cercanía de las elecciones la misma desazón que experimenté en marzo de 1976 ante la inminencia del golpe militar. Veo que la urgencia por encontrar una salida – la que sea — embarga a muchos que creía que pensábamos igual. Salvando tiempo y distancia hemos caído en la misma estupidez de aquellos que golpeaban descaradamente las puertas de los cuarteles. Lo que pasa es que el miedo no es zonzo, y por más que esta sea una de las tantas verdades del amigo Perogrullo, es la que mejor define a los argentinos.
Autor: José Luis Milia
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La peste del enanismo
¿Podrá el Capitán perdonarnos por haberlo dejado en tan miserable compañía durante tanto tiempo? ¿Es que estamos tan abotagados en nuestra piedad que abandonamos el recuerdo de los nuestros a la injuria de la chusma? ¿Ha tenido que recurrir el Arcángel de la Patria al odio de los infames para salvar lo que no pudo el enfriado amor de los pocos fieles?
Dardo Juan Calderón.
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En mi infancia me persiguieron las imágenes de Gulliver estaqueado por los enanos en la playa. Seres insignificantes empeñados en derrotar a alguien más poderoso que ellos. De a poco y en el correr de la vida descubrí que el enanismo no estaba en el cuerpo. El enanismo, en tanto y cuanto una enfermedad villana, no se encuentra en la apariencia física, se encuentra en el alma.
Autor: José Luis Milia
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