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Sección 'María Lilia Genta'
De cumbres y simas en Santo Domingo
LA COLUMNISTA INVITADA DE HOY: MARIA LILIA GENTA
En un acto penitencial (viernes de Cuaresma) asistimos a toda la transmisión de la Cumbre de Río, en Santo Domingo. El sábado volvimos a escuchar y ver algunos tramos. Sobre todo para enterarnos de la «visión de la prensa» en los comentarios de ciertos periodistas.
Lo que pudimos ver fue a un Presidente Uribe sentado ante una caterva de terroristas devenidos en «estadistas», algunos follones, un «presidente» (Evo) carente hasta de lenguaje, otros hipócritas y algunos -los menos- con rostro plenamente humano, respetuosos y serios. La verdad es que coincidimos con La Nación en calificar a esta reunión como un «culebrón caribeño» pero, agregamos nosotros, un culebrón siniestro pues ni en esta cumbre de Santo Domingo ni en la OEA se condenó expresamente a las FARC. Los que no las defendieron directamente, callaron salvo el caso del Vicepresidente de Perú que las calificó de terroristas. Hace muy poco tiempo que la nación peruana logró vencer a Sendero Luminoso. El coraje de Perú salvó de la absoluta soledad a Colombia. Fue el único «hermano latinoamericano» que actuó como hermano.
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Autor: María Lilia Genta
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Un nuevo atropello
No tengo el honor de conocer personalmente al Coronel Horacio Losito. Pero sí tengo muchos amigos en común con él. Gente que lo quiere, lo admira y lo venera. Porque aunque “la hora de los héroes ha pasado” quedamos todavía los que seguimos venerando a los héroes.
Nada más conmovedor, en el caso del Coronel Losito, que el testimonio del médico inglés que lo atendió en Malvinas y que se conoció, en su momento, a través de una carta que éste le dirigiera. De Losito he oído hablar a militares y civiles -hombres y mujeres- y a sacerdotes eminentes. Llama la atención la unanimidad en el juicio sobre este militar argentino cuya pertenencia a los cuadros enorgullece a cualquier Ejército del mundo.
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La tentación del odio
“Donde haya odio que yo ponga amor” - San Francisco de Asís
Esta plegaria nada tiene que ver con la hipócrita falacia pacifista de los partidos verdes que logran prohibir la caza del zorro en Inglaterra (e intentan lo mismo con las corridas en España) y propician, a la vez, el aborto y la eutanasia. ¡Qué vivan los zorros y los toros y mueran los niños y los viejos! Tampoco con el no menos hipócrita pacifismo de los grupos “tercermundistas” y “liberacionistas” cristianos que abominan de los ejércitos regulares y niegan los sacramentos a los soldados mientras alientan y entrenan a los cuadros de los diversos grupos guerrilleros. Menos aún con los católicos que promueven desde un “progresismo” bobalicón el imbecilismo político y religioso. Tiene que ver, sí, con el auténtico amor cristiano, la verdadera caridad sobre la cual se levanta toda genuina convivencia humana sea familiar, social o política.
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La muerte de un Guardia Civil español
“No olvidemos a Sayago”
A pesar de la podredumbre moral de sus últimas leyes, del horror de sus planes de educación y de salud, del odio fomentado desde el poder socialista contra la España eterna, algo queda en pie en la Madre España. Si creemos en el valor de los símbolos y de los símbolos que representan a las Instituciones, no es poca cosa que las Instituciones españolas estuviesen presentes en el Funeral de Estado del agente de la Guardia Civil Raúl Centeno Pallón cobardemente asesinado, en Francia, por la banda terrorista ETA.
