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Sección 'María Lilia Genta'
Del Policía Sayago al Carabinero Vera
Mientras hacía “zapping”, ayer, 13 de septiembre, me encontré con una conmovedora imagen: una gran iglesia, colmada de gente, de civil unos, uniformados otros, que asistía a un solemne funeral (recordé los tiempos de FAMUS, allá por el 84). En el medio de la nave, frente al altar, se veía un féretro cubierto con una bandera. Era un canal chileno y la bandera, obviamente, era la de Chile que así amortajaba al Cabo de Carabineros Cristian Vera, asesinado la noche del 11 de septiembre cuando la zurda trasandina salió a saquear Santiago.
Como siempre que veo algo referido a nuestro vecino, me embargaron dos sentimientos encontrados: admiración por un lado y cierta envidia por otro.
El Cabo fue salvajemente asesinado, como dije, durante los disturbios que sacudieron la Capital chilena aquella fatídica noche. Por cierto, los disturbios fueron enérgicamente reprimidos (dentro del marco estricto de la ley); y este es el primer motivo de admiración y de envidia: ver como se mantiene y preserva el orden en Chile bajo el gobierno socialista de Bachellet que resultó un fracaso como estadista pero, en honor a la verdad, aunque su pasado y el de su familia pudieron inclinarla a obrar con resentimiento, nunca se la ha escuchado avivar los odios o, mejor, resucitarlos como hace por aquí nuestro “pingüino”, montonero de pacotilla.
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Alguna verdad se cuela
Las nerviosas declaraciones del testigo Velazco Blake en el paródico juicio que se le sigue al P. von Wernich, van aclarando varias situaciones y hechos, más allá de los deseos del personaje en cuestión. Si nos atenemos, en efecto, a sus dichos, surge, primero, que estuvo detenido legalmente (“por derecha”) durante un mes; segundo, el General Camps decidió liberarlo y facilitarle su viaje al extranjero; tercero, la familia von Wernich se ocupó de modo encomiable de contenerlo y ayudarlo una vez recuperada su libertad, gestionando su pasaporte; cuarto, Velazco compartió, en una ocasión, tras ser liberado, un amable almuerzo con el P. von Wernich en casa de parientes comunes.
¿No resulta extraño que él haya aceptado sentarse a la misma mesa con quien, según declaró, se había burlado de sus torturas y tanto daño le había causado? ¿No pudo hallar un pretexto para evadir tan incómoda situación? La sola idea de una víctima de la represión y la tortura sentado a la mesa con uno de los cómplices de sus verdugos suena bastante fantástica y ridícula.
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La Columnista Invitada de Hoy: María Lilia Genta
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien. Salmo XXXIV, 11, 12.
Trato de escribir sobre otros temas. No puedo. El caso del sacerdote von Wernich y el “juicio” montado contra él ocupan todo mi dolor, toda mi bronca y me impiden pensar en otra cosa. Confieso que no experimentaba un estado de ánimo igual desde el tiempo inmediato que siguió al asesinato de mi padre. Busco paz interior y me resulta muy difícil hallarla. Las palabras del salmista, referidas a Cristo, que he puesto como epígrafe, me consuelan y me hacen entender que lo que hicieron con el Señor lo harán, también, con sus discípulos.
No obstante debo aclarar que no me duelen ni Héctor Timerman con sus “mi papá me contó que…” (como si lo repetido de oídas tuviese algún valor probatorio), ni las mentirosas declaraciones de “Mona” Moncalvillo, ni la grosera parcialidad del juez que permite la presencia de las “damas” portando retratos en sus pañuelos pero no permite que Cecilia Pando exhiba la foto del Coronel Ibárzabal. Nada de esto, repito, me duele porque, al fin y al cabo, ellos están allí cumpliendo su ominoso papel de verdugos de un inocente.
