Cuba: Discriminación sin Fronteras

Los fla­ge­los  de la dis­cri­mi­na­ción y la repre­sión están pre­sen­tes en toda socie­dad. No impor­tan el nivel de desa­rro­llo eco­nó­mico ni la soli­dez del estado de dere­cho. El indi­vi­duo y la comu­ni­dad siem­pre están  suje­tos a ser  objeto  del abuso de los pode­res públi­cos y pri­va­dos, pero bajo las con­di­cio­nes excep­cio­na­les que pri­man en un estado tota­li­ta­rio ambos con­cep­tos se mani­fies­tan en toda su dimen­sión,  al extremo que tien­den a con­fun­dirse y per­der sus res­pec­ti­vas connotaciones.

La dis­cri­mi­na­ción y la  repre­sión que aborda este tra­bajo, no es la indi­vi­dual, la que una enti­dad no guber­na­men­tal, natu­ral o jurí­dica,  aplica con­tra otros indi­vi­duos, sino la ofi­cial, la que un estado ins­ti­tuye con­tra la per­sona y  la comu­ni­dad, para impe­dir el libre curso de las opi­nio­nes y en con­se­cuen­cia el disen­ti­miento u oposición.

El ciu­da­dano cubano padece todo tipo de opre­sión y seria válido supo­ner que cuando el indi­vi­duo decide aban­do­nar el país  ésta ter­mine,  pero en  la isla no es así. El gobierno con­si­dera trai­dor a  todos los que deci­den asu­mir su pro­pio des­tino y rom­per con la tutela ofi­cial,  por eso el futuro  expa­triado tiene que expiar la culpa pade­ciendo todo tipo de veja­men. La expul­sión de cen­tros de estu­dios o labo­ra­les. Le entrega de todo tipo de bie­nes y la espera de un per­miso de salida, con­vier­ten en ago­nía el arribo de un futuro incierto. El pro­ceso es lento. La vida se hace más pre­ca­ria y pen­diente de la volun­tad de un fun­cio­na­rio o de un vecino mal inten­cio­nado.
La par­tida es trau­má­tica. Dura. Deja­ción de pasado  y las espe­ran­zas. Des­arraigo. Tocar el fondo de  la exis­ten­cia e ini­ciar un periodo en deriva que por siem­pre se ignora cuando con­cluye, pero aun así, nos vamos con la  casi cer­teza de que  las pal­mas espe­ra­rán  toda la eter­ni­dad.
Ini­ciar una nueva vida,  pre­pa­rarse  para  nue­vos retos y asu­mir otra vez la res­pon­sa­bi­li­dad de la pro­pia exis­ten­cia. El país quedó allá. Está en la  memo­ria, en  los sen­ti­mien­tos y por eso se actúa  de acuerdo a las  con­vic­cio­nes y que­ren­cia. La tie­rra dejada se quiere, se tiene con uno al igual que su gente, sin que importe  la reali­dad polí­tica en la que esta­mos todos inmersos.

Un día deseas  ir a ver a los tuyos y  hacer reali­dad los rega­los que te dan los sue­ños.  Vives  en liber­tad y  en el dis­frute de  tus dere­chos, pero cuando deci­des regre­sar sobre lo andado cho­cas con el pasado.

El nuevo pasa­porte es cos­toso. El boleto para via­jar supera los pla­nes y el humi­llante per­miso para entrar al país es tam­bién de un valor que hace vaci­lar el  pre­su­puesto. Pero no es todo. Puede que  venga  la repre­sión como carga de machete. Depende de cual haya sido tu  con­ducta en el exterior.

Dis­cre­ción, silen­cio, olvido del pasado y  ceguera total ante el pre­sente  pue­den ser con­si­de­ra­dos  fac­to­res posi­ti­vos para reco­no­cer tus dere­chos de regre­sar a la tie­rra de  tus padres. Escri­tos, mani­fes­ta­cio­nes, pro­tes­tas, cues­tio­na­mien­tos a la dic­ta­dura o sus aso­cia­dos,  es la espada  que hace tri­zas  pasaje, pasa­porte y rega­los. La garra del  tota­li­ta­rismo  hace de esa manera sen­tir  su ponzoña.

Para muchos exi­lia­dos es muy  difí­cil librarse de la pre­sión  que gene­ran las auto­ri­da­des cuba­nas. La pro­tec­ción con­su­lar que debe dar  todo país a sus nacio­na­les en el extran­jero esta supe­di­tada a la posi­ción polí­tica.  Los dere­chos  siguen con­cul­ca­dos. No importa que se esté  fuera de  la patria, se cons­tata una vez más que en la isla solo cuenta la volun­tad de los que gobier­nan. La reali­dad es cruel  pero no se  puede igno­rar. El tota­li­ta­rismo insu­lar sigue cer­ce­nando  dere­chos y opor­tu­ni­da­des,  sin impor­tar fronteras.

Hay que admi­tir que el régi­men es con­se­cuente y parte de su com­pro­miso es hacer  sen­tir fra­gi­li­dad e inde­fen­sión ante su pode­río. Para lograrlo invierte cuan­tio­sos recur­sos en una  efi­ciente buro­cra­cia y en una clien­tela polí­tica que  se presta a todas sus manio­bras. Son sus reglas. La dis­cri­mi­na­ción tras­ciende las fron­te­ras del país de ori­gen y  el patrón de todo y todos  no ha olvi­dado el pecado ori­gi­nal en que se incu­rrió. El trai­dor, el  apá­trida,  lo seguirá siendo por siem­pre salvo que  tenga la dis­po­si­ción de acep­tar que los dere­chos  natu­ra­les son pri­vi­le­gios que otor­gan los que gobiernan.