Estuvo, desde luego, la Monarquía. Juan Carlos de Borbón, pese a su fama, bien adquirida, de frívolo impenitente, asumió en la ceremonia la actitud de un verdadero Rey. Más allá de sí mismo fue ganado por la majestad que representa. Todo se desarrolló al uso de la Casa Real española, conforme al austero y solemne protocolo que alcanzara su mayor expresión, en punto a sobriedad, en épocas de Felipe II. Luego, la Misa de campaña, celebrada por el Obispo Castrense, con voz y talante de verdadero Obispo. No faltó, desde luego, el homenaje de las Fuerzas Armadas y de Seguridad con el laconismo militar tan propio de su estilo.
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De lealtades y deslealtades
Ha traído un poco de aire fresco la lealtad de la gente del Partido Unión Federal (PAUFE) para con su jefe con motivo de su detención. En la era de la “borocotización” ya nos habíamos olvidado de estos gestos. Beau geste. Bello gesto. Bello gesto que hubiéramos querido ver en los hermanos sacerdotes y obispos del Padre von Wernich: equivocados unos, pusilánimes otros, aceptaron el circo mediático que fue el juicio.
No debió aceptarse jamás que un asesino convicto y confeso como Bonaso (“nos equivocamos; en vez de matar a Rucci debimos matar a López Rega”) echara a Patti del Congreso. Tampoco debió aceptarse que un sacerdote sea condenado, sin pruebas, por acusaciones de “oídas” (“me dijo mi padre”, “me dijo mi hermano”) sólo por haber cumplido con su misión pastoral. Y no lleva paz al alma cristiana cotejar, con nuestros amigos españoles, declaraciones de algunos de sus Obispos con otras de algunos de los nuestros. Pero, bueno, al fin la gente de Escobar se trasladó hasta Marcos Paz con voces de aliento, pancartas, remeras, todo un colorido testimonio de lealtad en la adversidad.
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In memoriam
El 27 de octubre de 1974, acaban de cumplirse en estos días treinta y tres años, un “joven idealista” descargó once balazos -a quemarropa- sobre mi padre cuando salía de su casa, la misma en la que yo vivo ahora. Eran las diez de la mañana de un bellísimo domingo de primavera. Jordán B. Genta se dirigía a oír misa.
El “ERP 22 de Agosto” (la guarida se encontró, a unas cuadras de la casa, años después), que se atribuyó el crimen, tuvo la “amabilidad” de informarnos con exactitud sobre el por qué “ajusticiaron” a Genta y a Sacheri. Fue durante la Cuaresma de 1975 en una carta-amenaza dirigida a Ricardo Curutchet, fundador y por entonces director de la revista “Cabildo”. Ricardo se había jugado por estos dos filósofos católicos. Fueron tapa y tema de la revista en ocasión de sus muertes. Pues bien, aquella misiva decía que mi padre y Sacheri habían sido muertos por ser “soldados de Cristo Rey”; y por el mismo motivo lo condenaban a muerte, también, a Ricardo.
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Ataque a un Barrio Militar en Neuquén
LA COLUMNISTA INVITADA DE HOY: MARIA LILIA GENTA
Repasar la historia
He vivido en barrios militares, en distintas geografías. Antes del apogeo de la guerrilla, durante y después. Siempre existió una guardia para custodiar estos barrios. Recuerdo que, en los “años de plomo”, después de cuatro bombas en las cocheras, se cerraron las calles Báez y Arce, cercanas al Hospital Militar, en Buenos Aires. Uno de los departamentos de los edificios militares fungía de casa de guardia. Nuestros niños jugaban a la pelota, andaban en sus bicicletas, ante y entre los soldados vestidos con ropa de combate y fuertemente armados. La guardia en estos barrios militares siempre fue militar, nunca policial.
Pues bien, a propósito de los hechos ocurridos en estos días en un barrio militar de Neuquén, me pregunto si el presupuesto es tan bajo, el personal tan escaso o los soldados voluntarios tan poco comprometidos con la Institución que ya no se cuida más la seguridad de la familia militar. Entiendo que el Gobernador de esa Provincia, después del episodio del docente asesinado, no enviara a la policía -que se limitó a mirar pasivamente los graves desmanes- a custodiar terrenos militares. Por otra parte, no corresponde según los antiguos cánones.