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La soledad del Padre Von Wernich
“… es lo que solemos hacer con los sacerdotes: insultarlos como una forma de insultar a Cristo”. Así habla el Inspector Morse en el final de uno de los episodios de la estupenda serie policial televisiva inglesa que lleva su nombre. La frase parece dicha para el “caso von Wernich”: “juicio”, periodismo en todas su formas y, ahora, hasta un libro.
El Padre es llevado ante el Sanedrín de Caifás mientras Pilatos (la Conferencia Episcopal) se lava las manos. ¿Qué piensan ganar, nuestros Pastores, con esta actitud? ¿Una “rebajita” en las feroces leyes anti vida y anti natura? El mismo día que se inició, en La Plata, el juicio, en Río Negro se “proclamó” la eutanasia. No parece que las cosas vayan por ese lado. ¿Qué, entonces?
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ASALTO TERRORISTA A LA EDUCACION ARGENTINA
Si hay en Argentina un obispo que piensa, distingue, va al fondo y al origen de las cosas, ese es, sin duda, el Arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer. No reacciona ante los desastres después que se producen quedándose “perplejo” ante la realidad ya consumada. Antes bien, se adelanta y advierte a los fieles sobre los peligros que se ciernen.
Esta vez su aguda percepción se ha detenido en Proyecto de la nueva Ley de Educación de la Provincia de Buenos Aires -primer Estado argentino-, ley que se zarandea y zapatea en medio de las turbulencias del tiempo electoral, las jubilaciones de los intendentes, sin que el alud informativo en distracciones varias nos deje enterarnos de lo importante.
Monseñor Aguer se ocupa de lo importante. En su disertación ante la Asamblea Anual del Consejo de Educación Católica de la Provincia de Buenos Aires, el pasado 20 de abril, analiza pormenorizadamente el proyecto que intenta imponer en todas las escuelas provinciales la nueva asignatura llamada “Construcción de ciudadanía”, materia destinada a la ideologización de docentes y alumnos. Los efectos deletéreos del desarrollo y enseñanza de la misma no serán, seguramente, inmediatos y difícilmente verificables por estadísticas. Será, al contrario, un cambio gradual, sustentado en presupuestos ideológicos muy bien definidos los que, sin embargo, pasarán inicialmente desapercibidos a los desprevenidos docentes que tengan que implementarlos.
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De un Obispo y un Capellán Castrenses de antaño…
los años 70
“La guerra revolucionaria conducida por el marxismo en nuestra patria es «guerra total» (internacional y civil). Como guerra internacional constituye una injusta agresión; como guerra civil es delito de sedición.
Por lo tanto la resistencia pasiva y activa, por medios legales y por la coacción armada, hasta la total eliminación de los focos subversivos es no sólo legítima sino obligatoria. Los bienes que están en juego son todos nuestros derechos civiles y religiosos, nuestra concepción de vida, la existencia misma de nuestra patria como nación soberana”.
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COMO ANTES, MAS QUE ANTES… TE ODIARE
Un día asesinan a quemarropa a un policía de uniforme que viajaba dormido en un autobús. Al día siguiente, asaltantes de un supermercado reconocen como policía a un joven vestido de civil que no los enfrentó e, incluso, negó ser policía; lo mataron y, antes de fusilarlo lo vejaron haciéndolo poner de rodillas. Los noticieros de hoy nos muestran el desfile de camillas que transportan policías heridos durante las batallas que, a diario, protagonizan las “barras bravas” del fútbol. A continuación, la escena insólita: unos veinte forajidos incendian y destruyen tres automóviles policiales mientras una fila de policías impasibles, con escudo y casco, los contempla. Seguramente, los policías tienen orden de “no intervenir”, pase lo que pase. ¿Para no enojar a los vándalos? ¿Para no ser acusados de “represores”? ¿Quizás para no perder su puesto de trabajo si alguien, que no sea policía, resulta herido?