Como con­tra­parte una columna ver­te­bral fle­xi­ble y una moral nutrida en la men­tira,  per­mite dis­fru­tar de cier­tas opor­tu­ni­da­des. El silen­cio cóm­plice es bien retri­buido. Via­jes, aten­cio­nes y per­mi­sos espe­cia­les y hasta la posi­bi­li­dad de con­ver­tirse en socio empre­sa­rial del régi­men si hay dis­po­si­ción a seguir mudo y ciego ante la situa­ción. La mili­tan­cia, la cri­tica al exi­lio y sus actos pue­den trans­for­mar  en héroe ofi­cial el anti­guo “trai­dor”. Un cola­bo­ra­dor siem­pre listo para acu­sar, deni­grar y entor­pe­cer la labor de aque­llos que están a favor de la demo­cra­cia en Cuba, sin que importe la nacio­na­li­dad del defensor.

Tam­poco se puede olvi­dar a los agen­tes. Indi­vi­duos entre­na­dos para espiar, orga­ni­zar cam­pa­ñas y neu­tra­li­zar enemi­gos. Esos, jun­tos a los fun­cio­na­rios de las sedes diplo­má­ti­cas,  son los mas peli­gro­sos por­que esta­ble­cen con­tac­tos con per­so­nas  y agru­pa­cio­nes que tie­nen apro­xi­ma­cio­nes ideo­ló­gi­cas o  de cual­quier tipo con el régi­men cubano.

Entre comer­cian­tes sin escrú­pu­los, mer­ce­na­rios polí­ti­cos, agen­tes  y ton­tos útiles  se sus­tenta la repre­sión extra­te­rri­to­rial que tie­nen su mejor aliado en  orga­ni­za­cio­nes  nacio­na­les  que reci­ben cuan­tio­sos fon­dos  para mon­tar cam­pa­ñas favo­ra­bles al gobierno de La Habana y de des­cré­dito a quie­nes lo recha­zan. Los par­ti­da­rios de estas agru­pa­cio­nes pue­den actuar en su momento como genui­nos miem­bros de Bri­ga­das de Res­puesta Rápida en el exterior.

Un aspecto poco abor­dado en los con­tro­les que ejerce el estado cubano sobre sus ciu­da­da­nos que resi­den en el exte­rior incide direc­ta­mente en la ayuda de fami­lia a fami­lia. Una per­sona que viaja al exte­rior  tiene que pagar $ 150.00  para obte­ner el per­miso de salida, una carta de invi­ta­ción que cuesta $140.00 y  pagar   $150.00 por cada mes que per­ma­nece fuera del país. El costo del  pasaje es muy supe­rior a  los pre­cios del mer­cado y  está el reque­ri­miento de com­prar otro  boleto com­pleto para el regreso a Cuba  si se ha estado más de 30 días fuera del país .Por otra parte cuando el gobierno,  único auto­ri­zado para efec­tuar el cam­bio de moneda, hace una trans­fe­ren­cia, cobra un impuesto del 20%. Por supuesto que estos gra­vá­me­nes los  paga el que reside en el exte­rior, es con­tra nues­tros bol­si­llos donde actúa esa discriminación.

Esa segre­ga­ción  tam­bién se refleja  en la ayuda mate­rial, medi­ci­nas, ropa y cal­zado que se remite a Cuba. Mien­tras una libra a Colom­bia cuesta $2.50.00, a Vene­zuela fluc­túa en $4.00.00,  un bulto de una libra a las isla de los Cas­tro es de alre­de­dor de $15.00. Un exce­lente nego­cio para el gobierno de Cuba y para aque­llos que en el exte­rior tie­nen algún tipo de aso­cia­ción eco­nó­mica con el totalitarismo.

Pero qui­zás la  dis­cri­mi­na­ción mas  real, directa y opro­biosa es la que padece el cubano que al fin viaja a la isla. El via­jante en el  aero­puerto de par­tida  siente una pre­sión real. Se habla mas bajo, no se pro­testa por las arbi­tra­rie­da­des sufri­das. Se está  a expen­sas del cam­bio de humor de los agen­tes de viaje, el temor a la can­ce­la­ción de la par­tida hace presa de la mente de todos. La repre­sión una vez mas tras­ciende las fronteras.

Y en Cuba. La aduana. Las con­fis­ca­cio­nes. El miedo a una foto­gra­fía indis­creta, una con­ver­sa­ción o una mili­tan­cia olvi­dada. Una amis­tad “peli­grosa”, cual­quier suceso no grato a las auto­ri­da­des puede deter­mi­nar ser con­du­cido a un cuar­te­li­llo de la segu­ri­dad, ser arres­tado y en el mejor de los casos depor­tado. Esa es Cuba, donde siem­pre  el ciu­da­dano está en peligro.

Autor: Pedro Corzo

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3 Comentarios en “Cuba: Discriminación sin Fronteras”  

  1. 1 ferrer

    Que bien escribe usted com­pa­dre!
    Efec­ti­va­mente la dis­cri­mi­na­cion es en Cuba una ins­ti­tu­cion. Recuer­dan “La Uni­ver­si­dad es para los Revo­lu­cio­na­rios”, bueno que sus axio­mas son per­ma­nen­te­mente bur­la­dos, por la doble moral , que como arma de doble filo nos pro­tege y nos aturde

  2. 2 Tito en el Caribe

    Bueno. No es que Cuba, “Antes de la revo­lu­ción”, fuera muy dife­rente, ocu­rre que ya que­da­mos pocos con memoria…

  3. 3 Pablo

    Soy argen­tino y me dis­cri­mi­na­ron por no ser rubio de ojos celes­tes como el 35% de la pobla­cion que habi­tual­mente viaja por el mundo
    una ver­guenza que no se va a que­dar asi, creanme, sabran de mi.

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