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Autor: María Lilia Genta
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Del Policía Sayago al Carabinero Vera
Mientras hacía “zapping”, ayer, 13 de septiembre, me encontré con una conmovedora imagen: una gran iglesia, colmada de gente, de civil unos, uniformados otros, que asistía a un solemne funeral (recordé los tiempos de FAMUS, allá por el 84). En el medio de la nave, frente al altar, se veía un féretro cubierto con una bandera. Era un canal chileno y la bandera, obviamente, era la de Chile que así amortajaba al Cabo de Carabineros Cristian Vera, asesinado la noche del 11 de septiembre cuando la zurda trasandina salió a saquear Santiago.
Como siempre que veo algo referido a nuestro vecino, me embargaron dos sentimientos encontrados: admiración por un lado y cierta envidia por otro.
El Cabo fue salvajemente asesinado, como dije, durante los disturbios que sacudieron la Capital chilena aquella fatídica noche. Por cierto, los disturbios fueron enérgicamente reprimidos (dentro del marco estricto de la ley); y este es el primer motivo de admiración y de envidia: ver como se mantiene y preserva el orden en Chile bajo el gobierno socialista de Bachellet que resultó un fracaso como estadista pero, en honor a la verdad, aunque su pasado y el de su familia pudieron inclinarla a obrar con resentimiento, nunca se la ha escuchado avivar los odios o, mejor, resucitarlos como hace por aquí nuestro “pingüino”, montonero de pacotilla.
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Autor: María Lilia Genta
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Alguna verdad se cuela
Las nerviosas declaraciones del testigo Velazco Blake en el paródico juicio que se le sigue al P. von Wernich, van aclarando varias situaciones y hechos, más allá de los deseos del personaje en cuestión. Si nos atenemos, en efecto, a sus dichos, surge, primero, que estuvo detenido legalmente (“por derecha”) durante un mes; segundo, el General Camps decidió liberarlo y facilitarle su viaje al extranjero; tercero, la familia von Wernich se ocupó de modo encomiable de contenerlo y ayudarlo una vez recuperada su libertad, gestionando su pasaporte; cuarto, Velazco compartió, en una ocasión, tras ser liberado, un amable almuerzo con el P. von Wernich en casa de parientes comunes.
¿No resulta extraño que él haya aceptado sentarse a la misma mesa con quien, según declaró, se había burlado de sus torturas y tanto daño le había causado? ¿No pudo hallar un pretexto para evadir tan incómoda situación? La sola idea de una víctima de la represión y la tortura sentado a la mesa con uno de los cómplices de sus verdugos suena bastante fantástica y ridícula.
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Autor: María Lilia Genta
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La Columnista Invitada de Hoy: María Lilia Genta
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien. Salmo XXXIV, 11, 12.
Trato de escribir sobre otros temas. No puedo. El caso del sacerdote von Wernich y el “juicio” montado contra él ocupan todo mi dolor, toda mi bronca y me impiden pensar en otra cosa. Confieso que no experimentaba un estado de ánimo igual desde el tiempo inmediato que siguió al asesinato de mi padre. Busco paz interior y me resulta muy difícil hallarla. Las palabras del salmista, referidas a Cristo, que he puesto como epígrafe, me consuelan y me hacen entender que lo que hicieron con el Señor lo harán, también, con sus discípulos.
No obstante debo aclarar que no me duelen ni Héctor Timerman con sus “mi papá me contó que…” (como si lo repetido de oídas tuviese algún valor probatorio), ni las mentirosas declaraciones de “Mona” Moncalvillo, ni la grosera parcialidad del juez que permite la presencia de las “damas” portando retratos en sus pañuelos pero no permite que Cecilia Pando exhiba la foto del Coronel Ibárzabal. Nada de esto, repito, me duele porque, al fin y al cabo, ellos están allí cumpliendo su ominoso papel de verdugos de un inocente.
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Autor: María Lilia Genta
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