Las imágenes de los noticieros se clavan como estiletes en nuestras retinas; y en nuestra memoria. Porque es imposible para quienes hemos vivido los años setenta, no evocar, estremecidamente, esos tiempos en que, día tras día, caían abatidos los “canas de la esquina”, por lo general jóvenes, por el sólo hecho de ser policías. Ocurría que “bajar” un policía formaba parte de las fases de entrenamiento de los guerrilleros urbanos. Antes de confiárseles misiones “importantes” debían probar que no les temblaba el pulso para matar a un ser humano, que no es lo mismo que ser un buen tirador en un polígono de tiro.
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“ALICIA MURIO DE SUSTO”
Las comillas del título son válidas. Así llamaba, con su ironía traviesa de gran señor criollo, el Dr. Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) a la dirigente socialista Alicia Moreau de Justo a la que tomaba el pelo respetuosamente. Digamos que nuestra Alicia, la santacruceña, casi muere de susto; y todo el asunto produce susto.
Pasados los primeros instantes en que -sí, confesémoslo- exclamamos ¡justicia poética! pensando en los cientos de “escraches” propiciados, consentidos y nunca investigados por los K, la razón se impuso a la pasión. No es que olvidemos a Graciela Etchecolatz, brutalmente apaleada después de un “escrache” en Buenos Aires, a resultas de lo cual perdió la visión de un ojo; ni los “escraches” a las casas de nuestros “prisioneros de guerra”; ni los que tuvo que soportar López Murphy (a quien, una vez, impidieron hablar en una universidad); ni el más cercano al juez Bisordi, y un largo etcétera que incluye la muerte súbita de la esposa del General Saa cuando la policía se llevó, innecesariamente esposado, al anciano General. Por cierto, no. Pero cuando llega la hora de la reflexión no podemos no detenernos a analizar a quienes impulsan estas “protestas sociales”.
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La Columnista Invitada de Hoy: María Lilia Genta
DESDE LA BRONCA, EL DOLOR Y LA ESPERANZA
Me dicen que hay un General, alto puesto, que visita a los presos. ¡Por fin!, exclamará algún desprevenido, ¡alguien en actividad que se ocupa de confortar a los camaradas que padecen persecución por la justicia! Craso error. El General -de cuyo nombre no quiero acordarme aunque me da náuseas designarlo por el grado- va de preso en preso entonando variaciones de la misma canción: “hicimos las cosas mal”, “tendríamos que haber arreglado con los montoneros”, etc. Por ahí sale de la visita con la cola entre las patas porque alguno de los prisioneros de guerra visitados le recuerda al General su otrora fama de “eficaz” en las operaciones contraguerrilleras.
¿O en qué Ejército estuvieron los generales actuales? Hay prisioneros que son más modernos que ellos. Además del honor, ¿qué habrán entregado o vendido? ¿Cuáles serán sus treinta monedas? Pero sigamos el derrotero del “señor” General. Me cuentan que si se encuentra con algún preso, revisionista en historia argentina, le espeta: “el más grande nacionalista, después de Don Juan Manuel, es el Presidente Kirchner” (!). Una variación de la misma basura según la orientación política o las preferencias históricas del visitado.
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Autor: María Lilia Genta
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Un aniversario para estos tiempos
El próximo 28 de abril se cumplirá un aniversario muy significativo para estos tiempos que corren: el del asesinato del Dr. Jorge Vicente Quiroga, en 1974, a manos de los terroristas Marino Amador Fernández y Raúl Argemi.
El Dr. Quiroga había integrado, como juez, la Cámara Federal en lo Penal desde 1971 hasta su disolución, decidida por el Presidente Cámpora, su Ministro del Interior y el Congreso de la Nación, el 26 de mayo de 1973. Este tribunal había condenado a casi mil terroristas, todos debidamente amnistiados el día anterior. Además de los condenados fueron puestos en libertad los terroristas procesados.
El entonces Ministro del Interior, Esteban Righi, es hoy el Procurador General de la Nación. ¿No era ese el puesto ofrecido al hijo del asesinado General Sánchez, en los primeros días del Gobierno, antes de su giro a la extrema izquierda?
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Autor: María Lilia Genta
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