Sección 'María Lilia Genta'



A los hijos de los prisioneros políticos

En los últi­mos años he reci­bido varias car­tas de hijos de héroes pre­sos. Los llamo así por­que si hay algo que tengo en claro es que, sin las accio­nes de quie­nes hoy están pre­sos, Argen­tina sería Cuba desde los años 70. Ellos gana­ron la gue­rra en el campo de las armas. Los res­pon­sa­bles polí­ti­cos la per­die­ron polí­ti­ca­mente. Por culpa, o por error, o por falta de ade­cuada for­ma­ción polí­tica. No soy quien se arries­gue a leer en sus con­cien­cias. Lo hará Dios. En cuanto al jui­cio que mere­cen sus accio­nes de gobierno y los resul­ta­dos de dichas accio­nes, es com­pe­ten­cia de los his­to­ria­do­res. Baste, ahora, tener gra­bado a fuego, esta ver­dad: sin el sacri­fi­cio de nues­tros com­ba­tien­tes, Argen­tina se hubiera con­ver­tido, irre­mi­si­ble­mente, en una Cuba en aque­llos dra­má­ti­cos años.

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Autor: Mará Lilia Genta

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Una sola guerra

Víc­ti­mas de ayer y hoy

En los últi­mos tiem­pos sólo he escrito de temas estric­ta­mente reli­gio­sos en algu­nos foros cató­li­cos. Pero ahora siento la impe­riosa nece­si­dad de vol­ver a ocu­parme de una cues­tión que me es entra­ña­ble­mente pro­pia. Mejor dicho, de la que soy parte. Lo hago por­que en estos días se ha reflo­tado un viejo dis­curso que creía ago­tado en nues­tro sec­tor.

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Autor: María Lilia Genta

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No dejarse tentar por los partidos

Espero que los líde­res más sig­ni­fi­ca­ti­vos del campo no se dejen ten­tar por el canto de sirena de nues­tra enclen­que y siem­pre varia­ble par­ti­do­cra­cia. Me refiero a los diri­gen­tes rura­les de pri­mera línea.

Ante el ata­que demen­cial, coti­diano, del “matri­mo­nio” con­tra “el campo”, es lógico que la opo­si­ción quiera dar lus­tre a sus lis­tas con nom­bres de autén­ti­cos líde­res que han mos­trado con cre­ces que repre­sen­tan algo impor­tante y han con­ci­tado el res­peto de la gente.

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Autor: María Lilia Genta

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La Tablada y sus héroes

Ayer y Hoy

Hay hechos sobre los que pode­mos escri­bir con dis­tan­cia y abso­luta obje­ti­vi­dad. Aque­llos que no fue­ron pro­ta­go­ni­za­dos por ami­gos nues­tros o ami­gos de nues­tros hijos. O, tam­bién, por otros que hemos cono­cido des­pués de los acon­te­ci­mien­tos apren­diendo a que­rer­los y a admi­rar­los por sus dichos y sus obras. En el caso del com­bate de La Tablada es casi impo­si­ble que, aún des­pués de veinte años, los afec­tos no nos sacu­dan fuertemente.

El Capi­tán Hora­cio Fer­nán­dez Cutie­llos y el Mayor Médico Mario Capon­netto (mi esposo) revis­ta­ron al mismo tiempo en el Cole­gio Mili­tar de la Nación. Allí tra­ba­ron una pro­funda amis­tad. Tenían una per­fecta comu­nión en lo reli­gioso, en el amor a la patria y en los valo­res en que debían ser for­ma­dos los Cade­tes. Por pedido de Fer­nán­dez Cutie­llos, Jefe de la Ter­cera Com­pa­ñía de Infan­te­ría –res­pe­ta­dí­simo y amado por sus Cade­tes– mi esposo cola­boró en la for­ma­ción huma­nís­tica de esos Cade­tes. A Hora­cio no se le ocu­rrió pedirle la cola­bo­ra­ción habi­tual que se les hacía a los médi­cos, las cla­ses de “higiene”. Se le ocu­rrió que lo ayu­dara a for­mar las cabe­zas de esos jóve­nes en aque­llos prin­ci­pios que los harían mejo­res ofi­cia­les. Mi esposo admi­raba a Hora­cio. No sólo por cons­ta­tar día a día sus vir­tu­des como Jefe y verlo tem­plar el espí­ritu mili­tar de sus subor­di­na­dos, sino ade­más por su cul­tura y su for­ma­ción huma­nís­tica que exce­día, por lejos, la del pro­me­dio común de la ofi­cia­li­dad.

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Autor: María Lilia Genta

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¡Vaya totalitarismo, discriminación
y otras yerbas!

Bue­nos Aires, 1 de diciem­bre de 2008

Sra. Decana de la Facul­tad de Cien­cias Jurí­di­cas, Polí­ti­cas y Socia­les de la Uni­ver­si­dad del Norte Santo Tomás de Aquino

Cató­lica de Tucumán

Dra. María Gilda Pedi­cone de Valls

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De mi consideración:

No salgo de mi asom­bro por la deci­sión de “levan­tar” el curso del Pro­fe­sor Héc­tor Her­nán­dez. Pero mucho más me asom­bran las razo­nes que usted aduce. Si le parece mal que se diga que hubiera sido mejor apli­car el Código de Jus­ti­cia Mili­tar, juz­gar a los gue­rri­lle­ros y fusi­lar a quie­nes lo mere­cie­ran, den­tro del más estricto orden ético y jurí­dico (que tal es lo que expresó el Dr. Her­nán­dez en con­so­nan­cia con la doc­trina cató­lica) se puede dedu­cir que usted es par­ti­da­ria de la desa­pa­ri­ción de per­so­nas y de la repre­sión ile­gal.

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Autor: María Lilia Genta

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Los prisioneros de guerra y sus familias

No pode­mos estar en otra parte, no pode­mos ya estar distraídos

Paul Clau­del

No encuen­tro otra forma de expre­sarme que no sea espon­tá­nea. Escribo como hablo. Intento un estilo claro, orde­nado, obje­tivo y dis­tante de las emo­cio­nes, pero fra­caso. De todas mane­ras hay otras per­so­nas que lo hacen con sol­ven­cia y todas las for­ma­li­da­des de rigor. Enton­ces, sigo “a mi manera”. ¿Cómo cam­biar el estilo, si el tema que me corroe las entra­ñas es el dolor de mis ami­gos? “Entraña y estilo” pre­di­caba el joven espa­ñol –polí­tico poeta– que aprendí a amar al lado de mi padre. No podía ima­gi­nar a los ocho años que Dios le tenía des­ti­nada a mi padre una muerte seme­jante a la de José Anto­nio.

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Autor: María Lilia Genta

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Jordán Bruno Genta

La Cruz  y la Fiesta

La risa de mi padre, con­ta­giosa, incom­pa­ra­ble, está tan pre­sente en mis recuer­dos como la Cruz, la filo­so­fía y la polí­tica.

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Autor: María Lilia Genta

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Horacio Zaratiegui

In memo­riam

Tu figura incon­fun­di­ble y tu sonrisa.

A pesar de los pesa­res no nos hacías fal­tar tu sen­tido del humor.

En toda oca­sión. En una fiesta, en una rís­pida reunión pre­pa­ra­to­ria de los actos del 5 de octu­bre. Entre empa­na­das, vino y asado. Por la inter­net.

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Autor: María Lilia Genta

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Habló un soldado

Maria-Lilia-GentaHabló el Gene­ral Menén­dez. Habló como un Gene­ral. Parece un gene­ral. Es un Gene­ral.

El suyo fue un ale­gato sobrio de incues­tio­na­ble estilo cas­trense. Pare­cía hablar frente a una for­ma­ción mili­tar. Hasta podía­mos ima­gi­nar una tropa for­mada en el lugar del tribunal.

Esta­mos tan poco acos­tum­bra­dos, últi­ma­mente, a escu­char a un sol­dado hablar como sol­dado que esta acti­tud viril y digna, pre­cisa y escueta, nos asom­bra. Lo que era habi­tual se ha vuelto la excep­ción.

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Autor: María Lilia Genta

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A mí hablame en cristiano”

La Colum­nista Invi­tada de Hoy : María Lilia Genta

Maria-Lilia-GentaSólo a un pedante insi­dioso, mala entraña, se le pudo ocu­rrir “tirarle” con Sócra­tes a un cha­ca­rero que se ha can­sado de acla­rar que no tiene más que sép­timo grado. ¿Creyó que lo humi­lla­ría? Jamás. El gringo De Angeli le res­pon­dió al toque: “a mí hablame en cris­tiano, no me ven­gas con lati­nes”. Res­puesta genial. El pedante se había lan­zado a una inter­pre­ta­ción pesada y cap­ciosa de la céle­bre acti­tud de Sócra­tes que pre­fi­rió beber la cicuta a des­obe­de­cer las leyes. Típico de “mono sabio”. La res­puesta del gringo fue sabia: una ley mala no debe ser obedecida.

Podría­mos exten­der­nos en con­si­de­ra­cio­nes: una ley con­tra­ria al bien común, sacada bajo pre­sión, en medio de repug­nan­tes “toma y daca” y chi­ca­nas de los pasi­llos polí­ti­cos, debe ser des­obe­de­cida. Sócra­tes bebió la cicuta por­que con­si­de­raba que las leyes de Ate­nas eran jus­tas; no eran jus­tos los jue­ces que se las apli­ca­ron injus­ta­mente a él. Bebiendo la cicuta daba el mag­ní­fico tes­ti­mo­nio del mundo pagano sobre la fide­li­dad a la ver­dad y el res­peto a las leyes. Des­pués, Jesús, muriendo en la Cruz lle­va­ría a su pleno cum­pli­miento este tes­ti­mo­nio. El sacri­fi­cio de la Cruz (que Él, por su divi­ni­dad, podría haber evi­tado) lleva a su aca­ba­miento y per­fec­ción aque­llo que en Sócra­tes fue sólo un anun­cio, casi mila­groso, en el paga­nismo.

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Autor: María Lilia Genta

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